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UNILATERAL

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Summary

Venus creía conocer su historia. Hasta que descubrió que la familia que creía conocer guardaba secretos capaces de cambiarlo todo. Ahora tendrá que enfrentarse a verdades que nunca pidió conocer, personas en las que quizá no debería confiar y un pasado que alguien se ha esforzado demasiado por mantener oculto. Y entonces conoce a Andrew. Él llega cuando su mundo comienza a romperse, pero Venus pronto descubrirá que incluso las personas que aparecen para salvarte pueden esconder sus propios secretos. Porque cuando toda tu vida ha sido construida sobre una mentira... ¿qué parte de ti sigue siendo real? UNILATERAL Una historia de secretos, decisiones y consecuencias. La pregunta final ; "¿qué parte de ti sigue siendo real?"

Status
31 mins ago
Chapters
11
Rating
n/a
Age Rating
16+

I

Resulta injusto que cuando crees que tu vida está en el punto más alto, que tu felicidad nadie puede arruinarla, que absolutamente nada de lo que suceda alrededor de tu vida puede afectar, siempre suceda algo para reafirmar que la vida no es como uno quiere, que solo somos títeres del creador.

Es casi gracioso, inimaginable; he llegado a la conclusión de que existe un ser, ya sea en la tierra, en el infierno o en otro plano, que se encarga de ponernos un pie a la hora de caminar, justamente para que aparezca un nuevo obstáculo cada vez que vas a dar un salto más arriba del escalón en el que estás.

Debí suponer que la mayor parte de las cosas por las cuales mi mamá me hacía desplantes cada vez que podía, tenían un motivo. Debí suponer las cosas cuando papá desviaba la mirada cada vez que le preguntaba porque mamá no me quería o porque no me parecía en absoluto a Richie. Debí siquiera haber imaginado que cuando tuve el primer síntoma de asma y preguntaron si alguien de mi familia había padecido esa enfermedad, respondieron con un rotundo no, una respuesta directa, cruel y frívola que ni siquiera se detuvieron a pensar.

¿Qué se supone que debería hacer con la información que he escuchado?

No sé de dónde vengo, ni a donde se supone que vaya, tampoco sé a quién buscar o a quien pedirle ayuda, porque la familia que yo creía conocer está más lejos de lo que alguna vez fue. Si tan solo existiera alguna manera en que la información que he obtenido fuera falsa, pero no es así.

—¡Señorita Venus! Espero que la información que esté anotando en su cuaderno, sea mínima a comparación de la cantidad enorme de tarea que obtendrá, si no deja de fingir que apunta. — Levantó la mirada de mi cuaderno hacia mi tutor de álgebra.

—Lo siento, señor — Dejó de anotar y vuelvo la mirada al frente.

No es que le tenga miedo al profesor, sin embargo, no estoy en condiciones de tener miles de tareas a este grado de la preparatoria. Mañana se supone que iría a tomar las tallas de las alumnas de octavo grado para su graduación que será en algunas semanas. Aunque bueno, con lo que acaba de suceder dudo mucho que pueda siquiera cumplir con ese compromiso, ya que bueno, por si no parece, tendré que buscar el modo de que dicha información no me afecte o al menos no en las próximas semanas.

Mi celular vibra anunciando una nueva notificación de Whatsapp. Le he dado un vistazo y he alcanzado a notar que es un mensaje de Amelia, antes de notar que desaparece de mis manos y esta vez se encuentra en las manos del señor Will.

Estoy muerta. Pienso.

—Señorita Venus, que amable, no esperaba este regalo en las últimas semanas de clases. —Agrega, con una sonrisa que dista mucho de ser siquiera amable o gentil.

—Lo siento mucho señor, de verdad yo…—Cierro la boca cuando me da la espalda.

Si hay algo que caracteriza a mi tutor, es la manera en que suele obtener cosas de alumnos o alumnas a las que durante todo el año ha tenido el placer de castigar o dejar en ridículo frente a los demás alumnos. Por suerte para él, por desgracia para mí, ha tenido que aprenderme algunas cuantas veces, y más que obtener algo de mí, he tenido que dejarle bajo resguardo mi laptop, ya sabes, por aquella vez que me quedé dormida en clase. O recordemos cuando recogió mi tablet a media clase, porque estaba diseñando un abrigo para un alumno del séptimo grado.

—Pensé que había quedado muy claro que, durante mi clase, usted no iba a poder usar ningún tipo de tecnología debido a la cantidad de aparatos que ya tengo guardados en mi casa, por su culpa. — Me mira desde detrás de su escritorio y yo juro que quiero desaparecer.

No es que mi tutor sea una mala persona, no, nada que ver, solo podría reprobar en su materia si me atrevo a revelarme. Además, bueno, mis compañeros no es que sean unas moneditas de oro, pero digamos que soy a quién constantemente regaña o intenta humillar.

—Esta vez sí que van a correrla. —Escucho a Peet decir por lo bajo.

—5 grandes a que la perdona si le hace un favor a solas. —Dice otro a su lado y juro que me quiero morir.

—10 a que se lo quita y de una buena manera. — Dice Peet en tono de burla.

— 20 a que se lo devuelve si no quiere que el problema con la directora se haga más grande. — Dice Maximiliano a mi lado.

Lo miro, pero ni siquiera hace ningún movimiento, solo sigue con la mirada fija en su mesa y con un bolígrafo entre sus dedos, jugueteando con él.

Maximiliano y su forma tan sutil de siempre intimidar a las personas.

Me gustaría creer que la única persona que se atrevió a verlo vulnerable fui yo, pero yo y mis tontas alucinaciones por salvar a quien no quiere ser salvado solamente terminamos más lastimadas que cuando lo conocimos.

A veces lo extraño. Aunque admitir eso, me deja mucho más vulnerable de lo que quiero admitir. Niego con la cabeza y vuelvo la mirada a mi cuaderno.

No es momento para pensar idioteces, es posible que ni siquiera esté pensando en mí.

Por suerte la campana que anuncia que las clases han terminado suena, sin embargo, nadie hace ningún ruido, de hecho, nadie se mueve de sus asientos, supongo que a la espera de que yo actúe o haga algo para avergonzar al profesor. Igualmente, no sucede. Únicamente mi dispositivo vuelve a mi mesa y entiendo que, por esta vez, eso ha funcionado.

Maximiliano solo se levanta de su asiento y se va mucho antes de que todos los demás salgamos también del aula. Ni siquiera pienso en dirigirle la palabra, es algo que me quedó muy claro la última vez que hablamos. Lamentablemente mi decisión sigue siendo la misma, y si tal vez ya pudo entenderlo, ya no tengo más que decir.

De manera inconsciente camino fuera de la escuela en camino a la que creía, era mi hogar, pero no, en las últimas semanas ha sido incluso un campo de guerra, menos un hogar.

El atardecer está frente a mí, algunos chicos de la escuela vienen detrás de mí en grupos y gritando entre ellos, supongo que se divierten. Durante mucho tiempo desee algo así; amigos con quién jugar, amigas con quien platicar, personas que hicieran menos miserables mis días. Adolescentes que me hicieran más amenas las tardes, compañeros con quien salir al cine, a una cena, al parque de diversiones durante mucho tiempo he anhelado las cosas que una persona común tiene, pero creo que más que todo lo anterior, he querido una vida más normal que la vida a la que Amelia me sometió y nadie se atrevió a salvarme o ayudarme con la verdad. Porque incluso cuando creí que papá lo haría, supe que también era parte de la gran mentira.

Y como todo lo bueno tiene un fin…

Aquí estoy, intentando encontrar una sola razón para no revelarme y aceptar que la culpa no es mía, que los motivos de la mentira los desconozco, pero que a pesar de lo que Amelia asegura, no soy una mala niña, que yo no decidí la mayor parte de las cosas por las cuales ella me culpa y yo hasta hace un par de semanas las desconocía por completo.

Por favor, quién sea que haya planeado esto, quién sea que esté detrás de mi dolor por favor paren. No estaba lista, no lo estoy y no necesitaba esto. Yo sabía que Amelia no me tenía en un pedestal, que a lo mejor nunca fui lo que ella hubiese querido que fuera, que a lo mejor nunca le brinde las alegrías que ella quería, que no supere sus expectativas; es injusto, que me hayan soltado una bomba así y esperaran que lo tomara de la mejor manera. Por favor, que todo pare.

—¡Estoy cansada! ¡Quiero morir, ya no quiero esto! Por favor paren. — Me derrumbo sobre mis pies mientras siento el pavimento frío bajo mis rodillas.

De acuerdo, no lo entiendo, pero tampoco lo acepto, porque jamás he sido la niña de las buenas notas, la niña de los ojos de alguien, jamás he tenido una recompensa por portarme bien en un día complicado, tampoco he recibido una felicitación en un día importante, una graduación, un cumpleaños nada.

Definitivamente jamás he sido tratada de una manera afectiva y eso me asusta. Me asusta porque estoy tan acostumbrada a ser tratada de una mala manera, que cuando… ¿de qué hablo? La única manera en que puedo ser tratada por lo que soy, es cuando tengo que hacerle un favor a alguien.

—Oye, oye ¿estás bien? ¿Necesitas ayuda? — Una chica delgada, de complexiones finas me toca por el hombro mientras me extiende un pañuelo. —Déjame ayudarte, por favor…

—Lo siento, yo no… — Ignoro su pañuelo y me levanto sobre mis pies tomando incluso mi mochila del suelo.

—Déjame invitarte un café, ¿sí? — Desvío la mirada dejando de lado sus ojos enormes que miran expectantes, como si de alguna manera, sintiera lástima por mí. —O un vaso de agua, mi casa no está tan lejos, puedo prestarte algo de ropa, lo que necesites.

—No necesito tu lástima, gracias. Yo solo tuve un punto de debilidad, pero estoy bien. —Me suelto de su agarre y comienzo nuevamente con mi camino.

No puedo volver a permitirme un acto de debilidad así, la cuestión es que desde hace meses es algo que he ocultado y he llevado arrastrando, sin embargo, yo estaba llevándolo bien, es solo porque hoy me paso de todo, pero he estado bien, lo he soportado y puedo volver a hacerlo.

—Oye, oye, no es un acto de lástima ni nada de lo que puedas pensar. — La misma chica vuelve a posicionarse de nuevo delante de mí.

Noto que tiene algunas pecas en el rostro, sus ojos están muy atentos a mis movimientos. Tomo el pañuelo que nuevamente ha tenido hacia mí y noto que tiene un par de iniciales bordados en una de las orillas.

S.S. ¿Aún se hacen estas cosas? Pensé que esto era de la época de los 80s o algo así.

—Te lo agradezco, pero yo debo irme ahora, me esperan en casa. —Miento con facilidad.

Bueno, después de todo quizá no sea por completo una niña buena.

—Pronto lloverá, mi carro está cerca, ¿prefieres que te lleve? ¿o deseas que vayamos por un café, existimos y después te llevo a casa? — Arquea una ceja hacia mí, divertida, y entonces suelto una risita mientras meneo la cabeza. — Así que sí ríes, poco, pero ríes.

— Te dije que solo fue un momento de debilidad, estoy bien, de verdad. —Finjo una nueva sonrisa y ella asiente. —Así que, me iré a casa y tú olvidarás que me viste. Gracias.

Me doy la vuelta y sigo por el camino, de reojo volteo y afortunadamente creo que ha dejado de seguirme. Creo que es algo muy extraño que una persona que no conozco me haya ayudado así, aunque bueno, sí probablemente yo estuviera en la situación al revés, quizá también habría hecho lo mismo. Me habría detenido en la calle para ayudar a cualquier persona que lo necesite. Conociendo la clase de persona que soy, estaría dispuesta a brindarle la mano a cualquiera que se encontrara en medidas desesperadas como yo.

Siempre he creído que las cosas pasan por algo y la vida se encarga de poner en tu vida a las personas que en el momento necesitas, así que de alguna manera agradezco la ayuda de esa chica que me tendió un pañuelo y estaba dispuesta a ayudarme. De verdad lo agradezco y de alguna manera, le deseo lo mejor, porque detenerse en la calle y tenderle la mano a alguien que ni siquiera conoces, no cualquiera lo hace.

Donde quiera que estés, a donde quiera que vayas muchas gracias.

Dentro de poco llego a casa y como siempre, la casa está vacía. Richie seguramente está en el local con mamá, Amelia y papá. Debo irme haciendo a la idea de que ellos no son mi familia, de que de alguna manera fui su negocio redondo y no pienso ser algo que siga siendo negociable para ellos.

Durante mucho tiempo me mintieron, me usaron para su propio beneficio y cuando se les acabó, no encontraron otra manera más que ponerse a trabajar para intentar sobrevivir a sus propios gastos.

En mi lugar, ¿tú qué habrías hecho? ¿fingir que eres parte de esta familia? ¿ignorar la situación y seguir como si nada hubiese pasado? ¿continuar en tu vida llena de mentiras y permitir más humillaciones y bajezas? ¿o simplemente existir como una figura más de colección que pueden mover de lugar, de ciudad o de anaquel a su antojo, ya que no tiene poder para hablar, juzgar o manifestarse cuando algo está mal?

Amelia no es más que una persona frustrada, llena de rencor e ira hacia no sé qué persona y por qué. Es una mujer de 40 años, con aspecto desarreglado y de un vocabulario que dista mucho de ser algo correcto. Definitivamente no es la clase de figura materna que un niño deseara tener y no tanto por los castigos que suela ponerte, si no por la educación que pueda o no salir de sus labios.

Papá al contrario es un hombre bondadoso, amable y humilde, pero no te dejes engañar, es alguien que cuando Amelia está en problemas puede ser totalmente lo contrario. Es capaz de olvidarse por sí mismo de sus valores y de lo que puede ser o no correcto. No es mucho más grande que Amelia, pero sí un par de años; es capaz de olvidar todo cuando se trata de defenderla a ella o a Richie. Y no lo juzgo, si supiera quien es mi verdadera familia, yo también lo haría, los defendería aún en contra de todos, de lo bueno o lo malo, de lo correcto o lo incorrecto.

Escucho la puerta del corredor y me dispongo a encerrarme en mi cuarto, lo último que quiero hacer ahora, es discutir con alguno de ellos.

—¿Venus? — escucho a Richie del otro lado del corredor. — Oye Venus, yo sé que estás ahí, Frank te vio entrar al edificio y dijo que llegaste hace poco.

Ruedo los ojos y me acuesto en mi cama fingiendo dormir, porque dentro de poco él vendrá y…

— Claro, aquí estás. — Se oye como abre la puerta de mi habitación y al poco rato siento su peso hundirse a mi lado. —Tu profesor llamó a mamá y le comentó lo sucedido con tu celular —lo ignoro. —Venus, dice que lo insultaste delante de tus compañeros y que te suspendió por un par de semanas.

—Es un reverendo cabrón. —Suelto de pronto y escucho a Richie reír. —Te juro que no hice esas cosas, él solo me lo quitó y no me suspendió, no sé qué demonios le sucede. —Guardo silencio cuando me giro y veo su expresión neutra. —Mamá le creyó, ¿no es verdad? —lo veo asentir suavemente y niego con la cabeza mientras le doy la espalda para incorporarme en la cama —Estoy verdaderamente muerta.

Y bueno, no es que espere una salvación divina, pero es así como llegué a este punto, un limbo en donde ya no me salen lágrimas de los ojos, pero tampoco es que esté muriendo de felicidad.

Puedo escuchar los gritos de papá intentando que Amelia me suelte de su agarre, los murmullos de los vecinos que solamente necesitaban un poco de acción, Richie detrás de mamá intentando salvarme, pero sin llegar a tocarme y las maldiciones que ella suelta una y otra vez contra mí, mientras finge que tenemos un lazo familiar que no debería ser roto.

—¡La próxima vez que vuelva a tener una queja tuya, te prometo que lo que acaba de suceder, será poco! —Me bota al suelto dejando de tirar de mi cabello y siento la cara arder, no sé si se deba al coraje reprimido, a la vergüenza que siento por lo que acaba de suceder o las huellas de su mano sobre mis mejillas debido a la bofetada que recibí.

—–¿Sabes lo mucho que me ha costado criarte? —Continua, sin señales de querer parar pronto. —Lo mínimo que me mereces es un poco de respeto. Te advertí que no quería que me causaras un problema más.

—¿Me criaste por voluntad o por ambición? —suelto de pronto sin que quiera mirarla a los ojos. — “Ella no es más que un montón de estorbo si no fuera por la tremenda cantidad de dinero que me depositaron la última vez, ni siquiera la tendría en mi casa es una niña llena de defectos que no hacen más que avergonzar, por algo es por lo que ni siquiera su mamá la quiso” —Digo entre espasmos repitiendo las palabras que escuche aquella vez, porque las lágrimas no salen ya de mis ojos. —No te preocupes más por mí, lo último que pretendía ser en tu vida es ser un estorbo. Si hubiese tenido el poder de no cruzarme en tu camino, créeme, lo habría hecho.

—Por favor, no me vengas con tu cantidad de chantajes…

—¡No son chantajes, carajo! —Me levanto del suelo mientras me mira expectante, supongo que en ninguno de sus escenarios habría imaginado, que me enteraría de la verdad —¿tú crees que una niña de dos años habría querido quedarse a dormir en una bañera a oscuras? ¿Tú crees que de todas las cosas por las cuales yo me habría decidido, habría elegido ir a una escuela en donde todos los días sufría acoso? Yo era solo una niña… —Me armo de valor y miro a papá. —Negarse a aceptar algo que no podemos tolerar está bien, pero lo único que no está bien, es aceptar dinero a costa mía. Porque pudieron haberme dicho la verdad a tiempo. ¡Me hubiesen botado en cuanto tuvieran oportunidad, no tenían ningún compromiso conmigo! De esa forma no habría sido esa piedra en su camino, pero por, sobre todo, no les habría hecho pasar la vergüenza que están sufriendo ahora.

Termino de bajar las escaleras del edificio y me dispongo a ir hacia la salida de este. Ya está hecho, no es algo que hubiese podido alargar más, ya que era algo que traía cargando encima desde hace semanas, pero también es cierto que llegue al punto de no querer aceptar más regaños y golpes que no me corresponden. He llegado a tal punto de no querer aceptar más de esa vida y tomar mi vida en mis manos, que viene aquí, igual que al principio.

No tengo un lugar a donde llegar, no tengo una casa o un abrigo en el cual refugiarme. No hay una sola existencia en este plano, que me haga querer volver, pero tampoco tengo a donde llegar por mis propios pies. Y supongo que esto es solamente el comienzo. No estoy aferrándome a nada, pero vamos, nadie en su sano juicio haría lo que yo he hecho ahora. No tengo trabajo, evidentemente no tengo escuela, no tengo amigos, yo quizá ni siquiera exista dentro de poco. Deje de insistir en un lugar que claramente no tenía ni mi nombre y tampoco hacía falta.

Pero aquí estoy, yendo hacia delante, sin tener ganas de ir hacia delante.

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