Capítulo 1
La noche se vistió de negro y se llenó de luces lejanas, prometiendo risas y el ruido de la calle que siempre nos llama. Yo, Jimin, era de nuevo el que empujaba, el que decía «vamos, que nadie se enterará», el que rompe las reglas primero... pero también el que se queda atrás para asegurar que todos lleguen bien
Podrían cambiarme por un simple trago, podrían reírse a mis espaldas, y aun así los perdonaría siempre. Porque somos nosotros, desde que éramos pequeños y nos limpiábamos la nariz en el jardín, desde antes de que el mundo nos enseñara que duele y que no
Taehyung... mi Tae, el que lleva el alma pesada y la mirada a veces perdida en rincones que solo él conoce. Es hijo único y creció solo, tanto que me he quedado en su casa semanas enteradas y apenas veo rastro de sus padres
Nunca pregunta si me importa, y yo nunca pregunto por ellos, aprendí hace mucho, hay secretos que no se tocan, hay silencios que hay que abrazar sin hacer ruido y esta noche, justo cuando estábamos por salir, llegó el mensaje
<>. Lo vi bajar la cabeza, sin quejarse apenas, como si estuviera acostumbrado a que el destino le cortara las alas antes de volar. Le apreté el hombro, él me sonrió con los ojos tristes, y se quedó
Y entonces quedamos nosotros dos, yo, y Seokjin. El más triste, el más rebelde, el que lleva el mundo a cuestas sin quejarse. Su padre se fue, se casó con una mujer que él llama «la bruja», llegó una hermana pequeña... y cuando su padre murió de repente, Jin se quedó, sólo
No le fue fácil, no es fácil ser hermano, ser padre, ser escudo, todo a la vez, con tan poca edad y tantas heridas, pero lo hace por ella. La mira y todo lo pesado se vuelve ligero, ella lo mira y entiende sin palabras, así han construido su vida, con sus propias reglas, alejados del daño, protegiéndose el uno al otro
—Solo nosotros dos —dijo Jin, parado en la puerta, con la chaqueta puesta y una media sonrisa que no llegaba a iluminar todo el rostro
—Solo nosotros dos —asentí
Fuimos a la discoteca igual, la música retumbaba en el pecho, las luces giraban, la gente pasaba como sombras rápidas. Jin no soltaba mi mano de vez en cuando, como si temiera que me perdiera entre la multitud; yo me acercaba para que no se sintiera solo, aunque él siempre fuese el fuerte
No era la noche que habíamos planeado, faltaba la risa de Tae, su forma de mirarlo todo con asombro. Pero caminábamos juntos, Jin y yo, y en medio del ruido comprendí algo, la amistad no se mide por cuántos somos, sino por quién se queda cuando los demás no pueden
Jin sonrió de verdad, entonces, por un instante y yo supe, esta noche también nos cuidaremos, igual que siempre. Faltaba uno, pero nadie faltaba del todo
La noche seguía su curso, y en medio del ruido y las luces, una idea me creció en la mente, alterar las cosas, solo por un instante, romper esa calma suya y también la mía
No tenía idea de cuánto me costaría esta noche
—¿Qué te parece si nos alocamos de verdad? —le propuse, Jin me miró extrañado, entre confundido y alerta
—¿Qué se te ocurre ahora? —yo solo sonreí, con esa sonrisa que siempre me sale cuando no sé cómo decir lo que duele
—Perdernos... con alguien que nos haga sentir vivos —dije— Que rompamos esa quietud que llevamos
Jin me miró como si me hubieran salido dos cabezas
—¿Perdiste el juicio, verdad? —preguntó, y una media sonrisa le asomó, nerviosa
—No, nada de eso —respondí, y me tomé mi copa de un trago, sin decir nada más. Lo tomé de la mano y lo llevé hasta el centro de la pista
La música estalló entonces, y empecé a moverme, a dejar que mi cuerpo hablara por mí, como siempre he sido, sin miedo a los extremos, sin pensar demasiado
—Baila, Jin —le dije— Muévete como si esta fuera la última oportunidad que tenemos —una lágrima rodó por su mejilla
—No digas eso, Jimin... —me reí, pero era una risa que se quebraba por dentro
—Es la verdad. No voy a vivir mucho tiempo, Jin
Él se detuvo y me miró, y en sus ojos vi una tristeza inmensa, como si el mundo se le estuviera cayendo encima
Y ese era yo, Park Jimin, con una vida que parecía de ensueño, con una de las fortunas más grandes que existen, con todo lo que muchos desearían... pero como dicen, el dinero no compra la vida. Y esa era mi verdad
Mis padres fallecieron en un accidente cuando tenía diez años, un año después, me detectaron cáncer de médula, llevo todo este tiempo esperando un donante. Todos me dicen que busque soluciones, que recurra al mercado negro... pero eso significaría quitarle la vida a alguien para que yo pueda seguir
Y yo no puedo hacer eso. Prefiero irme solo, sin mancharme las manos con sangre ajena
—Está bien —me dijo Jin, limpiándome una lágrima que ni yo sabía que había soltado— Busquemos a alguien... a quien entregar tu inocencia
—Así suena como si me estuvieras vendiendo —dije, y solté una risa suave
—Vivamos hoy —me dijo, y su voz sonó firme— Sin mirar el mañana, y mucho menos el futuro.Y por primera vez lo vi sonreír con esa chispa traviesa que le había faltado, había encontrado a alguien que le llamaba la atención
—Ve por él, amigo —le dije
Él miró hacia el segundo piso, me besó suavemente la frente, y salió caminando, riendo, con la cabeza alta
—¿Dónde nos vemos? —pregunté
—No me esperes, cariño —respondió, y salió corriendo entre la gente
Me quedé solo entonces, en medio de la pista, con la música rodeándolo todo, sabiendo que esta noche no sería como ninguna otra, y que quizás era la última que compartíamos así
Me quedé solo, tal como Jin me había dicho, y me fui despacio hasta la barra, ne senté en el borde, con la espalda media vuelta a la multitud, y pedí otro trago. No tenía prisa, no tenía mañana, pensé con una sonrisa amarga, y dejé que el licor bajara lento, quemando por dentro todo lo que dolía
Estaba tan perdido en mis pensamientos que no lo vi llegar. De pronto, un hombro chocó contra el mío con fuerza seca; el vaso se volcó, el líquido se derramó sobre mis manos, sobre mi camisa, manchándolo todo
—¡Pero qué...! —empecé a decir, levantando la cabeza, listo para mandarlo al diablo y pedirle que desapareciera de mi vista
Y me quedé sin aire
Frente a mí estaba él. Ojos oscuros, profundos como la noche más cerrada, fijos en mí con una frialdad que no era indiferencia, sino algo mucho más intenso... algo que me recorrió entero y me hizo temblar sin saber por qué
Esos ojos negros me atraparon de golpe y en lugar de enfadarme, sentí que me atrapaba también. Eran exactamente los que no sabía qué buscaba
—Perdón —dijo, y su voz sonó grave, cercana, como si hablara solo para mí. No parecía realmente arrepentido y eso me gustó. Se quedó mirándome de arriba abajo, despacio, recorriendo cada centímetro de mí, sin prisa, sin ocultar nada— No te vi
Yo no aparté la mirada, no pude. Aquel frío en su mirada me había gustado desde el primer instante, como si me reconociera, como si supiera cosas de mí que ni yo mismo había dicho
—No importa —alcancé a murmurar, y mi voz sonó más suave de lo que quería
Él se sentó justo a mi lado, sin dejar de mirarme ni un segundo
—Soy Jeon Jungkook —se presentó, extendiendo la mano con una media sonrisa que apenas suavizó esa frialdad en sus ojos— Y tú eres...
—Park Jimin —respondí, estrechándole la mano y sentí su agarre firme, seguro, como si no tuviera ninguna intención de soltarme
Jungkook asintió, sin dejar de mirarme, y pidió otro trago para los dos
—Entonces, Jimin... —repitió mi nombre despacio, saboreándolo— Déjame compensarte lo que te he derramado
Me sostuvo la mirada y supe, con certeza absoluta, que esta noche ya no era la misma
—Ven conmigo —me dijo Jungkook, inclinándose hacia mí, su voz rozando apenas mi oído— Allí afuera hay demasiado ruido. Conozco un lugar... donde solo estemos tú y yo, zona VIP, nadie nos molestará
Sus palabras cayeron sobre mí como un susurro encendido. Recordé lo que Jin me había dicho antes de irse, Vivamos hoy. Sin mirar el mañana. Y si solo me quedaba esta noche, ¿por qué no entregarla entera?
—Vamos —respondí, y mi voz tembló apenas, pero no de miedo, sino de algo que empezaba a crecerme por dentro
Caminamos juntos entre la gente, él iba un paso delante, y yo lo seguía, sintiendo cómo el aire se volvía más denso, más caliente a su alrededor. En cuanto salimos del bullicio, su mano se posó suavemente sobre mi espalda descubierta
Fue ese instante cuando todo cambió
Sus dedos eran firmes, cálidos, y su contacto recorrió mi piel como una llama que no quema, sino que despierta. Sentí un calor subirme despacio, desde la nuca hasta el pecho, y luego mucho más abajo, un fuego suave que me hizo cerrar los ojos un segundo
Quería acercarme más, querer todo lo que él me pudiera dar, sin detenerme, sin pedir permiso
Y además estaba esa diferencia de altura, él era alto, fuerte, y yo me sentía pequeño junto a él, protegido y a la vez devorado con la mirada. Esa distancia entre nuestros cuerpos, la forma en que tenía que alzar un poco la cabeza para encontrarlo, el modo en que él tenía que inclinarse hacia mí... era un placer que quemaba, dulce y feroz a la vez
Llegamos a la sala privada. En cuanto la puerta se cerró tras nosotros, él se giró y me miró de arriba abajo, y sentí que me desvestía con la mirada, despacio, saboreándome
—Sabía que vendrías —dijo, dando un paso hacia mí, sin apartar la vista ni un instante
—Me dijeron que viva hoy —susurré— Y eso quiero hacer
Jungkook sonrió y esa sonrisa era pura picardía, pura hambre. Me acorraló suavemente contra la pared, sin tocarme aún, dejándome sentir su cercanía, su calor, su respiración entrecortada
—Entonces déjame hacerte sentir todo lo que te mereces —susurró, y sus labios rozaron apenas mi cuello— No te voy a dejar frío, Jimin. No mientras yo esté aquí
Sus manos bajaron por mis brazos, firmes, seguras, y yo me estremecí, buscando su contacto, queriendo pegarme a él hasta desaparecer. No importaba nada más, ni el tiempo, ni la enfermedad, ni el mañana. Solo él, su altura, su calor, esa forma de mirarme como si fuera lo único que existía en el mundo
—Tómalo —le pedí, casi sin voz— Tómalo todo
Y entonces me besó, y sentí que me consumía por completo, y me dejé quemar feliz, porque por primera vez en mucho tiempo me sentí vivo, de verdad vivo









me vas hacer llorar 😭😭