Create New List
Share with your friends
Customize readability

Las Venas del Cielo

All Rights Reserved ©

Summary

LAS VENAS DEL CIELO Libro Primero: Roca Alta Un comandante manco. Una piedra que devora recuerdos. Una profecía que no salva: atrapa. Jorel Sinmano perdió su mano izquierda en una emboscada. Perdió su orgullo cuando su clan lo llamó "inútil" y lo abandonó. Y ahora, cada vez que consulta al Piedraoráculo, pierde algo peor que una extremidad: pierde un recuerdo. La voz de su padre. El rostro de su madre. El nombre de su hermano. El lugar donde enterró su espada. Todo por una sola pregunta: ¿Podré recuperar mi mano? Si te gustan la fantasía oscura, los antihéroes rotos, la política de facciones y los mundos donde la magia tiene un precio brutal, esta historia es para ti.

Status
19h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo El costo de una respuesta

Las Venas del Cielo

Libro Primero



Roca Alta



Prologo

El costo de una respuesta

La cámara del PiedraOráculo apestaba a piedra mojada y a óxido. Era como si la propia sala se estuviera descomponiendo entre las grietas de la obsidiana, si aquello era posible.

Algunos decían que, bajo Roca Alta, en las capas más profundas del Bastión, aún se oían los Ecos de los primeros Pactos, aquellos que los Ildraki hicieron antes de que los Tejedores de Carne aprendieran a romperlos.

Pero Jorel Sinmano no creía en los Ecos.

El creía en el garfio de hueso de Dragon que colgaba de su cinturón y en la puerta de hierro que se cerró tras él con un golpe que resonó dos veces en el silencio.

No llevaba antorcha, no la necesitaba allí.

La luz, de un verde azulado, venía de las vetas del monolito, tenía un brillo tenue que pulsaba al ritmo de algo que venía de la roca misma.

Las Venas del Cielo, allá arriba, refulgían en plateado, pero estas otras, bajo tierra, tenían un tono apagado, enfermizo.

Se quitó el guante de cuero de la mano derecha. La izquierda no existía. En su lugar, había un muñón cicatrizado que rozaba contra la tela de la manga. Lo apoyó contra la pared por costumbre, la misma pared donde otros comandantes, antes que él, habían grabado runas de advertencia, ahora borrosas, casi ilegibles, y caminó hacia el monolito.

Se detuvo frente a la piedra e inspiro hondo.

—¿Podré recuperar mi mano algún día? —se preguntó.

La voz le salió ronca. Llevaba horas dando vueltas en la torre, sin dormir, repitiendo la pregunta obsesivamente.

Pero el PiedraOráculo no se ablandaba. Nunca lo hacía.

La Custodia del Espejo afirmaba que era un fragmento de una antigua herramienta del Juicio.

Los Tejedores de Carne decían que era un Eco gigante atrapado en piedra.

Jorel solo sabía que cobraba caro por contestar, muy caro.

Las vetas del monolito cambiaron de color al escuchar su pregunta. Pasaron del azul pálido a un gris plomizo, y luego a un blanco que dolía mirar. Entrecerró los ojos. Había aprendido que cerrarlos era una muestra de miedo, y que el PiedraOráculo se alimentaba de eso. De su miedo. Del miedo de todos en Roca Alta.

La visión le llegó sin aviso.

Un barco.

No como los que atracaban en Roca Alta.

No era como los galeones Aeldiri de casco de cristal, o las naves Vrask con sus velas de escama, o los pesqueros Khalim de madera negra.

Este era una carcasa oscura, con el casco agrietado y las jarcias colgando como tripas. Flotaba sobre una Vena del Cielo que era roja. Rojo oscuro, como sangre mezclada con vino.

En el puente de mando, había un hombre. Su rostro era una masa de Glifos que se movían, que crecían, que se abrían paso bajo la piel como gusanos bajo la carne podrida.

Uno de ellos, justo en el centro de la frente, latía al compás de su corazón.

Jorel reconoció el trazo, era un Nudo, pero no de los treinta conocidos.

Era un nudo prohibido.

El Nudo Prohibido.

El que los Tejedores de Carne usaban para fundir carne con Glifo.

El Glifo sangraba.

Plata líquida escurriendo por la nariz, por los párpados sellados, por la boca entreabierta.

Jorel quiso apartar la mirada, pero el oráculo no le soltó.

Entonces la visión se cortó.

Parpadeó. La cámara volvía a estar a oscuras, solo con el tenue pulso azul de las vetas.

Jorel se dio cuenta de que estaba arrodillado.

No recordaba haberlo hecho.

—¿Ya está? —preguntó al vacío— ¿eso es todo?

El PiedraOráculo no respondió.

Nunca respondía con palabras. Solo mostraba y cobraba.

Y el precio era alto en todas las ocasiones.

Jorel intentó levantarse.

Le costó.

Las rodillas le dolían, y había algo más, algo que faltaba.

Un hueco en su cabeza, como cuando te arrancan un diente y la lengua no deja de buscarlo.

Cerró los ojos. Intentó recordar la voz de su padre.

Nada.

Sabía que había tenido un padre.

Sabía que ese padre le había enseñado a atar nudos marineros en un muelle del sur, cuando Jorel apenas llegaba al quitavientos.

Sabía que la voz era grave, que reía con la boca cerrada, que olía a tabaco húmedo.

Pero ya no la oía. El sonido se había ido.

Así funcionaban los precios del PiedraOráculo, arrancaba un recuerdo, lo pulverizaba, y dejaba solo el doloroso conocimiento de que antes estuvo allí.

Pero ese recuerdo nunca volvía ya.

Jamás.

Abrió los ojos.

—Era una buena voz —dijo, con pesar— Ojalá la hubieras dejado.

Se puso de pie.

Ajustó el garfio de hueso de dragón en el muñón izquierdo. Tenía grabado un Nudo de Vacío, pequeño, insuficiente para anular un Pacto entero, pero si lo suficiente para abrir una herida que no parara de sangrar, y caminó hacia la puerta.

Sus pasos resonaron en la cripta.

Antes de salir, se volvió a mirar el monolito.

—Volveré —dijo.

Lo dijo como quien anuncia una condena.

Cuatro veces lo había consultado ya.

Cuatro recuerdos perdidos, la voz de su padre, el rostro de su madre, el nombre de su hermano, el lugar donde enterró su espada.

Y aún no tenía su mano.

La puerta se cerró tras él con el mismo golpe seco.

Dentro de la cámara, las vetas azules siguieron pulsando.

El PiedraOráculo guardó silencio, pero los Glifos plateados de la visión aún brillaban en algún lugar de sus profundidades, esperando.

Como el barco que pronto llegaría a los muelles de Roca Alta, trayendo consigo la Primera Grieta De La Tregua.

Let Curtis Logan know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

The Full Moon Breeding Club

Christina: I love that the FL is intelligent, purposeful, kind, and thoughtfull. She protects herself and others without compromising her morals or diminishing her values.Great character development showing their growth.

Read Now
THE WOMAN HE BOUGHT

Jkind12: Great story but I didn’t like the gap of 4 years in the end! It’s like the writer quit.!

Read Now
Called by the Alpha

Sylvia Jeffree: It’s not bad at all Fast moving and interesting I will certainly recommend this author

Read Now
Silver's Second Chance

Maggie Varnum: Like that it was fast paced and suspenseful...loved the romance up ended a little to fast ...would have been better if there was a Luna ceremony chapter and a birth of son with name chapter with Cole as a dramatic dad in the delivery scene .... Overall I enjoyed it very much!

Read Now
Bear Shifter Secrets

Felicia: This is the 2nd book im reading of this writer. And I enjoyed it just as much as the first, Marked while we slept. Worth the read. Very good writer

Read Now
UNDER HIS ROOF

sweetishani2009: After a long time...i am reading a story that i cant keep down...loving the way they banter and the way they have ops moments...

Read Now
To Catch a Ghost, Part 1

Blake: Looking forward for part two

Read Now