Capítulo 1: E día que siempre soñé
-¿Ya estás lista?
Ji-woo levantó la mirada hacia el espejo.
Durante unos segundos se quedó observando su reflejo.
El vestido blanco que llevaba había sido elegido con meses de anticipación. Era elegante, delicado y exactamente como lo había imaginado.
Su cabello estaba cuidadosamente arreglado y su maquillaje apenas resaltaba sus facciones.
Sobre la mesa, su teléfono no dejaba de recibir mensajes.
Felicitaciones.
Fotografías.
Llamadas.
Pero había uno que Ji-woo seguía mirando.
Minho:
La ceremonia empieza en diez minutos.
Solo eso.
Ji-woo sonrió.
—Tan típico de él...
Su madre la observó desde la puerta.
-¿Estás feliz?
Ji-woo volvió a mirarse al espejo.
Esta vez, su sonrisa fue mucho más grande.
—Muchísimo.
Y lo decía de verdad.
Porque había esperado este día durante años.
Ji-woo había conocido a Minho cuando ambos eran adolescentes.
Sus familias ya tenían una relación cercana, por lo que solían coincidir en reuniones y eventos.
Pero Minho siempre había sido diferente.
Era rebelde, impulsivo y no parecía preocuparse demasiado por lo que los demás pensaran de él.
A Ji-woo le gustaba precisamente eso.
Recordaba una tarde en particular.
Había sido durante una reunión familiar. Mientras todos conversaban dentro de la casa, Ji-woo había salido al jardín para estar sola.
Minho estaba allí.
Sentado bajo un árbol, con los audífonos puestos.
—¿Te estás escondiendo? —le preguntó ella.
Él levantó la mirada.
—¿Tú también?
Ji-woo sonrió.
—Supongo.
Minho se quitó uno de los audífonos.
—Entonces quédate.
Fue una conversación sencilla.
No duró más de unos minutos.
Pero para Ji-woo fue suficiente.
Desde aquel día comenzó a mirarlo de otra manera.
Con el tiempo, aquel pequeño sentimiento se convirtió en algo mucho más grande.
Mientras ella crecía, su amor por él también.
Nunca se lo confesó.
Nunca se atrevió.
Solo esperaba.
Y ahora...
Después de tantos años...
Iba a convertirse en su esposa.
—Ji-woo, ya es hora.
Ella respiró profundamente.
Tomó su ramo y salió de la habitación.
La ceremonia se celebró en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad.
Las familias habían preparado una boda digna de su posición.
Fotógrafos.
Invitados importantes.
Cámaras.
Flores.
Una enorme cantidad de personas que habían acudido para presenciar la unión de dos familias poderosas.
Cuando las puertas se abrieron, Ji-woo comenzó a caminar.
Y entonces lo vio.
Minho estaba esperándola al final del pasillo.
Llevaba un traje negro.
Su expresión era seria.
Ji-woo sintió que el corazón le latía con fuerza.
Era él.
El hombre que había amado durante tantos años.
Cuando llegó a su lado, Minho extendió la mano.
Ella la tomó.
Sus dedos estaban fríos.
Pero Ji-woo sonrió.
La ceremonia continuó.
Los votos.
Los anillos.
Las fotografías.
Y finalmente...
—Puede besar a la novia.
Minho se acercó.
Sus labios apenas rozaron los de ella.
Fue un beso breve.
Pero Ji-woo sintió que todo su mundo se detenía.
Por fin.
Por fin podía llamarlo su esposo.
La recepción continuó durante horas.
Ji-woo recibió felicitaciones de familiares y amigos.
Todos hablaban de lo hermosa que se veía la pareja.
—Hacen una pareja perfecta.
—Después de tantos años, finalmente están juntos.
—Estoy segura de que serán muy felices.
Ji-woo sonreía ante cada comentario.
Ella también lo creía.
Hasta que intentó acercarse a Minho.
—Minho.
Él se giró.
—¿Qué pasa?
—Nada. Solo quería estar contigo un momento.
Minho miró alrededor.
—Ahora no.
Ji-woo se quedó quieta.
—Ah...
—Tengo que hablar con mi padre.
—Claro.
Él se marchó.
Ji-woo lo observó alejarse.
Por primera vez ese día, su sonrisa desapareció.
Pero inmediatamente intentó tranquilizarse.
Está ocupado.
Es normal.
Después tendremos tiempo.
Cuando la celebración terminó, ambos regresaron a la mansión donde vivirían.
Ji-woo miraba por la ventana del automóvil.
Las luces de la ciudad iluminaban las calles.
—Fue un día increíble —dijo ella.
Minho continuó mirando su teléfono.
—Sí.
—¿Estás cansado?
—Un poco.
Ji-woo sonrió.
—Yo también.
Esperó unos segundos.
—Estoy feliz.
Minho no respondió.
Ella lo miró de reojo.
—¿Tú estás feliz?
Él levantó la mirada.
—¿Por qué preguntas eso?
—Porque acabamos de casarnos.
Minho volvió a mirar su teléfono.
—Fue una decisión necesaria.
Aquella respuesta hizo que Ji-woo frunciera ligeramente el ceño.
—¿Necesaria?
—Lo entenderás después.
No volvieron a hablar durante el resto del camino.
Al llegar a la mansión, Ji-woo entró lentamente.
Había imaginado muchas veces cómo sería aquel momento.
Pensaba que entrarían juntos.
Que hablarían sobre el futuro.
Que quizá Minho finalmente le confesaría que también había sentido algo por ella.
Pero todo fue diferente.
Minho dejó sus llaves sobre una mesa.
—Tu habitación está arriba.
Ji-woo se detuvo.
—¿Mi habitación?
—Sí.
—¿No... vamos a dormir juntos?
Minho la miró.
Su expresión cambió ligeramente.
—Tenemos que hablar.
Ji-woo sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Sobre qué?
Minho se acercó unos pasos.
—Sobre este matrimonio.
Ella esperó.
—Nuestras familias hicieron un acuerdo.
Ji-woo frunció el ceño.
—Lo sé.
—Entonces sabes que este matrimonio beneficia a ambas familias.
—Sí, pero...
—No quiero que tengas expectativas conmigo.
Ji-woo se quedó completamente quieta.
—¿Qué quieres decir?
Minho sostuvo su mirada.
—No estoy enamorado de ti.
Silencio.
Ji-woo sintió que las palabras no terminaban de entrar en su cabeza.
—¿Qué...?
—Lo siento.
—Pero...
Ella soltó una pequeña risa nerviosa.
—Estás bromeando, ¿verdad?
Minho no respondió.
Y esa ausencia de respuesta fue suficiente.
La sonrisa de Ji-woo desapareció.
—¿Nunca sentiste nada por mí?
—No de esa manera.
Los ojos de Ji-woo comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Entonces... ¿por qué aceptaste casarte conmigo?
—Porque era lo mejor para nuestras familias.
—¿Y yo?
Minho permaneció en silencio.
Ji-woo bajó la mirada.
Su mano temblaba alrededor del ramo que todavía llevaba.
—Entiendo.
—Ji-woo...
—No.
Ella respiró profundamente.
No quería llorar.
No quería hacerlo delante de él.
Había esperado demasiado por ese día como para terminar así.
—Está bien.
Minho la miró con cierta sorpresa.
—¿Está bien?
Ji-woo levantó la mirada y sonrió.
Una sonrisa pequeña.
Triste.
—Sí.
Aunque por dentro sentía que algo se había roto.
—No tienes que amarme ahora.
Minho frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué?
—Quizá algún día cambies de opinión.
—Ji-woo...
—No voy a obligarte a sentir algo que no sientes.
Ella pasó junto a él.
—Solo dame tiempo.
Minho la observó alejarse.
—Haz lo que quieras.
Aquellas cuatro palabras terminaron de destruir lo poco que quedaba de su ilusión.
Ji-woo entró en su habitación y cerró la puerta.
Apoyó la espalda contra ella.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Después miró su mano.
El anillo brillaba bajo la luz.
Su anillo de bodas.
El símbolo del amor que había esperado durante tantos años.
Las lágrimas finalmente comenzaron a caer.
Ji-woo se cubrió la boca para no hacer ruido.
—No importa...
Se limpió las lágrimas.
—Todavía puedo hacerlo.
Miró nuevamente el anillo.
—Algún día me amarás.
Porque Ji-woo todavía no estaba preparada para abandonar el amor que había construido durante tantos años.
No sabía cuánto tiempo tardaría. Ni cuánto tendría que sufrir, solo sabía una cosa, no pensaba rendirse.
La vida que había imaginado junto al hombre que amaba acababa de comenzar de una forma muy diferente a como había soñado.
Y, aun así...
ella estaba decidida a hacer que ese matrimonio funcionara.
Que triste por ella... pero estoy enganchadísima! Necesito saber que va a pasaaar