Chapter 1 the dark
Caminaba rápidamente por la peatonal hacia la facultad de Humanidades del litoral, es mi primer día, la brisa fresca del otoño me pega en la cara haciendo que mi pelo castaño claro se vea mas brillante de lo que normalmente es, a medida que caminaba voy pensando ¿Cómo será la facultad? Seguía caminando mientras el ruido de bocinas, el chirrido de los vehículos y los transeúntes hablando de fondo ¿Cómo será mi primer día? Llego a la entrada de la facultad al frente mío se alza una estructura con un estilo gótico y antiguo, una puerta grande madera de eucalipto antigua, se nota que le pesan los años, esta abierta de par en par, constantemente entra y sale personal de la facultad o estudiantes, al pasar el umbral de esa puerta enorme, sentí como una ráfaga de viento que salía del hall me golpeaba la cara con un olor característico de café y facturas con un toque de humedad, entró a la facultad e inmediatamente veo a las diferentes agrupaciones estudiantiles el constante murmullo de estudiantes y personas de las agrupaciones sobre la próxima reunión o por el lado de los estudiantes los próximos exámenes o juntadas y el ruido del mate en los pasillos,camino en dirección al pasillo de la derecha hasta que termina y luego doblo a la izquierda por un pasillo largo y que a sus costados a medida que avanzaba se ve afiches sobre política y de reuniones para orientar a los nuevos estudiantes , me quede en un costado del pasillo mirando el teléfono y me di cuenta que era tarde, rápidamente fui al grupo de la facultad para ver si decían en que aula era, en un mensaje decía:
Lar: -tengo entendido que es en el aula 103c del lado de la calle corriente-
Después de ver el mensaje guarde el teléfono y me dirijo al aula casi corriendo y subiendo de dos en dos los escalones, al llegar al último escalón volteo al costado derecho y veo un cartel redondo indicando que era el primer piso y al voltear y mirar al frente lo veo aula 103c, volteo la cabeza para el costado de nuevo intentando ver si estaba ella o algún otro compañero que reconociera, pero mis ojos celestes se fijan en ella, ella se voltea, me ve con sus ojos marrones. Ese brillo y esa sonrisa alegré que solo ella tiene. Sin aviso mi corazón se acelera, saco el teléfono, disimulo que no la veo, entro al aula y me siento en un banco de la segunda fila y saco el cuaderno de la materia de ipa y la cartuchera. De repente ella entra con esa sonrisa alegre y su mirada con ese brillo que tanto la caracteriza mientras habla con su amiga, me hago que miro el cuaderno mientras ella pasa a un banco de distancia de mi en ese momento se me enloqueció el corazón tanto así que lo podía sentir en los oídos y en la garganta al mismo tiempo. Entra el profesor sin aviso camina hacia su escritorio en frente de la clase y preparar las cosas para comenzar la jornada. Exactamente a las 17:00 pm de ese día fresco de otoño concluye la clase pero quería tener la valentía para hablar con ella, lamentablemente no pude hacer eso el primer día y solo me atreví 2 semanas después ese día estábamos en un aula diferente, recién terminábamos de tener las clases, tiene un balcón al patio interior de la facultad, después de la clase me atreví a hablarle y le digo con un poco de timidez:
Etam -te puedo preguntar algo, te podés quedar un rato que te quiero decir algo- mientras decía eso me ponía nervioso y se me aceleraba el corazón, sentí que me iba a mil por segundo.
Ludia -está bien pero decímelo rápido porque me tengo que ir a trabajar- me dijo con un tono alegre y lleno de energía.
Espere a que el salón quede vacío y me acerco a ella y le digo con nervios:
Etam -si hablamos afuera en el balcón aprovechando que el día está lindo y soleado- mientras le decía eso los nervios por saber si me aceptaría o no me comía la mente y era lo único que pensaba
Ludia -dale vamos al balcón a hablar, me parece una buena idea- ella estaba visiblemente nerviosa aunque casi no se notaba.
Abri la puerta al balcón y atrás ella me siguió nos quedamos de pie y le pregunto con nervios:
Etam -la verdad desde que te vi la primera vez hasta ahora me di cuenta de que me gustas – mientras me confesaba me temblaban las manos y me corazón empezó a latir a mil por hora.
Ludia -a mí también me gustas- dijo ella con las mejillas levemente rojas por la confesión mía.








