Cap 1.1 El zapato izquierdo
02/08/2006
09:30 A.M
Las corrientes del río que envuelve el pueblo se detienen. Elvira Rojas lo nota. Pero después sus aguas inmóviles vuelven a correr, el río vuelve a tener su característica que atrae y que mata.
Elvira apoya su rodilla y con un impulso se levanta, ella ya ha terminado de lavar la ropa.
Pero antes de retirarse de la orilla. Sus ojos captan un zapato de color negro flotando, el río mueve sus corrientes de tal manera que el zapato llega a la orilla, a donde los pies de la mujer, ella da unos pasos atrás, se agacha, con su mano libre y canasta en la otra alza el zapato.
mira al zapato. Después ve el río, su mirada recorre de izquierda a derecha…nada, su mirada retorna al zapato que está en sus manos
《Solo…está este, el izquierdo.》
acerca su mirada más al zapato.
《Es cuero y está seco.》
Mira a su alrededor. No hay nadie, guarda el zapato en su bolsa, con el zapato en su poder más las ropas en la canasta se dirige a su casa, abre la puerta y ve a su hijo en la mesa sentado con cuaderno y lápiz en mano, el niño alza su cabeza y lo mueve hacia la izquierda, ve a su madre acercándose y dice:
—mamá, llegaste, buenos días, ¿secó mi polera del fútbol?
—no hijo pues, sí acabo de lavarlo, ponte el otro para que vayas a jugar.
—Ya mamá
el niño deja la mesa y el cuaderno, corre hacia su habitación. Elvira saca el zapato de su bolsa, mira el zapato con dudas.
Después el niño sale de su habitación con una polera deportiva decidido a salir por la puerta, pero antes de siquiera tocar la manija su madre con voz fuerte ordena.
—Espera hijo.
La madre mira al zapato en sus manos con dudas pero mira a su hijo, sonríe.
—Hijo no te vayas a olvidar de decirle a tu compañero Carlos que te regrese el cuaderno ya que vas a jugar con él y los demás. Te está atrasando.
—Ta bien mamá, ah si y ¿ese zapato?.
—Hijo apúrate que la hora te alcanza y no te vayas a olvidar lo que te dije.
El hijo sale de la casa dejando la puerta cerrada, la madre estira su cuerpo con el zapato en su mano, alza los brazos y bota la joroba, decide dirigirse a su habitación para descansar pero antes de que de un paso hacia su cama recuerda que tiene que ir a la casa de la señora Ximena. suelta un largo…y pesado suspiro.
《debo de hacerlo por el azúcar y el desayuno》.
Guarda el zapato en su bolsa, entonces sale de su casa, camina y saluda a algunos de sus vecinos pero hay uno que no saluda.
《Ni el diablo lo quiere ver a éste, no tengo por qué saludarle.》
Recuerda del por qué está aquí. Ha llegado a su destino, avanza, se tiene que agachar ligeramente para no tocar el poste horizontal qué sostiene el techo, toca la puerta…nadie responde, vuelve a tocar de nuevo y…





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