Capitulo 2 “la sombra de pasado”
CAPÍTULO 2: La sombra del pasado
ESCENA 1
Lugar: Restaurante tradicional en la costa de Jeju.
Hora: 08:00 PM.
La noche cayó sobre la isla trayendo consigo una lluvia fina que golpeaba suavemente los cristales del restaurante privado. Para celebrar el inicio de las negociaciones, las directivas de ambas empresas organizaron una cena de bienvenida.
Yoon-ah llevaba un vestido sobrio de color azul marino que acentuaba su figura de manera elegante. Intentó concentrarse en la conversación sobre métricas financieras, pero la presencia de Min-woo al otro lado de la mesa era una distracción constante.
Él vestía una camisa de vestir sin corbata, con el primer botón desabrochado, luciendo relajado pero increíblemente atractivo. Cada vez que ella hablaba, Min-woo dejaba de comer, inclinaba ligeramente la cabeza y la escuchaba con una atención tan absoluta que a Yoon-ah le costaba mantener el hilo de sus palabras.
En un momento de la velada, un camarero sirvió platillos locales, incluyendo mariscos picantes. Sin que nadie lo notara, Min-woo tomó la bandeja antes de que llegara a Yoon-ah y solicitó amablemente una alternativa más suave.
MIN-WOO: (En voz baja al camarero) —Por favor, tráigale a la señorita un platillo sin tanto picante y un vaso de agua a temperatura ambiente.
Yoon-ah lo miró, sorprendida. El picante siempre le provocaba alergia desde que era adolescente.
YOON-AH: (Murmurando, inclinándose hacia él) —Min-woo, no tenías que hacer eso frente a todos...
MIN-WOO: (Con una sonrisa cálida que arrugó sutilmente la comisura de sus ojos) —No puedo evitar cuidar de ti, Yoon-ah. Es un hábito que jamás pude desaprender.
El corazón de Yoon-ah dio un vuelco violento. Se llevó el vaso de agua a los labios para disimular el sonrojo que amenazaba con cubrir sus mejillas.
ESCENA 2
Lugar: Jardín del restaurante, bajo el tejado.
Al finalizar la cena, los ejecutivos se despidieron para abordar sus respectivos vehículos. Mientras Min-ji coordinaba el transporte del equipo, Yoon-ah salió al porche para sentir el aire fresco.
Min-woo no tardó en alcanzarla. Se colocó a su lado, resguardándolos a ambos de las gotas de lluvia.
MIN-WOO: —Hiciste una presentación excelente hoy. El consejo de administración de mi empresa quedó fascinado con tu propuesta.
YOON-AH: —Trabajamos muy duro para esto. No quería que nadie pensara que estaba aquí por algún tipo de favor o coincidencia.
MIN-WOO: (Tomando un tono más serio y honesto) —Nadie piensa eso. Te ganaste ese lugar con tu talento. Cuando vi el nombre de tu empresa en el expediente hace tres meses, supe que lo habías logrado por tu propia cuenta. Me sentí el hombre más orgulloso del mundo.
Yoon-ah fijó la mirada en la lluvia cayendo sobre las linternas de piedra del jardín. El peso de los años no resueltos finalmente comenzó a presionar su pecho.
YOON-AH: (Voz suave, casi nostálgica) —Si estabas tan orgulloso... ¿por qué nunca me buscaste en estos cinco años? ¿Por qué ni siquiera me enviaste un mensaje después de que te fuiste a Nueva York?
Min-woo guardó silencio por un segundo. La calidez de su mirada dio paso a una sombra de vulnerabilidad. Se giró por completo hacia ella, dando un paso que recortó la distancia entre sus cuerpos.
MIN-WOO: (Voz baja y profunda) —Porque era un cobarde, Yoon-ah.
Yoon-ah levantó la mirada, encontrándose con los ojos oscuros de Min-woo, brillando con una sinceridad aplastante.
MIN-WOO: —Sabía lo mucho que significaba tu startup para ti. Sabía que estabas luchando sola en Seúl, sin recursos, tratando de salir adelante. Si te llamaba, si escuchaba tu voz rogándome que volviera... habría dejado todo en Estados Unidos y habría regresado en el primer vuelo.
YOON-AH: (Con un nudo en la garganta) —Min-woo...
MIN-WOO: —No quería convertirme en un obstáculo para tus sueños, ni quería que tú renunciaras a los tuyos por seguirme. Éramos demasiado jóvenes y no teníamos el poder de protegernos el uno al otro. Prometí que solo volvería cuando fuera un hombre capaz de respaldarte en todo, sin pedirte nada a cambio.
La lluvia parecía resonar de fondo como una melodía melancólica. Las palabras de Min-woo no contenían excusas, solo la confesión madura de alguien que prefirió sufrir en silencio con tal de verla triunfar.
ESCENA 3
Lugar: La entrada del hotel.
El auto de Yoon-ah se estacionó frente al porche. Min-woo abrió la puerta del vehículo para ella, sosteniendo un paraguas sobre su cabeza para evitar que una sola gota rozara su vestido.
Antes de subir al auto, Yoon-ah se giró y lo miró a los ojos.
YOON-AH: —Ya no somos los mismos niños de dieciocho años, Min-woo. Muchas cosas han cambiado.
Min-woo le ofreció una sonrisa suave, extendiendo la mano para acomodar delicadamente un mechón de cabello detrás de la oreja de Yoon-ah. El roce de sus yemas sobre la piel de ella envió una descarga eléctrica directo a su corazón.
MIN-WOO: (Susurrando cerca de ella) —Tienes razón. Ya no somos esos niños. Pero te aseguro algo, Kim Yoon-ah... el hombre que está de pie frente a ti hoy, te ama con una fuerza que el chico de dieciocho años ni siquiera podía imaginar.
Yoon-ah subió al auto con el pecho agitado y las manos temblorosas. Mientras el vehículo se alejaba, miró por el espejo retrovisor: Min-woo seguía allí, de pie bajo la lluvia, viéndola marchar con la misma mirada devota con la que la despedía en la preparatoria.








