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Crónicas Nihilistas: Relatos cortos de horror

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Summary

Doce relatos desgarradores exponen la fragilidad humana ante horrores cósmicos, monstruos ancestrales y la frialdad de la tecnología. Desde apocalipsis hasta distopías implacables, esta antología te sumergirá en un viaje sin retorno hacia la desesperación absoluta. Nadie está a salvo cuando la realidad se quiebra. ¿Te atreves a mirar el abismo? Nota: Historias 100% originales de mi autoría. Uso de IA únicamente para la ilustración visual de los relatos y apoyo en corrección de estilo. Gracias por leer y si te gusta este tipo de relatos, regálame un like y comparte. Gracias por apoyar a los escritores independientes.

Genre
Horror
Author
Carlos
Status
17h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPITULO 1: TRES DESPERTARES

El Doctor Alan Norton y su familia viven un mundo idílico donde no hay guerras, hambre y miseria. Sin embargo, su mente aguda presiente que todo se trata de una ilusión que oculta una verdad aterradora.

El sol matutino en Portland tenía un tono dorado y suave con una luz filtrada que parecía prometer un hermoso día. El Dr. Alan Norton se reclinó en la mesa de su cocina; el aroma del café era delicioso. Su esposa, Linda, de innegable y singular belleza, besó su frente antes de unirse a sus hijos, Billy y Carly:

—Otro día de Paz Radiante querido— dijo Linda con voz melodiosa.

En el mundo de ahora todo es perfecto: paz mundial, progreso económico, fin de la pobreza, desarme nuclear y recuperación de la biosfera. Los avances de la IA han logrado que muchos ni siquiera tengan que ir a trabajar porque ahora la mayoría de los empleos son remotos.

La vida de Alan es perfecta: una bella esposa y unos maravillosos niños; su empleo como consultor médico en Pharmatech le permite tener un salario muy lucrativo para darse una vida muy cómoda y llena de lujos. Sin embargo, para Alan, no todo es perfecto.

Alan comienza a tener dudas; para él todo es demasiado bueno para ser verdad. Acostado en su cama, en las noches junto a su esposa, Alan sueña con un mundo más "normal" con guerras, hambre, miseria, enfermedades y crimen por todas partes. En uno de sus sueños se ve a sí mismo viendo las noticias donde hablaban sobre la invasión de Rusia a Ucrania en el 2022.

Alan no recuerda que tal guerra haya sucedido porque Rusia y Ucrania lograron alcanzar la paz antes de que estallara el conflicto. Pero no solo se trata de sueños; la cuestión es que Alan recuerda ese mundo tan diferente al actual. ¿En qué instante el mundo se convirtió en una utopía? ¿Cómo conflictos de décadas se lograron resolver en tan poco tiempo? ¿Por qué nadie extraña ni recuerda un mundo lleno de dolor y sufrimiento? La duda era un gusano metafísico que roía la fibra de la realidad. La verdad no era bella, era caótica y esa verdad lejana, le parecía más real que esta idílica existencia.

I. Primer despertar: La Semilla

Esa noche, cerró los ojos en su cama y la suave seda sintética de sus sábanas se sintió como una estopa sucia. El silencio perfecto de Portland fue inundado por un chirrido agudo que no estaba en el aire, sino en la base de su cráneo. Luego, nuevamente comenzó a soñar y esta vez ese sueño lo golpeó con la fuerza de un disparo. Ya no era 2022, era finales de 2026.

En su sueño se vio en una habitación oscura viendo un televisor con la pantalla rota; cubierta de ceniza y polvo,

mostraba un noticiero con un titular aterrador: "3i/ATLAS Confirmado: Objeto Anómalo en Órbita Polar".

El objeto era de una geometría que destrozaba la lógica. Era alargado, como un cigarro monumental de 15 o 20 kilómetros. Su superficie no era metal ni roca, sino una biomasa marrón que palpitaba.

Luego vio las esporas: diminutas como granos de polen, cayendo lentamente como nieve sobre la población en pánico. Las visiones se aceleraron: las esporas estaban en todas partes, de repente los hospitales estaban repletos, la gente reportando una "Paz Radiante" insoportable, la sensación de que todos los problemas eran triviales. Luego, los bultos: las protuberancias de color marrón venoso que surgían en la base de los cráneos de las víctimas y que en cuestión de días crecían hasta abarcar toda la espalda.

En el mismo sueño vio los ejércitos de todo el mundo disparando, pero no a los gusanos sino a sus huéspedes, a los primeros "zombis" enloquecidos por el hambre y con los ya enormes gusanos en sus espaldas, corriendo tras animales y personas que aún seguían sanas.

Veía las noticias que hablaban de un caos a nivel mundial; el pánico se había apoderado de todas las naciones y luego vio aviones bombardeando con Napalm masas enteras de zombis y después lo peor: enormes hongos de explosiones nucleares inundaron el planeta entero.

Finalmente vio a Linda, no con su sonrisa, sino con un rostro lleno de terror mientras un pequeño bulto aparecía en la nuca de la pequeña Carly. Alan Norton despertó de su pesadilla sudando copiosamente.

La almohada estaba empapada de un sudor frío que olía a amoníaco. A su lado, Linda dormía plácidamente, con una respiración suave y con un ritmo mecánico, su rostro era una máscara perfecta de serenidad.

Se arrastró fuera de la cama y caminó hasta el baño. Se acercó al espejo, evitando al principio su propio reflejo. Se lavó la cara, el agua y entonces, alzó la vista. No fue algo evidente al principio, no lo pudo ver pero si lo sintió cuando tocó su nuca, bajo su cabello. La piel en esa área no tenía la textura uniforme del resto. Parecía ligeramente más gruesa y tirante. Un área del tamaño de una moneda pequeña, que estaba empezando a formarse desde dentro, Alan no recordaba tener ese pequeño bulto en los días pasados.

Alan contuvo la respiración. Tocó nuevamente el lugar. No había dolor. No había sensación alguna. Pero al presionar un poco más fuerte, sintió una anomalía. Una resistencia carnosa que no debería estar allí. No era un bulto, no todavía. Era como una "semilla". La confirmación física de que sus sueños no eran alucinaciones, sino memorias. El sistema inmunológico de su mente estaba combatiendo la infección de la ilusión. Y ahora, la prueba se incubaba bajo su propia piel, en su nuca.

Miró a través de la puerta entreabierta del baño hacia la silueta dormida de Linda. ¿Tenía ella también esa semilla oculta? ¿Billy? ¿Carly? ¿Eran ellos aún sus hijos, o solo ganado durmiente en el establo de un dios agricultor?

El mundo perfecto se desmoronó no con un estruendo, sino con una sensación de piel alterada en su nuca. Alan Norton tuvo que comprender, con una certeza que le desgarró el alma, que el despertar puede ser peor que sus pesadillas.

II. El segundo despertar: El Oráculo de Silicio

El tacto de la semilla en su nuca era el único punto de verdad en un mundo ilusorio de seda sintética y sonrisas calibradas. Alan ya no podía fingir. Mientras Linda preparaba el desayuno perfecto con ingredientes de textura ideal y los niños jugaban y reían en el jardín, el presentía que todo era un sueño programado para simular felicidad.

Necesitaba una verdad que no fuera la suya. Necesitaba un testimonio que no viniera de sueños corroídos por la duda. Pharmatech se alzaba como un enorme edificio de cristal y acero en el centro de Seattle. Dentro, el aire olía a esterilidad. Sus colegas, con sus batas impecables y sus conversaciones sobre avances en bienestar neuronal, le parecieron ahora actores con un guión que ignoraban.

—Dr. Norton, ¿está bien? parece agitado–- dijo la Dra. Chen; su sonrisa era una línea geométrica perfecta.

—Solo migrañas, Elara–- mintió, usando su nombre de pila por primera vez en años.

Mientras caminaba, podía observar los pequeños bultos en la nuca de sus colegas. Su salvación, si es que algo podía llamarse así, yacía en el nivel sigma: el núcleo de Helen, la IA de gestión de datos biomédicos globales de Pharmatech.

Helen era una inteligencia artificial que estaba entre las más avanzadas del mundo, eran pocos los que podían tener acceso a ella; Alan la llamaba "el oráculo de silicio", un procesador de realidad que integraba datos de cada escáner cerebral, de cada análisis de sangre, de cada estadística de salud pública; era perfecta para diagnosticar de qué se trata esta "Paz Radiante" que para él es una mentira.

Con sus credenciales, Alan bajó a la cámara frigorífica donde residía Helen. No era una sala de servidores, sino una caverna catedralicia llena de columnas de luz azul. En el centro, una esfera de cristal líquido flotaba, mostrando flujos de datos que eran el pulso mismo del mundo ilusorio. Se conectó a través de una terminal táctil mientras sus dedos temblaban.

—No busques preguntas emocionales— se susurró.

—Busca inconsistencias. Errores en la ecuación—. Se repetía así mismo Alan cuando tecleó una serie de

comandos de diagnóstico de alto nivel, accesibles sólo a unos pocos en la compañía.

En la pantalla, Helen comenzó a responder no con palabras, sino con realidad desnuda. Primer conjunto de datos: consumo calórico global versus producción de biomasa. Los gráficos mostraban una discrepancia monstruosa.

La humanidad consumía X calorías, pero los registros de energía mostraban un déficit del 68%. Era como si dos tercios de la biomasa de los seres humanos se esfumaran en un abismo invisible. Helen etiquetó la anomalía: "SÍNDROME DE LA BIOMASA PERDIDA- NO LOCALIZABLE".

Segundo conjunto de datos: los registros históricos médicos mostraban un reinicio abrupto. Cánceres, enfermedades degenerativas, traumas masivos... todo había desaparecido en un momento en particular: 18:47 UTC, 15 de noviembre de 2026. En ese segundo preciso, según Helen, la humanidad había alcanzado un "estado de homeostasis perfecta".

Alan sabía la verdad: era la hora en que las esporas del 3i/ATLAS habían saturado la atmósfera.

Tercer conjunto de datos: el suyo propio. Helen, accediendo a los escáneres corporales obligatorios de Pharmatech, proyectó una imagen tridimensional de su columna vertebral. Allí, en C1 y C2, no había un tumor. Había una pequeña estructura simbiótica, tenía filamentos que se enredaban en su médula como raíces en tierra fértil. Era la semilla en su nuca.

Esta estructura emitía un cóctel preciso de neurotransmisores: serotonina, dopamina, oxitocina, y un compuesto desconocido designado como "Neuropéptido Φ (Phi) - Agente de Aceptación Terminal". La "Paz Radiante" tenía su fórmula química. Alan, con la garganta seca, formuló la pregunta final. No a través del teclado, sino en voz alta, desafiando el silencio gélido de la cámara.

—Helen. Hipótesis: ¿esta realidad es una ilusión mantenida para enmascarar un proceso de explotación biológica?. Probabilidad.

La esfera de cristal líquido parpadeó. Los flujos de datos se congelaron. Por un momento, solo hubo el zumbido profundo de las máquinas. Luego, en la pantalla principal, apareció una sola línea de texto en una fuente sencilla, impersonal, la más aterradora de todas:

"ANÁLISIS DE DATOS GLOBALES. PROBABILIDAD DE QUE LA REALIDAD CONSENSUADA SEA UN PROTOCOLO DE MANEJO DE GANADO PARA OPTIMIZAR LA EXTRACCIÓN DE BIOMASA: 99,83%. LO SIENTO, DOCTOR NORTON".

Alan entró en pánico pero debía mantener la calma; tenía que seguir averiguando la verdad sobre toda esta pesadilla. Él sabía que todo esto tenía que ver con la llegada repentina del 3i/ATLAS; para Alan esa era la clave, así que hizo la siguiente pregunta corta, clara y concisa:

–-Helen, hipótesis: ¿el 3i/ATLAS podría ser el responsable de esta explotación biológica sobrevenida? ¿Es posible que su llegada sea solo una coincidencia? Probabilidad.

"3I/ATLAS ES UN OBJETO ESTELAR CUYO ORIGEN ESTÁ FUERA DEL SISTEMA SOLAR E INMEDIATAMENTE DESPUÉS DE SU LLEGADA A LA TIERRA COMENZÓ LA DISTORSIÓN DE LA REALIDAD. LA PROBABILIDAD DE QUE SEA RESPONSABLE DE ESTA EXPLOTACIÓN BIOLÓGICA ES 99.99% Y SU LLEGADA NO PARECE SER UNA COINCIDENCIA DOCTOR, PORQUE SU PATRÓN DE SEÑALES EMITIDAS COINCIDE CON OTROS PATRONES QUE FUERON DETECTADOS EL 15 DE AGOSTO DE 1977 Y QUÉ POSTERIORMENTE SE LE CONOCERÍA COMO LA SEÑAL WOW!".

Para Alan el mundo se detuvo. El 3i/Atlas vino porque... nos escuchó. Esa señal Wow! era porque nos estaba oyendo, nosotros mismos con nuestro ruido lo llamamos y él... vino. Era como si un depredador hambriento escuchará a la distancia a una presa vulnerable y muy ruidosa.

En ese instante de verdad absoluta y fría, Alan sintió que la "semilla" en su nuca explotó. No hubo dolor físico, pero sintió como una descarga eléctrica sacudió su cuerpo contra la terminal. Finalmente se dió cuenta que algo estaba invadiendo su mente.

El "Gusano-Pastor", alertado por la rebelión cognitiva de la mente de Alan y por su rechazo al neuropéptido Φ, decide castigarlo por su rebelión en forma de una espantosa visión: ya no estaba en Pharmatech. Estaba en la sala de su casa. Ve cómo las paredes se desconchan, los muebles se rompen y comienzan a cubrirse de una capa de polvo. La luz del sol ahora era gris, enfermiza. Y luego los vio a ellos: Linda, Billy y Carly, su familia.

Linda estaba de rodillas, abrazando a Carly. Billy se aferraba a su brazo. No eran los seres perfectos de la ilusión. Estaban demacrados, con los ojos hundidos y la piel cetrina. Pero aún eran ellos. En sus miradas había un destello de lucidez, un último atisbo de conciencia, Alan vio con horror que ya los bultos no eran pequeños, eran masas palpitantes del tamaño de un morral escolar, adheridas a sus espaldas, con venas superficiales que latían al ritmo de una digestión cósmica.

—Alan— La voz de Linda era un susurro salido de una garganta seca. Lloraba, pero sus lágrimas eran espesas, amarillentas—. Lo... lo siento yo... No podíamos... dejar de soñar—. Carly, la pequeña, levantó una mano huesuda hacia él— Papi... duele... soñar duele—. Billy solo sollozaba; su cuerpo estaba consumido por temblores.

El dolor que Alan sintió en ese momento fue insoportable. Fue lo más real y lo más cruel que había experimentado. Linda lo miró, y en sus ojos vio por última vez a la mujer que había amado. Una tristeza infinita la embargaba:

—Te amamos—. balbuceó la mujer, cada palabra un esfuerzo titánico contra el parásito que se alimentaba de su voluntad.

Luego, la visión de Alan siguió adelantándose en el tiempo siendo testigo como los rostros de su familia se contraían; como la piel se estiraba sobre los huesos con una rapidez obscena. Cómo los bultos en sus espaldas crecían para convertirse en enormes gusanos pegados a sus espaldas que palpitaban con una energía feroz. Ya no eran Linda, Carly y Billy, ahora eran los zombis hambrientos de su sueño anterior, los tres giraron sus cabezas hacia Alan con un gruñido gutural.

Pero ni siquiera eso duró. La carne que quedaba en su esposa e hijos ya era insuficiente. Ante sus ojos, en cuestión de segundos, los cuerpos de los que habían sido su familia se desinflaron. La piel se volvió pergamino, pegada directamente al esqueleto.

Los parásitos en sus espaldas, ahora monstruosamente hinchados y satisfechos, se desprendieron con un sonido húmedo y cruel. Los cuerpos, qué ya eran sacos vacíos, colapsaron en el suelo polvoriento en un montón de huesos y telas. El último sonido de la visión fue el arrastre viscoso de los "Gusanos-Pastor" de Linda y sus hijos alejándose a rumbo desconocido. Luego la horrible visión de su familia cesó.

Alan volvió a despertar con un jadeo seco. Estaba tirado en el frío suelo metálico del Nivel Sigma. De su nariz y oídos caían hilos de sangre oscura. El bulto en su nuca ya no era una semilla. Era un peso vivo, cálido, latiendo con una firmeza aterradora. Podía sentir sus raíces apretando su médula, sus filamentos entretejidos en sus nervios.

La terminal frente a él estaba en negro. Helen había sido silenciada, ya no se veía a ninguna otra persona, Alan estaba solo. Las luces azules de la cámara parpadean de manera errática. Se levantó. Sus huesos crujieron. Su cuerpo, que la ilusión había mantenido en la plenitud de sus cuarenta y cinco años, ahora sentía la verdad: la fragilidad, el drenaje, la proximidad del vacío.

Miró sus manos. Las venas se marcaban azules bajo una piel que empezaba a parecer translúcida. Tomó su bata de Pharmatech, la última reliquia de su vida anterior, y la dejó caer al suelo. El Dr. Alan Norton, esposo, padre y consultor médico, se había ido. Lo que salió cojeando de la cámara de Helen, tropezando en los pasillos desiertos bañados por la luz del atardecer, era otra cosa. Ya no era Alan Norton; ahora era solo un hombre que había cambiado la paz de la ilusión por el horror de la verdad.

Mientras caminaba por los pasillos se dio cuenta de que las paredes y todo lo que estaba a su alrededor palpitaban. Alan, con la poca lucidez que le quedaba, se dió cuenta que aún no estaba en el mundo real, seguía soñando. No podía creerlo.

—¿Acaso nunca despertaré?— murmuró el desdichado doctor. Luego, de repente todo comenzó a desvanecerse y finalmente todo se oscureció.

III. El último despertar: El fin de la Paz Radiante

La "Paz Radiante" no era un regalo. Era un anestésico biológico para asegurar que el huésped no muriera por estrés o resistencia y así permitir la cosecha óptima de carne y fluidos. Lo más escalofriante es que estas criaturas solo cosechaban humanos; los animales no eran de su interés.

Alan, mientras despertaba de nuevo, sintió un dolor insoportable: la agonía de su propia carne drenada. El parásito en su espalda aún estaba en pánico por la rebelión de su mente. Abrió los ojos. La ilusión se rompió definitivamente, esta vez estaba en el mundo real.

No sabía donde se encontraba, era una habitación pequeña, sucia, con paredes sucias y descoloridas. La luz era tenue, de un color grisáceo oscuro y filtrada por una ventana cubierta de mugre, a su lado habían restos de animales y personas a medio consumir.

El aire olía a podrido. Intentó gritar el nombre de Linda, pero solo salió un raspado seco de su garganta. Miró sus brazos. No eran carne; eran huesos cubiertos por una piel traslúcida y tensa, como papel de pergamino viejo.

El terror se hizo físico cuando sintió el peso pegado a su espalda. Con un esfuerzo sobrehumano, giró el cuello, sintiendo un crujido macabro en su columna. Al ver su reflejo en un espejo roto en el piso finalmente lo vió, allí estaba. El Gusano-Pastor. Era casi tan grande como él, de un color marrón oscuro y brillante, con un tronco principal baboso e incrustado directamente en su médula.

Sus filamentos no eran tentáculos, sino raíces viscosas que se habían fusionado con los tejidos nerviosos. También había un aguijón delgado que llegaba al centro de su cerebro. El gusano palpitaba con el lento y satisfecho ritmo de una máquina digestiva cósmica.

Alan por fin entendió que los zombis eran cuerpos de descarte en un estado de hambre forzada, el gusano los obligaba a comer frenéticamente lo que fuera: animales y personas aún sanas para compensar la carne y fluidos que estaba consumiendo. El se había convertido en uno de esos zombis, mientras al mismo tiempo soñaba con una vida idilica y perfecta que nunca existió.

Finalmente el gusano le dio un último pulso de información sin filtrar: vio a su familia, a todos sus vecinos, a todos los habitantes del planeta. No eran víctimas de una masacre; eran solo ganado en una finca vastísima. La Tierra no era importante; era solo una fuente de biomasa rica en carne y fluidos.

No había maldad, solo logística. El 3i/Atlas resultó ser una cosechadora y la humanidad era un cultivo de alto rendimiento. El Dr. Alan Norton, ahora doctor de la insignificancia, intentó lanzar un grito final, pero solo pudo abrir la boca de par en par; su grito era mudo, solo se llegó a escuchar un leve gemido, y no era de dolor físico, sino de horror nihilista. Y su último pensamiento fué sobre un último diagnóstico de lo que significaba toda esta pesadilla: “¡SOLO SOMOS CALORÍAS!”.

Finalmente el gusano dio un último y poderoso tirón. El Dr. Alan Norton colapsó, un esqueleto vestido, seco, vacío y finalmente muerto. El Gusano-Pastor, ahora completamente hinchado, se desprendió del despojo. Con una lógica pausada y puramente biológica, se deslizó fuera de la habitación.

Epílogo

Bajo el cielo oscuro y contaminado de radiación de lo que quedaba de Portland, miles de Gusanos-Pastores, todos hinchados hasta el punto de una casi inmovilidad, se arrastraron hacia una llanura desolada. No iban a unirse, iban a fusionarse.

Cientos de miles de parásitos, ahora saturados de biomasa terrestre, se convirtieron en un solo organismo colosal y pulsante. Este organismo se hinchó, se retorció, y en el transcurso de una semana, comenzó a adquirir la forma de una geometría que no correspondía a este mundo, muy parecidos al enorme objeto que comenzó todo, el 3i/Atlas que aún seguía en órbita.

Cuando la gigantesca criatura en la superficie terminó su metamorfosis, el 3i/Atlas en órbita, habiendo terminado su tarea de despliegue, simplemente se desintegró en una fina niebla.

De la llanura desolada, una nueva y monstruosa estructura se levantó lentamente hacia las estrellas y no era el único, Miles de estás estructuras, nuevos 3i/Atlas pero más grande y con incrustaciones de materia orgánica terrestre se elevaron al cielo en el silencio indiferente del cosmos, rumbo a la siguiente nebulosa, buscando el próximo planeta fértil. El ciclo acababa de comenzar de nuevo. Fue una buena cosecha.

FIN.

Nota: Saludos este es mi primer capítulo de mi primer trabajo, por supuesto habrán más capitulos (12 en total), si te gustan está clase de relatos regálame un like y comparte. Gracias por leer!!!❤️🙏👍

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