Dedicatoria
A mi dulce hija.
Papá piensa en ti a cada instante. Sé que el tiempo avanzará e irás floreciendo hasta convertirte en una gran mujer. Pero mientras tanto, puedes seguir meciéndote sin prisa entre mis brazos.
Llegaste a mi vida como la respuesta que Dios envió para disipar mis dudas y prejuicios; mientras tu risa resuene en el mundo, todo mi ser encuentra su razón de ser. Para cuando aprendas a leer, te dejo guardadas aquí estas letras, intentando expresarte por qué eres el regalo más hermoso y sagrado que jamás me pudo haber ocurrido.








