Un camino ya recorrido
Pisando la tierra de un camino ya recorrido, sin darme cuenta llegué a la costa de un mar cristalino.
Me senté sobre una vieja piedra, desgastada por los años, a ver el litoral respirar. Lloraba esporas de paz salina que se esparcían por el aire.
El frío crispó mi piel.
La brisa alcanzó mi rostro.
Aquella barca de años precarios ya había zarpado sin destino. Aquel bote viejo y olvidado se había vuelto polvo entre tantos amaneceres, extraviado ahora en los cuentos del pueblo.
Sentí la necesidad de prender una pipa de paz cargada solo de aire.
El bastón dejó de sostenerse con firmeza en mi mano.
Algún día viajé por el pélago de tus ojos. Ahora permanecen cerrados, y en sus aguas yace el buque de aquella guerra fraudulenta en la que nos enfrentamos durante años.
No recuerdo si fui yo o fuiste tú.
Olvidé qué camino, ya transitado, me mostraste y desconozco adónde nos llevó.
Si algún día tengo que desplegar el mapa de la soledad, sabré que tu memoria aún alumbra como un faro sobre el mar que me queda por recorrer.
Y ahora estoy aquí, perdido en el recuerdo de un camino ya recorrido. Sentado sobre una vieja piedra, desgastada por los años, observando al mar llorar.
Y, por primera vez, la brisa se mezcla con mis lágrimas, fragmentadas por el mundo.
Esperando algún día llegar a ti... dondequiera que estés.