Chapter 1
Emma
Me duelen los pies por usar estos zapatos altos que tanto me gustan, pero no dejo de caminar de un lado a otro mientras miro mi anotador buscando qué detalle me habré saltado de la lista de luces que armé la semana pasada. Solo oigo el sonido de mis pisadas sobre el suelo, retumban y hacen eco a lo largo del salón. Mientras tanto, mordisqueo la punta de mi bolígrafo, tanteando entre los renglones del papel.
El sujeto que debería ayudarme a hacer más ágil mi labor (cosa que no se está cumpliendo del todo) solo me observa de pie a cierta distancia de mí. Tiene expresión de fingida concentración; muerde su labio inferior y sostiene en sus manos su propio anotador, dónde apunta lo que le estoy dictando. Estoy segura de que está dibujando un garabato en vez de eso, pero no tengo forma de confirmarlo.
Luces de colores, luces cálidas, reflectores, tres proyectores, cinco máquinas de humo…
—¿Se encuentra bien? —Detengo mi andar y miro fijamente al hombre, que creo que se llama Steve, porque me acaba de hacer perder la cuenta otra vez. Él da un paso hacia atrás; quizá lo miré demasiado mal.
—Está bien, no me faltó nada —digo, soltando un suspiro, sabiendo que me estoy arriesgando a que algo falte, pero ya revisé la lista unas mil veces y confirmé otras mil veces en internet que tengo todo lo necesario para mantener todo alumbrado de manera espléndida para la noche especial—. ¿Tiene idea de para cuándo tendrá todo listo?
—En dos semanas debería de estar todo el equipo preparado y listo para usarse, junto con la cantidad de hombres especializados que dispongan para su evento. —Oír eso hace que mi pulso se acelere un poco mucho (demasiado) porque eso nos deja corriendo contra el tiempo para practicar y ensayar todo antes de la ceremonia.
—¿Hay forma de que pueda ser antes? —pregunto, esperando una respuesta positiva.
Lo último que necesito es estar más apretada con el calendario ahora que ya seleccioné todo el equipo de sonido y que la banda para la boda ya se escogió. No tengo idea de quiénes van a tocar, pero los escogió Brian, el novio, por lo que asumo que son de confianza… a pesar de que llevan dos minutos de retraso.
Steve (¿o Stephen?) carraspea y eso hace que le otorgue toda mi atención nuevamente.
—Puedo apresurar la mitad del equipo solicitado debido a que por esta semana se estará usando la otra parte de este en otro evento. Puede practicar con eso y una semana después tendrá disponible todo el sistema de luces y humo que alquilen. Es lo mejor que puedo hacer —termina por decir, tratando de sonar lo más cordial posible.
Bueno, eso está mucho mejor. No es la gran confirmación que esperaba, pero no me deja a la deriva del todo. Un gran suspiro de alivio se me escapa antes de agradecerle y confirmar que, en efecto, me ayudaría mucho.
Termino de firmar la confirmación de alquiler y pago la mitad por adelantado para reservar el equipo para ese día: 12 de junio. Hasta la fecha, que queda a más tardar un mes de distancia, todo debería de estar perfectamente planificado y preparado.
Voy a asegurarme de que la noche de Brooke sea grandiosa. Es lo mínimo que puedo hacer por ella, además es una verdadera sorpresa y un gran honor que me haya elegido para planear un día tan especial como lo es su boda. Y claro, lo he pensado mucho, y dudo que sea solo porque soy su mejor amiga. Bueno… yo espero que no sea solo eso, y que de verdad haya visto ese potencial en mí.
De todas formas, creo que está todo bajo control. No, yo sé que tengo todo bajo control.
* * *
No tengo nada bajo control.
La dichosa banda está aquí, llegaron hace unos quince minutos con cinco minutos de retraso, cosa que ya me había puesto nerviosa. Pero no fue suficiente porque resulta que no están completos.
—Disculpa, ¿te vas a comer eso? —Volteo y veo a uno de los chicos de la banda, se ve bastante joven, pero también cansado y desalineado, tiene ojeras bajo sus ojos verdes y el pelo oscuro revuelto. Ahora está señalando un plato con media porción de pizza (almuerzo que dejé de comer porque el encargado del equipo de luces para la boda había llegado) y me mira con una expresión de tranquilidad sorpresiva, a pesar de las circunstancias.
—Adelante —mascullo, tratando de sonar lo más racional posible—. ¿Tienes idea de dónde pueda estar tu amigo? —Trato de sonar tranquila, relajada y flexible porque siento que debo de tener cierto cuidado con este tipo, parece sensible. Ni siquiera sé su nombre, no le pregunté a ninguno todavía.
—¿Te refieres a Arbin? Pff… —Suelta una pequeña risa y le da un mordico a la pizza que sería mi almuerzo, luego dice (con la boca llena)—: Podría estar en cualquier lado, o incluso hasta perdido porque no sabe usar el mapa del celular, es lento para esas cosas. Pero estoy seguro de que está bien y fresco como lechuga, así que no te preocupes por él.
No estoy preocupada por él. Es por la boda que me preocupo, pero no le respondo eso. Me limito a asentir y procedo a respirar lentamente para relajarme. Me alejo un par de pasos y me concentro a mirar por la puerta a ver si veo llegar a alguien, algo inútil considerando que no sé a quién esperamos, ahora sólo sé su nombre: Arbin. El impuntual Arbin.
—Que sepas que lo llamé ya un par de veces, pero no atiende —Veo a un chico de la banda caminar y ponerse frente a mí, luego procede a extenderme la mano—. Me llamo Malcolm, un placer.
Le miro la mano, dudosa, pero termino por aceptarla y se la estrecho.
—Emma, igualmente.
Él me sonríe y percibo algo de vergüenza en su expresión tras ver cómo su compañero deja caer (espero por accidente) una parte de la pizza que tenía en la mano.
—Él es Morgan, lamento que no se haya presentado antes de pedirte comida, pero no funciona como una persona común y corriente cuando tiene hambre y sueño. —Malcolm termina por decir, sin dejar de sonreír luego señala al chico y a la chica sentados al lado de la mesa, hablando en voz baja—: ellos son Black y Ashley, nunca me preguntes de qué hablan porque ni yo ni ninguno de los chicos sabremos.
Me muero de ganas de decir que eso no es algo que ahora me interese saber porque sigo contando los segundos que estamos perdiendo gracias al irresponsable de su amigo. Pero, por otro lado, me ahorró el paso de tener que preguntar y eso me agrada.
Por lo menos, puedo decir que hay alguien decente en este grupo de individuos.
Mientras fingimos que el calor de la primavera no nos hace perder a todos un poco más de la paciencia, me quedo mirando mi anotador para apuntar cuántas canciones tocará la banda en un espacio de treinta minutos que tendrán exclusivamente para ellos. Como Malcolm, de la nada, sacó su celular y empezó a murmurar cosas sin sentido (creo que grabando un par de audios), la supuesta Ashley apareció para salvarme. Ahora me está diciendo, un poco entre otro millón de cosas, qué canciones cantarán en la boda.
—Y bueno, esa me hace pensar que quizá nos pasamos con el tempo para esta canción porque es extremadamente triste, pero a Malcolm se le dio por hacerla con un ritmo mega apresurado y una vibra alegre que, de no hablar el idioma, asumiría que habla del amor o de simplemente sentirse bien… pero no. ¿Sabes de qué habla realmente?
Todavía sorprendida por sus palabras y lo rápido que las dijo, niego lentamente con la cabeza. Incluso habló más rápido que aquella vez que tuve que explicarle al repartidor de pizzas por qué, técnicamente, no tenía que pagarle el envío si se había pasado de la hora de entrega por casi un minuto. Ashley procede:
—Pues habla del pez muerto de la infancia de Black y lo mucho que le impactó su partida, es una letra tan linda pero triste, toda la escribió él de hecho. ¿No, Black? —Ambas volteamos a verlo y noto que está con las orejas rojas y los ojos severamente más abiertos que antes.
Verlo así me genera algo de gracia, lo cual obviamente no dejo a relucir. Me limito a sonreír un poco, tapándome ligeramente el rostro con el anotador en mis manos, mientras veo cómo el chico sonrojado le dice algo al oído a la rubia de su amiga y luego cómo esta sonríe con maldad y pronuncia un corto e inocente “ups”.
Mientras proceden a hablar en voz baja, porque ya noté que Black simplemente no me va a dirigir la palabra, yo me dedico a contar las canciones que piensan tocar. Son unas diez canciones, unas cinco propias y otras cinco recreaciones de otras piezas que ya existen. Leo “Love Story” de Taylor Swift y casi rio al saber que esa la pidió sin lugar a dudas Brooke, o quizá Brian porque ahora él también es fanático suyo.
Procedo a ver el reloj en mi muñeca y, antes de desistir por completo del ensayo porque pasaron unos veintidós minutos sin noticias, escucho pasos apresurados y unos gritos.
—¡Llegó la caballería! ¡No temáis, damiselas!
El tipo que se acerca está totalmente empapado en sudor, pero camina a paso seguro hacia nosotros. Luciendo una sonrisa en el rostro que simplemente no puedo describir. Si no tuviera una guitarra colgando de su espalda, asumiría que es un vagabundo que entró para pedir agua. Observo cómo acorta la distancia con nosotros y se detiene justo al lado de las sillas que usamos para poder esperarlo. Sin embargo, estuve de pie todo el tiempo.
—Ya empezaba a creer que te habías ido al otro lado de la ciudad —dice Morgan, creo que despertando de una corta siesta porque bosteza y le extiende el puño. El chico se lo choca.
—Estuve a punto de hacerlo, pero la señora más dulce que haya conocido nunca me dijo que estaba yendo para el lado contrario, además de que me dio un caramelo, y bueno… tuve que caminar de vuelta los veinte kilómetros que había hecho mal, pero como ya estaba atrasado los corrí. —Habla con completa naturalidad, alegre de hecho, como si su historia fuera lo más increíble que le haya sucedido en la vida.
—¿Por qué no tomaste el autobús? —cuestiono, genuinamente curiosa pero también algo irritada porque era una situación fácil de resolver.
Los ojos del que asumo es Arbin caen sobre mí y su sonrisa se ensancha otro poco y me mira de arriba abajo.
—Ahora sí veo una damisela de verdad… lo siento, Ashley. No te conozco, ¿quién eres?
Antes de responder, me interrumpe:
—Bueno, después me dices. No uso el autobús y no es que no quiera, simplemente no sé cómo funciona el de esta parte de la ciudad, siempre he usado las mismas líneas… me aterra, la verdad, así que corrí. Pero está bien, solo llegué diez minutos tarde.
—Arbin, son las 15:55… habíamos dicho 15:30, hasta las 16:00. ¿Matemáticas? —dice Ashley y lo mira con diversión y también con un poco de enojo, espero.
Arbin abre los ojos y mira su reloj con fijeza murmurando un “pensé que decía 15:40”. Luego suelta un largo suspiro dramático y nos observa a todos.
—Bueno, eso es malo, y me disculpo… peeeero todavía podemos tocar una canción. ¿Verdad, Malcolm? —Voltea a mirarlo. De hecho todos voltean a verlo a la vez y eso me genera sorpresa, pero desvanece una vez que recuerdo que Malcolm es el más normal de todos e imagino que, seguramente, es la cabeza del grupo.
Este encoge un hombro y dice—: No veo por qué no. —Me mira—, ¿se puede?
Ahora todos me miran, y siento que tengo una manada de cachorros esperando por comida mirándome fijamente.
A las 16:00 en punto tengo que revisar las decoraciones para el ambiente interno, luego a las 16:15 tengo que ir a la pastelería a encargar el pastel de bodas y por último a las 17:00 tengo que llamar a Alice para saber cómo está. No me conviene dejarlos porque sé que nos atrasaremos unos minutos de más, pero la duda en mi interior por saber qué tan bien tocan estos chicos me carcome por dentro y resulta ser una fuerza bastante poderosa porque termino diciendo:
—¿Quién es el que canta?
—En esencia, yo, pero tocaremos una que canta Arbin ahora —dice Ashley, poniéndose en pie. De la nada empieza a vocalizar soltando unos sonidos que suenan extremadamente complicados para mí de hacer.
Ni en un millón de clases de canto sabría hacer eso con mi voz.
—Ahora sí, ¿cómo te llamas? —De repente, el tal Arbin se para frente a mí y me sonríe, luego se presenta. —Yo soy Arbin Flores, como habrás oído de mi dulce rebaño de amigos.
Yo solo observo una gota de sudor desde su frente hasta su cuello cayendo por el extremo derecho de su rostro, luego veo lo brillante de su piel trigueña y la sonrisa blanca perfecta que me dedica. La verdad, es extremadamente interesante por fuera, pero ahora mismo su olor a sudor y su actitud relajada me están sacando de quicio.
Sus ojos marrones están clavados en mí con inocencia y sus cejas están elevadas en una pregunta que no voy a contestar. Percibo el brillo de un piercing en el extremo de su ceja izquierda.
¿Cuántos minutos quedarán de esto?
—¿Y si te subes al escenario? Ya hiciste que perdiéramos mucho tiempo —termino por decir, tratando de sonar calmada en vez de irritada.
Él suelta una pequeña risa y niega con la cabeza. Me sigue observando.
—¿Sabes lo que es correr veinte kilómetros bajo el sol y una guitarra encima? Deberías agradecer que ejercito este hermoso cuerpo y por ello no estoy muerto en alguna zanja. —Señala su cuerpo y veo su vestimenta bañada en sudor. De hecho, no tiene mal estilo, es retro (inspirado de los 80’s), pero para nada combina bien los colores y eso me da a saber su pésimo gusto para ello.
—Más bien, tú deberías de agradecer de que te estoy dejando subirte al escenario así empapado en sudor y no enviándolos a casa con la posibilidad de que los intercambie con otra banda de garage. Créeme que conozco un par —escupo, ya sin paciencia. La verdad, no conozco otra banda, pero eso él no lo sabe y me gusta saber que puedo intimidarlo con eso.
Su semblante cambia un poco y asiente, casi cabizbajo. Recibió el golpe y espero que haya aceptado la derrota de la batalla. Sin embargo…
—Bueno, eso está bien. Pero quiero que sepas que después le pediré tu número a Brian… solo para que te comuniques conmigo por si… ya sabes, ocurre otro percance. Ojalá no te moleste. —Se encoge de hombros y me guiña un ojo mientras se aleja lentamente hacia el escenario junto con sus compañeros.
Aprieto con fuerza el anotador contra mi pecho y observo cómo se sube al escenario y la piel de sus brazos brillando (debido a que tiene una camiseta sin mangas), a pesar de que no hay tanta luz en este salón, solo la de los ventanales.
—¡A ver si esta vez no vomito, chicos! Por favor, no me hagan quedar mal frente a mí fan. —Procede a señalarme.
Un grito de exasperación es ahogado en mi garganta y siento como la punta del bolígrafo se parte mientras la aprieto contra la parte posterior del anotador contra mi pecho.
Respiro, hondo, exhalo, suave. Estoy a cargo, estoy en control.
Vuelvo a levantar la vista y observo a Arbin, quien está parado frente al micrófono. Sus ojos caen sobre mí y me vuelve a guiñar el ojo, antes de empezar a cantar. Mi corazón se acelera un poco, pero seguro es por el estrés de la hora sobre mí, más que por otra cosa.
Seguro.
Esto va a ser un problema, eso sí es seguro.








