Capítulo 1: La Primera Singularidad
Ruby caminaba al centro de mando de La Primera Singularidad, la nave insignia de la casa matriz del Sol Negro. La embarcación había sido construida siguiendo los planos del sistema Lécxicum Apu Queñual, diseñados tras la segunda guerra Levo-Artense para satisfacer la necesidad de una nave capital y asediadora planetaria que fue reacondicionada para albergar en su interior a una casa matriz.
La Primera Singularidad avanzaba implacablemente por el vasto cosmos en dirección al mundo santuario de Tárox. Ruby recorría los amplios corredores de la colosal nave mientras, a ambos lados, los tecnoingenieros matriciales trabajaban arduamente para mantener los gigantescos componentes de la titánica nave. En su trayecto al centro de mando Ruby fue interceptada por Norad, la mujer era una Hermana del Consejo Santificio, vestía una servoarmadura seudo simbiótica negra adornada con diversos relicarios de oro y plata, los primeros enmarcaban a Elas, su diosa imperante, mientras que los segundos resaltan las imágenes de los santos que algunas vez la habían acompañado.
Ruby observó el pequeño sello colocado sobre el pecho izquierdo de la mujer, este estaba fabricado por artesanos de Lecxos, el mundo natal del que ambas procedían, el cual tenía la forma de una rosa negra que resaltaba por sus líneas plateadas enmarcada por rebordes dorados, Ruby apretó con fuerza la empuñadura de su Nesser Katana y pasó de una posición relajada a una de ataque.
— Hermana del Consejo del convento de la Rosa Negra —pronunció Ruby, con ligera incomodidad mientras sus ojos destellaron ligeros rayos rojos.
— ¡Si, inquisidora! ¡Hermana del Consejo del convento de la Rosa Negra Norad! para servirle —replicó Norad con hidalguía mientras colocaba sobre su pecho izquierdo sus dos dedos el anular y medio manteniendo los demás contraídos.
— Y ¿Cual es el motivo de está interrupción?, Norad —preguntó Ruby, apretado el puño listo para despedazar a quien estuviese en frente.
— Lo siento, Purificadora, no era nuestra intención asustarla —contestó Norad mientras volteaba la cabeza mirando a sus tres hermanas.
— ¿Entonces cuál era? !y dilo rápido¡ estoy supervisando y asegurándome que ustedes sigan los protocolos establecidos por el Consejo Vacío y lo ratificado por el Triunvitaro Superior —Habló Ruby con voz imponente.
— ¡Purificadora! usted sabe que por tradición del Sol Negro, aquellos que pertenezcan al Triunvitaro Superior deben estar resguardos por un equipo de cuatro Omnicidad de la misma categoria entre ellos y a su vez las Hermana del Consejo despejamos el paso. —contestó Norad mientras miraba de forma inquisitiva a Ruby.
— Malditas tradiciones —pensó Ruby, mientras las hermanas se alistaban para abrir camino.
— Como sea, tengo que ir a la sala de …. —
— ¡Ruby!, tendré que cambiar nuestra cita, posterior a la hora de almuerzo, gracias — Exclamó el sistema de comunicación de la nave.
— ¿Cambiar nuestra cita? estamos en camino a Tárox, tenemos que discutir los planes ¡ahora!— dijo Ruby para sí misma.
— ¿A dónde vamos Ruby? —preguntó Norad, mientras calibraba su servoarmadura.
— Vamos a la Forja de Átomos — Habló Ruby con preocupación.








