Capítulo 1 - Satzia se cuela en un Hospital. Spoiler: Sale Mal
-Al final lo voy hacer.- dijo Satzia mientras sujetaba su taza de café blanca con rayas negras gruesas.
Como hacían todos los lunes, Satzia había quedado con su mejor amiga Laura a tomar café; o, más bien, Satzia tomaba café y Laura aprovechaba a zamparse la copa de helado ”Misfits” que tenían siempre de promoción ese día. Siempre quedaban ese día, ya que era el día libre que le daban en el trabajo a Satzia y también en el que Laura acababa su turno de mañana en la hamburguesería.
La cafetería en la que se encontraban era pequeña, perfecta para ellas, ya que evitaban los lugares llenos de gente y barullo. Las paredes eran de un beige suave, y ambas chicas estaban sentadas junto a la mesa pegada al ventanal que cubría toda la pared. Las cortinas blancas, atadas en cada extremo con un lazo negro, enmarcaban la luz que entraba desde fuera.
El suelo, de madera clara, combinaba con las sillas de madera gris claro, cuyo respaldo estaba decorado con delicados dibujos de lirios blancos que parecían observarlas. Los cojines, del mismo tono que las paredes, se sujetaban con lazos discretos que añadían un toque personal, casi hogareño. En el centro, la mesa beige completaba aquel pequeño universo de serenidad.
Satzia era una chica de piel clara y cabello oscuro, suelto y liso, con un flequillo recto que enmarcaba su rostro y realzaba sus ojos rasgados, de un verde claro y expresión serena. Ese día vestía una camiseta blanca básica de manga corta, unos tenis a juego y un pantalón vaquero azul muy claro, creando un conjunto sencillo y armonioso.
Laura, en contraste, irradiaba una energía distinta. Llevaba un peto vaquero adornado en el centro con el dibujo de un gato de expresión estresada, acompañado por la frase: “No estoy preparada mentalmente”. En los pies llevaba unos tenis negros con cordones y suela blanca. Su cabello castaño claro estaba recogido en una pinza negra, sin llegar a formar un moño; solo lo doblaba hacia arriba, como una coleta alta improvisada. Sus ojos, de color avellana, redondos y muy expresivos, hacían que cualquier emoción se le notara enseguida.
Cuando Laura estaba a punto de tomar su postre se quedó confundida tras oír a Satzia.
-¿Pero qué es lo que vas hacer?- dijo Laura frunciendo el ceño, mientras intentaba rebuscar en su memoria.
-Lo que te había comentado la semana pasada.-
-¿Y qué era?- peguntó, inclinandose hacia adelante.
Satzia soltó un suspiro; al parecer, su amiga seguía teniendo memoria de Dory.
-Pues que voy intentar hablar con Alberto, el editor.-
Desde pequeña, a Satzia le gustaba escribir historias y, a medida que fue creciendo, tuvo el sueño de que al menos uno de sus libros se publicara. Había comenzado a trabajar en una gran editorial como recepcionista hacía apenas unos meses.
Aunque solo fuera una simple recepcionista que contestaba llamadas y gestionaba correos electrónicos, tenía la esperanza de que, si presentaba un borrador a alguno de los empleados, estos considerarían echarle un vistazo.
Laura se quedo pensando unos minutos, hasta que se dio cuenta de a quién se refería.
-Aaaaah ya lo recuerdo, Alberto el de tu trabajo, el chulito ese que intenta ligar contigo.-
-Alberto siempre liga con todas las chicas de la empresa, pero me interesa llevarme bien con el, ya que es un gran amigo de uno de los del comité de la editorial.-
Hace apenas unos días, Alberto, uno de los empleados de la editorial, se había enterado de su existencia. Aunque Satzia era una persona que se centraba en su trabajo y solo hablaba con los demás cuando era necesario, Alberto empezó a visitarla cada vez que tenía su descanso. La mayoría de las veces era él quien hablaba, cosa que Satzia agradecía, ya que le costaba coger confianza tan rápido. Además, se dio cuenta de que Alberto era ese tipo de persona a la que le encantaba hablar sobre sí misma.
-¿Y crees que de verdad le va a enseñar tu borrador?-
-Es mi sueño y tengo que intentarlo.-
Laura esbozó una sonrisa suave. Antes de que pudieran seguir conversando, el teléfono de Satzia comenzó a sonar. Era un móvil de tapa, de un gris claro adornado con delicados dibujos de orquídeas que rodeaban la carcasa.
-Si. ¿Quién es?-
-Hola.Buenas tardes, soy el director del centro educativo ”Two Piece” ¿Es usted la hermana de Anthony?-
Satzia suspiró con evidente disconformidad, ya imaginándose el motivo de la llamada.
-¿Que hizo ahora?-
-Se ha metido otra vez en una pelea.-
-Voy para allá- Satzia cuelga.
-¿Otra vez tu hermano, no?-
-Sí, me ha llamado el director diciendo que se ha vuelto a meter en una pelea.-
-¿Eso significa que me puedo comer tu trozo de bizcocho?- preguntó Laura, frotándose las manos y con una mirada brillante.
-Nunca cambiarás, si puedes. Nos vemos, otro día.-
Satzia se levanta enfadada y empuja fuertemente la puerta de la cafetería.

Satzia aparca el coche en el aparcamiento del instituto. Un Subaru R2 del 62, pintado de un color amarillo pastel, un pequeño clásico que destacaba entre los demás vehículos, se detuvo justo cuando las primeras gotas empezaron a caer. En cuestión de segundos, la lluvia se desató con fuerza.
-Mierda, hoy tengo el día.-
Para desgracia de Satzia, no había traído su paraguas, así que se apresuró a entrar en el instituto mientras la lluvia seguía cayendo con insistencia. Una vez dentro, no tuvo que avanzar demasiado: al cruzar la puerta, vio a su hermano apoyado contra la pared. Tenía el labio partido y un moratón oscuro rodeándole el ojo izquierdo.
Vestía el uniforme del centro: un pantalón azul marino y un polo blanco de manga corta con el símbolo del instituto, un clavel amarillo bordado en el lado izquierdo del pecho. En los pies llevaba unos zapatos náuticos del mismo color que el polo, con la misma flor amarilla estampada en la parte trasera.
Aunque no debía reírse de la situación, a Satzia siempre le causaba gracia ver a Anthony con el uniforme escolar, ya que, a pesar de que el objetivo del uniforme era transmitir elegancia, a ella le daba la sensación de estar viendo a un niño pequeño travieso al que sus padres habían obligado a vestirse de forma ñoña para un evento.
Además, la semana pasada le había cortado el pelo mientras veía su telenovela “Dijiste que me amabas, pero en realidad amabas a mi gato”. Resulta que el capítulo que estaban echando ese día estaba bastante interesante y, por un descuido suyo, acabó rapándole bastante el pelo a su hermano. Cuando vio lo que había hecho, pensó dos cosas: que al menos no lo había dejado calvo y que ahora se veía todavía más como un adolescente rebelde.
-¿Otra vez? ¿Enserio?- gruñó, sintiendo como su paciencia se escapaba.
-Empezaron ellos.- dijo Anthony, con la voz cargada de indignación.
-¿Sabes que esto te perjudica para entrar a la universidad? Solo quiero asegurarme de que, por culpa de esos idiotas, no pierdas la oportunidad de acceder a la universidad que quieras.-
-Si, lo sé- Dice suspirando.
Antes de que Satzia pudiera seguir hablando, apareció el director. Era un hombre de estatura media que, por su aspecto, rondaba los cincuenta años: su cabello corto, peinado con un ligero flequillo hacia delante, dejaba ver varios mechones plateados. Llevaba unas gafas rectangulares de montura oscura que enmarcaban unos ojos marrones de expresión cansada. Su rostro transmitía el mismo agotamiento, como si la mañana ya hubiera sido demasiado larga para él.
Vestía un traje azul marino perfectamente planchado, acompañado de una camisa blanca impecable y una corbata azul claro con el emblema del instituto estampado. Los zapatos, de piel negra y pulidos hasta brillar, completaban su aspecto meticuloso. En la muñeca llevaba un reloj plateado, sencillo pero claramente de buena calidad; aun así, Satzia podría jurar que aquel reloj costaba más de lo que ella ganaba en un mes de trabajo.
-Pasar un momento a mi despacho, por favor.-
El director hizo un gesto breve con la mano, indicando que cruzaran la puerta. Los hermanos se miraron y se dirigieron juntos al despacho. Dentro, la luz de la tarde entraba por la ventana, tiñendo de un tono cálido la estancia. La mesa, sorprendentemente ordenada, destacaba en medio del caos habitual del centro: papeles apilados con precisión milimétrica y bolígrafos alineados.
Cada uno tomó asiento. Satzia ya preveía la charla que le esperaba. Desde que Anthony empezó en el instituto, nunca había tenido ningún problema. Sin embargo, cuando pasó a tercero, sus nuevos compañeros la tomaron con él.
Primero empezaron metiéndose con él un día en que lo había ido a recoger al instituto y en el que notaron que los dos no tenían el mismo color de piel. Desde ese momento, sus compañeros comenzaron a lanzarle comentarios ofensivos a Anthony, como preguntarle si tenía las respuestas del examen “porque parecía que se le daba muy bien robar” o si realmente Satzia era su hermana y no una empleada de reinserción. La situación fue a peor cuando un profesor soltó, sin querer, que sus padres no habían acudido nunca a ninguna reunión de tutoría.
Satzia realmente estaba cansada de la situación, ya que, por un lado, lo máximo que hacían los profesores era ponerles un negativo al grupo que se metía con su hermano, lo cual solo conseguía hacerlos enfadar y aumentar el acoso hacia él; y, por otro lado, estaba el carácter de su hermano, que, en vez de ignorarlos o avisar a algún adulto, lo resolvía todo con sus puños.
-Bueno, lo primero de todo, su hermano va tener que irse una semana a casa, debido a las recientes peleas.-
-¿Como que una semana?. Eso es demasiado, ¿Por qué siempre es mi hermano el perjudicado, si los que inician la pelea son siempre el mismo grupo de chicos?-
-Eso, Eso.- Dice alzando la voz.
El director le lanzó una mirada a Anthony.
-Como usted ha dicho puede que Anthony no iniciara la pelea, pero si que la continuo.-
Anthony suelta un suspiro de cansancio. Satzia, se levanta de la silla resignada.
-Vámonos. Siento las molestias causadas director me gustaría decirle que no volverá a ocurrir, pero mientras no resuelva el origen del problema no puedo prometer nada.-
Ambos salen del insitituto y se suben al coche. Mientras Satzia conduce de camino a casa, Anthony la mira de reojo esperando algún reproche o que al menos le eche la bronca.Pero Satzia sigue con la mirada enfrente, atenta a la carretera.
En la radio del coche empieza a sonar una canción del famoso grupo ”Spraykids”. Rápidamente Anthony le da mas volumen, Satzia pula el botón para cambiar de canción.
-Eh, ¿Cómo te atreves a quitar a mis ídolos?-
-Esa canción siempre la pones cuando te estas duchando, estoy cansada de escucharla.-
-Es un TEMAZO. Además, tu eres la que siempre pone a la ”Sailor Fit" cada vez que limpiamos nuestra casa.-
-¡No te atrevas a criticar a mi Sailor Fit!-
Mientras los dos discutían por sus gustos musicales, algo inesperado ocurre en la carretera. Un chispazo naranja cruza el asfalto como un latigazo de luz, y en ese instante el coche pierde toda estabilidad. Primero se inclinó apenas unos grados, con una vacilación extraña, casi antinatural, y luego volcó de golpe, como si una fuerza invisible lo hubiera empujado desde abajo.
El cinturón se tensó contra sus torsos, inmovilizándolos, y entonces llegó el impacto contra el suelo, un golpe seco que detuvo el coche de manera abrupta.
La primera en reaccionar fue Satzia. Al abrir los ojos, lo primero que hace es mirar cómo está Anthony. Se da cuenta de que tiene algunos cristales en los brazos. Intenta estirarse hacia él, pero un dolor la detiene; todo su cuerpo se siente adolorido. Satzia agradece que el coche, a pesar de tener sus años, haya activado los airbags.
-¿ERES IDIOTA?-
Satzia, al escuchar el grito, intenta ver de dónde proviene. Sin embargo, debido a que el cristal delantero del coche está roto, solo es capaz de ver dos figuras borrosas. Aun así, por las formas que distingue, piensa que deben tratarse de una chica y un chico.
-Ahj...- Anthony se despierta dolorido, al principio esta calmado pero luego observa todos los cristales que tiene clavado en ambos brazos y entra en pánico.
-¡AHHHHHHHHHHHHHHHH!-
La primera reacción de Satzia es taparle la boca y pedirle que se calme. Todavía no está segura de si esos dos chicos que se están peleando son los responsables del accidente o simplemente personas que han venido a ayudarles.
-Espera, están conscientes, Rosa. -dice una voz masculina.
Ambos hermanos oyen sus palabras mientras intentan esconderse y permanecer callados tras el grito.
De repente Anthony, se da cuenta de que el coche ya no esta y ambos están empapados de pintura amarilla.
-¿En serio? ¿Tu mejor idea para calmarlos ha sido empaparlos de pintura?-
Anthony gira la cabeza hacia el lugar del que proviene la voz. Allí distingue la silueta de dos personas; una de ellas es una chica. Su cabello, de un rubio cobrizo claro, cae hasta la clavícula en un corte preciso, mientras un flequillo espeso le oculta por completo la frente. La forma ascendente de sus ojos marrones oscuros le da una expresión atenta, casi analítica, como si nada escapara a su observación.
Su atuendo es impecable: una blusa blanca de manga larga con puños abultados que se ajustan a las muñecas, un pañuelo de seda blanca que cae en pliegues suaves sobre el pecho y una americana rojo granate que abraza su figura. El pantalón acampanado del mismo tono lleva, en ambas esquinas inferiores, el dibujo de una mariposa blanca de trazos finos. En los pies lleva unas bailarinas de charol con un pequeño tacón cuadrado que brillan con un reflejo limpio y pulido.
-Era eso o dejarlos correr como pollos, mientras gritaban que dos chicos con pintas raras les habían destrozado el coche.-
A la derecha de la chica se encontraba un chico de pelo largo, rubio platino, recogido en una coleta baja de la que escapaban dos mechones finos que caían sobre su rostro. Sus ojos, almendrados y ligeramente redondeados, de un azul profundo, transmitían tranquilidad a pesar de la situación en la que se encontraban.
Su atuendo consistía en una túnica de color azul celeste que le cubría todo el cuerpo hasta el cuello. El tejido, suave y ligeramente brillante, estaba decorado con dibujos intrincados de soles y lunas de color dorado claro, trazados con líneas finas que serpenteaban entre sí como si formaran constelaciones. En su cadera, en el lado izquierdo, llevaba un lazo delgado del mismo tono que los dibujos, que descendía hasta un poco por encima de la rodilla.
En su mano izquierda sujetaba un martillo de mango delgado y metálico; la cabeza, de un azul más oscuro, tenía un acabado pulido. En los pies llevaba botas altas de cuero del mismo color que la túnica, con lineas doradas en los bordes.Las suelas eran ligeras, y el diseño elegante hacía que el calzado pareciera más ceremonial que práctico.
-De todas formas, no habrían llegado muy lejos. Cuando creaste tu Zona Cero para no dejarme escapar, los arrastrastes a ellos también.-
-Bueno, de momento dejaremos nuestra charla pendiente para más tarde- dice el chico, dándose la vuelta hacia los hermanos. Coloca una mano sobre su propio pecho y, con una expresión de orgullo, se presenta.
-Encantado de conoceros.- dijo el chico inclinando ligeramente la cabeza con una sonrisa amable- Mi nombre es Adrián y esta chica con cara de pocos amigos se llama Rosa. - señala a Rosa con un gesto rápido mientras ella cruza los brazos y aparta la mirada- Debido a una pequeña discusión que estábamos teniendo, os hemos causado algunos problemas. ¡Oh! - Adrián alza un dedo, como si acabara de tener una idea brillante-Pero no os preocupéis, tengo una solución para vuestras heridas.-
Satzia y Anthony se quedaron inmóviles. Ambos intercambiaron una mirada rápida, una mezcla de miedo y confusión. El tono despreocupado de Adrián no les tranquilizaba en absoluto; de hecho, lo hacía todo más extraño.
Adrián rebusca en los bolsillos de su túnica y saca dos tiritas de color rosa pálido, cada una con el dibujo de un corazón rosa más oscuro en el centro. Anthony pone una mueca de desagrado.
-Eh...¿Estás bromeando,no?-
Anthony dio un paso atrás de inmediato, como si el simple hecho de estar demasiado cerca pudiera contagiarle la estupidez de lo que estaba viendo.
Haciendo caso omiso de su pregunta, Adrián les coloca a cada uno una tirita en el brazo. Antes de que vuelvan a hablar, ambos se dan cuenta de que sus dolores y heridas han desaparecido.
-¡Tachán! ¿A que mola? Ni siquiera ha pasado un minuto y ya están curadas.-
Adrián hace un gesto de mago cutre, abriendo los brazos de golpe como si estuviera presentando la octava maravilla del mundo.
-¿Cómo...?- preguntó Anthony, como queriendo decir .“Explícame esto porque mi cerebro se ha quedado como cuándo se vio todo Evangelion”.
Mientras Rosa se acerca a ambos, aparta a Adrián con una mano; su gesto deja claro que no está de humor.
-Antes de responder a vuestras dudas, necesito haceros una pregunta.-
Su mano se dirige a uno de sus bolsillos y saca un collar. A primera vista parece sencillo: una cuerda negra básica con el dibujo de una peonía de color ocre en el centro. Anthony lo mira fijamente, intentando recordar si le resulta familiar, mientras se lleva la mano al mentón y gira ligeramente la cabeza.
-¿Es un collar con una flor dibujada? ¿Nos estás preguntando si es nuestro?- Anthony abre los ojos un poco más de lo normal, como si no entendiera la situación.
Antes de que Rosa le responda, Satzia coge el collar suavemente sin permiso y lo observa detenidamente.
-¿Te suena de algo, Satz...?-
Anthony no termina su frase; de repente, ve cómo le caen un par de lágrimas a su hermana. Se acerca rápidamente a ella, preocupado por su reacción.
-¿Qué te pasa? ¿Estás bien?- dice intentando mantener la calma.
-Yo... -Satzia se limpia las lágrimas sin saber muy bien qué ha pasado. Había cogido el collar porque sintió una sensación nostálgica en cuanto lo vio. No sabía el porqué, ya que podía afirmar que era la primera vez en su vida que veía ese collar. Cuando lo observó más de cerca, esa sensación nostálgica pasó a convertirse en una sensación de tristeza y no pudo contener sus lágrimas.
-Suficiente.- Rosa no alzó la voz, pero la firmeza en su tono bastó para que el silencio cayera de inmediato.
Los hermanos fijaron su vista en Rosa, que se había acercado a ellos.
-Necesito que vayamos a un lugar privado. Tengo que haceros varias preguntas.- Su mirada fija se clava en ambos hermanos, inmóvil, sin un solo parpadeo.
-Eh espera, Rosa. Ya les hemos causado muchos problemas. Sé que lo del collar es sospechoso, pero no creo que te sean de mucha ayuda con lo de Ribbon.-
-Me da igual. Está claro que saben algo, por mínimo que sea. Además, has sido tú quien ha causado todo este revuelo.-
Cansado de la situación, Anthony da un paso al frente para plantarles cara a los extraños, pero su hermana lo detiene, sujetándolo del brazo antes de que pueda decir nada.
-Esta bien.-
Anthony la mira, extrañado.
-Eh, eh, ¿Cómo que está bien? Estos idiotas nos han destrozado el coche, casi nos matan, te han hecho llorar...Y ahora nos obligan a responder a sus preguntas, ¿y tú dices «está bien»?- Su voz temblaba entre la rabia y la incredulidad.
-Analizando la situación, creo que es lo mejor que podemos hacer. Esta gente no es normal; han convertido el coche, que todavía estaba terminando de pagar, en pintura. Es cierto que nos habéis curado, pero me duele más haberme quedado sin coche que las heridas que tenía. Además, ese collar....
Tu nombre era Rosa, ¿verdad?-
Rosa, asiente con la cabeza, seria.
-Espero que tengáis un superpoder, como crear un coche de la nada o llevarnos volando hasta nuestra casa.-
-¡Espera! ¿Quieres llevarlos a nuestra casa?-
-La verdad es que no tenemos esa clase de poder. Mi poder se basa en alterar la composición de los objetos y reducirlo a uno de los muchos materiales por los que estan formados y el de Rosa es..-
Rosa le tapa la boca con la mano a Adrián antes de que siga hablando.
-Será mejor que te calles. Acabamos de conocerlos, no sabemos si podemos confiar en ellos..-
-¡Pero bueno, mira quién habla! La que casi nos mata y ahora nos quiere interrogar, después de casi matarnos.-
-¡Anthony! Cálmate. Es mejor, que les hagamos caso a lo que nos pidan; nos acaban de confirmar que tienen poderes extraños. Quién sabe qué podrían hacernos si no colaboramos.-
Tras intentar calmar a su hermano, Satzia se gira hacia Rosa y Adrián.
-Bueno, entonces supongo que tendré que volver a mis viejos días de usar el transporte público. Creo que hay una parada de autobús a diez minutos andando. Vámonos.-

Satzia agradeció que el conductor no hubiera hecho muchas paradas ese día, ya que, aunque habían cogido el bus justo a tiempo, una vez que estuvieron dentro el ambiente le resultaba muy incómodo. Aparte de que estaba comenzando a pensar que no era tan buena idea llevar a dos extraños con poderes a su casa.
Una vez que se bajaron, caminaron unos minutos y, en la distancia, se dio cuenta de que, en la entrada de su casa, Laura estaba apoyada en una de las paredes mirando su móvil.
-¿Qué haces aquí?-
Laura se sobresaltó, levantando la cabeza de su móvil y se giro hacia ella.
-¿Como que que hago aquí? Estaba tranquilamente en casa leyendo mis Fanfics. Cuándo me llega un mensaje de mi mejor amiga diciendo textualmente “Si no te mando un mensaje dentro de veinte minutos, llama a la policía”.-
-La verdad es que, dicho así, no suena muy tranquilizador. Yo también me habría preocupado.-
Ahora Laura mira hacia el desconocido, observándolo de arriba abajo. Cuando está a punto de volver a hablar, se da cuenta de que, aparte de Anthony, también hay otra persona que no conoce. Antes de que le pregunte a Satzia quiénes son, ella le contesta.
-Siento haberte preocupado y haber interrumpido tu lectura, de historias homosexuales. Si te sirve de consuelo, yo también estaba de los nervios hace unos momentos, y te agradezco que hayas venido hasta aquí, pero necesito que te vayas.-
-No, ella también se queda.-dijo Rosa, sin apartar la vista de las dos chicas.
Satzia mira a Rosa con extrañeza. Por un momento piensa replicarle; sin embargo, lo descarta enseguida. Aunque no la conoce mucho y solo han intercambiado unas pocas palabras, ya se puede imaginar que sería totalmente inútil convencerla de que su amiga no tiene nada que ver en este asunto.
-Entremos. Te lo explicare todo adentro.- Se giró hacia la puerta y la abrió, invitándolos a pasar.
La primera en entrar fue Satzia, que dejó las llaves en un cuenco con forma de hoja, blanco y con rayas doradas. La siguiente en entrar fue Laura, que procedió a tirarse en el sofá cama de color azul oscuro. Adrián y Anthony entraron un poco incómodos por la situación. La última en entrar fue Rosa, que se detuvo a mirar el interior de la casa. Desde afuera ya le daba la sensación de que sería una casa muy hogareña, y una vez que entró, lo confirmo. El suelo era de madera, que se encontraba un poco desgastada; las paredes eran de color gris suave. Había algunas estanterías con varios libros y, enfrente del sofá, se encontraba un televisor viejo. A Rosa no le importó; pensó que, a pesar de que luciera bastante antiguo, serviría para lo que quería enseñarles a los tres.
-Adrián, dámelo.-
Adrián dudó por un momento, pensando si era la mejor forma de explicarles la situación a los hermanos y a la chica que se les había unido. Finalmente, sacó el moño de su lazo y se acercó a la televisión; como si fuera un imán, el moño se pegó en la parte de abajo del borde de la tele.
La tele tardó unos segundos en mostrar una imagen. El fondo de la pantalla se volvió de color rosa pastel, y en el centro apareció el dibujo de una mini noria que giraba; debajo, aparecían las palabras “Cargando” en grande, de un tono rosa más fuerte. En uno de los asientos de la noria se podía observar a una especie de mini personaje bicolor, negro y blanco, saludando enérgicamente. Lo que más destacaba de su cara era la forma de su boca: su sonrisa se extendía en una curva imposible, casi de oreja a oreja, y dejaba entrever unos dientes afilados y perfectamente alineados. A Anthony le recordó al gato del libro de Alicia en el País de las Maravillas, libro que odiaba desde que era pequeño.
La pantalla cambió de imagen enseguida y empezó a sonar música de fondo, lo que daba la sensación de que iba a emitirse un anuncio de televisión. La nueva imagen mostraba un cielo azul con algunas nubes rosas y una voz empezó a sonar.
-¿Te levantas por las mañanas, deseando no ir a trabajar? ¿Te sientes solo? ¿Te encantaría comer sin engordar? ¿Tu novio te ha dejado por tu abuela?-
Ahora la imagen pasó a mostrar al mismo mini personaje que habían visto al inicio, pero en proporciones mucho más grandes y, detrás de él, el mismo cielo azul, aunque esta vez adornado con unos arcos de rosas de color rosa. Se encontraba de espaldas y solo se le veía la parte superior del cuerpo.
Al tenerlo tan cerca, pudieron apreciarlo con más detalle y se dieron cuenta de que la forma de su cuerpo era sorprendentemente similar a la de un ser humano, si no fuera porque su cuello y clavícula eran de color negro; su brazo izquierdo, blanco; y su brazo derecho, negro. Su cabeza era blanca, con el pelo largo y ondulado del mismo color, aunque con algunos reflejos negros, y llevaba una diadema con un lazo negro en el lado derecho.
- ¡No te preocupes!-
El personaje se da la vuelta lentamente. Su rostro no tiene rasgos, salvo una boca que se estira en una sonrisa que parece abarcar toda su cara y unos ojos negros y vacíos.
-La maravillosa Ribbon tiene la solución a esos problemas... ¡y a muchos más!. Por el módico precio de la energía que desprenden tus propios sentimientos, la preciosa Ribbon cumplirá cualquier deseo que le pidas. Es muy fácil: solo tienes que ir a la dirección que aparece en pantalla... aunque, si eres una personita muy especial, ¡es muy probable que yo misma me presente en persona!
Luego pide lo que quieras por esa boquita y te lo cumpliré en un segundo. Aparte te regalare, un conjunto monísimo, completamente personalizado... ¡y un arma! Porque, seamos sinceros, ¿Quién no quiere un arma gratis?“. Así que no esperes más, ven cuanto antes a hacer tus sueños realidad.-
La televisión se apaga y los cinco quedan en silencio. Anthony es el primero en romper el silencio.
-¿Que coño acabo de ver?-
Adrian que se había sentado también en el sofá cama, suelta un suspiro llevándose la mano a la frente.
-Sabía que los iba a confundir aún más de lo que ya estaban.-
-Pensé que esto aclararía su duda principal, sobre el destrozo de su coche y la ropa extraña que llevamos puesta.-
Laura levantó la mano desde el sofá-Tengo una pregunta. ¿Porque nos has puesto un anuncio de la teletienda? Es cierto que me gusta mucho el anuncio de la Churrimanguera, pero este ha sido bastante aburrido y sonaba como si fuera una estafa.-
-Créeme, no es ninguna estafa. Aunque Ribbon tenga una personalidad complicada, ella es la única que no nos engaña y piensa en lo mejor para nosotros a la hora de pedir nuestros deseos.-
-¿Eso sigues creyendo? ¿Que esa cosa se preocupa por ti o por los demás?- La mirada de Rosa se clavó en Adrián, firme y afilada, sin necesidad de elevar la voz. Como si intentara que reconsiderara lo que acababa de decir.
Adrián se giró molesto hacia Rosa, con un movimiento brusco que dejó claro que sus palabras le habían tocado un punto sensible.
-Mira no sé que es lo que te habrá dicho Nabi, pero créeme que de los tres. Ella es la única que nos ha dicho siempre la verdad o es que acaso no te acuerdas lo que paso con...-
Rosa se encaró hacia Adrián, molesta, avanzando apenas un paso, lo justo para que él sintiera la distancia romperse.
-Sera mejor que te detengas ahí.-
Rosa no cambió su expresión ni alzó la voz. Permaneció recta e inmóvil, como si su sola postura bastara para advertirle a Adrián que no siguiera adelante con el tema que estaba a punto de sacar.
El ambiente se puso tenso de nuevo y la primera en romper el silencio vuelve a ser Laura.
-Okey, ando perdida con esto. ¿Alguien me lo puede explicar?-
Laura miró a los dos, intentando procesar toda la información que había escuchado y enlazarla con las miles de teorías que se le estaban formando en la cabeza, sin que ninguna terminara de encajar del todo.
Adrián toma asiento en un sillón que se encuentra al lado de la tele-¿Qué pasaría si os dijera que podríais conseguir cualquier cosa que desearais en este mundo?-
Anthony fue el primero en contestarle-Te diría que es imposible o que hay algún tipo de trampa en ello.-
-Bueno, es cierto que no es del todo gratis. Ese ser que habeís visto en la televisión, al que llamamos Ribbon, al igual que otros dos, se dedica a cumplir esos deseos. Sin embargo, a cambio nos piden que les demos la energía de nuestros sentimientos.-
Esta vez habló Satzia- ¿Cuándo dices “la energía de nuestros sentimientos”, a qué te refieres exactamente?-
-Ah no! Yo ya me vi Madoka Magica y sé como acaba esto.-
Los cuatro prosiguen su conversación, ignorando la referencia que acababa de hacer Laura.
-Os pondré un ejemplo simple. Por ejemplo, cuando pedaleamos en una bicicleta, nuestras piernas producen Energía mecánica, que hace que la bicicleta se mueva. Del mismo modo, el simple hecho de comer hace que nuestro cuerpo, al digerir los alimentos, obtenga energía para que podamos movernos.-
Esto mismo pasa cuándo nosotros expresamos algún tipo de emoción: Alegría, tristeza, ira, etc. Ese, es el tipo de energía del que se alimenta Ribbon y los demás.-
-¿Entonces es un intercambio equivalente en el que ellos cumplen nuestro deseo y nosotros a cambio les dejamos que se alimenten de nuestra energía?-
-¿Pero cómo hacen eso? No harán como los vampiros, ¿verdad?-
Laura frunció el ceño y levantó ligeramente las manos, llevándoselas a la cabeza, como si la idea misma la descolocara por completo.
-En realidad, tienen un método bastante cómodo. Dependiendo de a quién le pidas tu deseo, te marcan con algún accesorio o dibujo; por ejemplo: Ribbon usa los lazos, Nabi las mariposas y Coeur los corazones.-
-¿Y no existe la típica trama de que hay que pelear con monstruos o derrotar a un villano?-
-Bueno, no no hay monstruos pero...-
Adrian deja de hablar unos segundos, sin saber como responder a la pregunta de Laura. Rosa suelta una risa y los demás miran hacía ella.
-Si te refieres a si hay que derrotar monstruos con pinchos, como en las películas cutres, no los hay... El enemigo es mucho peor. Dime ¿Qué piensas de la idea de que cualquier ser humano que hay en el mundo pueda cumplir su deseo?.-
En vez de ser Laura quién respondiera su pregunta, la respondió Satzia que también se encontraba sentada.
-Es horrible. Que cualquier ser humano, pueda hacer realidad cualquier pensamiento que se le pasé por la cabeza.-
-Correcto. Sin embargo, también están las personas que consideran que son los únicos a quienes se debería cumplir su deseo.-
-Entonces, ¿estás diciendo que...?-
-Sí...la gente a la que nos tenemos que enfrentar también es gente como nosotros. Al principio, Ribbon me dijo que a la gente solo se le cumplía su deseo y ya, pero que empezó a haber personas que hacían daño o incluso mataban a otros como ellos. Por ese mismo motivo, los tres, independientemente del deseo que pidamos, nos otorgan un poder a cada uno.-
-¿Por eso Rosa y tu estabais peleando?-
-¡No! Eso fue por otro motivo, en realidad Rosa y yo no somos enemigos.-
Rosa interrumpió a Adrián.
-Os resumiré la historia de por qué os estamos explicando todo esto. Hace unos años, mi hermana pequeña pidió su deseo a Ribbon; después de unos meses, ella desapareció. Empecé a buscarla y, tiempo después, pude encontrarme con Ribbon. Cuando le pregunté por ella, me dijo que había muerto.
Al principio la creí, pero luego Nabi apareció ante mí y resulta que me dijo todo lo contrario, que mi hermana seguía viva.-
Los cuatro se quedaron aturdidos ante la declaración de Rosa, sin saber muy bien qué decir. A Anthony le impresionó la naturalidad y la seriedad con la que había hablado de la posible muerte de su hermana, sin apartar la vista de ellos en ningún momento, lo que le hizo pensar que muy probablemente esta chica estaba convencida de que su hermana seguía con vida.
-Sé que lo que nos estás diciendo es muy duro. Pero, ¿Qué pintamos mi hermana y yo en todo esto?-
-En ese tiempo, formaba parte de un grupo en el que uno de los integrantes tenía visiones del futuro. En una de esas visiones, me dijo que había visto a Ribbon muerta, al lado de ese collar.-
Adrián se levanta alterado y se acerca a Rosa.
-¡Eso... es imposible, Rosa!. ¿De verdad Natalia te ha dicho eso?-
Rosa no contesto a la pregunta de Adrián y aparto la mirada hacia un lado.
-Sabes que Natalia nunca se equivoca en sus visiones.-
-Pero aquella vez que fuimos a su jardín. Lo que paso, cuándo intentasteis matarla.-
-¿Entonces habéis intentado matar a esa cosa? Bueno, suena lógico. -Anthony inclina la cabeza ligeramente, ahora su interés en la conversación aumenta- Si el problema está en las personas que piden el deseo, lo lógico sería acabar con quien lo hace realidad.-
-Pero vuestra conversación suena a que no pudisteis con ella y la cosa acabo bastante mal.- dice con cautela Satzia,intentando medir sus palabras.
Adrián coge del brazo a Rosa mientras piensa en cómo puede convencerla de que no involucre a esos tres chicos que acaban de conocer. Pero, cuando Rosa le mira, se da cuenta: su mirada, esos ojos marrones claros llenos de determinación.
Aunque hace dos años que no se ven, Adrián la conoce y sabe que jamás podrá convencerla. Su mente se llena de viejos recuerdos en los que le pedía a Rosa que, por favor, dejara esa búsqueda imposible de su hermana, que intentara pasar página y vivir una vida lo más normal posible.
Lo sabe: a Rosa le da igual cuánto tenga que sacrificar y a quién; no parará hasta cumplir su objetivo.
-Es cierto que la primera visita que le hicimos a Ribbon no salio del todo bien, pero ha habido casos en los que personas han entrado en su jardín y han salido ilesas.
Lo que planeo hacer es lo siguiente: resulta que conozco a un grupo de personas como nosotros que tuvieron un “percance” hace un par de días. Casi todos resultaron heridos y se encuentran descansando en un hospital. Uno de sus miembros pidió su deseo a Ribbon y esta le entregó una pistola a cambio. Esa pistola hace que cada persona que reciba un balazo de ella diga la verdad.-
-¿Estás diciendo que, en vez de ser una pistola que hace daño, hace que la gente sea incapaz de mentir?- Satzia alza las cejas, sorprendida, y se inclina un poco hacia delante, intentando asegurarse de que ha entendido bien.
-Algo así. Funciona de la siguiente manera: el cargador de la pistola tiene capacidad para almacenar seis balas. Cuando disparas a una persona, el lugar en el que impacta la bala muestra un número. Por ejemplo, si aparece un dos, significa que las dos preguntas que le hagas a esa persona las contestará sinceramente. Sin embargo, si aparece el número cuatro, esa persona te dirá la verdad durante el resto de su vida.
Como os he dicho, Ribbon es quien hizo el trato con mi hermana. No sé por qué se habrá inventado esa mentira de que está muerta, pero una cosa es segura: al ser ella quien cumplió su deseo, sabe dónde se encuentra actualmente...-
Anthony que se encontraba sentado en la esquina del sofa interrumpio a Rosa.
-¿Entonces tu intención es colarte en el hospital y robarle la pistola al chico, que debe de estar hecho mierda? Además, ¿puedes usar su arma aunque tú no hayas pedido tu deseo a Ribbon?-
-Hubo una situación en la que tuve que usar un arma de uno de los que hizo el trato con Ribbon, y también en la que comprobe que nuestros ataques son efectivos contra ella.
Continuando con lo que estaba diciendo, resulta que el hospital está muy bien vigilado, aparte de que cuenta con aparatos que detectan a portadores como nosotros. Es ahí donde vosotros dos entráis -dijo, señalando a los dos hermanos.
-¿Estarás bromeando, verdad? ¿Quieres que nosotros te hagamos el trabajo sucio simplemente porque vosotros dos no podéis? Aparte, ¿Crees que es buena idea enviar a gente normal como nosotros a un sitio que seguramente esté lleno de gente con poderes? Nos acabas de decir que esas personas se matan entre ellos.-
-Conozco a la gente que se encuentra dentro del hospital y os puedo asegurar que en caso de que os pillaran no os harían ningún daño.-
Ahora es Satzia quién interrumpe la conversación entre Rosa y Anthony.
-Es una locura, lo que nos pides. No dudo de lo que quieras hacer sea por un buen motivo, pero te acabamos de conocer ¿Cómo sabemos que los que nos dices es verdad y que esa gente no nos hará nada? Lo lamento, pero no vamos a ayudarte.-
Apesar de la negativa de Satzia, Rosa no se inmuta ante sus palabras. Es más suelta una sonrisa seca.
-No te preocupes. Sabía que la curiosidad que os dio el collar, no sería suficiente para que quisierais ayudarme. Tengo un método más efectivo para convenceros.-
Laura que todavía estaba asimilando lo que habían contado los dos desconocidos, gira su mirada a algo que le llama la atención.
-¡ANTHONY!-
De repente, Anthony siente un dolor punzante en el brazo derecho. Al girar la mirada, descubre cómo unos tallos llenos de espinas han brotado y se han enroscado alrededor de su brazo, desgarrando la piel y abriéndole pequeñas heridas de las que empieza a brotar sangre.
-¡AHH! Hija de puta. ¿Que es esto?-
Anthony se queda paralizado, mientras Satzia corre hacia la cocina. Laura se acerca a Rosa, enfadada, y la agarra por la blusa.
-¡TÚ!. Me da igual quién coño seas y que extraño poder tengas, te juro que te golpeare esa bonita cara que tienes sino haces desaparecer esa cosa de su brazo ahora.-
-Yo que tu no haría eso.-
Los tallos se enredan más en el brazo de Anthony y se van acercando a su cuello. Satzia vuelve de la cocina con unas tijeras , se acerca a su hermano e intenta cortar los tallos pero no es capaz. Mientras, Rosa la observa.
-Unas simples tijeras de cocina no te servirán. Además cuánto más intentes desacerte de ellas, más se enredarán.-
-¡AHJ!- El brazo derecho comienza a liberar más sangre y Satzia para de cortar los tallos, mientras deja caer la tijera. Ahora se da cuenta de que fue demasiado ingenua cuándo pensó que estos dos desconocidos no le harían ningun daño a ella, ni a Anthony.
-Está bien, tú ganas. Te ayudaré, pero deja en paz a mi hermano.- Inmediatamente los tallos se aflojan y pasan a estar enredados solamente en la parte de abajo del brazo. Rosa se dirige a la puerta de la casa y la abre.
-De momento lo dejaré estar así, se las quitaré completamente cuándo volvamos con la pistola. Ahora ven con nosotros.-

-Voy contigo.-
-No.-
Ya era la tercera vez que Satzia intentaba convencer a su mejor amiga. Sabía que Laura era terca, pero ahora estaba rozando lo insoportable.
Después de que Rosa la hubiera extorsionado para que la ayudara en su plan, Laura había dicho inmediatamente que la acompañaría, ya que, según sus propias palabras: “No te puedo dejar sola con esa loca. ¿Y si te lanza un ataque de esos y tu cuerpo pasa a ser un colador?”
Mientras Satzia intentaba convencerla de que no se involucrara más en aquella extraña situación, las interrumpió el claxon de una furgoneta. Se trataba de una furgoneta blanca normal, de las que te encuentras perfectamente por la calle. A Satzia le parecía curioso que esa gente se vistiera de forma tan extravagante, pero utilizara medios de transporte normales. Suponía que la furgoneta era propiedad de Adrián, ya que se encontraba en el asiento del conductor y dudaba de que, si la dueña fuera Rosa le hubiera dejado conducir a él.
Ambas se subieron. Satzia se sentó en el asiento del copiloto y Laura en uno de los asientos de atrás, donde también se encontraba Rosa.
-¿Os importa que ponga mi Playlist mientas conduzco?No soporto los anuncios de la radio.-
Ninguna de las tres contestó, por lo que Adrián interpretó su silencio como un sí. Irónicamente, cuando conectó su teléfono, se reprodujo un anuncio de la aplicación de música.

Adrián aparcó en un parking que se encontraba no muy lejos del hospital. Durante el trayecto, Rosa le había explicado cómo se infiltraria en el hospital. Resulta que el chico de la pistola, llamado Uli, tenía como único familiar a una prima lejana que lo visitaba de vez en cuando. Al parecer, cuando lo ingresaron en el hospital, se pusieron en contacto con ella para informarle de la situación de su primo. No le habían dicho cómo había sucedido el incidente, pero sí que había acabado muy malherido, tanto que ni siquiera podía moverse de la camilla. Rosa le había asegurado que Uli tenía tanta morfina en el cuerpo que ni siquiera era capaz de distinguir entre el personal del hospital y las personas que iban a visitarlo. Por eso, el plan consistía en que Satzia se haría pasar por su prima.
Las chicas quisieron preguntar cómo era que Rosa conocía toda esa información, pero se imaginaron que no se lo dirían tan fácilmente.
-Una vez que te dejen pasar los de recepción, te dirigiras a los baños y te colocarás esto en la oreja- Rosa sacó del bolsillo de su chaqueta una especie de estuche que contenía un auricular super pequeño y se lo dio a Satzia.
-Es un mini Walkie. Es un dispositivo que me permitirá escuchar todo lo que ocurra en la habitación y, al mismo tiempo, comunicarme contigo.-
Mientras Rosa le explica, le da la espalda mientras busca en la parte de atrás, el tranmisor que le permitirá hablar con Satzia y unos prismáticos.
-¿Sabes en que sitio tiene guardada la pistola?-
-Por desgracia, mis capacidades de detective tienen un límite. Solo sé que se encuentra en la habitación en la que está ingresado y que, de vez en cuándo, sus compañeros van a vigilar que todo esté correcto.-
Rosa abre la puerta de la furgoneta y ambas bajan, seguidas por Laura, que también baja del vehículo. Con un movimiento firme, Rosa le pone la mano frente al rostro para detenerla.
-Tu te quedas con Adrián.-
-¿¿¿Jah???- Laura mira a Rosa con una expresión de asombro y mal humor.
-Eres terca e impulsiva, una combinación perfecta para que el plan de pasar desapercibidas no funcine. Puede que te haya dejado que nos acompañes, pero no voy a dejar que metas la pata.- Con esas palabras Rosa se da la vuelta y se dirige a la salida del parkin, Satzia le sigue; no le gusta que le haya hablado así a su mejor amiga, pero en el fondo se lo agradece porque de esa forma estará más segura.
Laura se queda con las palabras en la boca, mientras Adrián le da unas palmadas de consuelo en la espalda.

Durante el trayecto, ambas no intercambian ni una palabra. Hasta que Rosa se detiene en la entrada de lo que parece ser un hotel.
-Yo me quedaré aquí, te estare observando desde el techo del edificio. Solo tienes que caminar recto por unos cinco minutos. Después, te encontrarás con dos caminos ve por el de la izquierda y ahí ya verás la entrada del hospital.-
Satzia sigue las indicaciones y pronto llega al hospital. El edificio no era muy grande: tenía dos plantas, la fachada era blanca y gris, con algunas zonas ajardinadas bien cuidadas alrededor de la entrada, y a su derecha había un pequeño aparcamiento. Se acerca a la puerta automática de cristal y, una vez dentro, observa que hay varias personas. A su izquierda, un enfermero y una enfermera conversan junto a una máquina expendedora de café; a su derecha, ve a dos personas sentadas en uno de los bancos blancos de la planta, parecen ser familiares que han venido a visitar a algún paciente. Tras dar un par de pasos, se encuentra en el centro con un mostrador amplio y alargado, de color gris, que tiene en el centro un dibujo de un círculo blanco con la letra I mayúscula del mismo color.
Después de acercarse al mostrador, se acerca un hombre lleva una camisa formal color azul marino claro y unos pantalones grises con un cinturón formal. Su pelo era corto, con rizos definidos en la parte superior y los laterales y la nuca más rapados.
-Buenas tardes. Soy Paola Costelo, he venido a ver a Uli Greco.-
El hombre ni siquiera le devuelve el saludo y pasa a revisar la pantalla del ordenador.
-Habitación número cuatro, primera planta.-
Se dirige primero a los baños y se coloca el auricular; luego sube las escaleras y se dirige a la habitación. Se da cuenta de que la puerta está abierta y escucha un par de voces: una voz femenina chillona y otra más seca y masculina.
Adrián ya le había contado, de camino a su casa, que la razón por la que podían ver sus vestimentas raras era que su hermano y ella habían tenido contacto con su Zona Zero, razón por la cual la gente que iba en el autobús no se les había quedado mirando, ya que según Adrián ellos les veían con ropa normal.
Fue por ello que no se sorprendió cuando se acercó al marco de la puerta. En el interior de la habitación se encontraba una chica sentada encima de un chico. Llevaba un vestido muy típico de las series de anime que veía Laura: la parte inferior consistía en una falda con varias capas de color blanco y rosa pastel, mientras que la parte superior era ajustada. Sobre el torso llevaba un corsé blanco con cordones rosas que formaban un lazo en la parte inferior; por debajo, una blusa también ajustada del mismo color, con volantes blancos alrededor de los hombros. En el cuello llevaba una gargantilla de tela blanca, ceñida, con un panel de tela rosa y, en el centro, un pequeño lazo del mismo color. En las manos llevaba unos guantes blancos de encaje, con unos pequeños lazos rosas en la parte de la muñeca.Sus zapatos eran también del mismo color, con un tacón cuadrado no muy alto. Las tiras estaban entrelazadas entre sí y, en la parte de atrás, formaban otro lazo.
Su aspecto iba muy acorde con su vestimenta: tenía una cara aniñada, ojos verdes y un peinado formado por dos coletas altas, cada una decorada con un lazo, el pelo le llegaba hasta la clavícula, además de un flequillo medio abierto de color marrón claro.
El chico era todo lo opuesto a la vestimenta de la chica. Era bastante musculoso y llevaba unos pantalones negros ajustados, de los que colgaban varias cadenas de metal a ambos lados, junto con unas botas negras con varias hebillas. La parte de arriba consistía únicamente en dos tiras en forma de X que se sujetaban en el centro con una hebilla de metal en forma de corazón, también pudo comprobar que tenía varias cicatrices en los brazos y en el torso. Satzia pensó que menos mal que el resto de la gente del hospital lo veía como si vistiera ropa normal, ya que dudaba que le hubieran dejado entrar así.
Su pelo era de un color violeta rojizo. Lo llevaba corto en los laterales y la nuca, con un largo moderado en la parte superior peinado hacia atrás. Sus ojos eran de un azul oscuro, y los rasgos de su cara estaban bastante marcados. En las orejas llevaba algunos piercings de color gris.
Enfrente de ella se encontraba una chica sentada en una silla blanca, llevaba una especie de traje de oficina... ¿quemado? Vestía un chaleco de manga corta de color verde oscuro, con unos botones en forma de mariposa, de un color dorado oscuro. Los bordes del chaleco estaban quemados. Debajo llevaba una camisa blanca cuyos bordes de las mangas también estaban quemados, adquiriendo un tono negro. El pie del cuello de la camisa presentaba la misma característica. Los pantalones eran del mismo color que el chaleco y, como calzado, llevaba unas bailarinas blancas.
Su pelo era de un rubio oscuro, recogido en un moño bajo que estaría perfectamente peinado si no fuera porque lo tenía bastante encrespado. Sus ojos eran marrones; se le notaba un poco que tenía ojeras, y su rostro era redondo, con una mandíbula suave. En las manos sostenía un teléfono en el que escribía a toda prisa.
-Eih, Daden, deja respirar al probe teléfono. Lo vas acabar rompiendo de tanto que tecleas.-dijo el chico con voz seria, sin necesidad de alzar el tono, mientras la chica sentada sobre sus piernas movía los pies al ritmo de la canción que tarareaba.
-Lo siento, chicos, pero mi jefa me acaba de decir que todavía no envíe los informes al departamento de producción y todavía tengo que preparar la entrevista con el cliente y tengo que modificar el informe de resolucion, y....-
La otra chica se levanta de las piernas del chico y camina junto a la chica del teléfono. Cuando se acerca a ella, se agacha y coloca sus manos sobre sus hombros.
-Cálmate, Daden. Ahora mismo no vas a poder hacer mucho estando aquí. Es mejor que te despejes y pienses en ello más tarde. Además... -la chica gira la cabeza hacia una camilla que está tapada con una cortina- A Uli no le conviene este tipo de ambiente para que se recupere.-
Por un momento parece que la voz suave de la chica y sus palabras la hacen relajarse. Pero luego se levanta con el ceño fruncido, señalando con un dedo a la pareja.
-¡Mira quién fue a hablar! Vale que yo viva estresada, pero vosotros dos, par de tortolitos, habéis estado todo el tiempo pegados como si os hubieran puesto pegamento.-
Ahora es el chico quien se levanta de la silla y se dirige hacia Daden, lanzándole una mirada retadora mientras cruza los brazos y muestra una risa cínica.
-Vaya ¿Acaso eso que oigo son celos?.-
-¿¡Celos!? ¿Por qué demonios tendría celos? Ya ando estresada por mi trabajo, lo último que necesito es añadir dramas de pareja a mi vida.-
-¿Es que acaso no quieres un hombre que te ame tanto como me ama a mí mi “Bad Boy”?- dice la chica del vestido, poniendo ojitos brillantes y colocando ambas manos sobre su corazón.
El chico imita exactamente el mismo gesto y la misma mirada que ella. -¿O una mujer que te ame tanto como me ama a mí mi “Magical Girl”?-
Dande pone una cara de puro asco mientras la pareja repite el mismo movimiento, esta vez acercándose el uno al otro y poniendo morritos de forma exagerada, acercándose para darse un besito.
Debido a la pequeña broma que le estaban haciendo a Daden, Satzia no puede evitar soltar una risa suave. Esto hace que los tres miren hacia ella, dándose cuenta de su presencia. Satzia reacciona a las repentinas miradas que se dirigen hacía ella y, antes de hablar, repasa mentalmente cómo debería presentarse y las posibles preguntas que podrían hacerle.
-Perdonar, no quería interrumpiros. Soy Paola, la prima de Uli. Ayer recibí una llamada diciendo que estaba hospitalizado aquí.- Satzia reza mentalmente para que su frase haya sonado lo más natural posible, sin ningún detalle que pueda despertar sospechas.
La “Magical Girl” mostró una expresión de sorpresa, como si se hubiera acordado de algo.
-Ah, es verdad. Rodri nos dijo que te llamó ayer. Dijo que lo más probable es que llegarías en dos días.-
-Por suerte he podido llegar antes. ¿Como esta mi primo?.-
La “Magical Girl” muestra ahora una expresión triste y agacha la cabeza, mientras Daden aparta la mirada hacia un lado. El único que responde a su pregunta es el chico.
-Te seremos sinceros: no sé cuánto te habrá contado Rodri, pero está muy mal. Muy pocas veces nos habla y, cuando lo hace, normalmente es para pedirnos agua. No sabemos si siquiera es capaz de reconocernos cuando le hablamos... En cuanto a lo que dicen los médicos, comentan que sus heridas son muy graves y que es muy difícil que llegue a recuperarse del todo.-
Satzia se sorprendió. Es cierto que Rosa le había dicho que el chico estaba gravemente herido, pero no imaginaba que fuera hasta tal punto, que ni los médicos sabían si llegaría a recuperarse.
-¿Puedo verle?.-
-Eh...claro.-asintió despacio, dejando claro que no estaba del todo convencido.
El chico se aparta a un lado para que Satzia pueda acercarse. Abre la cortina y se impresiona por lo que ve. Uli esta vendado de pies a cabeza, salvo por la zona del ojo derecho. Llevaba una máscara de aire conectada a una máquina y, en el brazo derecho, tenía un tubo que iba unido a los típicos goteros de los hospitales. Aunque la manta le cubría la parte inferior del cuerpo, Satzia pudo distinguir por la forma que al chico le faltaba una pierna, concretamente la izquierda. Pensó que seguramente habían sido sus amigos quienes se la habían colocado, para evitar que la verdadera Paola se preocupara aún más por su primo.
-¿Qué le ha pasado?-la voz le salió más baja de lo que esperaba, casi como si no quisiera saberlo.
-Los cinco habíamos quedado para ir a cenar. Cuando llegamos al local, uno de los ventiladores del techo se cayó, y justo debajo estaba Uli sentado.-
Satzia pensó que era la peor mentira que había escuchado. Le recordó, cuando Anthony y ella eran pequeños y se comían las galletas que eran solo para la merienda a escondidas. Cuando su madre los pillaba infraganti, se inventaban la excusa de que no habían sido ellos, sino que había ratones por la casa.
-Qué mala suerte.-
El ambiente quedó en silencio durante unos minutos, hasta que la chica llamada Daden habló.
-Por cierto no nos hemos presentado somos amigos de Uli. Mi nombre es Daden, el es James y ella Sara. El chico con quién hablaste por teléfono se llama Rodri, vendrá más tarde.-
-Encantada de conoceros. Me alegra que mi primo tenga unos amigos que se preocupen tanto por él.- dijo Satzia, mientras le dedicaba una sonrisa y mirada suave a los tres.
Los chicos se avergüenzan un poco por el comentario de Satzia. Es entonces cuando el móvil de Daden suena. Se dispone a cogerlo, pero Sara le arrebata el teléfono de las manos.
-Ya esta bien. Llevas así toda la mañana, ya te hemos dicho que mientras estés aquí no atiendas cosas del trabajo- Sara se acerca a uno de los ventales que tiene la habitación, abre la ventana y lanza el móvil de Daden.
-AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH. ¿QUE HAS HECHO PEDAZO DE LOCA?. MI JEFA ME VA A MATAR.- gritó Daden, mientras se inclinaba por la ventana, buscando con desesperación el punto exacto donde su móvil había desaparecido en la caída.
-Vosotras dos sois muy ruidosas. Callaos antes de que venga el personal del hospital a llamarnos la atención. Perdona, Paola, nos vamos; seguramente quieras estar un momento a solas con él y no con unos escandalosos como nosotros.-
James empuja a ambas chicas fuera de la habitación, mientras Satzia les da las gracias.
Satzia espera unos segundos hasta que las voces de los chicos dejan de oírse. La habitación no es muy grande, así que debería encontrar la pistola pronto. Revisa primero el armario, pero solo ve unas pocas prendas que deben de ser de Uli. Mira debajo de las sillas y tampoco encuentra nada. Luego prueba en el baño, incluso levanta la tapa del inodoro para asegurarse.
-¿Seguro que está por aquí? ¿No la habran escondido en otro lado?.-
-Tiene que estar en la habitación, sigue buscando.- retumbó la voz de Rosa en el auricular, dejando claro que no aceptaba excusas.
Satzia rueda los ojos mientras camina por la habitación y habla con Rosa. Cuando mira hacia la camilla, de repente se le ocurre una idea: ¿y si la pistola todavía la tiene Uli? Se acerca y vuelve a mirar a Uli; intenta acercar la mano hacia la manta, pero el pudor no la deja. Satzia se agacha en cuclillas, apoyando las manos en el barrote de la camilla, y suelta aire para intentar tranquilizarse. Es entonces cuando levanta un poco la cabeza y ve que, en la parte inferior de la camilla, hay pegada con lo que parece ser celo una pistola azul con rayas blancas verticales en el cañón. La empuñadura es roja, con una flecha azul dibujada que apunta hacia abajo y con bordes blancos.
-Te encontré.-








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