Chapter 1
Estaba de pie al lado de Martina hablando con compañeros y amigos del trabajo; reíamos y comentábamos algunas cosas. Pero al escuchar como todos daban bienvenida a una nueva persona no pude evitar centrar mi atención hacia aquel personaje. Vestía unos jeans rectos y su característico sombrero tejano, esta vez de color café que le hacía juego con su gabán largo hasta la pantorrilla.
Saludó algunas personas sonriendo hasta que llegó a Gabriel, el vicepresidente. Lo saludó con un apretón de manos que luego se convirtió en un abrazo acompañado de unas palmaditas en la espalda; se tenían bastante confianza, después de todo, Gabriel fue de los pocos que lo mantuvo a su lado después del declive. Se percató de mi mirada y volteó a verme con sus ojos particulares y camaleónicos; su cabello oscuro peinado hacia atrás, parecía humedecido y se movía ligeramente por el suave y frío viento de la noche.
Rápidamente quité la mirada y fingí reír de una broma que contó Esteban, pero mi mejor amiga no cayó en mi actuación.
- Vicky, acompáñame por otra copa de vino ¿sí?
- Si, está bien - dije con una sonrisa pequeña en el rosto. Era muy normal que martina me pidiera que la acompañara a ciertos sitios.
Caminamos en silencio hacia la mesa de comidas, donde se encontraba un camarero joven y de mirada amable.
- Un Sauvignon Blanc por favor - martina miro al camarero y le dedico una sonrisa como agradecimiento y mientras esperábamos rompió mi silencio preguntando - ¿Ya lo sabías no? - me miro seria, con el brillo de las luces nocturnas del evento reflejadas en sus pupilas.
- No sé de qué estás hablando -respondí. No podía ni mirarla; fingía que estaba buscando algún aperitivo de los expuestos en la mesa. Sabía que mi mejor amiga me conocía perfectamente, entendía cada una de mis expresiones y movimientos, y justo ahora sabía perfectamente qué estaba pasando por mi cabeza.
- Aquí tiene señorita, este vino es de la nueva edición limitada de nuestros principales proveedores - El mesero le extendió la copa donde el líquido dorado brillante reposaba.
Mar le agradeció al mesero, y luego se dio vuelta para mirar a los músicos invitados cantar y tocar sus instrumentos.
- Tori, ni siquiera puedes mirarme. Eres muy evidente -.
La miré por primera vez desde que estábamos en la mesa y en su rostro pude ver que estaba realmente preocupada por mí.
-Si, lo sabía ya hace bastante. Pero no importa, Todo quedó en el pasado - le sonreí con todos los músculos de mis labios, haciendo un gran esfuerzo, tanto que sentí que el pecho se me hundía lentamente.
Pero Con solo verlo, todos los recuerdos llegaban solos al mismo tiempo; sin tenerlo cerca, pude sentir ese aroma que solo él poseía, ese olor natural a vino y campo. No era un perfume, él olía así siempre.
-Lo siento, Tori, debí decirte -me sonrió, para luego reconfortarme con un abrazo.
Ella regresó para seguir hablando con nuestros compañeros mientras yo me quedaba en la mesa, viéndola irse mientras me pesaban las piernas por fingir que "todo estaba enterrado".
Estaba tan cerca de mí, de hecho, siempre lo estuvo, tenia tantas dudas...enojo, de ver su poco esfuerzo tan presente. De manera inconsciente me quedé viéndolo tratando de buscar cualquier mínimo indicio de arrepentimiento, hasta que sentí que alguien se acerba rápidamente a mí, con una presencia que no pasaba ni un poco desapercibida.
Llego Esteban, me tomó por la cintura y me besó. Lo alejé rápidamente, las demostraciones de afecto en público siempre me han incomodado demasiado y él siempre lo ha sabido.
- Esteban...- Me aleje rápidamente de su agarre fuerte y posesivo.
- ¿Qué pasa? ¿Qué haces aquí tu sola? -.
- Nada, solo estaba pensando en....Trabajo-.
Note como no me creía, sus cejas estaban fruncidas y sus dientes estaban totalmente apretados
- Voy al baño, no tardo- me aleje de Él rápidamente al ver lo enojado que estaba, no necesitaba decirme nada para entender que vio mi mirada posada en el hombre que más odiaba.
Me vi en el espejo grande y rectangular; apoyé ambas manos en el lavabo, mientras analizaba mi reflejo buscando ver más allá de mi rostro, me preguntaba ¿Por qué ahora? Cuatro años... y decide aparecer despreocupado, ni una llamada, ni un mensaje, ni siquiera un correo por accidente. Me mojé el rostro y en cuanto cerré los ojos lo que mas recordaba de el regreso frente a mi
Aquella noche donde fingíamos hablar del nuevo proyecto y sin poder resistir mucho mas nos perdimos entre besos, comenzó de forma delicada, como leyendo el terreno, luego comenzó a ir de forma más agresiva, comiéndome lentamente "te necesito mi obsidiana" era su apodo favorito para mí. Me tomo de la cintura y me dejo sobre la gran mesa de madera de la oficina. Bajaba por mi cuello lamiendo y mordiendo algunas zonas con sus dientes, mis suspiros eran desesperados, yo también lo necesitaba más que nunca, justo ahora no había nada que pudiera detener lo que espere por tanto tiempo a que sucediera
Viéndolo fijamente y agitada Destape su camisa negra, su pecho entrenado se abría paso entre mi ropa interior, el abrió lentamente mi camisa de seda blanca, dejando al aire mis pechos desnudos, donde sentí el frio de la oficina que se disipaba al subir el calor entre nuestros cuerpos. Sin preguntar y dudar metió uno de mis pezones en sus labios de un rosa pálido, succionaba de forma lenta pero profunda, mientras jalaba mi cabello hacia atrás, regreso solo por un instante para poder besar mis labios y volvió a alejarse, pero esta vez bajo a un lugar más sensible, se acercó a los pantalones de mi traje rojo de forma sutil y peligrosa depositando pequeños besos entre mis muslos, haciéndome suspirar y desearlo más que nunca, acerco su mano más hacia adentro y....
Me seque el rostro con una servilleta al escuchar varias notificaciones llegar a mi teléfono. Al salir del baño vi a Abel a lo lejos, hablaba con alguien con una sonrisa en el rostro, cruzamos miradas y en cuestión de segundos comenzó a acercarme a mí, pero antes de que pudiera acercase mucho más llego esteban
- Mi amor, te estaba buscando - sus ojos denotaban autoridad y urgencia-. Ya estoy muy cansado, vamos a casa - Me dio un beso corto en los labios y entrelazó su mano con la mía. Pude notar cómo Esteban fingía no notar la presencia de Abel mientras me guiaba al estacionamiento.
Caminaba rápidamente y con pasos fuertes, al llegar al auto me soltó la mano de forma repentina, él se dirigió hacia el asiento del conductor y cerro la puerta bastante fuerte, me subí de forma tranquila y paciente, sabiendo lo que se venia al sentir su enojo hasta por las hebras de su cabello oscuro, un enojo que solo Abel podía provocarle.
- Esteban, yo... - trate de decir para calmarlo un poco
- Sé que nunca me has querido igual que a él, pero al menos trata de fingir un poco, Victoria.
Sus palabras se sintieron profundamente pesadas como si hubiera cortado con una katana en lo más profundo de mi corazón. No pude contestar a su acusación, no sabía que decir o como procesarlo.
El camino a casa fue bastante cansado, marcado por el silencio oscuro de esteban, pose mi cabeza en la ventana del auto viendo el paisaje pasar rápidamente por mis ojos, pero los cerré al sentir como el peso de todo me ganaba.
Al llegar a casa la oscuridad del departamento invadió cada rincón de mi cuerpo, esteban solo fue directo a la habitación de invitados dándome a entender como no quería tener nada que ver con mi presencia, al menos por hoy.
Me lavé los dientes y el rostro, me puse el pijama, apagué todas las luces de la habitación y me acosté. Sentí que pasaron horas. Conté ovejas, conté caballos, conté perros, conté gatos y, aun así, no conseguí quedarme dormida. No podía dejar de pensar en su olor, en su sonrisa, en sus ojos color avellana, en su altura tan significativa a diferencia de la mía, en su piel bronceada, en sus músculos... No podía dejar de pensar en su voz, en las noches donde el vino se mezclaba con nuestro sudor, en la forma en la que me llamaba "suya" sin decir una sola palabra.








