Capítulo 1
Estaba sirviendo mi café con la estación más vacía que de costumbre, aunque era lógico: al ser domingo, y apenas pasaban de las seis. Estar ahí me mantenía ocupada y lo amaba demasiado como para quedarme en casa sabiendo que afuera podían estar ocurriendo cosas malas… cosas que yo podría evitar.
Iba a darle el primer sorbo, cuando senti mi celular vibrar, lo saqué del bolsillo de mis jeans, y al ver la notificación, mis manos comenzaron a sudar, mi cuerpo se tenso. El vaso se me resbaló cayendo al suelo, salpicando todo a su paso. Senti como si el piso se hubiera movido de su lugar.
A mi cabeza llegó el “Sabes que haría cualquier cosa por ti ¿no?” Intente reírme de la situación, esa oración y el momento en que a Iván se le habia ocurrido decírmela, en el hospital.
Me senté lentamente, para asimilar lo que acababa de leer y no sé cuánto tiempo me quedé mirando la pantalla. Abriendo y cerrando el chat una y otra vez, como si eso fuera a borrar el contenido que tenia.

¿Cómo habia conseguido mi número? ¿Por qué me invitó? ¿Por qué ahora? ¿Después de tanto tiempo?
Intenté respirar una, dos veces, mi cabeza no dejaba de girar, creando teorías absurdas y escenarios incómodos, hasta que escuché mi nombre.
—Mía —dijo Sophie —¿estas bien? — pero solo reaccioné al sentir su mano en mi hombro.
—Sí, claro, estoy bien —mentí rápidamente, evitando su mirada.
Ella señaló el desastre en el piso.
—¿Qué pasó aquí?
—Se me cayó —respondí, levantándome de golpe y buscando algo con qué limpiar.
Sophie era la segunda mujer más valiente que había conocido en mi vida, durante su corta vida había sufrido demasiado en hogares adoptivos, batalló para formar su identidad y sobre todo sobrevivió al mundo luego de poder salir de la custodia del gobierno, al final por todo lo que vivió había decidido que quería ser policía así que se enlistó en la academia. Ella era la única aquí que conocía absolutamente todo sobre mí y siempre me decía que yo era la valiente. No quise mencionarle nada, no tenia importancia, aunque todo el día me miro como si supiera exactamente lo que pasaba
Senti que habia sido uno de los días más tranquilos en la estación. No llamaron, no hubo ningún desastre… y, sin embargo, yo no logré relajarme ni un segundo. No podía pensar en otra cosa que no fuera esa maldita invitación.
Realmente estaba debatiéndome entre ir o no ir.
¿Pero a qué? ¿A saludar a mis padres luego de todo? ¿O a ver a Iván después de cinco años como si nada?
Es que no tenía sentido, mucho menos lógica. Y aun así, ahí estaba, sopesando mis opciones como si eso fuera lo más importante del mundo.
Estaba dejando mis cosas en mi casillero, antes de salir del trabajo.
—Ya dímelo Mía— brinqué del susto creía que ya estaba sola
— Con un carajo Sophie, podrías anunciarte— me tome del pecho —Casi me muero del susto
—Lo siento— se disculpo y se sentó en la banca —Se que tienes algo— me dijo viéndome como inspeccionándome yo la miré negando —No intentes negarlo, has estado todo el día con las manos cruzadas en tu cara como si algo te molestara— me crucé de brazos negándome a decir nada —odio tener que traerlo a la conversación, pero tu solo haces eso cuando estas pensando en Iván— voltee a verla con los ojos muy abiertos y sin saber que decirle como iba a engañarla había sido mi primer amiga aquí, la persona que me conoció cuando estaba echa una mierda y le tocó ayudarme a salir del hoyo.
— Bien— cedí —Me ha enviado esto— le mostré mi celular con la invitación.
— Mierda— exclamó llevándose una mano a la boca sin creerlo —ya me suponía que era sobre el— me miro con los ojos entrecerrados —¿no estarás pensando en ir o sí? — mi falta de palabras debió decirle algo —No Mía— se levantó claramente estresada —Volver ahí será como ponerte una bomba en el cuerpo, no podrás deshacerlo, y cuando lo veas vas a explotar entiendes
Claro que entendía perfectamente yo era la que había salido con el por 5 años, sabía exactamente que si regresaba algo iba a cambiar. Así que asentí
—¿A que iras? — preguntó directamente volviendo a sentarse a mi lado
—Yo no he dicho que lo haré— me atreví a hablar
—No, pero lo veo en tus ojos, ni siquiera pensaste en Liam y ya has decido que irás— dijo segura
—Tengo que verlo, terminar con esto de una buena vez ¿no crees? —estaba dándole demasiada importancia al asunto
— Mía, al menos prométeme que no vas a cagarla— me miro con esa cara de seriedad que ponía cuando no debia expresar nada — ya tienes una vida echa —me recordó —no la destruyas de nuevo por el
Me abrazo y una pequeña lágrima corrió por mi mejilla, me quede más tiempo del necesario en ese abrazo protector de Sophie y nos despedimos.
Cuando llegué a mi departamento comencé a hacer todo en automático; me duché, comí algo sin gusto, y me tiré en la cama. Antes de darme cuenta… ya estaba comprando un boleto de avión a México.
El vuelo más cercano salía al día siguiente y me obligue a hacer lo que menos queria hacer en este momento: llamar a Liam.
-Hola, cielo- contestó al primer tono, con su voz suave y alegre.
-Hola- dije sin tanto entusiasmo -Liam, mañana viajo a México- quise ser lo más directa posible con el
- ¿Qué? ¿Estás segura? - preguntó, notando mi tono confundido
-Se que es repentino… pero creo que es momento de cerrarlo
-¿Quieres que te acompañe? Puedo mover las cirugías…
-No -lo interrumpí -Realmente me encantaría, pero esto tengo que hacerlo sola, ¿sí?
-Lo entiendo, cuídate mucho y llámame si necesitas algo- podía ver la cara de preocupación que ponía cuando de estos temas se trataban
-Lo haré, no te preocupes volveré pronto
-Te quiero
-Te quiero
Odiaba volver y Liam lo sabía. Odiaba aún más ser tan buena persona como para no pedirle que viniera conmigo, aunque me moría de ganas de tener su compañía conmigo. Pero él tenía su mundo, su carrera, su vida. Yo no podía interrumpirla… por esto.
Me recosté pensando en las palabras de Sophie, por fin era una detective y una muy buena, adoraba ese trabajo y daría mi vida por seguirlo teniendo, tenia un departamento que me encantaba, una colección de pinturas echas por mi, un sueldo con unos ceros, el prometido perfecto- en cerio Liam era un cirujano cardiotoracico de 5 estrellas, uno de los más buenos de todo el estado de California, era amable, atento, respetuoso, inteligente, amaba surfear, los animales y apoyaba muchas fundaciones con su dinero, incluso hacia operaciones sin cobrar a la gente que no podía pagarlas, me trataba como toda una reina y me había propuesto matrimonio hacia unos días- ella tenia toda la razón era una vida que no podía tirar por la borda solo porque una roca golpeó el barco, pensaba ir, plantarme frente a él, decirle unas cuantas verdades, felicitarlo por supuesto y escuchar la excusa que tenia para decirme.
Sin darme cuenta saqué un cuaderno del buró, era café y se veía viejísimo, pero estaba intacto, lo comencé a ojear.
2 de abril del 2017
Por Dios, hoy será un día súper importante te pediré si puedo ser tu novio, espero que me digas que si porque me siento como si fuera a entrar a aventarme de un avión sin paracaídas de los nervios que me causa.
5 de abril del 2017
Soy el hombre más feliz, voy a hacer todo por verte feliz siempre y protegerte de cualquier cosa.
Leí unos cuantos más, Iván tenia la obsesión de escribir cada día o de vez en cuando algo sobre nosotros o de como se sentía, antes de terminar conmigo me había dado el cuaderno y yo había sido toda una cobarde por nunca atreverme a tirarlo.
Me quedé dormida imaginando cómo sería el reencuentro. Soñando con abofetearlo y abrazarlo por disculparse.
La mañana siguiente salí con miedo, ansiedad y una parte de mí queriendo girar en U antes de llegar al aeropuerto, pero no lo hice.
Tomé el vuelo con el estómago hecho un nudo. No me atreví a mirar por la ventana ni una sola vez.
Al aterrizar, renté un Wrangler 4xe azul metálico, el auto de mis sueños… aunque no era como el que tenía en casa, esté tenia las llantas más gastadas y la pintura despegándose.
Conduje hasta la casa de mis padres, un trayecto que conocía de memoria. El vecindario seguía igual, como si el tiempo aquí no hubiera pasado. Árboles tan viejos con el tronco muy grande, casas bardeadas, los caminos empedrados y las mismas personas de siempre.
Pero la casa mi casa… apenas la reconocí. Habían estado usando dinero mis padres, yo les envié un poco -según para lo básico- pero lucia remodelada por completo. Ahora tenía una barda metálica, flores por todos lados, margaritas, rosales y el doble de tamaño, ademas ahora era de color beige.
El primero en saludarme fue Lucas, nuestro gato. Era un gato completamente blanco, lo teníamos desde que había cumplido 15 y era el más consentido parecía una bola de estambre de lo gordo que estaba, se restregó en mis piernas como si me hubiera visto ayer. La puerta estaba sin seguro -como siempre- tendría que regañar a mi padre. Entre a la sala y todo lucía demasiado lujoso/caro, cuadros con el marco dorado casi como si fuera oro, sillones acolchados, una pantalla plana y un color de paredes nuevos, beige con blanco. Me sentía algo confundida por el cambio.
—¿Hola? — pregunte —¿mamá? — nada—¿ papa?
Una señora salió de la cocina traía ¿uniforme?
— Hola lo siento Señorita Mía casi no la escuchaba — ¿como sabía mi nombre? — soy Martha la empleada sus padres están en el patio trasero, es un gusto por fin conocerla— me dijo amablemente —tengo que seguir con la comida, pero pase está en su casa.
Confundidas, seguí el amplio pasillo, mis padres se encontraban sentados en la vieja mesa de piedra. Sus rostros cuando me vieron… lo decían todo.
—¿En serio has venido? —mi papá lo repetía cada dos segundos.
—Déjala en paz, Alessandro Mancini —lo regañó mi mamá, aunque hasta ella tenía los ojos brillosos y se que ansiaba saber más.
—Es que no me lo creo —insistió él—¿A qué has venido?
Auch. Hasta yo sentí el codazo que le dio mi mamá por eso.
—Lo siento. Ya no hablo más —farfulló.
—Quería verlos —respondí, aunque no me creyeron nada. Me levanté para darles la espalda.
—Mía Mancini… —dijo mi madre, con ese tono que no admite mentiras.
Suspiré—Recibí una invitación de Iván. Es su cumpleaños.
Se miraron. Primero entre ellos, después a mí. Sus rostros pasaron de emoción a algo más tenso, como si acabara de mencionar el nombre de Voldemort.
Alessandro y Emma Mancini mis padres. Ellos eran muy como decirlo, la pareja del año, siempre mostrando su amor en público, nunca le quitaron autoridad al otro, se respetaban mucho y eran un gran equipo. Para criarme utilizaban el método de puedes hacer lo que tú quieras, pero todo tiene consecuencias y si haces algo con consecuencias negativas para ti no te gustará. Lo aprendí a la mala cuando me rehusé a llevarme el paraguas a la escuela y hubo una tormenta así que me enfermé por no hacerlo, ellos simplemente me cuidaron y no dijeron una palabra. Cuando conocí a Iván estuvieron en total conflicto ya que no conocían a su familia y aunque el les decía que no eran del pueblo pero que no se preocuparan mis padres sentían algo de desconfianza, de todas formas, con el encanto que tenía a las dos semanas se los gano, y cuando despidieron a mi padre de su empleo sin ningún motivo, con cero pesos, él nos traía comida e incluso pagaba nuestros servicios simplemente porque quería y desde entonces le tomaron mucho aprecio. Tal vez demasiado.
Por eso cuando decidí irme y simplemente les dije que había terminado conmigo se rehusaban a aceptarlo me decían que “era una tontería” y “de seguro había una explicación” “que no tomara medidas precipitadas” y me fui peleada con ellos, aunque arreglamos las cosas fácilmente, yo no había querido regresar.
—Necesito cerrar eso —continué, cruzándome de brazos—No he confirmado que iré… ni sé si lo haré.
—Claro que irás —dijo mi mamá, sonriendo como si nada.
—Sí, cariño —apoyó papá—Es lo mejor. Tienes que enfrentarlo.
Suspiré de nuevo, pero esta vez con menos fuerza. Sabía que si les decía querrían que fuese.
Pasamos el resto de la tarde charlando. Les conté historias de la estación, ellos me contaron lo mucho que me habían echado de menos y por un rato… me sentí en casa.
Antes de irme a dormir les pregunté
—Oigan y ¿ahora tenemos piscina? — no había querido sacar el tema, pero era muy extraño, se que tenían su dinero, pero era exagerado —¿de donde han salido tantas cosas? Además ¿una empleada?
— Puees— comenzó mi padre, lo oí quejarse en silencio como si le hubieran dado un golpe
—Eran unos ahorros que teníamos— dijo mamá apresuradamente.
No quise inmiscuirme más en el tema, sin embargo, me fui a la cama con una sensación extraña.








