Create New List
Share with your friends
Customize readability

El Ucumar

All Rights Reserved ©

Summary

Jujuy, 1817. Una partida de soldados realistas se separa del ejército durante el avance por el norte argentino. Después de saquear un pequeño poblado para conseguir provisiones, los hombres acampan en una quebrada. La noche comienza entre comida, vino y risas, pero dos soldados desaparecen sin dejar rastro. Lo que al principio creen que puede ser un ataque de los Infernales de Güemes pronto se convierte en algo mucho más inquietante. Una sombra comienza a moverse entre las quebradas y los soldados descubren que están siendo perseguidos por una criatura que no pueden comprender. Una criatura conocida en las antiguas leyendas andinas como el Ucumar.

Genre
Horror
Author
LukaServik
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1

Leyenda:

El Ucumar es una de las criaturas más conocidas del folklore del noroeste argentino. También recibe los nombres de Ucumarí, Jucumari o Ucumare, y pertenece a una tradición andina que se extiende por distintas regiones de los Andes.

Se lo describe como un ser semejante a un hombre-oso. Su apariencia puede variar según la versión: algunas historias hablan de un oso de baja estatura, cubierto de pelo y con ciertos rasgos humanos, mientras que otras lo describen como un hombre de aspecto bestial, completamente cubierto de pelos, con barba larga y una apariencia salvaje.

El Ucumar habita principalmente en cuevas, quebradas y lugares apartados. También suele aparecer cerca de ríos y vertientes, donde se dice que deja enormes huellas parecidas a las de un oso. A pesar de su aspecto pesado y su gran fuerza, las historias también lo describen como una criatura ágil, capaz de trepar árboles y moverse con facilidad por terrenos difíciles.

Una de las características más inquietantes del Ucumar es la forma en que aparece ante quienes se internan en su territorio. Puede surgir de improviso y desaparecer antes de que alguien consiga acercarse. En algunas versiones, cuando una persona le grita, la criatura responde desde lejos con voces semejantes a las humanas, lo que hace todavía más difícil saber dónde se encuentra.

Las leyendas también cuentan que el Ucumar puede raptar mujeres y niños. En otras variantes, la criatura puede ser hembra y perseguir a los hombres. Estas historias presentan al Ucumar como un ser salvaje que lleva a sus víctimas hacia lugares apartados e inaccesibles.

En algunas tradiciones del noroeste argentino, además, el Ucumar aparece relacionado con la protección del territorio y el castigo de quienes transgreden determinadas normas. Por eso, su figura no siempre representa simplemente a un monstruo: también puede funcionar como una presencia que impone respeto ante aquello que los hombres no deberían profanar.

Su origen se relaciona con antiguas tradiciones andinas, y algunos estudiosos han señalado posibles vínculos entre el mito y el oso andino de anteojos, un animal que habita regiones boscosas de los Andes. Sin embargo, el Ucumar pertenece al mundo de las creencias y del folklore, y sus características cambian según la región y las historias transmitidas.

Durante generaciones, su figura se ha mantenido viva en los relatos del noroeste argentino.

Un hombre-oso que habita las quebradas.

Una criatura que puede observar sin ser vista.

Y una presencia que, según cuentan las viejas historias, es mejor no encontrar cuando cae la noche.

Relato:

Jujuy, enero de 1817.

El avance realista había dejado atrás caminos conocidos y poblados que alguna vez habían servido como puntos de descanso para las tropas. La campaña había obligado a los hombres a moverse constantemente, siempre atentos a las partidas de los Infernales de Güemes, que aparecían y desaparecían entre los cerros sin darles tiempo para reaccionar.

Una de las partidas realistas, compuesta por unos cuarenta hombres, se había separado del grueso de las tropas. Al mando iba el general José de la Molina, que había recibido la orden de encontrar un paso alternativo para continuar el avance hacia el sur.

Pero llevaban días sin provisiones suficientes.

Los caballos estaban agotados y los hombres apenas conservaban algo de carne seca y unas pocas bolsas de harina. Cada jornada que pasaba hacía más difícil continuar.

—Necesitamos comida —dijo uno de los soldados mientras avanzaban por un camino estrecho entre las montañas.

De la Molina observó el paisaje.

A lo lejos divisaron humo.

Un pequeño poblado aparecía entre las quebradas.

La orden fue inmediata.

Los soldados entraron al pueblo y tomaron todo lo que encontraron: animales, bolsas de grano, carne, agua y cualquier alimento que pudiera servirles para continuar la marcha. Los habitantes, aterrados, apenas pudieron oponer resistencia.

Después de cargar las provisiones, la partida abandonó el poblado.

Con las alforjas nuevamente llenas, los hombres recuperaron el ánimo. Por primera vez en varios días tenían comida suficiente para continuar.

Al caer la tarde encontraron una quebrada protegida del viento y decidieron acampar.

Encendieron el fuego, repartieron la comida y comenzaron a hablar entre ellos.

Habían escapado de los hombres de Güemes.

Habían conseguido provisiones.

Uno de los tenientes se acercó al general.

—Mi general, ¿podemos beber el vino?

De la Molina lo miró.

—Poco. Recuerden que esos Infernales siempre están dando vueltas.

—Sí, mi general.

De la Molina levantó la voz.

—¡Soldados! ¡Hay vino para todos!

Los hombres comenzaron a vitorear.

—¡Vino! ¡Vino!

Las risas llenaron el campamento. Algunos comenzaron a cantar mientras bebían. Después de varios días de hambre y persecución, aquella noche parecía una tregua.

Pasaron cerca de dos horas.

Uno de los soldados se alejó unos metros del fuego para orinar.

Nadie le prestó demasiada atención.

Pasaron cinco minutos.

Luego diez.

—¿Y González? —preguntó uno de los soldados—. No volvió de mear.

—Seguro se quedó dormido por ahí. Déjalo.

Otro soldado se levantó.

—Voy a buscarlo. Yo también quiero mear.

Se alejó del campamento.

Pasaron diez minutos.

Después quince.

Tampoco volvió.

Los soldados comenzaron a mirarse entre ellos.

—González y Urrutia seguro están besándose por ahí —dijo uno, provocando las risas de los demás.

Las carcajadas volvieron a escucharse alrededor del fuego.

De la Molina se acercó.

—¿Qué tanta risa? Silencio. Recuerden que los Infernales pueden estar cerca.

—Pero, mi general...

—Ellos siempre gritan. Nos damos cuenta cuando están cerca. Ya bebieron. Les dije que poco. Siempre alerta.

Uno de los soldados no dijo nada.

Se levantó y fue a buscar a Urrutia y González.

No encontró a ninguno de los dos.

Comenzó a llamarlos.

—¡González!

Silencio.

—¡Urrutia!

Nada.

Entonces vio algo en el suelo.

Unas marcas atravesaban la tierra.

Los dos hombres habían sido arrastrados hacia la quebrada.

No había sangre.

No había gritos.

No había ningún sonido.

El soldado regresó corriendo.

—¡General! ¡Mi general!

De la Molina se volvió.

—¿Qué ocurre?

—Urrutia y González... fueron a mear y no volvieron. Mire esas marcas.

Los hombres se acercaron.

De la Molina observó las huellas que se internaban en la oscuridad.

Su expresión cambió.

—¡Atentos! ¡Atentos! ¡Guardia alta!

Los soldados tomaron sus armas.

—¡Pueden andar los Infernales! Nos faltan dos hombres. ¡Despabilen!

De la Molina señaló a sus hombres.

—¡Pónganse en grupos de cinco!

—¿Creen que fueron los Infernales? —preguntó uno de los soldados.

De la Molina permaneció unos segundos mirando las marcas.

—No lo sé. Los Infernales atacan de día y hacen ruido. Si estuvieran cerca, ya lo sabríamos.

Uno de los hombres tragó saliva.

—Entonces, ¿qué pudo haber sido?

—No lo sé. Quizás desertaron. Quizás alguien los encontró antes que nosotros.

De la Molina volvió la mirada hacia la quebrada.

—Puede ser Güemes. Puede ser algún espíritu de estas montañas. No me importa qué sea. Bajamos demasiado la guardia.

Señaló a un grupo de soldados.

—Ustedes cinco, por allí. Revisen esa zona.

Después señaló hacia la quebrada.

—Ustedes cinco, por ahí. Quiero que revisen si hay alguien escondido.

Miró a los hombres que quedaban junto al fuego.

—Ustedes se quedan aquí. Vigilen el campamento.

Luego volvió a señalar alrededor de la quebrada.

—Los demás patrullen por los alrededores. Pero escuchen bien: nadie va solo. Siempre en grupos. ¿Entendido?

—¡Sí, mi general!

Los soldados comenzaron a separarse.

Los cinco hombres que habían entrado en la quebrada avanzaban con los rifles en las manos. El miedo empezaba a hacerse evidente. Caminaban despacio, mirando hacia los costados.

Entonces uno de ellos se detuvo.

—¿Qué es eso?

Los demás levantaron la mirada.

A unos metros, entre las sombras, había una figura grande.

—No sé.

—¿Parece un gorila?

—¿Un oso?

La sombra se movió.

Uno de los soldados levantó el rifle.

—Disparemos.

—No. Vas a hacer ruido.

—¿Y qué querés que hagamos?

—Puede ser un animal.

—Entonces acercate.

—Acercate vos, no seas cagón.

La figura volvió a moverse.

Los cuatro soldados quedaron inmóviles.

De pronto, la sombra se lanzó sobre ellos.

El único que logró escapar salió corriendo de la quebrada.

—¡General! ¡General!

De la Molina se volvió.

—¿Qué ocurre?

—Una sombra grande... parecía un animal. Un gorila o un oso.

—¿Qué estás diciendo?

El soldado apenas podía respirar.

—Se llevó a los cuatro.

—¿Qué?

—¡Se llevó a los cuatro, mi general!

De la Molina miró hacia la quebrada.

—¿Por qué no dispararon?

—Porque podíamos atraer a los Infernales, mi general.

De la Molina observó la entrada de la quebrada.

—No disparen. Si es un animal, el ruido del disparo puede alertar a los Infernales.

Señaló los rifles.

—Calen las bayonetas. Si esa cosa vuelve a aparecer y resulta ser un oso, una bestia o lo que mierda sea, ataquen con las bayonetas. ¿Escucharon?

—¡Sí, mi general!

De la Molina señaló hacia la quebrada.

—Cinco por ese lado. Los otros cinco, por el otro. Quiero que la rodeen. No disparen hasta que estén seguros de qué tienen delante.

Los soldados cargaron las bayonetas y comenzaron a avanzar.

De la Molina permaneció atento. Los demás soldados también apuntaban sus rifles hacia la quebrada.

Los diez hombres avanzaron por distintos puntos de la quebrada, con las bayonetas listas.

De pronto, comenzaron a caer.

Uno tras otro.

Desde el campamento, De la Molina solo alcanzaba a ver una sombra negra que se movía bajo la luz de la luna.

—¡Carajo! ¡Si no son Güemes y sus Infernales, entonces qué mierda es eso! ¡Una sombra!

Miró a los soldados que permanecían junto al campamento.

—¡¿Qué mierda hacen?! ¡Disparen! ¡Disparen a lo que vean!

—¡Sí, mi general!

Veinte soldados tomaron sus rifles y subieron hacia la quebrada.

Entonces comenzaron a escucharse los disparos.

Después, golpes.

Gritos de dolor.

Los hombres seguían cayendo.

Pero aquella sombra continuaba allí, moviéndose entre los soldados.

De la Molina retrocedió un paso.

—¡Carajo! ¡¿Cuatro soldados?!

—¡Retirada!

Pero ya era demasiado tarde.

La sombra se abalanzó sobre uno de los soldados y lo apartó de los demás. Los tres restantes soltaron las armas y comenzaron a correr, intentando escapar de aquella bestia.

De la Molina quedó solo frente a ella.

No podía creer lo que estaba viendo.

La criatura tenía forma humana, pero era mucho más grande y ancha que un hombre. Todo su cuerpo estaba cubierto de un pelaje oscuro y espeso. Sus brazos eran enormes y terminaban en unas manos desproporcionadas, con dedos largos y fuertes. Las piernas eran gruesas y sus pies dejaban profundas marcas sobre la tierra.

La cabeza era grande, con rasgos que recordaban a los de un oso. Tenía el hocico ancho, dientes largos y una barba espesa que se mezclaba con el pelo del rostro.

Sus ojos brillaban bajo la luz de la luna.

De la Molina levantó lentamente su rifle.

La criatura lo miró.

Entonces soltó un poderoso gruñido.

De la Molina soltó el rifle y cayó de rodillas.

La criatura se acercó.

Con uno de sus enormes brazos golpeó al general con tanta fuerza que lo derribó.

Uno de los tres soldados que escapaban miró hacia atrás.

Vio caer a De la Molina.

—¡La bestia mató al general! ¡Corran!

Los tres continuaron huyendo.

Pasaron toda la noche corriendo y caminando sin rumbo, cegados por el miedo que les había provocado aquella criatura.

Al amanecer, se encontraron con Güemes y varios de sus Infernales.

Los tres soldados se arrodillaron inmediatamente.

—¡Nos rendimos! ¡Nos rendimos! ¡Pedimos clemencia!

Güemes los observó.

Los hombres comenzaron a contarle todo lo que había ocurrido durante la noche.

Le hablaron de los soldados desaparecidos, de la sombra, de la criatura que había atacado la quebrada y de la muerte de De la Molina.

Cuando terminaron, Güemes soltó una carcajada.

Después miró hacia la quebrada.

Se quedó unos segundos observándola.

Luego se quitó el sombrero y lo levantó en dirección a las montañas.

Let LukaServik know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

My Second Chance

kitkatbar29: So this first book in this series I liked. A good plot that flowed well for the most part with some twists along the way, good well developed characters... there are a few technical mistakes, but nothing to harsh. I must say toward the end of the book there were some issues with like a quick change ...

Read Now
Reaper's Rose

Quenda: Overall a good story. Looks like it is in need of a good proof reader as it contradicts itself at times...but overall a good story.

Read Now
His Forsaken Fate

Mia: What an amazing story 💕

Read Now
Bloodlines

karenfancp: I have noticed a few typos, the story line is good. I can’t put this down.

Read Now
No scent

Kritta_820: I enjoyed the storyline immensely and felt that it devolved from the average "small puny female wolf finds a royal mate." Sometimes the jumps between scenes and plots jumped ahead a little too far for my taste. For example when MC heard the update about her first mate the book suddenly changed to th...

Read Now
Silver's Second Chance

Maggie Varnum: Like that it was fast paced and suspenseful...loved the romance up ended a little to fast ...would have been better if there was a Luna ceremony chapter and a birth of son with name chapter with Cole as a dramatic dad in the delivery scene .... Overall I enjoyed it very much!

Read Now
The Alpha's Exiled Mate (ON HOLD)

Pharm: I love stories about hidden children and evil wives/girlfriends. Well written fast moving. A good beach read. Enjoy the ride

Read Now
The Orc's Pet

JyotiRekha: Great plot Describe the life of orcos moe

Read Now