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Amar en Velocidad.

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Summary

Ariana y Dimitri descubrirán que la velocidad no es lo único que les hace latir el corazón y que sus errores tienen consecuencias. Enamorarse de ti, fue como bajar por la montaña en picada.

Genre
Romance,Drama
Author
Paz_PI
Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1.

Cuando Dimi entraba, todos se enteraban.

Porque era un griterío, como ahora. Sus amigos le contaban alguna idiotez y todos alrededor se reían, revoloteaban sobre él, siempre era así. Él era así, el centro de todo.

Diría que las chicas lo miraban disimuladamente, pero no era así. Todos simplemente nos quedábamos viéndolo un poco encantadas.

Saludó al entrar al salón y se puso a conversar con Liro, con la que asumo empezó a salir en las últimas horas. Porque él siempre estaba con una nueva. Karla entró detrás de él de malhumor, batiendo su pelo como si quisiera pegarle con él, o usarlo de lazo para atraparlo.

Dejé de mirar el chisme y me centré en intentar terminar ese dibujo sin arruinarlo.

••

Hubiera preferido no tener que venir a ayudar a la tía a la cafetería, mucho menos tener que cerrarla. ¿Qué más hubiera querido? Pasar mi sábado en la juntada en la ruta, pero así era la vida.

Tiré la basura y apagué todas las luces menos una. No volvería a casa tan temprano, que deprimente. Pero aprovecharía para terminar de dibujar. Si es que podía lograrlo.

Casi media hora después, sentí la puerta abrirse.

Estaba tan en el auge, que me molestó un poco que alguien decidiera interrumpir, cuando claramente estaba cerrado. También conmigo misma por olvidar pasarle la llave.

Vi la hora de refilón, las 2 de la mañana, seriamente…

—Lo siento, está cerrado.

—¿Puedo esconderme?

Mi mirada cruzó la suya y un poco como siempre me dejó congelada. No le contesté nada, así que volvió a repetir la pregunta más lentamente.

—¿Puedo quedarme aquí un rato? No molesto, lo prometo.

Su chaqueta de cuero estaba rota, y se agarraba las costillas, tenía un par de golpes en la cara, era obvio que había estado en una pelea.

—Claro.

Me levanté de mi lugar y me dirigí hacia la puerta, esta vez para asegurarme de cerrarla. Lo miré sentarse en la misma mesa en la que estaba yo, suspiró ruidosamente.

—¿Quieres agua? —Me miró en silencio—. O un batido, puedo hacerte lo que quieras.

Sonrió de lado.

—Pensé que estaba cerrado. No tienes que encender nada por mí. Pretende que no estoy si quieres.

—Estaba tomando chocolate, no limpié esa máquina todavía. Si quieres puedo hacerte uno.

Asintió.

Me fui a prepararle uno. A Dimi. Me muero. A Dimi. Está bien, mejor sábado a la noche de lo que pensé.

Para cuando volví, él estaba revisando mis dibujos.

—Tienes buena mano, en clase de arte siempre haces tremendas cosas, pero esto es otro nivel.

Intenta no cohibirte Ari.

—Gracias. Toma.

—¿Es una elección artística dejarlos sin terminar o…? ¿Qué representa? ¿El vacío de la existencia?

No estaba segura si se burlaba o solo intentaba hacerse el chistoso.

—O la incapacidad de la autora. No logro terminarlo. Cuando lo intento pasa esto…

Le mostré el de más abajo.

Lo miró haciendo una mueca, había destrozado ese dibujo.

—¿Te pasa siempre?

Bueno, nunca pensé tener una charla con Dimitri sobre esto.

—No, sólo cuando intento dibujar eso.

—Es el auto rosa de tu madre, ¿no?

Asentí y me senté enfrente.

—Me pasa lo mismo en los partidos, siempre en el minuto final la empiezo a arruinar.

—¿Por eso siempre te sacan a los últimos cinco minutos?

Sonrió, con la sangre y todo el labio partido.

Y se veía encantador.

Lo que es tener un crush, dudaba que alguna vez no se viera precioso.

—Sí, no pensé que te gustaría tanto el hockey para ir a vernos.

Me hundí de hombros.

—¿Hay algo más para hacer en esta ciudad?

Parecía estar de acuerdo conmigo.

—Somos pésimos —se rió.

—No lo son, bueno. Lo son. Pero tú lo haces bastante bien.

—Gracias por la ayuda.

Miró para fuera.

—Ya que te estoy ayudando tanto, ¿vas a servir a mi curiosidad y decime qué te pasó ahora?

Tomó un trago a la chocolatada. Se veía adorable con esa luz y… ah, quería dibujarlo.

—¿Me haces un retrato?

¿Lo dije en voz alta?

—¿Hum?

—Si me haces un retrato, luego cuando seas famoso, tendré una pintura invaluable.

Me reí.

—Dudo que llegue a tanto.

—No dudes de ti misma, deberías ser tu primera fan.

Sonreí de lado.

—¿Eso te dices a ti mismo cuando te miras al espejo?

Entrecerró los ojos.

—Sí, por eso te pido un retrato.

Negué con la cabeza.

—Claro… Perdón, me colé en tu sábado a la noche e interrumpí tu momento zen místico de artista.

Eso me hacía sentir un poco patética, no tenía otros planes, más que dibujar al chico que me gustaba.

—Está bien. —Cambié a una hoja en blanco—. Empieza a contarme.

Fue muy cómoda toda la noche. Para cuando me fui a acostar, pensé que lo había inventado todo en mi cabeza, como esas historias locas que me hago. Como si fuese sólo una historieta que dibujé.

••

—Toma.

Miré confusa el sobre que me daba.

Ya bastante confuso era que Dimitri me parara en medio de clases para darme algo.

—Mi mamá me hizo limpiar con ella el fin de semana toda la casa. Había muchos, y cuando digo muchos, es infinitos recortes de diarios y fotos viejas de compañeros de la secundaria. Lo iban a tirar. Pensé que te gustaría tenerla.

Era una foto de un auto, en cuestión. Vi la matrícula, era el coche de mi madre. Lo miré impresionada.

—¿De dónde sacaste esto?

—Supe que era el de tu madre apenas lo vi. Era para la revista escolar. Era como el diario de noticias del colegio, no sé, cosas de antes.

Creo que lo amaba ahora.

—Gracias.

Me guiñó el ojo.

—A ti por salvarme el otro día. Y hacerme millonario.

Iba a reírme, pero medio que también iba a llorar. Y él sólo se fue de ahí, como un tornado que acababa de arrasar conmigo.

••

La foto ayudaba mucho para dibujar, sentía que recibía un regalo de mi madre, o alguna cosa así.

—¿Y esa foto? —preguntó mi padre.

—Me la dio Dimitri hoy. La encontró entre las cosas viejas de sus padres.

—Wow… —La tomó en sus manos—. Creo que fue su padre que sacó esta foto, para el periódico, estaba obsesionado con comprarle el auto a tu madre y tenían el capital. Bueno, todos lo estaban. Y con ella también, pero no todos pudieron ganársela.

Me guiñó el ojo, me reí.

—Tu tía me llamó.

Me empecé a quejar.

—Ya sé, pero ¿podrás ayudarla?

Asentí.

—La vida te va a recompensar, Ari.

Se burló.

••

Bueno, la vida de verdad me recompensaba. Porque ahora estaba tomando el pedido de los amigos de Dimitri, y seguro aparecía.

Como si lo hubiera llamado, sus nudillos golpearon la barra a mi lado. Levanté la cabeza, para dejarme engatusar por esos ojazos.

—¿Otra vez por aquí? Qué casualidad.

Me reí.

Apoyó su codo en la barra y era tan él, sentirse tan a gusto con cualquier situación.

—Lo sé, estoy volviéndome una adicta.

—Es el chocolate.

—Es el chocolate —seguí la broma.

—¿Vas a salir después de tu turno o vas a seguir aquí hasta la madrugada?

Me apoyé con los dos brazos en la barra, oí a sus amigos llamarlo.

—No sé, ¿vas a aparecer golpeado otra vez para que te rescate, o puedo irme tranquila?

Sonrió de lado.

—Tentador. Pero no, no planeo venir pidiendo auxilio. La vez pasada perdí porque eran cinco, no lo olvides.

Entrecerré los ojos.

—Estoy segura que cada vez que me lo cuentas agrandas un poco más ese número.

Agrandó su sonrisa y se enderezó.

—¿Cómo vas a dudar así de mí, Ari? Pensé que había confianza para contarte mis más profundos miedos.

Evita parecer una tonta ahora que mi corazón tenía una pequeña y leve arritmia.

—Ajá. Seguro.

—¿Sabes? En clases pareces tímida, no sé si me gusta esta Ari contestona.

—¿Así que no sólo le tienes miedo a cinco chicos sino también a mi boca?

Dios, ¿eso había sonado como pensé que había sonado?

Él se me quedó viendo con mucha… mucha gracia, y ahora sí creo que quedé roja.

Entrecerré los ojos, evité mi muerte social.

—Yo sé que me entendiste.

—Por supuesto, y no, no le tengo miedo a tus respuestas, ni a tu boca. Me entretienes mucho, Ari.

Lo miré mal.

—Tú me entiendes… —continuó la broma yéndose.

Espera, ¿me había coqueteado?

Le llevé sus malteadas y su chocolate. Y lo miré de reojo casi todo el rato que estuvo ahí. Un par de veces también lo noté mirándome.

Para cuando tomé la cuenta final, sus amigos se retiraron y mi felicidad se estaba terminando.

—Oye, Ari… Si te aburres, ¿por qué no vienes a la montaña hoy?

¿Eso era como una invitación invitación, o sólo una mención casual? No estaba segura.

—Cuando cierre ya todo el mundo va a estar allá, y no tengo como bajar.

Bueno, eso había sido una buena excusa, ¿no?

—¿A qué hora sales?

—A la una.

—Te veo a la una entonces.

—¿Eh? —pregunté confundida, él se estaba alejando.

—Te paso a buscar.

••

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