Capítulo 1. Sabrina

Día de la Palabra, 1ª semana de Tiempo del Brote
Mis padres han vuelto a su tribu. No les creía capaces después de tantos años viviendo al margen de sus leyes, fuera de su alcance, en un mundo libre. Lo hablé mucho con los dos, porque tenía entendido que no dejaban regresar así como así a los que se habían ido. Pero estaban convencidos de que eso era lo que querían, lo que necesitaban. Yo les dije que también les necesitaba a mi lado, pero que si creían que era lo mejor, no iba a ser yo la que los retuviera. Así que ayer los llevamos al puerto y cogieron un barco. Me quedé observando cómo se alejaban lentamente mientras Hans me rodeaba los hombros con su brazo, mi mano derecha agarraba la mano de Vera, y con la otra mecía a Elon.
De vuelta a casa, a la vez que contemplaba el paisaje, pensé que quizás no lo había intentado lo suficiente. Podría haber insistido en que se quedaran con nosotros, que nos vendría muy bien su ayuda para cuidar de nuestros hijos, y que les echaremos mucho de menos. Pensé que habría sido egoísta por mi parte decirles eso, aunque nada era mentira. Intenté asegurarme de que les permitirían volver, de que no habría consecuencias, y lo único que recibí por respuesta fueron sus caras sonrientes mientras le quitaban hierro al asunto. Me decían que no me preocupara, que ya lo habían decidido.
Desde pequeña he querido conocer el mundo, viajar y aprender todo lo que me puede ofrecer. Esa pasión la heredé de mis padres. Me explicaron que habían nacido en su tribu, tras muchas generaciones y, aunque sentían apego por su cultura, les producía mucha curiosidad el mundo exterior. Tardaron mucho tiempo en conseguir que aceptaran su salida pero, cuando lo hicieron, fueron muy felices. Bueno, lo siguen siendo. Me admitieron que habían conseguido cumplir su sueño de descubrir el mundo y, cuando nací, quisieron que yo también tuviera esa libertad. Gracias a ellos, la tuve. Más tarde me confesaron que sus almas necesitaban volver con los suyos, pero no querían arrastrarnos con ellos. Más bien deseaban que yo me quedara aquí, con mi familia, que crecía cada día. Con eso, ya eran felices. Como dijo mi madre: Sabiendo que nuestro linaje continúa y puede explorar el mundo, estamos en paz.
Creo que en parte están tranquilos al saber que tengo un marido y dos hijos que me quieren muchísimo, y que no nos va a faltar nada en nuestra comunidad. Nuestros vecinos son muy simpáticos y amables con nosotros, y la familia de Hans, aunque no viven en el mismo pueblo que nosotros, nos visitan a menudo y son muy agradables. Debería sentirme agradecida. Estoy agradecida por el apoyo que nos dan. Pero eso no me quita el nudo que tengo en el estómago desde que mis padres se fueron.
He vivido en lugares muy diferentes, grandes ciudades con calles ruidosas y personas por todas partes, pero aquí se respira paz. Por eso, cuando conocí a Hans en uno de nuestros viajes y me habló de su pueblo natal, sentí la imperiosa necesidad de ir a visitarlo. A él, mi marido, y a su pueblo. La primera vez que le vi fue increíble. Nunca había visto a nadie con el pelo cobrizo y unos ojos tan verdes. Pero lo que me enamoró de él fue su carisma. Siempre sabía qué decir, y eso me viene muy bien, ya que yo soy más callada. Obviamente imaginaba cómo podrían ser nuestros hijos, con esa cara suya, aunque mi color de piel, ojos y pelo podrían entrometerse. Y así fue con Vera. Una copia en miniatura de mí, como mis padres solían decir. Piel morena, pelo como el carbón, ojos alargados y oscuros como una noche cerrada, pero su nariz nada tiene que ver con la mía, pues es alargada y fina, como la de su padre. No me molestó ni me decepcionó, es mi queridísima hija y la quiero muchísimo. Al igual que a Elon. Nunca había querido tanto a dos criaturas. Él sí que es como yo me lo había imaginado. Nada más nacer estaba claro que sería como su padre. Su cabecita ya tenía, aunque no muy abundante, pelo de color cobrizo, por lo que sabíamos que lo tendría anaranjado con el tiempo. Sus ojos, más redondos que los de Vera y los míos, eran claritos. Ahora se le ven más verdes aún. Eso sí, su nariz salió a la mía, una nariz ancha, herencia de mis antepasados. Es interesante que, siendo hermanos, sean tan físicamente diferentes. Pero, al final, lo que importa es el alma de cada persona. El físico es secundario. Así lo creo yo. Aunque he de admitir que hay culturas que se aferran demasiado a la apariencia.
Día de la Luz, 2ª semana de Tiempo del Brote
Tenemos problemas. Tengo que intentar mantener la calma por mis hijos, porque ya la perdí ayer cuando Hans me lo explicó. Al parecer, hizo una gran inversión en un negocio nuevo. Creía que sería una muy buena decisión y que nos aportaría grandes beneficios en el futuro. Yo creo que le han engañado. Después de entregar prácticamente todos nuestros ahorros, las personas con las que contactó han desaparecido sin dejar rastro. No encuentra a los socios del supuesto negocio, ni a la persona que le ofreció invertir en él. Hans me asegura que no se conocían entre ellos pero, si no aparecen pronto, está más que claro: eran estafadores.
Quiero pensar que aparecerán, que todo ha sido un malentendido o que les ha surgido algo. Pero, ¿a los tres? Creo que es demasiada casualidad. Hans está muy nervioso y no sabe qué hacer, y yo intento no alterarme. ¿Qué podemos hacer? Solamente esperar. Hans dice que esperaremos 2 días más y, si no aparecen, tendrá que dar por perdido todo el dinero que invirtió. Le he preguntado por qué razón tuvo que poner tanto dinero, y dice que era lo mínimo que le exigían aportar para poder obtener beneficios a la larga. El hombre que se lo vendió le dio razones lógicas, por lo que finalmente accedió. Hans tenía muchas dudas al respecto, pero parece que el hombre lo había estudiado muy bien y tenía una respuesta para cada una de sus preguntas. Está claro que le convenció.
Lo que no logro entender es que Hans, con toda su inteligencia y experiencia, haya caído en esa farsa. No es un hombre con estudios, pero ha trabajado en bancos durante muchos años y entiende de negocios e inversiones. Entonces, ¿cómo han podido engañarle? Es algo que no me explico y que todavía no me atrevo a preguntarle, al menos aún no.
Día de la Palabra, 2ª semana de Tiempo del Brote
No hay rastro ni de los socios ni del hombre que le contactó, y menos aún de nuestro dinero. Hemos estado hablando y Hans dice tener un plan para salir adelante. Preguntó en el banco si sería posible que le adelantaran su salario, o pedir prestada cierta cantidad de dinero, pero se lo han denegado. Al parecer, no disponemos de ahorros suficientes y, al ser 4 miembros en la familia, es muy arriesgado. Para el banco, claro está.
Así que, mañana, aprovechando la visita de su familia, Hans les pedirá dinero prestado y está casi seguro de que se lo darán. De esa manera, podremos sobrevivir un tiempo mientras nos recomponemos económicamente. Yo había pensado que podríamos vender cosas y así obtener dinero para el día a día, pero él se ha negado en rotundo. Me ha dicho que ha trabajado muy duro para que tuviéramos un hogar y no va a deshacerse de nada si existe otra solución. Veremos cómo va mañana la reunión.
Día de la Broza, 2ª semana de Tiempo del Brote
La familia de Hans nos va a ayudar. No saben cuánto se lo agradecemos. Aunque la cantidad es menor de lo que esperaba Hans, ha aceptado el dinero, ya que era eso o nada. Podremos sobrevivir hasta que nos recuperemos, o incluso puede que ahora el banco le conceda a Hans un adelanto. Nos han dado una pizca de esperanza, así que ya no estamos tan alarmados.
Eso sí, cuando estaban a punto de irse, mientras Hans hablaba con su padre fuera, su madre, Brunilda, dio media vuelta para mirarme y me habló desde el umbral de la puerta, impidiéndome el paso. Me sentí atrapada en mi propia casa, y creo que, en parte, eso era lo que quería provocar en mí. Me preguntó si había pensado en buscar trabajo. Le contesté que Hans y yo ya lo habíamos hablado y que lo haría si era necesario, pero no me dejó acabar la frase. Me interrumpió para preguntarme si ese momento no había llegado ya. Le dije que sí pero que, con Vera y Elon tan pequeños, no podíamos permitírnoslo. ¿Y si no fueran un problema?, me preguntó. No sabía a qué se refería, así que le pregunté. Entonces, modificó su postura, apoyó el peso de su cuerpo en la otra pierna, me extendió una tarjeta blanca y me dijo: Aquí tienes tu oportunidad. No la dejes escapar y no defraudarás a tu familia. Mañana a las 19h.
Se dio media vuelta, bajó los escalones que conducen al jardín y se fue con su marido mientras yo la veía alejarse, sin mirar a nada en concreto, tan sólo consciente de la tarjeta que tenía entre los dedos y pensando qué habría querido decir. Cuando Hans volvió, me preguntó si todo iba bien. Le mostré la tarjeta y le expliqué la conversación que acababa de tener con su madre. Pensé que se disgustaría o que le sorprendería que su madre hubiera actuado así. Pero me equivocaba. Me cogió de los hombros, me miró con una sonrisa y me dijo: ¡Sabía que nos ayudarían más que con el dinero! Y aquí lo tenemos, ¡una gran oportunidad! Saldremos adelante, mi amor.
Le sonreí. No sabía qué más hacer. Supongo que mañana veremos de qué trata esa gran oportunidad que nos han ofrecido.
Día de la Ceniza, 2ª semana de Tiempo del Brote
En la tarjeta sólo había escrito un nombre y una dirección: Greta Tálman – Bagíbercuerun, Corín. Así que Hans preguntó en el banco si alguien podía darle indicaciones. Es un pueblo a unos 100 kilómetros de aquí. No es una gran distancia pero, al parecer, no está bien comunicado con Lipe. Disponen de estación de tren pero nosotros no. También se puede llegar en bus, pero el trayecto sería de más de una hora porque tiene que rodear los pueblos vecinos. Así que, lo que le recomendaron es que utilice el Cuchvaguen porque va en línea recta, atravesando los verdes y frondosos bosques de Plaguefen, y tarda apenas media hora en llegar. Y aquí estamos, Vera, Elon y yo, de camino a dondequiera que me haya enviado Brunilda.
Hace un buen día. Vera y Elon están encantados con el viaje. Se maravillan ante las grandes extensiones de árboles que nos rodean y señalan con entusiasmo cada animalillo que ven. Dudo que Elon entienda lo que está viendo, pero creo que la alegría de Vera le contagia. Vera es realmente muy buena hermana y tiene muy claro que ella es la mayor y que tiene que enseñar y proteger a su hermanito. Pero no dejan de ser criaturas pequeñas y, a los veinte minutos de trayecto, se quedaron dormidos, así que aproveché para escribir.
Parece que nos vamos acercando a Corín. Tras dejar el denso bosque atrás, ahora pasamos por amplios campos de cultivo que se pierden en el horizonte y hasta creo que veo algún tejado a lo lejos. No dejo de pensar en qué me encontraré, pero intento ser paciente.
Justo antes de entrar en el pueblo, el Cuchvaguen ha girado hacia la izquierda, por un camino más estrecho y arenoso. El conductor me ha avisado de que quedaba poco y que no me podía llevar hasta mi destino, pero que me acercaría tanto como le fuera posible. Al parecer, el sendero se hace cada vez más estrecho y es peligroso para el vehículo, por lo que ahora vamos más despacio. Aun así, vamos levantando una nube de polvo a nuestro paso. Estamos en una senda de tierra pero los alrededores son majestuosos. A lo lejos puedo ver las ruinas de una abadía antigua con lo que un día debieron ser grandes ventanales llenos de colores. Cualquiera pensaría que, por su estado, lo abandonaron hace tiempo, pero sus campanas siguen en funcionamiento, ya que han sonado dos veces. Deben ser las 18.30. Llegaremos a tiempo.
He despertado a Vera y Elon, ya que estamos cerca de nuestro destino. El conductor ha parado y me ha dicho que me esperará en este mismo lugar a las 20. Le he agradecido su servicio, y hemos continuado a pie.
Hemos llegado. Estoy esperando a que sean las 19 en punto. No quiero parecer desesperada, claro está, pero tampoco quiero llegar tarde. Esperaré a volver a escuchar las campanas, así que estamos dando un paseo alrededor de la finca. Una finca de gran extensión con una grandiosa casa en el centro. O puede que sean dos. Hay una gran vivienda, diría que de dos plantas como mínimo y, a su derecha, conectada por un puente, otra construcción de la misma altura pero de menor profundidad. Es imponente la manera en la que se alza por detrás de los arbustos que la rodean, su revestimiento de ladrillo rojizo y sus ventanales y barandillas de madera clara. Una combinación perfecta entre rústico y elegante, si es que eso es posible. ¿Qué tipo de oportunidad me espera en su interior? Durante el trayecto no dejaba de pensar en que hacer este viaje a diario no estaría nada mal. No está muy lejos, el camino es agradable, las vistas son…
Hay alguien en la puerta.








