LA CHICA DEL ÚLTIMO MENSAJE
LA CHICA DEL ÚLTIMO MENSAJE
Capítulo 1. El mensaje de las 11:47
Mariciel Bristol tenía una regla personal: jamás acostarse sin revisar el teléfono una última vez.
Según ella, podía perderse algo importante.
Según su familia, podía perderse el sueño.
—¡MARICIEL, APAGA ESO Y DUÉRMETE! —se escuchó desde otra habitación.
—¡YA VOY!
Llevaba veinte minutos diciendo lo mismo.
Estaba acostada, con la sábana hasta la cintura, riéndose de un video que ni siquiera tenía tanta gracia.
—DIOS MÍO, YO SÍ SOY UNA ESTÚPIDA. 😭 —murmuró entre carcajadas.
Entonces apareció una notificación.
11:47 p. m.
Un mensaje de un número desconocido.
«Mariciel, necesito contarte algo sobre tu familia».
La sonrisa se le borró lentamente.
—¿Y ESTA VAINA? 👁️👄👁️
Abrió el mensaje.
Había otro debajo.
«Pero antes tienes que prometerme que no vas a preguntarle a nadie quién soy».
Mariciel se incorporó.
—Ah, no. ¿Y este episodio de La Rosa de Guadalupe quién lo autorizó?
Escribió:
«¿Quién eres?».
La respuesta llegó casi inmediatamente.
«Alguien que te conoce desde hace mucho tiempo».
Mariciel miró la pantalla.
Después miró la puerta.
Después volvió a mirar la pantalla.
—Bueno, Señor Jesús, yo no hice nada malo hoy… creo. 😭🙏🏽
El teléfono vibró otra vez.
«Mañana, a las cuatro de la tarde, vas a descubrir por qué tu familia nunca te contó toda la historia».
Mariciel sintió una mezcla de curiosidad y nervios.
Quería responder. Quería bloquear el número. Quería llamar a alguien. Quería hacer las cuatro cosas al mismo tiempo.
Pero llegó un último mensaje.
«Y no confíes demasiado rápido en la persona que te diga que todo es mentira».
La pantalla se apagó.
Mariciel permaneció inmóvil unos segundos.
Luego agarró una almohada y se tapó la cara.
—¡YO LO ÚNICO QUE QUERÍA ERA DORMIR, MI MADRE! 😭😭😭
Aquella noche tardó muchísimo en quedarse dormida.
Y lo peor era que, sin saber quién había enviado aquellos mensajes, ya estaba imaginando veinte teorías diferentes.
En la número siete, el desconocido era un detective.
En la número doce, era un primo secreto.
En la número diecinueve, todo resultaba ser una broma.
Y en la número veinte…
Bueno, en la número veinte, Mariciel había descubierto un secreto tan grande que hasta el narrador necesitaba sentarse.








