Capítulo 1
Habían pasado tres años
Mil noventa y cinco días desde que Jeon Jungkook había perdido al único hombre capaz de convertir su mundo en un lugar habitable y, al mismo tiempo, destruirlo con una sola despedida
Tres años desde aquel funeral, desde las cenizas de una vida que jamás debió terminar de aquella manera, desde el video que todavía era incapaz de mirar sin sentir que algo se desgarraba dentro de su pecho
Tres años desde que Park Jimin se había convertido en un recuerdo o al menos, eso era lo que todos creían
El gran abogado Jeon Jungkook continuaba siendo uno de los hombres más codiciados de su país. Su bufete se había convertido en uno de los más prestigiosos, su nombre aparecía en revistas financieras y sus victorias en los tribunales eran comentadas por empresarios que preferían tenerlo de su lado antes que enfrentarse a él
Era rico, poderoso, atractivo y soltero
Había mujeres que soñaban con ocupar el lugar de la esposa de Jeon Jungkook, aunque ninguna parecía comprender que aquel lugar había dejado de existir mucho antes de que él se quedara solo
Jungkook no se negaba a los placeres de la vida
Había tenido amantes, encuentros ocasionales y noches en las que el alcohol y el calor de otro cuerpo le permitían olvidar, durante unas horas, que al despertar volvería a encontrarse con el mismo vacío
No buscaba amor. Tampoco prometía nada
Si alguna mujer se acercaba demasiado, él sabía cómo poner distancia. Si alguna pretendía convertirse en algo más que una compañía pasajera, Jungkook se encargaba de recordarle que no estaba interesado en relaciones serias
No quería volver a enamorarse
No porque creyera que el amor fuera una mentira, sino porque había conocido uno que le había parecido tan absoluto que, después de perderlo, todos los demás le resultaban insuficientes
A Eun-ah la había olvidado al cabo de un año
No había sido fácil, la había querido de verdad, o al menos había llegado a creer que lo hacía. Había sentido ternura por ella, había deseado protegerla y durante un tiempo, había imaginado que quizá podría construir una vida tranquila a su lado
Pero la ausencia de Eun-ah terminó convirtiéndose en una tristeza soportable
Podía recordar su sonrisa sin derrumbarse, podía escuchar su nombre sin sentir que el aire desaparecía de sus pulmones, podía pensar en ella y continuar con su día
Con Jimin era diferente. Jimin no se marchaba
Estaba en el café que Jungkook pedía cada mañana, porque seguía solicitándolo con la absurda esperanza de encontrar el sabor que su antiguo amante prefería. Estaba en las camisas que todavía conservaba en el fondo de un armario
En las canciones que cambiaba cuando comenzaban a sonar en la radio. En las noches en que despertaba sobresaltado después de soñar que alguien lo llamaba desde el otro lado de una puerta
Estaba en todo y sobre todo, estaba en aquella fecha. El aniversario de su muerte
Cada año, Jungkook había visitado su tumba. Había llevado flores, se había sentado frente a la lápida y le había contado las cosas que ya no podía compartir con él, había hablado de sus triunfos, de sus derrotas y de las pequeñas tonterías que Jimin habría encontrado divertidas
El año anterior había permanecido allí durante cuatro horas, bajo una lluvia persistente, negándose a marcharse incluso cuando el cuidador del cementerio le había advertido que estaban a punto de cerrar
Pero aquel año decidió no ir
Estaba cansado
Cansado de hablar con una piedra, cansado de fingir que podía aceptar una muerte que todavía le parecía una equivocación del universo, cansado de vivir como un hombre que lo tenía todo, cuando lo único que deseaba era imposible
Así que, por primera vez en tres años, decidió no llevar flores, decidió no visitar el cementerio, decidió hacer algo diferente
Quizá, si conseguía pasar un día entero sin recordar a Jimin, podría convencerse de que finalmente estaba aprendiendo a vivir
Qué ingenuo
La ciudad en la que se encontraba estaba a varias horas de su hogar. Había viajado allí por asuntos profesionales y aunque inicialmente pensaba regresar aquella misma noche, terminó aceptando una invitación a cenar
Patricia García, una de las nuevas socias de su bufete, había insistido en acompañarlo
Era una mujer hermosa, tenía una figura elegante, cabello oscuro, una sonrisa seductora y la clase de inteligencia que Jungkook respetaba en una colega. Había conseguido hacerse un lugar en un mundo donde muchos hombres todavía consideraban que una mujer debía esforzarse el doble para ser tomada en serio
Jungkook la admiraba profesionalmente y Patricia, por su parte, llevaba meses interesándose por él
—No sabía que el gran Jeon Jungkook aceptaba invitaciones fuera de una sala de reuniones —bromeó ella mientras levantaba su copa
Él sonrió por educación
—Depende de quién invite
—¿Eso significa que soy especial?
—Significa que mañana tenemos una reunión importante y no quería que mi socia pensara que soy un hombre desagradable
Patricia soltó una carcajada
—Qué decepción. Y yo que pensaba que finalmente había conseguido una cita contigo
—No recuerdo haber dicho que no lo fuera
Ella inclinó la cabeza, complacida por la respuesta
La cena continuó entre conversaciones sobre el bufete, comentarios sobre algunos clientes y bromas que Patricia se esforzaba por convertir en coqueteos. Jungkook respondió cuando correspondía, sonrió cuando era necesario y hasta llegó a olvidarse durante unos minutos de la fecha
Después fueron a un bar
La música era envolvente, las luces tenues y las mesas estaban ocupadas por parejas que parecían haber salido al mundo con el único propósito de disfrutar de la noche
Patricia se acercó a él cuando encontraron un lugar apartado
—¿Puedo hacerte una pregunta personal?
—Puedes intentarlo
—¿Por qué sigues soltero?
Jungkook giró lentamente el vaso entre sus dedos
—Porque no me he casado
—Eso ya lo sé, genio. Me refiero a por qué no tienes a nadie
—Tengo a muchas personas
—No me refiero a eso
La mirada de Patricia se volvió más seria
—Nunca hablas de tu pasado sentimental. Nadie sabe demasiado sobre la persona que amaste antes de convertirte en el hombre que eres ahora
El vaso se detuvo entre los dedos de Jungkook. Durante un instante, la música pareció alejarse
—Hay cosas que no necesitan contarse —respondió
—¿Todavía la amas?
La pregunta le arrancó una sonrisa amarga
No era la primera vez que alguien se la hacía. Había periodistas curiosos, amigos que se preocupaban por él y mujeres que esperaban descubrir que su corazón estaba disponible pero nadie había comprendido jamás lo absurdo de aquella pregunta
—No era una mujer —murmuró
Patricia parpadeó
—¿Qué?
Jungkook apartó la mirada
—Nada. Olvídalo
Ella lo observó durante unos segundos, sorprendida por aquella grieta que acababa de abrirse en la impecable fachada de su compañero
—Lo siento. No quería incomodarte
—No lo has hecho
Pero sí
Porque, aunque Jungkook había intentado olvidar a Jimin durante tres años, bastaba con que alguien pronunciara la palabra amor para que su corazón regresará al mismo lugar. A aquella habitación que compartieron, a aquellas manos que lo acariciaban cuando el mundo parecía demasiado cruel
A aquellos ojos verdes que lo miraban como si, pese a todos sus defectos, él siguiera siendo alguien digno de amar y a aquella última despedida que todavía lo perseguía
Adiós, mi amor
Jungkook apretó la mandíbula
—¿Bailamos? —preguntó Patricia, acercándose a él
Él aceptó, bailaron, bebieron, se besaron y cuando Patricia le susurró que podían ir a su hotel, Jungkook no encontró una razón para negarse. Tal vez quería demostrar que todavía era capaz de sentir algo, tal vez deseaba castigar a su memoria
O tal vez, en el fondo, solo estaba intentando llenar una ausencia que ninguna otra persona podía ocupar
La habitación del hotel estaba iluminada únicamente por las luces de la ciudad que entraban a través de los ventanales. Patricia dejó su bolso sobre una silla y se acercó a Jungkook, quien permanecía junto a la ventana, aflojándose la corbata
—¿En qué piensas? —preguntó ella
—En nada
—Llevas toda la noche pensando en algo
Él se volvió hacia ella
—No tienes que preocuparte por mí
—No estoy preocupada. Estoy aquí porque quiero estar contigo
Patricia le acarició el rostro antes de besarlo y Jungkook correspondió
Durante unos segundos intentó concentrarse en el presente. En el perfume de aquella mujer, en sus labios, en sus manos que se aferraban a su camisa pero cuando cerró los ojos, no vio a Patricia
Vio un cabello oscuro desordenado sobre una almohada, vio una sonrisa traviesa, vio unos ojos verdes que lo observaban con una ternura que ninguna fotografía había conseguido preservar
Se apartó bruscamente. Patricia abrió los ojos, confundida
—¿Qué sucede?
Jungkook respiró profundamente
—Lo siento
—¿Hice algo malo?
—No. Tú no has hecho nada
—Entonces, ¿por qué me miras como si quisieras estar en cualquier otro lugar?
Porque lo estaba
Su cuerpo permanecía en aquella habitación, pero una parte de su alma seguía atrapada tres años atrás, junto a un hombre que ya no podía tocar
—No puedo —admitió finalmente, Patricia retrocedió un paso
—¿No puedes qué? —Jungkook se pasó las manos por el rostro
—No puedo hacer esto contigo —el silencio que siguió fue incómodo
—¿Es por esa persona? —preguntó ella con voz baja— ¿Por quien amaste?
Él no contestó y Patricia comprendió que aquella ausencia tenía nombre, historia y un lugar que ella jamás podría ocupar
—No tienes que explicarme nada —dijo, recogiendo su bolso— Pero deberías dejar de buscar en otras personas algo que claramente no has perdido la esperanza de encontrar
Jungkook cerró los ojos, la puerta se cerró unos minutos después y él se quedó solo, otra vez. No regresó a su habitación
Se vistió, bajó del hotel y caminó sin rumbo por las calles de aquella ciudad desconocida. Necesitaba aire, necesitaba alejarse de las paredes que parecían cerrarse sobre él cada vez que intentaba respirar
Era casi medianoche cuando descubrió un bar pequeño en una calle lateral
No tenía la elegancia de los lugares que solía frecuentar. Desde la entrada se escuchaban las risas de los clientes, el murmullo de las conversaciones y una canción antigua que le resultó vagamente familiar
Jungkook entró, no sabía qué buscaba, quizá otra copa. Quizá un sitio donde sentarse hasta que el cansancio venciera a sus pensamientos
Se acercó a la barra y pidió un whisky
—Aquí tienes
La voz del camarero le llegó desde algún lugar cercano. Jungkook ni siquiera levantó la mirada al principio
—Gracias
Bebió un sorbo y apoyó el vaso sobre la madera, entonces escuchó una carcajada, una carcajada suave, luminosa, ligeramente aguda al final
El mundo se detuvo, no fue una metáfora
Para Jungkook, la música dejó de existir. Las voces se convirtieron en un ruido distante y el vaso que sostenía pareció pesar más que cualquier cosa que hubiera cargado en su vida
Conocía aquella risa
La había escuchado en su cocina a las tres de la madrugada, cuando Jimin intentaba preparar algo de comer y terminaba quemando una tostada. La había escuchado en el asiento del copiloto, cuando Jungkook se equivocaba de camino y Jimin se burlaba de él durante todo el trayecto
La había escuchado en la cama, cuando se despertaban demasiado temprano y ninguno quería levantarse
Era imposible, absolutamente imposible
Jungkook levantó la cabeza y lo vio
A unos metros de la barra, detrás de una mesa ocupada por varios clientes, había un joven con una camisa sencilla de color negro, mangas remangadas y un delantal oscuro atado a la cintura. Llevaba una bandeja en una mano y recogía unos vasos con la otra
Su cabello estaba un poco más corto de lo que Jungkook recordaba, su rostro parecía más delgado
No vestía trajes de diseñador, no llevaba joyas caras ni tenía a su alrededor el aire de elegancia que alguna vez había acompañado a Park Jimin en los salones de la alta sociedad
Era un hombre sencillo trabajando en un bar, un hombre cualquiera, un hombre que no tenía ninguna razón para provocar que el corazón de Jeon Jungkook amenazará con romperle las costillas
Pero entonces el joven giró ligeramente el rostro y Jungkook vio sus ojos
Verdes, profundos, imposibles. Sintió que la sangre abandonaba su cuerpo y el vaso resbaló entre sus dedos, aunque logró sujetarlo antes de que cayera al suelo
—No… —susurró
El joven no lo escuchó
Continuó trabajando, sonriendo a una pareja que le pidió otra ronda y disculpándose cuando un cliente reclamó por una bebida que todavía no había llegado. Jungkook se quedó inmóvil, conocía aquella forma de inclinar la cabeza
Aquella manera de sonreír con un lado de la boca antes de responder. Incluso la pequeña arruga que aparecía junto a sus ojos cuando algo le hacía gracia
No, no podía ser
Jimin estaba muerto
Él había visto el informe forense, había escuchado la confirmación de los investigadores, había llorado frente a una tumba que llevaba su nombre y había regresado a ella durante dos años consecutivos para dejar flores sobre una piedra fría
Había visto su último mensaje, había escuchado su voz, había tenido que aprender a vivir con la certeza de que el hombre que amaba jamás volvería a abrir los ojos y sin embargo, aquel desconocido tenía el rostro de su muerto
No
Peor
Tenía el rostro de su Jimin
Jungkook no supo cuánto tiempo permaneció observándolo, podrían haber sido segundos o una eternidad
El joven dejó la bandeja sobre la barra y se volvió hacia una persona que acababa de acercarse
Era un hombre alto, de cabello castaño, que parecía conocerlo bien. Le dijo algo al oído y el camarero soltó una risa antes de darle un pequeño golpe en el hombro
Jungkook sintió una punzada absurda en el pecho, el desconocido le tomó la mano, el joven sonrió y entonces, sin ninguna vergüenza, se inclinó para besarlo en los labios. Un beso breve
Natural
Familiar
Como si aquello fuera algo que hacían todos los días, Jungkook dejó de respirar no sabía qué sentir, celos, quizá, rabia, dolor. Una incredulidad tan profunda que comenzaba a parecerse a la locura
¿Quién era aquel hombre?
¿Quién se atrevía a tocar aquellos labios?
¿Quién tenía derecho a recibir una sonrisa que Jungkook había pasado tres años recordando?
Y, sobre todo, ¿por qué estaba pensando aquellas cosas?
Porque aquel joven no era Jimin, no podía serlo, Jimin estaba muerto, Jimin había sido enterrado
Jimin le había pedido que viviera, que dejara de cargar con su odio, que encontrara la felicidad incluso si eso significaba hacerlo sin él y Jungkook había fracasado en cada una de aquellas promesas
El hombre de cabello castaño se despidió del camarero con otro beso y salió del bar, el joven lo acompañó con la mirada, sonriendo hasta que la puerta se cerró
Después regresó a su trabajo como si nada hubiera ocurrido, como si no acabará de destruir la poca estabilidad que Jungkook había conseguido construir durante tres años
—¿Se encuentra bien, señor?
La voz de otro empleado lo sacó de su inmovilidad. Jungkook parpadeó
—Sí
La respuesta salió tan débil que ni él mismo se la creyó
—Parece que ha visto un fantasma
Jungkook volvió la mirada hacia el camarero, el joven estaba recogiendo unas botellas en el extremo de la barra, un fantasma
Sí
Eso era exactamente lo que parecía
Pero los fantasmas no servían bebidas, no se reían con los clientes, no se dejaban besar por desconocidos, no tenían que trabajar hasta la madrugada para ganarse la vida
Los muertos no tenían una existencia cotidiana
Los muertos no tenían derecho a continuar viviendo mientras quienes los amaban se pudrían lentamente en su ausencia
Jungkook apretó los puños
—¿Quién es él? —preguntó, señalando discretamente al joven
El empleado siguió su mirada
—¿El chico de la barra? Se llama Jimin
El corazón de Jungkook se detuvo
—¿Qué has dicho?
El hombre lo miró con extrañeza
—Jimin. Park Jimin. Trabaja aquí desde hace un tiempo
El vaso volvió a temblar entre los dedos de Jungkook
Park
Jimin
Dos palabras que habían sido su mundo. Dos palabras que no podían pertenecer a nadie más
—Eso es imposible —murmuró
—¿Perdón?
Jungkook negó con la cabeza, no podía seguir allí, no podía respirar. Necesitaba acercarse a él, escuchar su voz, comprobar si aquella coincidencia monstruosa tenía alguna explicación pero también tenía miedo
Un miedo que no había sentido ni siquiera cuando se enfrentaba a los criminales más peligrosos de su carrera
Porque, si aquel joven no era Jimin, Jungkook tendría que aceptar que existía alguien capaz de reproducir hasta el último detalle del rostro que había amado y si era Jimin…
Si de alguna manera imposible aquel hombre era realmente el suyo…
Entonces los últimos tres años de su vida se convertirían en una pregunta insoportable
¿Por qué?
¿Por qué había muerto un hombre que ahora estaba vivo?
¿Por qué nadie le había dicho nada?
¿Por qué había tenido que aprender a llorarlo, a despedirse de él y a sobrevivir a su ausencia mientras Jimin trabajaba en un bar de una ciudad lejana?
Jungkook se levantó tan rápido que la silla se arrastró ruidosamente por el suelo, el joven de la barra volvió la cabeza y sus miradas se encontraron por primera vez, aquellos ojos verdes se posaron directamente sobre él
Jungkook sintió que algo se quebraba dentro de su pecho
No era una fotografía, no era un recuerdo, no era un sueño. Era un hombre de carne y hueso, con una respiración tranquila y una expresión ligeramente curiosa
Un hombre que lo observaba como si fuera un cliente más
Como si no hubiera compartido con él la adolescencia, los secretos, la cama, los sueños y una vida entera de promesas, como si nunca hubiera pronunciado su nombre con amor, como si nunca hubiera sido suyo
Jungkook dio un paso hacia él
El joven frunció ligeramente el ceño, quizá al notar que aquel cliente lo miraba con una intensidad inquietante
—¿Necesita algo? —preguntó
La voz
Dios
Era aquella voz
Un poco más grave, quizá. Más cansada pero era tan parecida que Jungkook sintió que el corazón le golpeaba con violencia contra el pecho. Abrió la boca pero no salió nada
Había imaginado aquel encuentro miles de veces durante sus noches más oscuras. En sus sueños, Jimin siempre corría hacia él, lo abrazaba y le decía que todo había sido una pesadilla
Pero en la realidad, el joven seguía al otro lado de la barra, esperando una respuesta
—Yo… —Jungkook tragó saliva— ¿Cómo te llamas?
El camarero ladeó la cabeza
—Jimin
Jungkook cerró los ojos. El nombre le atravesó el pecho como una herida abierta
—¿Jimin qué?
El joven pareció encontrar extraña la pregunta, pero respondió sin dejar de observarlo
—Park Jimin
El silencio se extendió entre ambos, Jungkook sintió que las piernas estaban a punto de fallarle
Tres años
Tres años visitando una tumba
Tres años hablando con una fotografía
Tres años creyendo que había perdido al amor de su vida y ahora tenía delante a un hombre que no solo llevaba el mismo nombre, sino que poseía los mismos ojos, la misma sonrisa y el mismo rostro que había perseguido sus sueños
Su mente le suplicaba que se marchara, su corazón, en cambio, llevaba mucho tiempo esperando aquel momento
—¿Nos conocemos? —preguntó el joven
Jungkook lo miró
Había una posibilidad terrible en aquella pregunta. Si aquel era realmente Jimin, ¿por qué no lo reconocía?
¿Había perdido la memoria?
¿Había cambiado de vida?
¿O era, sencillamente, un desconocido que se parecía demasiado al hombre que Jungkook jamás había conseguido enterrar dentro de sí?
Quiso tomarlo de los hombros. Quiso examinar su rostro, buscar una cicatriz, sus tatuajes, una señal, cualquier detalle que pudiera demostrarle que no estaba perdiendo la razón
Quiso gritarle que lo había llorado, que lo había amado, que había pasado mil noventa y cinco días esperando una explicación que nunca llegó
Pero no hizo nada de eso. Solo consiguió pronunciar una frase
—No lo sé
Jimin sonrió con educación
—Bueno, si necesita algo, estoy aquí
Y se alejó para atender a otros clientes así de sencillo, así de cruel. Jungkook permaneció de pie, observándolo desaparecer entre las mesas, mientras una certeza imposible comenzaba a tomar forma en su interior
No sabía quién era aquel hombre, no sabía por qué tenía el rostro de su muerto, no sabía si el destino acababa de ofrecerle una segunda oportunidad o si estaba jugando con la herida más profunda de su existencia
Pero sabía una cosa
No podía marcharse, no aquella noche, no después de haberlo visto porque aquel joven no se parecía simplemente a Park Jimin. Tenía sus ojos, su sonrisa, su nombre
Y mientras Jungkook lo observaba reír al otro lado del bar, comprendió que podía haber olvidado a Eun-ah, podía haber aprendido a vivir sin una familia, podía haber conseguido que el mundo entero lo respetara y podía incluso haber aceptado la idea de morir algún día sin volver a enamorarse
Pero nunca había olvidado a Jimin, ni un solo día y ahora, por primera vez en tres años, el hombre que había amado hasta quedarse sin alma estaba frente a él
Vivo o quizá no
Jungkook ya no sabía en qué creer solo sabía que aquella noche había encontrado algo que no podía explicar y que, aunque tuviera que descubrir la verdad pedazo a pedazo, aunque aquella búsqueda terminará destruyéndolo por completo, no volvería a perder de vista a aquel hombre
Porque si era Jimin, su Jimin, no permitiría que volviera a desaparecer y si no lo era…
Entonces tendría que aprender, una vez más, a enterrar al mismo hombre. Solo que esta vez tendría que hacerlo mirándolo a los ojos









Tendrá continuación ésta historia??
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