Capítulo 1
ALADDÍN
El frío del agua del lavabo me ardía en las heridas recientes. Sabía que al meterme en esa puta pelea de bandas no era buena idea, ¿pero cuando has hecho caso a tu cerebro Al? Nunca, ni siquiera cuando querías defender a tu madre en aquel juicio. Mis manos arden cada vez que las acerco al agua, aprieto los dientes para aguantar el dolor, tampoco era la mayor herida del mundo, había tenido peores, pero joder, cómo escocía.
Como me habían enseñado, me curé las heridas con desinfectantes y me vendé ambas manos, gracias a Dios los dedos seguían intactos. Para cuando salí del baño tenía como veinte llamadas perdidas de mi jefe. Joder, justo lo que necesitaba. Tener a ese gordo y amargado jodiendome la noche, seguramente querría darme la lata sobre, ¿por qué había hecho eso? O ¿Sabés cuánto dinero he perdido por ti, chico,? Yo te hice quien eras, bla, bla, bla. Sabía que no devolverle las llamadas podía ser aún peor que escuchar su enfado al otro lado de la línea. Así que a regañadientes, tuve que coger mi teléfono y descolgar. Al segundo timbre, ya me dió la llamada.
–¿Y ahora qué pasa viejo? ¿Necesita que le vaya a leer cuentos? ¿O me va a regañar como hace con sus nietos? –
–Muy gracioso, ya hablaremos más tarde de la escenita, tengo un trabajo para ti chico–
Me senté en el sofá de cuero negro que ocupaba la mitad del salón soltando una carcajada baja.
–¿Tengo que deshacerme de algún pez gordo porque tu habilidad física está baja? –
–Vete al diablo, sabes que hago yoga dos veces por semana con la señorita Khali–
Volví a soltar una carcajada.
–Escúchame chico, si me hacés este trabajito, nuestra deuda podría quedar saldada y ya no tendrías que volver a trabajar para mí, serías libre–
–¿Y qué, será deshacerme de otro pez gordo que va detrás de tus negocios? –
–En este caso….no será deshacerte, sino….retener– dijo el viejo y aunque no le viera la cara, sabía que una sonrisa un tanto siniestra se había puesto en su cara, eso me dio un escalofrío que me recorrió toda la espina dorsal–Quiero que retengas a la niña mimada del tal “Él Sultán” durante unos 475 días hasta que pueda volver y encargarme por mi cuenta.
Casi solté una risa otra vez, pero está más sonora. Yo no era un canguro para estar soportando a una niñata mimada que lloraba porque se le arruinó su vestido favorito o se rompió una uña.
–Viejo, ¿ya me estás degradando a tener que cuidar de una princesita mimada? Sabés que no aguanto a las ricachuelas que se creen mejor que nosotros–
–Por eso mismo Al eres el mejor para el trabajo–
–Ni en broma, no pienso aguantar a una niñita mimada que llora por cualquier tontería. Olvídate viejo–
–¿Entonces no quieres tu libertad? –
Mierda, el viejo sabé jugar bien sus cartas conmigo. Por una parte obvio que quería mi libertad y dejar de lado esta vida, poder centrarme en mí, pero no quería tener que depender de una niñita de papá rica y consentida. Joder, al final a regañadientes, dije que sí. Noté como la sonrisa del viejo sé ensanchaba a través del teléfono.
–Te paso una foto para que la puedas reconocer, y chico, falla y no será su vida la única que acabe ese día–
Entonces el viejo cortó la llamada y mi cabeza empezó a hacer lo propio, basicámente decirme que soy idiota, que porqué tengo que hacerlo, que podría irme a tomar por culo, dejar esta ciudad corrupta y empezar de 0 en otro lugar donde no me conozcan.
Pero siento que uno siempre se queda donde proviene aunque este sea un mundo de mierda porque siente que algo le espera.








