Capítulo 1
Tras la fiereza de las olas y la tempestad del mar, oculto en las tierras. Se encontraba un tesoro , cuyo conocimiento era ajeno. Pues muchos que escucharon de él buscaron por mar y tierra... Jamás lo encontraron.
Lentamente noches y días transcurrieron. Aquella historia se convirtió en leyenda, los años se esfumaron hasta que cayó en el olvido. Siglos tras siglos pasaron hasta que nuevamente la leyenda renació.
Puras habladurías el pueblo narró, que un pobre y joven mercader el relato siguió y el tesoro encontró. Pero debido a su desdichada suerte aquel mercader por el camino murió; su cadáver la madre naturaleza disolvió, pues su cadáver nunca se encontró. A pesar de los múltiples ruegos de su familia, los dioses nunca escucharon, por lo que el joven solo personificado en las mentes de sus familiares; ni justa sepultura pudieron darle. Con sumo dolor y mostrando el respeto hacia su difunto hijo, tomaron sus pocas pertenencias las cuales fueron enterradas en ese instante su familia un trozo de mapa halló.
Pero con gran frustración y dolor; su madre el trozó tomó y maldiciendo el mismo entre sus manos rompió. Desde ese día, un nuevo rumor se extendió, pues la búsqueda de aquel tesoro. Una madre un sacrificio se llevó y la leyenda negra se volvió, pues una maldición en ella recayó. Año tras año, los trozos que desperdigados estaban.
Finalmente a buenas manos llegó; quién con gran paciencia y meticulosidad los trozos unió y así el mapa al completo listo se encontraba.
— Pero abuela, ¿eso es real?
—Quién sabe cuán verídica puede llegar a ser una historia... A día de hoy no se sabe, muchos han muerto intentando hallarlo, tal vez fue descubierto, tal vez es una invención del pueblo y nunca existió realmente, lo que es cierto es que la veracidad de ella tuvo que nacer de algún lugar.
— ¿Tú crees que existe?
— Da igual lo que yo crea, solo lo que tú sientas.
— Pero abuela, si es algo que no puedo ver con los ojos entonces será de dudosa existencia.
— Querida mía... No todo lo que vean tus ojos es inexistente. Hay veces que aunque tengamos la respuesta justo delante de nuestros ojos, por más claro que nos lo muestren seremos incapaces de verlo, y cuando lo veamos; será demasiado tarde...
— ¿Abuela, a qué te refieres con demasiado tarde?
La abuela sonrió, una sonrisa que siempre le lograba calmar. — A veces para lograr comprender, tenemos que escuchar a nuestro corazón, este logra ver antes que los ojos, pero no siempre lo escuchamos.
— ¿Y si mi corazón no logra ver nada?
— Entonces aún no aprendes a observar... — Susurró la abuela, acariciándole el cabello —. Pero al final lo hará. Todos aprendemos, el corazón también, aunque a veces... No se pueda arreglar. Quizás algún día olvides mis palabras. Pero... Si alguna vez ves una luz donde todos ven oscuridad... No estarás sola porque eso significa que, siempre habrá alguien cuidándote entre las sombras...
Oscuridad, cuando vuelvo a abrir los ojos no logro recordar nada más. Mi niñez en mis recuerdos es fugaz. Como la arena entre mis dedos se desintegra, por ello cuando intento continuar, lo único que logro ver es oscuridad.








