Capítulo 1: La sombra de la falsa lealtad
Capítulo 1: La sombra de la falsa lealtad
Hay silencios que no otorgan, silencios que queman. Durante cuatro años de mi vida, me convertí en una experta en sonreír mientras por dentro me caía a pedazos. Aprendí a dominar, casi a la perfección, el doloroso arte de disimular.
Disimulaba cada vez que Mateo entraba a la habitación y el pulso se me aceleraba sin control. Disimulaba cuando nuestros hombros se rozaban por casualidad al estudiar juntos y él continuaba riendo, completamente ciego al amor que yo le guardaba en secreto desde que éramos unos niños. Pero, sobre todo, disimulaba el vacío helado en el estómago cada vez que Valeria entraba en escena.
Valeria era mi “mejor amiga”. La misma que en mi propia casa se transformaba en la hija ideal que mis padres siempre soñaron.
—Mira a Valeria, tan educada, tan atenta... ¿Por qué no tratas de parecerte un poco más a ella? —me decía mi mamá con frecuencia, colocándola en un pedestal invisible mientras yo tragaba saliva y bajaba la mirada.
Nadie veía lo que ocurría cuando las paredes se cerraban y quedábamos solo las dos. Valeria conocía cada uno de mis miedos, mis inseguridades y, peor aún, mi secreto más sagrado: sabía que yo amaba a Mateo en silencio. Y fue precisamente por eso que fijó sus ojos en él. No porque le interesara su alma o su risa, sino por el perverso placer de arrebatarme lo único que mi corazón anhelaba.
—Mateo me invitó a salir —me soltó una tarde con una sonrisa fingidamente apenada, clavando sus ojos en los míos para disfrutar cada segundo de mi reacción—. Espero que no te moleste, amiga... al final, ustedes solo son como hermanos, ¿verdad?
Esa noche, sentada a la mesa familiar mientras mis padres brindaban entusiasmados por “la hermosa pareja” que hacían Valeria y Mateo, comprendí el verdadero significado de la soledad. Me obligué a masticar, a sonreír y a decir que me alegraba por ellos, mientras sentía cómo me desangraba por dentro en medio del aplauso de mi propia familia.
Lo que ningunos de ellos sospechaba era que el dolor tiene un límite, y que a veces hay que tocar el fondo más oscuro para encontrar la fuerza de no volver a callar jamás.








![Fated to My Ex- Best Friend [Moving to Galatea]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_49edb1dbf9a28b50b9c4d68d8598359b.jpg)