Capitulo 1
DAISY.
Mi celular vibra por trigésima vez.
Siento un escalofrío recorrer mi espalda. No sé si es por la culpa o por el alcohol. Tal vez por ambos. Ignoro los mensajes y trato de concentrarme en las voces y las risas de la mesa.
Una mujer rubia —si el alcohol no ha alterado mi memoria creo que se llama Samantha —saca una carta. Es un dos.
Espero que elija a cualquier otra persona, pero desde el principio me dije que debía relajarme. Tuve una semana muy tensa. Además, es el cumpleaños de mi hermano. Es un buen motivo para dejar de pensar en todo lo demás.
Aun así, no quiero beber más.
—Tú, bebe.
Samantha me mira, y me extiende un vaso de cerveza.
—¡Vamos, bebe! —Dice la mayoría.
Agarro el vaso y asiento como una automata. No debería dejar que un montón de personas —amigos que apenas conozco de David — me presionen, pero lo hacen. Estoy borracha, soy una persona débil.
Además no es el único motivo por el que cedo.
—Oigan, dejen a mi hermanita en paz, si ella no quiere beber no...
—¡Lo haré! Claro que lo haré.
Mi voz... Se escucha tan fuerte en mi cabeza.
No quiero que los demás me vean como la pequeña e indefensa hermanita, que David intenta con fuerza mostrar a todos. Él cree que me romperé. Siempre, y recalco, David siempre me verá como a una niña y no como a una mujer.
—Así se habla Mary.
—Soy Daisy.
Samantha me da palmaditas en la cabeza. Es condescendiente y lo detesto. Pero en lugar de decirselo y armar un lío, prefiero beber la cerveza.
Me siento peor.
Al menos dejan de mirarme y se centran en otra persona.
—Daisy, si no quieres seguir jugando, déjalo y vete a la cama —David me da palmaditas en la espalda.
Lo quiero. Mucho. Pero justo ahora quiero que se calle y...
—Si es por Lucas, tómalo con calma. Ya tu hermano lo solucionó.
—¿Qué?
El estómago se me revuelve.
—Lo invité a cenar.
Necesito… aire.
—¿Dónde esta Daniel? —pregunta alguien, creo que Samantha, no estoy segura. Mi hermano contesta algo que no escucho. Su voz es opacada por las risas que parecen más lejanas.
—Voy al baño —Digo y no sé si me escuchó.
Me pongo de pie. Doy un paso. Luego otro. Es difícil cuando siento que el suelo se mueve bajo mis pies. Pero el camino hasta el baño se me hace eterno. Cuando por fin llego, giro la perilla y empujo la puerta con demasiada fuerza que tengo que sujetarme del marco para no caer de bruces.
Y ahí, dentro del baño, veo a Daniel.
Él está apoyado contra la pared y la mano en el puente se su nariz. Creo que es él. Y sino, se parece muchisimo. Además...
—Con permiso.
—Adelante.
Me arrodillo frente al inodoro y entonces como un castigo expulso todo el contenido que bebí. Mi garganta arde. Mi cuerpo... Dios, mi cuerpo lo siento tan frágil. Solo me falta romperme.
—No volveré a beber de esta forma. No volveré a jugar ese... estupido juego. Lo juro —lloriqueo derrumbandome sobre el frio suelo.
Entonces el pañuelo aparece en mi campo de visión. Oh, claro. Daniel está aquí.
Y me vió vomitar.
Pero estoy demasiado borracha para sentir vergüenza.
Acepto el pañuelo. Me limpio los labios y tiro de la manija del inodoro. Veo cómo se traga todo lo que vomité. Cómo me gustaría que también se tragara todos mis problemas. Me pongo de pie, o al menos lo intento. Pero una mano me sostiene el brazo, estabilizandome.
Daniel otra vez.
—Vaya... —me suelta y enseguida me sujeto del lavabo —. Una elegante entrada.
Sarcasmo.
Confirmado, es Daniel. Solo él hace esos estúpidos comentarios en un momento como este. No respondo, en cambio veo mi horrible aspecto en el espejo, me veo pálida y tengo el maquillaje corrido. Abro la canilla del lavabo y me enjuago la boca. Alzo la mirada y lo veo a través del espejo. Daniel sigue ahí. No sé qué espera. Tal vez que me fuera. Él ya estaba aquí antes que yo.
—Quiero asegurarme que puedes mantenerte en pie. Sola.
Ah, era eso.
Sonreiría por ese gesto tan impropio de Daniel, sino me sintiera tan mal.
—Daisy.
Abro los ojos. ¿En qué momento los cerré? Me giro y veo a Daniel. Me observa y yo hago lo mismo.
Y entonces aparece la idea.
Daniel es el mejor amigo de David. Es de confianza. Siempre lo ha sido. Y esto lo demuestra. Entonces no debería estar mal. Creo que es una buena idea.
—Daniel...
Tengo la garganta seca.
«Vamos Daisy»
—¿Quieres fingir ser mi novio?
Guarda silencio. Mantiene la mirada en mí y no tengo la menor idea de lo que piensa. No sé cuánto pasa pero comienza a ser insoportable. ¿Se va a reir?
Avanza un paso.
—Daisy, ¿Sabes lo que acabas de decir?
Asiento.
—Estás borracha —me dice con calma —. No estás en condiciones de pedirle esto a nadie.
—No estoy muy borracha — protesto y tambaleo al primer paso que doy.
—Claro que no.
Daniel se recuesta en la pared y suspira mientras mira el techo. Y lo veo. Estoy casi segura de que la comisura izquierda de sus labios se estira.
—Si lo dijeras sobria, quizá... —me mira de reojo —. No voy a jugar a esto con una mujer ebria, menos si esa mujer es la hermana de David. Lávate el rostro y vete a la cama.
Niego con la cabeza.
—No quiero.
Pero Daniel sale del baño y corro detrás de él, pero tras un par de pasos tambaleo y caería estrepitosamente si no fuera por Daniel. Sujetándome. Otra vez.
—Escúchame.
—Daisy, no estás en condiciones de hacer tratos.
—No es verdad. Yo... Solo espera. Te necesito —le digo desesperada, tanto que siento el picazón en la nariz y no me importa llorar.
Lo sé. Lo sé. Es patético.
—Por favor —me aferro a su camisa como mi única posibilidad.
Daniel vuelve a guardar silencio.
Al menos aún no se fué, y creo que eso es bueno. Sí, es muy bueno. En cambio me mira de arriba abajo. Frunzo el ceño, ¿qué hace?
—Daisy.
—¿Qué?
—Voy a decir esto solo una vez —suspira hondo —. Mañana hablaremos, no ahora, no cuando estás así...
—No estoy borracha, puedo...
—Mañana. Y si puedes explicarme porque necesitas esto, sobria, lo consideraré.
Asiento muchas veces y no puedo evitar sonreír. Suelto su camisa y Daniel no tarda en volver a la sala. Yo me apoyo contra la pared antes de ir a mi habitación y, apenas cierro la puerta, me entra la risa sin razón. Es el alivio por lo que dijo Daniel, supongo. Eso y el alcohol.
Me dejo caer en la cama. Y el alivio, el cansancio y el alcohol hacen el resto.








