Capítulo 1
Regresó al apartamento un martes de noviembre, cuando ya nadie esperaba que lo hiciera. Cuatro meses pasaron desde la primera llovizna de julio, y esa tarde en la estación del metro. Se quitó el abrigo y dejó las llaves en el cuenco de la entrada, lo primero que hizo fue revisar la alcoba, sin encontrar un solo rastro de él, sabía que era tonto todavia tener esperanza después de cuatro meses. Ambos habían dejado las cosas claras esa vez, pero estúpidamente quería aferrarse a una última esperanza. Vago por el departamento, como navío extraviado a la deriva, era su casa, el mismo sitio donde había llevado su rutina por casi cinco años, la misma cama donde se despertaba todas las mañanas, y por alguna razón, lo percibió como una selva extraña donde nunca antes puso un pie.
Y en medio de esa selva espesa y desconocida, se sentó en el suelo sin saber porque se sentía perdido. Recostó su espalda contra el muro, intentando encontrar un punto de ancla para aliviar su extravío. En el silencio absoluto del apartamento, le pareció oír el roce suave de una respiración recostándose en su hombro, pero solo era el viento de noviembre soplando desde su ventana. Cerró los ojos con fuerza y se quedó allí, con la maleta a un costado y el abrigo tirado en el suelo. Afuera, la tarde caía sobre la ciudad como una gasa gris, pero a él ya no parecía importarle.
Se quedó un rato más en la misma posición, con los pies extendidos y los ojos tibios. Atientas, buscó su teléfono en el bolsillo del pantalón. Abrió el contacto de Draven, a pesar del tiempo nunca tuvo el valor de borrarlo y lo miró un instante. La última conversación que marcaba fue hace unos meses: un «Lo siento » de su parte, un «¿Podemos vernos? »,de él, punto. Puso el pulgar sobre el nombre de contacto. La fotografía de perfil ya no era aquella de los dos durante su primer aniversario, ahora era un simple atardecer que reconoció de inmediato que fue tomada desde el balcón del apartamento.
Ni siquiera se había dado cuenta de cuándo la había cambiado. Bloqueó la pantalla y guardó el teléfono en el bolsillo. Siguió perdido en su propia casa, lo primero que se le ocurrió para despejarse fue deshacer la maleta. Sacó su ropa, los libros, sus pertenencias y por último, su cámara. El último regalo de Draven por su cumpleaños. La tomó entre sus manos, ni siquiera recordaba en qué momento la metió a la maleta, se cuestiono si lo mejor sería devolverla o quedarsela como un bonito recuerdo. Lo pensaría más tarde, intentó dejarla en la repisa, pero cuando su vista se dirigió al estante, noto un libro que desencajada en su colección.
—¿Qué? — era el libro de Draven. El que estaba leyendo las últimas semanas, antes de su viaje. El amor en los tiempos del cólera, una edición vieja, con el lomo cuarteado y una mancha de café en la contraportada. Estaba en la estantería del salón, entre una guía de viajes de España y un diccionario de sinónimos que él usaba para los crucigramas.
Lo tomó, abrió por donde el marcador, un ticket de supermercado doblado en tres que señalaba la pausa. Tan solo abrió el libro un trozo de papel se deslizó cayendo a sus pies. Doblado en un cuadrado diminuto, como los que se pasaban durante las clases cuando estaban aburridos o como los que él le dejaba en el bolsillo del abrigo cuando salía temprano y el seguí dormía.
Zane lo desdobló con los dedos temblando y no le quedó duda alguna, era la de Draven, pero no la de siempre. Esta era menos firme y de trazó más suave.
Decía:
«Zane:
Es porque probablemente ya regresaste de tu viaje, ¿Cómo estuvo? ¿Fue como esperaste? Espero que todo te haya resultado sin contratiempo, lo digo de forma sincera.
No sabía si dejarte esto. De hecho, probablemente debería haberlo tirado antes de que regresaras. Pero supongo que, después de todo este tiempo, sigo siendo demasiado cobarde para decirte algunas cosas a la cara. Por mucho tiempo te enojaste conmigo por no ser capaz de cambiar ese defecto mío, pero no quería quedar como un imbécil por la incertidumbre de no saber si todavía quieres escucharme.
Porque no sé qué encontraste en Brasil. Mientras estaba en el trabajo, me preguntaba si habías conocido a alguien en el bar del hotel. No voy a mentir, me aterraba pensarlo. Imaginaba que estabas en alguna playa, rodeado de gente que no sabía nada de nosotros. Personas que podían conocerte sin conocer tus errores, sin saber quién eras antes, sin recordar las cosas que hiciste mal (porque en verdad que metiste la pata varias veces). Pensaba que quizá alguien te haría reír de una manera que yo ya no sabía hacerlo o que encontrarías algún lugar tan hermoso que, cuando regresaras, nuestro apartamento te parecería pequeño. Nuestra vida insuficiente y yo, innecesario.
Levantó la vista del papel para contemplar el apartamento. Por primera vez desde que regresó, dejó de parecerle una habitación desconocida. Recordó el sofá donde Draven se quedaba dormido mientras leía, como llenaba cada rincón de plantas, el pequeño espacio que quedó vacío en el armario sin darse cuenta. Todo seguía allí, excepto él.
Me preguntaba si habrías visto algo hermoso y pensado que querías quedarte allí. Y, sobre todo, tenía miedo de que durante esos cuatro meses descubrieras que podías ser feliz sin mí. Supongo que eso fue lo que más me dolió.
Dios, no se que estoy haciendo. Durante estos cuatro meses intenté convencerme de que ya había terminado, pero ya me conoces, soy un tonto sin remedio y sobre todo, reconozco que me equivoque…
Sus dedos apretaron el papel, pero de todas formas continuó leyendo:
Te extraño y odio admitirlo.
Eso último le sacó una sonrisita, mientras sus ojos picaban.
No porque crea que las cosas deberían volver a ser como antes, odiaría eso. De ninguna manera quiero que pienses que deseo que vuelvas a ser el chico que me enamore en la escuela, que seas el mismo chico que me invitó a una cita al cine durante el festival. Sea quien sea, el hombre que baje del avión y lea esto, me gustaría presentarme de nuevo y darnos una oportunidad de conocernos, incluso si no es en el mismo cine de hace diez años.
Porque eso sería cometer un grave error, no quiero que empecemos con algo extraordinario, ni recrear esa mágica noche en el cine de nuestra ciudad. Empezemos algo nuevo, ni siquiera debe ser algo inolvidable, me conformaré con el hecho de haber dado un paso. Eso estaría bien, como por ejemplo, invitarte al festival en la noche de tu regreso, si no estás muy cansado.»
Zane bajó el papel. Leyó la nota una vez, dos, cinco. Hasta que las letras se volvieron borrosas y tuvo que parpadear para recomponerlas. Se dejó caer en el sofá y sin poder evitarlo, rompió la promesa que se hizo a sí mismo antes de abordar el avión de regreso, que no lloraría de nuevo. Lloró y se rio al mismo tiempo, porque incluso después de tanto tiempo, Draven era el mismo idiota del siempre, el idiota del que se había enamorado.
Cuando el llanto amainó, dobló la nota con cuidado para guardarla en su bolsillo. Revisó la hora en su teléfono, las 4:40, el festival había empezado hace menos de una hora. Tenía la ropa desarreglada, el rostro cansado, las maletas regadas por el suelo y el cuerpo exhausto, no era precisamente la forma de presentarse a un reencuentro con la persona que crees que es el amor de tu vida. Y no lo pensó dos veces antes de salir corriendo para buscarlo.
Muchas gracias por leer «The Space Between Us» Un agradecimiento especial a todos los lectores que apoyaron esta historia desde su inicio. Me encantó escribir esta historia y espero que ustedes también lo hayan disfrutado, ¡Nos vemos a la próxima!
Para ustedes: @Teddy477
Recuerden escuchar el nuevo Comeback de Synd ¿No les parece que Zane se miraba muy guapo?
El sonido del click resonó por la habitación — Finalmente – me quedé mirando la pantalla durante un largo minuto, dejando que las últimas palabras se asentaran en mi cerebro. Luego de medio año de borradores y cien tazas de café, acompañadas de varias horas escuchando la misma playlist en bucle, mi proyecto íntimo estaba concluido.
Me recosté en la silla, frotándome los ojos cansados mientras la pantalla iluminaba mi rostro con ese resplandor azulado. El cursor parpadeó una última vez en la pantalla antes de que mis dedos, encontraran la fuerza para presionar “Publicar”.
Y ahí estaba. “Capítulo 32. FINAL. Publicado.”
Una oleada de euforia mezclada con agotamiento me recorrió. Levanté los brazos en triunfo. Estire mi cuerpo mientras me levantaba de la silla, luego me arroje a la cama con esa sensación de vacío que deja la adrenalina cuando se retira.
Sonreí, mis ojos se elevaron inevitablemente hacia ellos, como siempre ocurría cuando necesitaba algo de inspiración o deleitar mis ojos un rato. Cinco sonrisas perfectas emergían de un remolino de humo negro y azul eléctrico, ¿Cómo pueden ser tan perfectos?, suspire encantado.
Starlight Syndrome, el grupo de chicos más viral del país. Era un fan irremediable de ellos desde que los escuché por primera vez. Ver sus rostros en el poster era suficiente para renovar mis energías. Era la imagen perfecta que capturaba todo lo que amaba de ellos: la energía explosiva y la belleza tranquila, todo envuelto en esa estética magnética que robó mi corazón cinco años atrás.
Dí vuelta a la cama apoyándome en una almohada, una canción de ellos se reproducía de fondo, más específicamente “WHISPER IN THE STORM” una de mis canciones favoritas:
I heard you crying in the rain
Every drop a silent pain
I wanted to reach out my hand
But I didn’t understand
—The thunder tried to drown your voice…— tarareé con una sonrisa. Hace ya siete años de su debut, y no dejaban de encabezar las listas. ¿Y cómo no? Si eran extremadamente talentosos, son excelentes bailarines, sus voces son hermosas y sin contar que son irresistiblemente atractivos.
But I heard it, I had no choice
To stand beside you through it all
Even if I had to fall
Los conocí descubrí en la preparatoria y quedaron tatuados en mis pensamientos. Cuando los escuché por primera vez supe en ese mismo momento que no existían otros como ellos. Solía escuchar a otros grupos o artistas, pero no lograron cautivarme de la misma forma que con Starlight Syndrome. Con ellos fue como una chispa que encendió algo dentro de mi.
Mi habitación era una prueba irrefutable de mi devoción por ellos. Con cada pared completamente cubierta, sin un solo espacio vacío. Pósters de Starlight Syndrome se superponían cuidadosamente, cronológicamente ordenados. En las estanterías, los álbumes estaban organizados no solo por fecha de lanzamiento, sino por versión: cada una de las cinco ediciones diferentes del último disco, con sus tarjetas coleccionables plastificadas y exhibidas en marcos transparentes. Sobre mi escritorio, justo al lado del portátil, tres light sticks oficiales brillaban suavemente, sus colores azul y plateado sincronizados con la iluminación de la habitación.
A cualquiera le parecería exagerado, pero para mi formaba parte de mi espació seguro.
Reaccione cuando escuche el zumbido de mi teléfono a un costado, el nombre de contacto “Leah” aparecía en la pantalla — ¿Qué te pareció? — ni siquiera tuve que esperar a que hablara.
—Por tu culpa estoy llorando, desgraciado — gimoteo entre sollozos al otro lado de la línea — No es justo que juegues así con el corazón de las personas.
—¿Entonces si te gusto el final?
—Fue precioso. Por un minuto temí que hubieras enloquecido y los separas al final — se sorbe la nariz.
—Bueno, si hubiera hecho algo como eso tú me asesinarás — bromeó, aunque con Leah nunca se sabe, siempre es bueno tenerle un ojo encima. Aun así, fue un alivio escucharla, con Leah compartimos nuestro profundo amor por Starlight Syndrome y las novelas de romance, por más clichés que fueran — Me siento un poco nostálgico debido a que es el final pero estoy feliz mientras duró.
— Acabo de terminar de leerlo hace dos minutos. Estoy tirada en el suelo de mi habitación rodeada de pañuelos. Bombon me mira preocupado.
—¿De qué te puedes quejar? Todavía les di una oportunidad para que se reconciliaran.
—Oye, espera, ¿Quieres decir que así termina?
Me incorporé sobre la cama y fruncí el ceño—¿Qué esperabas?
— ¡Después de todo lo que les hiciste pasar, mínimo necesitaba saber qué ocurrió después!
Solté una carcajada y me dejé caer nuevamente sobre la almohada —La historia terminó donde tenía que terminar —respondí.
—Eso dicen todos los escritores antes de escribir una segunda parte.
—No habrá segunda parte.
Hubo un silencio sospechosamente largo al otro lado de la línea—¿Estás seguro? No debe ser de inmediato, pero al menos quiero tener el confort de que sabré qué pasa después.
—Segurisimo. Sabes que esto solo fue para pasar de página.
—Bien, si ya tomaste tu decisión, voy a apoyarte. Al menos, tengo la esperanza de que Zane haga lo correcto esta vez. Oye, ¿crees que en la vida real Zane sea del tipo de hombre que corre bajo la lluvia por la persona que ama? —Volví a reírme.
—Eso encajaría bien con alguien tan principesco como él. Tienes esos aires — muerdo mi labio inferior intentando suprimir una expresión boba — Debe verse jodidamente sexy, no podría ser capaz de mantenerme enojado con él si lo viera todo empapado.
—Sería una jodida delicia para la vista. Me muero.
Miré hacia el portátil. La página del blog seguía abierta en la pantalla, debajo de las últimas oraciones ya comenzaban a aparecer las primeras reacciones.
—Tener a un hombre así enamorado de tí debe ser como un sueño — suspiré. Desde mi perspectiva, el póster se veía aún mejor. Damon parecía extenderme la mano desde el papel, Zane me guiñaba un ojo cómplice, Trey, con su mirada perdida y por último, Draven, dedicándome una mirada dulce que derrite mi corazón — Oye — me detengo — ¿Piensas que a la gente les gustará? — sonaba absurdo— Digo, se que es una tontearía, pero no puedo evitarlo.
Ella rió — Theo, ¿Tú siquiera lees los comentarios que te dejan? ¡Todos están hablando de lo hermoso que fue el final! No soy la única que está conmovida — chilló — Así que…¿Cuándo vas a escribir la segunda parte? — esta claro que no me dejaría en paz con esto, al menos por un tiempo.
—Solo lo hice para desbloquearme — contesté, dando un pequeño giro en la cama— Para algo que no planee que llegara tan lejos, puedo estar satisfecho— no me malentienda, aprecio mucho el apoyo que recibí en mi blog, pero quiero escribir una novela propia que vaya más allá y no quede atrapado en la etiqueta de una simple novela web. La razón por la que comencé a escribir fue porque quería mejorar mi habilidad en la escritura para poder avanzar en mi guión, y ahora que termine mi asunto pendiente «The Space Between Us», estoy listo para centrarme en un nuevo proyecto o al menos eso creo.
—Oh, con que es así. Bueno, ni modo — contestó — Al menos prométeme que a la próxima escribirás sobre Drey. Incluso si solo yo lo leo.
Ah, cierto. Se me olvidaba mencionar que mi aclamada novela «The Space Between Us» no era más que un fanfiction, específicamente del ship, Zane por Draven, mis dos favoritos y los dos hombres más hermosos que he visto jamás. Soy consciente de lo cuestionable que es, a algunos les parece asqueroso. Pero mi imaginación suele tomar rienda suelta a veces y provocar que me imagine escenarios ficticios entre ambos, como que en realidad, los dos tienen una relación secreta, puede que sea un poco… ¿fanboy? — Debes estar bromeando, ¿Como se te ocurre? ¡Son tan diferentes que no tienen nada de química! Zane y Draven encajan de maravilla— defendí — Se complementan de forma armoniosa, pero Trey y Draven…
—¡Eso es lo especial! Trey es tan tierno y Draven es callado, en el episodio especial del programa no puedes negar que hicieron buen equipo juntos.
—No fue así. Claramente estaban perdidos, por eso es que Zane fue a ayudarlos y solo por eso completaron el reto, ¡No funcionan juntos! — exclame.
—Como digas — siseo Leah de mala gana — Cambiando de tema, ¿Viste la transmisión?
—Sabes que nunca me lo pierdo. Además, ¿Notaste como Draven y Zane se miraban? Se nota que tiene una conexión especial – dije.
—Nah, yo no podía despegar la vista de Trey y Draven, el cómo bromeaban entre ellos — chilló emocionada — Pero en fin. Estoy ansiosa por su nuevo lanzamiento, ¿Ya reservaste en preventa?
Suspiré — Aún no. A principios de mes compré algunas cosas, quedé en quiebra — entre algunas cosas para la despensa, recibos de luz y agua, y la matrícula de semestre, mi cuenta bancaria cruzaba por una situación difícil. No era precisamente el momento adecuado para gastar dinero en caprichos, por mucho que una pequeña parte de mí quisiera fingir que no había aprendido nada de mis errores financieros.
—Entonces tendrás que esperar —dijo Leah— Pero dime, ¿cómo marchan las cosas? ¿Ya tienes algo?
Era lo que más deseaba, pero llevaba casi tres semanas sin poder escribir algo que yo considere que valiera la pena. Estaba cansado de la misma situación, sin una sola idea que atravesara mi mente. ¿Por qué era tan difícil? Todos a mi alrededor parecían tener un talento innato, mientras yo, he llevado los últimos dos años de mi vida soportando los rechazos de cada productora a la que les envío mis guiones, no sé si alguna vez podré recibir un e-mail de rechazo sin sentir que me hundo aún más.
—Theo, querido, tomate las cosas con calma. Nadie te exige que te conviertas en el próximo Tarantino. La productora se sentirá conforme con una miniserie, cualquier cosa sería un buen comienzo — alienta — Mira, cada día demuestras que tienes talento, solo debes confiar más en ti. ¿Hay algo en especial que quieras escribir? Cualquier cosa.
—Solo... no sé qué quiero escribir. Voy a graduarme este año y el trato es que tendría un guión preparado para mi graduación, y no tengo ni idea de que voy a hacer.
—Solo tienes que encontrar la historia que te apasione, y todo lo demás fluirá por sí solo.
Me quedé callado, sin saber cómo responder — Gracias, tienes razón. Tomaré una siesta e intentaré escribir algo.
—¡Tienes todo mi apoyo! Ya verás que dentro de poco estarás de regreso. Hablamos luego, yo también tengo algo de trabajo pendiente.
Cuando finalmente colgamos, el silencio regresó a la habitación.
Había algo casi absurdo en esto. Durante meses había conseguido escribir sin detenerme. Podía pasar una tarde entera corrigiendo una escena, levantarme a preparar café y regresar para descubrir que había escrito otras dos mil palabras. Las escenas aparecían en mi cabeza antes de que tuviera tiempo de buscarlas. Con mi propio guion sucedía exactamente lo contrario.
Lo abrí. El vació solitario de las páginas en blanco me helo. Dos años sin lograr atrapar una idea valiosa para mi próximo proyecto. Quería arrojarme sobre mi cama y no tener que despertar nunca.
El problema era que tampoco podía permitirme seguir sin hacer nada. Mi situación económica empezaba a volverse incómoda. Desde que había terminado el trabajo temporal que conseguí durante el verano, mis ingresos dependían de pequeños encargos de edición y de lo que mis padres podían ayudarme cuando tenían oportunidad. No era suficiente para independizarme, y mucho menos para permitirme pasar meses bloqueado frente a un guion. Había enviado solicitudes a varias productoras durante las últimas semanas. Algunas ni siquiera respondieron. Otras me agradecieron el interés con esos correos automáticos que básicamente te decían que no eras lo que estaban buscando.
Quizá mi trabajo no había sido tan bueno.
Había querido demostrar que podía escribir una historia que hiciera reír a la gente y que, al mismo tiempo, consiguiera que se enamoraran de sus personajes. Lo curioso era que ahora tenía miles de lectores esperando el siguiente capítulo de una historia que ni siquiera era mía.
THE SPACE BETWEEN US.
Quizá Leah tenía razón, debería empezar a escribir otra cosa.




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