Historia uno: Promesa
–cute...–pronuncié con voz suave pero grave.
En ese momento exacto, me abalance hacia el hombre frente a mí. Lo besé con pasión, enrosqué mis piernas en su cadera porque tenía ganas de sentirlo muy cerca de mí.
–¿Lo hacemos?– pregunté con agitación.
–¿Hacemos...?– él me respondió, sus lentes estaban descuidados y mi labial brillaba en sus comisuras.
Lindo.
–Tener relaciones sexuales.
Con sorpresa en su mirada, tartamudo algo que no entendí.
–¿Hacer el amor?– logró articular, asentí dos veces–. Pero... dijiste que no hasta en matrimonio.
–Es verdad, pero no me aguanto... ¿No quieres?
–Si, si. Obvio que quiero– afirmó dejando un beso en la punta de mi nariz.
–Vamos a mi habitación.
Él escuchó y obedeció, como de costumbre. Al llegar se sentó en mi cama conmigo encima y lentamente me recostó en el colchón.
–Deseo...deseo tanto esto que creo que voy a morir.
Sonreí y extendí mis brazos pidiendo un abrazo, él se acercó y se acurrucó en mi cuello.
–De verdad apreció mucho que me eligieras... ¿Pero estás segura de romper tu promesa?
Ja. Eso es mentira. Nunca existió tal promesa
Creo que debo confesarles que mi difunta abuela nunca me hizo prometerle que aguardará hasta el matrimonio para perder mi virginidad. Las razones verdaderas por las que seguía siendo virgen a los 25 era porque: uno, tome la decisión política de descentralizar a los hombres de mi vida: dos, no me agradan los hombres, hiu; y tres, jamás se me dio la oportunidad.
Decidí mentirle al hombre encima de mí porque quería experimentar con él -un poco de sociópata, poco-.
Nicolas se me declaro fuera de mí trabajo, un prescolar. No fue invasivo ni nada por el estilo, me dio una rosa amarilla con una caja de bombones. Pensaba rechazarlo rotundamente al principio, pero me pareció lindo sus ojos expectantes y respiración agitada. Sentí que si le pedía que se arrodillara, lo haría. Tenía que probarlo, lo cité al siguiente día y allí estuvo puntual, por un día, por una semana y luego un mes completo. Cuando me preguntó si quería ser su novia dije que sí.
La verdad, nunca jamás me había sentido atraída a nadie, ni mujeres, ni menos hombres cis. Él no fue la excepción, lo cité por un mes completo porque me llevaba en auto hasta mi casa y era una persona muy agradable y conversadora. No sentí ni cariño, ni atracción física, pero sería cruel usarlo, le pagaría sus aventones con mí "si".
De eso ya pasó un año... Y puedo decir, a gritos, que si que le tengo cariño y atracción hacia él ahora.
–Está bien si es contigo, además igual serás mi futuro esposo...asi que no cuenta–respondí sonriendo.
–Amorcito– pronunció mientras sus brazos alrededor de mí me dejaban casi sin respiración–.
Lo aparté un poco y busqué sus labios. Me sentí desesperada, un calor y pulsión surgían de no sé dónde, sus labios me calmaban.
–Te amo– murmuro en mi labios.
Sentí su mano levantar mi vestido, dejé que él tuviera el privilegio de quitármelo. Me miraban erguido sobre sus rodillas. Por un segundo sentí pena, pero se me quitó al ver su cara sonrojada. Su piel era muy pálida, sus mejillas y orejas lo delataban siempre.
–Ya –dije, él de inmediato reaccionó y sus manos temblorosas se acercaron a mí.
Estoy segura que su temblor no era por vergüenza, ni miedo, sino por excitación. Sus ojos me recorrieron de arriba a abajo, pero se detuvieron en su lugar favorito de mi cuerpo, mis bubis.
–Hermosa
–Lo sé– soltó una risita.
Nicolas se sacó su camisa y se inclinó sobre mí. Su piel desnuda tocó mis pezones y un suspiro se me escapó.
Vaya, quién diría que sentiría tanto con tan poco. Soy demisexual, confirmado.
No sé en qué momento me enamoré exactamente.
Quizás cuando me peleé con mi arrendador y el viejo me echó de mi departamento, obligándome a vivir con mi novio de dos meses en su casa. Nicolás me ofreció hospedaje sin presión, una habitación y cama para cada uno. Yo ya le había mentido con la promesa, prometió no sobrepasarse y esperar.
No, no fue en esa ocasión aunque lo agradecí muchísimo.
Tal vez todas las flores de los viernes o sus abrazos de buenos días, buenas tardes y buenas noches.
A lo mejor todas las capacidades que tienen y se esperan de un adulto funcionalidad. Él cocinaba, limpiaba, lavaba, y más tareas del hogar sin necesidad de otros ni de direcciones.
Definitivamente fue todo eso y más. Pero la gota que derramó el vaso fue la reacción muy tierna que tuvo hoy, hace algunos varios minutos.
Hoy se cumplía un año de nuestro noviazgo. Aunque insistió en tirar la casa por la ventana, le sugerí una cena en un restaurante lujoso y la entrega de regalos en "nuestro hogar"- con esa frase lo convencí-. Al llegar él me entregó tres pares de zapatos, un collar y un iPad. Por mí parte quise hacerle una broma, así que le regalé un cuadro grande de una foto mía y un cuadro pequeño una foto nuestra. La broma se trataba de fingir egolatría -aunque si soy un poco ególatra-.
Al abrirlo se emocionó muchísimo, corrió a buscarle lugar a los cuadros. El grande lo colocó en su habitación y el cuadro chico en su escritorio, dónde trabaja todos los días. "Gracias amorcito, es el mejor regalo" me dijo con una sonrisa divina, ahí ya no aguanté más.
–¿Se siente bien o paro? – escuché su voz.
–Me gusta– le respondí.
Mi espalda estaba ligeramente arqueada, un poco por la extraña sensación de sentir algo en mi interior y otro poco por el placer. Él me abrazaba con fuerza pero se movía con delicadeza. Por mí parte, suspiraba en sus oídos mientras una de mis manos acariciaba su cabello.
¡Que divertido terminar así!
Aunque en un principio no creí lograr sentir lo necesario para ser pareja, ahora me atrevo a decir que ...
–Te quiero–murmuré.
–Gracias... Yo te amo mucho–dijo sonriéndome. Luego me beso dulcemente.
Recibí su beso gustosa, pero en silencio. Algún día, quizás, le contaré sobre la promesa falsa. Pero no hoy. Por ahora solo me importa disfrutar de este sentimiento nuevo.
Nicholas es la primera persona a la que he deseado tocar y por quien he querido ser tocada, y eso es un verdadero hito.
Al final, todo se lo debo a esa mentira: si no me hubiera tenido el tiempo para conectar naturalmente con él, nada de esto estaría pasando.
–Se siente mejor de lo que imaginé- confesé.
Mucho mejor








