Introducción
Las primeras veces se pueden llegar a ser torpes, indecisos con lo que queremos y la incertidumbre es palpable. Eso mismo le pasó a Flavio cuando despertó en su salón de clase y su compañero, Hermenegildo, hacía en la esquina agonizando. Había ocurrido una balacera, ambos lograron esconderse en el salón, en algún momento se desmayó y cuando se despertó lo encontró en ese estado.
Torpe al no detener la hemorragia, indecisos de si era necesario salvarlo pues era su acosador y la incertidumbre de las consecuencias. Podía decir que fueron atacados y terminaron así, o que ya lo tenía harto y lo lanzó hacia el atacante, cualquiera de los 2 si o si le va a perjudicar pues Hermenegildo era hijo de un riquillo del pueblo, el simple hecho de estar en ese lugar es una condena asegurada.
Escucha sirenas afuera, no había tiempo, debía esconderse o fingir estar inconsciente, opta por la segunda. Se tira boca abajo y con el corazón acelerado, espera el estruendo y reclamo de la policía al ingresar.
─Entonces admites que no hiciste nada para salvar a Hermenegildo.
─... ¿Le tengo que repetir que sus tripas estaban afuera? Es más, ¿Que se supone que debía hacer un morro de 15 con una escena así?
─Ser sensato y rendirse con la policía, no hacer un reclamo y no declararte como enfermo mental cuando eres el culpable.
─Quien me declaro de esa forma fue usted, mi querida directora del Centro Psiquiátrico.
Han pasado 10 años desde el incidente y lo trasladaron para mantenerlo prisionero de manera más accesible debido a que en su historial médico aparece que tiene episodios de amnesia desde los 8 años. El Centro Psiquiátrico de la ciudad le fue sentenciado por estar ''involucrado'' por su compañero de clase Hermenegildo Castorena de 16 años. La escuela estaba bajo ataque por un grupo apodado ''Los Descarriados'', los alumnos fueron evacuados, a excepción de un pequeño grupo, el cual estaban golpeando a Flavio en el gimnasio.
El cayó inconsciente, aunque pasaron años no entiende como es que llegó a aquel salón.








