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Punto Ciego

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Summary

Andrea Kane trabaja para una organización que oficialmente no existe. Kira Aleksandrova acaba de convertirse en su nueva compañera. Ninguna confía en la otra. Pero cuando una misión aparentemente sencilla comienza a revelar conexiones que llegan mucho más cerca de casa, ambas descubren que el verdadero peligro no siempre está frente a ellas. A veces está detrás. A veces está dentro. Y algunas verdades deberían permanecer fuera de cualquier punto de vista.

Status
14d ago
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: El apellido Kane


Marbella/España

Andrea.

La piel levemente más morena que antes me escuece placenteramente con los rayos ultravioletas que recibe gracias al grandioso y relajante baño de sol que ha sido parte de mi rutina vacacional desde que me autodeporté a mi país natal.

Pierdo el tiempo ojeando una de las revistas del resort cuando siento la presencia de un individuo acercarse por mi derecha. Los lentes de sol se deslizan por el puente de mi nariz al fijarme en el porte y tamaño de la sombra que se cierne frente a mi.

Es un chico guapo. Lleva el cabello oscuro revuelto y debajo del uniforme se divisa buena musculatura.

Tiene pinta de latino. No sé exactamente qué lo delata. Quizá la piel bronceada, los rasgos, esa sonrisa demasiado segura o la manera descarada de caminar porque parece perfectamente consciente de que más de una mujer en esta piscina acaba de seguirlo con la mirada.

Con facilidad intercambia mi copa vacía por un Aperol que nadie le pidió, pero mi atención se queda en la servilleta que también deja sobre la mesita al costado de mi tumbona.

Enarco una ceja y su respuesta no es más que un guiño descarado antes de devolverse por donde sea que vino.

Me fijo en los músculos de su espalda y mi vista baja un poco más abajo. Ahí es donde me doy cuenta de que no soy mejor que ningún hombre. Niego para mí misma ignorando el número telefónico en el papel y termino aceptando la bebida ya que si algo hay que reconocerle es que ha acertado y no puedo resistirme al Aperol.

La aburrida revista queda a un lado y me enfoco entonces en las otras dos siluetas cargadas de testosterona que se roban la atención femenina.

Miro mal a uno de mis hermanos mayores cuando le dedica una sonrisa coqueta a unas señoritas que los miran embobadas.

—¿En serio? —pregunto, sin apartar la vista de Caleb.

Él gira la cabeza hacia mí con una sonrisa inocente que no le creo ni durante medio segundo.

—¿Qué?

—Eso.

Señalo discretamente con la barbilla hacia las dos mujeres que todavía lo observan desde la otra punta de la piscina.

—Tu cara de imbécil.

Caleb se lleva una mano al pecho.

—Qué manera tan cruel de hablarle a tu hermano favorito —dice y lo miro el triple de mal cuando sacude su mata de pelos castaña sobre mí.

—No eres mi hermano favorito.

—Claro que sí.

—Biel es mi favorito.

El aludido, que hasta ese momento había permanecido recostado en la tumbona contigua mientras revisaba algo en su teléfono, levanta apenas la mirada.

—Por fin alguien con criterio.

Caleb suelta una carcajada.

—No te emociones, viejo. Lo ha dicho para molestarme.

Resoplo.

—Qué insoportable eres.

El hombre de veintiocho años que tiene el descaro de llamarse mi hermano estira un brazo hacia mí y me despeina el cabello.

—Yo también te quiero, enana.

—¡Caleb!

Me aparto de inmediato mientras él se ríe. Biel nos observa con una expresión que intenta ser seria y fracasa miserablemente.

—Qué familia tan disfuncional.

—Cállate, Biel —decimos Caleb y yo al mismo tiempo.

Nos miramos y los tres terminamos riéndonos. La verdad es que para qué mentir, extrañaba tenerlos cerca a ambos.

Biel es el cliché de hermano mayor con el que te sientes protegida y en confianza de dejar todas tus barreras caer porque él actuará como la muralla con dientes que te mantendrá a salvo siempre que quieras. Mientras que Caleb siempre buscará la manera de poner una sonrisa en tu rostro con cualquier tontería.

✦ · ───── · ✦

La tarde comienza a caer sobre el resort cuando el cielo de Marbella empieza a teñirse de naranja. La mayor parte del día se nos esfumó en idas y venidas, alternando entre el resort y el mar, baños de sol y carreras en jet ski que terminaron con los tres empapados y riéndonos como cuando jugábamos de pequeños. Almorzamos en uno de los restaurantes del puerto y después caminamos sin rumbo por el paseo marítimo donde compramos un par de cosas que probablemente ninguno necesitaba.

Desde el balcón de la suite, las luces de la piscina parecen pequeñas estrellas flotando sobre el agua y, por primera vez en varios días, tengo la impresión de que quizá pueda disfrutar de unas vacaciones normales.

Qué ilusa.

—¿Vas a tardar mucho?

La voz de Caleb llega desde el salón o quizás lo dice mientras se acerca a mi puerta ya que escucho pasos cerca.

—Cinco minutos.

—Llevas diciendo eso diez.

—Entonces cinco más.

Casi puedo escuchar su gruñido exasperado desde el otro lado así que termino de arreglarme, ajusto la correa alrededor de mi muslo donde acomodo uno de mis cuchillos favoritos y tomo el pequeño bolso negro que dejé sobre la cama. Dicen que una dama prevenida vale por dos. Cada quién tiene sus prioridades.

Lo cierto es que nunca he sido especialmente buena separando el trabajo de mi vida personal. Probablemente porque, después de tantos años, ya no sé dónde termina la vida de agente y dónde empieza la vida de la hermana misteriosa del play boy y el diplomático millonario.

He aprendido a reconocer una amenaza antes de que parezca una amenaza. A memorizar salidas apenas entro en un lugar. A distinguir una mano nerviosa de una mano entrenada. A dormir con un arma al alcance. Y a no hacer demasiadas preguntas cuando alguien me paga lo suficiente para que no quiera conocer las respuestas, porque lo cierto es que ni me va ni me viene.

No es exactamente una profesión que pueda explicar durante una cena familiar. Así que, cuando alguien pregunta a qué me dedico, hay una respuesta mucho más sencilla preparada: Según los registros oficiales, soy una mera consultora internacional que trabaja ocasionalmente con empresas de seguridad privada. Una profesión aburrida, perfectamente legal y convenientemente difícil de comprobar.

La verdad es bastante menos presentable y aburrida. Trabajo para una organización que no aparece en ningún registro que importe. No tenemos una fachada que pueda fotografiarse, ni una oficina que alguien pueda encontrar por accidente, ni tarjetas de presentación que entregar después de una reunión.

Tenemos nombres falsos, cuentas que no llevan nuestros nombres y suficiente información sobre personas poderosas como para que nadie tenga demasiado interés en averiguar quiénes somos.

La voz de Caleb me saca del ensimismamiento avisando que seguirán esperando junto al ascensor. No respondo y en su lugar me dirijo a la salida.

El pasillo está desolado y solo mi perfume ronda el aire. Reviso que mi celular, algo de efectivo e identificación estén en el bolso. Camino apenas unos metros cuando por un instinto que no sé de dónde viene, volteo hacia atrás y es justo cuando una mano intenta cubrirme la boca.

«Desgraciados, respeten el tiempo libre de una señorita» Pienso cuando atrapo la muñeca, giro el cuerpo y utilizo su propio impulso para estrellarlo contra la pared. Cinco minutos sola y ya intentaban secuestrarme.

El golpe resuena por el pasillo que ahora noto desolado de sobremanera. Esos estúpidos me abandonaron. No pudieron esperar ni cinco minutos para irse a beber.

—Buenas noches —murmuro apurada por continuar con mi noche y arruinarle la suya a mis hermanos.

El hombre intenta golpearme pero mis reflejos me hacen agacharme con tiempo de sobra para evitar el golpe y encestarle uno en el abdomen con el codo.

—¿Quién te envió?

No me responde y por el contrario sigue con lo de querer golpearme, cosa que me irrita.

—Qué maleducado.

Intento barrerle las piernas, pero consigue mantener el equilibrio y me empuja contra la pared. Mi espalda golpea el yeso con rudeza. Su mano busca mi cuello pero la atrapo antes de que llegue y la retuerzo como un trapo cualquiera. El hombre gruñe y cae de rodillas agarrándose la muñeca.

—Te lo voy a preguntar una vez más.

Lo amenazo sin contemplación con la hoja filosa de mi cuchillo contra su cuello.

—¿Quién te envió?

Silencio.

—¿Qué quieren?

Nada.

—¿Me estaban siguiendo desde Cuba?

Su rostro se mantiene igual, sin cambios que delaten una respuesta. Maniobra profesionalmente y logra intercambiar papeles. Sus movimientos no intentan matarme, es lo primero que noto, solo trata de detenerme. O capturarme, lo cual me llama muchísimo la atención.

—¿Quién sabe que estoy aquí?

Nada.

—¿Cuántos son?

Nada. Solo recibo sus gruñidos por el esfuerzo de la pelea. Y la situación comienza a hartarme cuando estamos tan a la par que ni él consigue su objetivo ni yo logro terminar esto de una buena vez.

—¿Sabes? Empiezo a sentir que nuestra conversación es un poco unilateral.

Consigo desarmarlo. La hoja de su cuchillo cae al suelo. Lo sujeto por el brazo y lo giro hasta inmovilizarlo contra la pared.

—Última oportunidad.

Presiono con todo.

—Nombre.

El hombre respira con dificultad.

—No sabes en qué te estás metiendo —es lo primero que le escucho decir y su acento extraño no se me pasa desapercibido.

—Eso me dicen mucho.

—Kane...—siento que es una advertencia, más no es a lo que le presto atención.

—¿Quién te dijo mi apellido?

El hombre intenta girarse. Lo golpeo contra la pared nuevamente.

—No.

Mi voz cambia.

—Ahora sí me interesa.

Entonces escucho:

—¡Andrea!

Es la voz de Biel. Mierda. Volteo a ver un segundo, pero en este trabajo, en un segundo pueden ocurrir muchas cosas.

El hombre aprovecha y me golpea en el abdomen, se libera de mi agarre y corre hacia la escalera.

—¡Oye!

Voy detrás de él. Bajo los primeros escalones de dos en dos hasta que veo desaparecer al final del pasillo. Acelero y...nada.

Cuando llego a la salida de emergencia, la puerta se balancea lentamente. El exterior está vacío y sin rastros de mi atacante.

Solo queda el ruido lejano de la música del resort y el murmullo de los huéspedes disfrutando de una noche que, evidentemente, no incluye ser perseguidos por asesinos profesionales.

Respiro intentando acompasar mi respiración.

—Perfecto.

Guardo la hoja en su lugar.

—Perfectamente perfecto.

Camino al ascensor y marco el piso a donde me dirijo.

—¿Dónde estabas? —Es lo primero que me recibe cuando las puertas se abren.

Biel está frente a mi con los brazos cruzados.

—Estaba buscándolos. —Miento. —¿Dónde se habían metido ustedes?

Caleb está a su lado, mirando su teléfono.

Ambos están vestidos para salir. Reluciendo el cabello oscuro de los Kane, y la energía distintiva de ambos pero que igual los hace hombres atractivos.

—Íbamos de camino al bar pero Biel prefirió esperarte un poco más —responde Caleb, guardándose el teléfono en el bolsillo—. Te esperamos cinco minutos.

Sonrío y finjo estar apenada por ello.

—Lo siento.

Mis hermanos asienten. Uno más pensativo que el otro.

—¿Entonces vamos?

—Claro.

Camino detrás de ellos mientras las puertas del ascensor vuelven a cerrarse. Ninguno pregunta nada más y yo solo espero que no se me hagan moretones visibles.


✦ · ───── · ✦

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