Chapter 1
" Kiev. Año 1890, 21 de abril.
Marco:
Mis sospechas son cada vez más claras: estamos en peligro...
La última cena con mi padre ha sido demasiado tranquila y eso solo puede significar una sola cosa.
Debemos tomar una decisión. Si tan solo le dieras una oportunidad a mi incipiente idea, quizás esa sea realmente la única manera. HUIR. He juntado suficiente dinero y podría cobrar varios favores que me han estado debiendo: con ambas cosas no sería imposible cruzar la frontera y conseguir un lugar remoto, no puedo prometer que será fácil, pero será suficiente para empezar una nueva vida... prometí no presionarte y voy a cumplir mi promesa.
Comprende que si el Zar descubre esto, no habrá una segunda oportunidad.
Espero con ansias tu respuesta...
Tuyo para toda la eternidad.
Dimitry. "
Doble la carta prolijamente, tome la barra de lacre y la acerque hacia la llama de la vela; rápidamente comenzó a derretirse. Coloque unas cuantas gotas espesas sobre la unión del pliegue del papel, soplé por última vez mi anillo y estampé mi sello en él. El sonido sordo del anillo despegado del lacre endurecido me erizo la piel.
Sostuve la carta entre mis manos por un instante más; el peso de sus palabras me obligaron a cerrar los ojos. Siempre que lo hacía aparecía la misma imagen en mi mente: aquel rostro angelado,un par de ojos marrones, la luminosidad del recuerdo de aquella mirada tan intensa... labios hinchados y deseosos. Marco. Mi respiración estaba agitada; era la reacción instintiva que se había instalado en mi desde el primer día que lo conocí.
Apoyé la carta sobre el escritorio de mi habitación, caminé hacia la puerta-balcón de doble hoja; no era necesario salir, desde esta posición se podía apreciar toda la inmensidad del patio arbolado que ascendía más allá de mis tierras. Fijé la mirada en el reloj de pared.
-Todavía es temprano- susurré al silencio con la esperanza de que aquellas palabras dichas en voz alta pudieran calmar mis nervios.
Al cabo de unos minutos agudice la vista y estaba ahí: la figura ancha de un hombre a horcajadas de su caballo se mezclaba entre los Alerces siberianos. Él había llegado. Tomé la carta, la metí dentro del bolsillo de mi pantalón y salí disparado de mi habitación. Atravesé el largo pasillo rodeado de fotos familiares, que en la oscuridad no se distinguían con claridad, instintivamente incliné la cabeza: sabía que ninguno de ellos aprobaría mi comportamiento. Con una mano sosteniendo el barandal de las escaleras, descendí más aprisa. Gire hacia mi izquierda y me introduje en la cocina; el silencio que la envolvía de noche contrastaba enormemente con lo bulliciosa que solía ser de día. Gire la perilla de la puerta trasera y puse un pie fuera de la mansión, el aire congelado me sacudió los pulmones pero eso no detuvo mi ritmo: rodee el sector lateral izquierdo del jardín, la imagen de aquel hombre se hacía más clara ante mí, podía reconocer la expresión sería que siempre solía envolver a Iván.
El era un hombre de mi total y absoluta confianza. Mi padre , el Zar de Rusia, había dispuesto que Iván se encargaría de mi seguridad cuando todavía era un jovencito y desde ahí jamás había fallado en su labor. Sabía que él me era completamente fiel, incluso cuando hacía cosas que no debía, como esta: enviarle cartas de amor y planear una fuga con nada más y nada menos que el hijo del emperador enemigo a muerte de mi padre y de toda la región.
No era la primera vez que lo hacía, y con seguridad tampoco la última. Ivan era públicamente mi mano derecha , por eso nadie sospecharía de qué era lo que hacía cada vez que atravesaba la frontera y se adentraba en los Montes Cárpatos.
Me paré cerca de él y estiré la carta que había escrito recientemente. El solo la tomó y la guardó entre sus ropajes.
-Cuidate Iván- la orden sonaba absurda, sabía perfectamente al peligro que lo estaba exponiendo, al que me estaba exponiendo, al que se veía expuesto Marco.
-Hmn- sostuvo su mirada fija en mí un segundo más de lo necesario y finalmente se perdió nuevamente en la oscuridad.
Observé el punto en dónde había desaparecido incluso cuando sabía que él estaría lo suficientemente lejos. Mi cuerpo se volvió pesado, aquella pesadez familiar que se había instalado sin pedir permiso en mi ser hacía ya un tiempo; sabía que no era una buena idea enviarle cartas a Marco, que toda la situación era enormemente peligrosa, incluso si mi idea fuese concretada, en ningún lugar del mundo sería bien vista la unión de dos hombres.
Seguir exponiéndose al frío de la madrugada no iba a hacer que mis problemas desaparezcan así que regrese a la mansión.
Ahora solo restaba la presión de la respuesta que con mucha suerte , llegaría en algunos días.








