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Herederos de las estrellas

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Summary

*Es un experimento, veré si lo continúo (o si me acuerdo de hacerlo)* *** La humanidad nunca fue tan grande como las otras razas. Ni siquiera eran considerados competencia, solo eran estorbos. Cuando las dimensiones de los otros mundos se conectaron con la tierra, la raza humana perdió miserablemente. No podían competir con las habilidades de ellos; apenas comenzaban a adaptarse al nuevo mundo que los rodeaba. Como consecuencia, terminaron aislados en su propio mundo, presas de su debilidad. Sin embargo, la historia siempre ha estado llena de sucesos inesperados. No fueron grandes en su nacimiento, eran casi como cualquier otro humano, pero esos cinco chicos tenían algo que los caracterizaba: el deseo de llevar a la humanidad más lejos de lo que habían imaginado, y tomar aquello que se les había prometido hace mucho tiempo. Más pronto que tarde, sus hazañas fueron grabadas en la historia. Fue así que se embarcaron en un viaje para reclamar lo que por derecho, era suyo. Y aunque su viaje fuera duro, ellos no pararían, porque el indomable espíritu humano siempre los llevaría a superarse una y otra vez.

Genre
Fantasy
Author
Xncros
Status
3h ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Diez noches de silencio

Dentro de una choza en medio de la nada (nadie sabe por qué), un grupo de jóvenes salió. Quizá a jugar, quizá para charlar, no importaba mucho.

—Oye, Hoo Lee Sheet, ¿qué quieres ser cuando seas grande? —dijo el de complexión robusta.

—¿Yo? Por supuesto que seré quien lleve a la humanidad a la gloria, nadie más —respondió Sheet, el de complexión delgada, con bastante arrogancia.

—Pero ni un alma viene a este páramo verde, no creo que sea posible —replicó el panzón con ironía.

—Ja, eso es lo que tú crees, Tarlan. Ya verás cómo este lugar se llenará de gente por mi presencia —clamó Sheet, llevando el puño cerrado hacia su corazón—. ¿Y tú, Atrél?

El joven robusto se rascó el mentón, pensativo por su sueño al crecer, pero más que nada, recordando el porqué seguía aquí, en este lugar tan vacío.

—Supongo que solo quiero ganar dinero… y estar con ustedes, porque son increíbles. Es agradable verlos y nunca me canso de sus actitudes.

Tarlan soltó una pequeña lágrima. Su corazón se quedó como gelatina por el comentario, ya que siempre había sido susceptible a la adulación, los elogios y los sentimientos amorosos o cariñosos.

—Eso fue muy raro, no vuelvas a decir algo así —reclamó Sheet, quien señaló a Atrél y frunció exageradamente el ceño, como si hubiera sido testigo de algo denigrante—. Yo no soy increíble, soy absolutamente increíble, no me rebajes al nivel de ese panzón.

—¡Oye, ya empecé a hacer ejercicio! ¡En unos meses me veré mejor que tú! —bufó Tarlan, apretando los puños.

—¿Apenas ahora? Muy tarde, hermano. Me parece que solo podrás ver cómo yo alcanzo la cima y tú te arrastras por el barro —carcajeó tal cual un villano de una película infantil. Atrél se cruzó de brazos, observando la misma discusión por decimotercera vez esta semana. Tomó una bocanada de aire y la expulsó lo suficientemente fuerte como para que ambos la notaran.

—Oye, ¿y yo qué? Yo también estoy aquí.

—Tú no cuentas, usas hacks —reprochó Sheet, mirándolo de reojo.

—Oye, pero si seguimos así, volveremos a la casa, volveremos a salir mañana y pasará lo mismo otra vez —comentó Tarlan, algo inseguro de si debía decirlo.

Sheet lo miró como un depredador, pero por más que quiso decirle algo, no encontró ningún argumento a su favor. Chasqueó la lengua y respiró profundo para decirlo claramente.

—Tienes razón. Ya llevamos más de un mes intentándolo y siempre caemos en lo mismo. Necesitamos un plan, y rápido, porque no me gusta perder el tiempo que podría usar para construir mi fama.

—¿Qué tal dejar de ser tan ególatra? Si sales al mundo exterior con esa actitud, estoy seguro de que más de uno terminará dándote un buen golpe —masculló Atrél.

—¡Jamás! Ser así me ha llevado a ser lo que soy ahora, ¡un…!

—¿Un fracasado, quizás? No creo que alguien exitoso viva en una choza de madera en medio de la nada, y parezca que está por caer en coma por inanición —interrumpió Tarlan, con un tono burlón.

Sheet se petrificó. Un ardor subió de las piernas hasta su cabeza, al punto que parecía echar humo.

—¿Fracasado…? ¿De verdad me dijiste fracasado…? ¿¡Fracasado!?

Se acercó a Tarlan con pasos deliberadamente pesados. Sus dientes crujían como palomitas.

—¡El fracasado aquí eres tú! Apenas decidiste hacer algo por ti, mientras que yo ya he planeado toda mi vida. ¡Parece que tu cerebro no creció como lo hizo tu barriga!

—Al menos yo lo admito, pero tú no toleras que te digan la verdad.

—¿Ah, sí? ¿Como qué verdades? —musitó entre dientes.

—¡Ya cálmense, idiotas! ¿Quieren que les dé una paliza? —gritó Atrél, tronando sus nudillos.

Ambos adoptaron el estilo de una estatua y no dijeron nada. Regresaron a la normalidad en cuestión de segundos y después por fin tuvieron un respiro para poder planear su expedición.

El plan era simple: salir a explorar el bosque de la luna escarlata y cazar aunque fuera un solo monstruo. El único problema que tenían los tres chiflados era que no tenían ningún arma decente para luchar prolongadamente, así que estaban planeando usar el conocimiento de Tarlan para construir una trampa útil.

—Bien, mientras Tarlan hace lo suyo, hay que discutir cómo atraeremos a la bestia y qué tipo será —dijo Atrél, mientras miraba el mapa que tenían en la casa.

—Eso es muy fácil. Simplemente me pongo enfrente de ella y le planto cara. Podría darme unos problemas, pero nada que yo no pueda manejar —sugirió Sheet con orgullo por su fuerza.

—Sí, sí, lo que tú digas, tú puedes con él, solo no llores si terminas herido.

—Entonces yo voy a construir la trampa, mientras que tú y Sheet se encargarán de buscar la bestia y traerla. Sheet creará una pequeña ilusión y el monstruo caerá en el círculo mágico. Creo que un lobo carmesí estará bien, ya que son los más pequeños que podemos cazar. En caso de emergencia, Sheet usará su magia para retenerlo; y tú, Atrél, defenderás mi posición mientras ajusto la trampa para que Sheet pueda ejecutar un conjuro de fuego concentrado —concluyó Tarlan.

—Debo admitir que, aunque no seas tan grandioso como yo, tienes capacidad para hacer planes, hermano —añadió Sheet.

Tarlan se ruborizó un poco por el reconocimiento. Recogió el mapa y los objetos que iban a usar.

—Bueno, estudié mucho estos temas. Sé muy bien lo que hay que hacer.

—Con que eso es lo que leías tanto en las librerías del reino —comprendió Atrél.

Después de haber concretado su plan, los tres se dirigieron al bosque de la luna escarlata, que estaba a unos cuantos kilómetros.

—Tarlan, repite lo que tenemos que hacer —habló Sheet.

—Tú y Atrél se dedicarán a buscar y atraer al lobo carmesí. Recuerden que aquí es muy peligroso; no se adentren mucho o terminarán perdiendo la orientación.

El bosque de la luna escarlata era aterrador. Ir por la mañana era la mejor opción, ya que solo se encontrarían bestias de bajo rango; por la noche, sería casi imposible salir: los monstruos más temibles merodeaban toda la zona; la luna dentro del bosque se tiznaba de rojo y el lugar era tenuemente iluminado de un color carmesí, el cual dificultaba la visión.

Mientras caminaban entre los árboles, Tarlan buscó el terreno perfecto para un plan de emergencia.

—Bien, creo que este es un buen sitio para hacer el círculo, ¿no? —preguntó Atrél, volteando hacia Tarlan.

Él no pudo responder, ya que Sheet resopló y empezó a decir que daba igual, si al fin y al cabo solo era un simple monstruo.

Después de establecer el círculo, Atrél y Sheet salieron en búsqueda del monstruo. Aunque no tuvieron tanta suerte al inicio, Sheet logró avistar uno en medio de la nada.

—Bien, ahí está el lobo… el lobo rojo raro. Es bastante grande, casi del tamaño de la choza —Sheet tomó su sable oxidado con un ligero temblor en su mano—. Pero, ¿por qué razón solo es uno? ¿Y por qué carajos estamos cazando una bestia en primer lugar?

—Tienes toda la razón, pero no le prestes importancia, solo disfruta de la experiencia —dijo Atrél, que quién sabe cómo llegó detrás de él.

—¡Oye, avisa primero! Casi haces que te dé un buen golpe. No creas que me asustaste, solo… —tartamudeó Sheet.

El lobo carmesí los escuchó y volteó en su dirección. Gruñó y se abalanzó contra ellos.

—¡Maldita sea, todo es tu culpa, Atrél!

Atrél solo alzó sus hombros con resignación. Ambos salieron corriendo en dirección a Tarlan.

Tarlan apenas había terminado la trampa cuando vio a dos estúpidos correr por sus vidas mientras eran perseguidos.

—¡Qué cara…! ¿¡Cómo demonios llegamos a este punto!? Hace apenas ocho párrafos estaba haciendo la trampa.

—¡No lo sé, pero creo que este es más grande de lo normal! —gritó Sheet, bastante agitado.

Atrél simplemente levantó un pulgar, mientras veía detrás de él. Ese no era solo un lobo carmesí, era un alfa. Los alfas se diferencian porque en su frente siempre tienen un triángulo negro invertido, y su cola es completamente gris.

Tarlan bajó rápidamente (de quién sabe dónde, pero bajó) y se posicionó en el lugar indicado. Tembló ligeramente al notar que era un alfa, aunque no perdió la compostura; había ideado un plan de contingencia en caso de que el retrasado de Sheet trajera a uno.

—¡Sheet, utiliza tu atributo de fuego para quemar el círculo!; ¡Atrél, rodea la zona y toma la runa de hielo!

Ambos hicieron caso, y el plan se ejecutó a la perfección. Atrél activó la runa, el hielo se transformó en agua al contacto con el círculo y luego en vapor. Toda la zona había sido cubierta de una espesa niebla de vapor. El lobo perdió la orientación y Sheet aprovechó la abertura para clavar su espada en el lomo de la bestia, la cual soltó un rugido ensordecedor.

—¡Disparen de una buena vez! —exclamó Sheet con mucha dificultad, ya que la bestia lo embestía contra los árboles circundantes.

Atrél, que había cargado el arco mágico con el maná de Tarlan y Sheet, se concentró y tensó el arco con una fuerza abrumadora. Disparó directo a la cabeza del alfa.

—¡Barrera de protección innecesaria que nunca volveré a usar en toda la historia! —clamó Tarlan, mientras envolvía a Sheet en un capullo dorado, para que pudiera sobrevivir al poder abrumador de la flecha disparada.

Cuando la punta de la flecha tocó la cabeza del alfa, la desintegró por completo, y destrozó una gran cantidad de árboles detrás, mandando a volar el capullo dorado. Su velocidad era tal que apenas pudieron verla cuando ya había chocado contra una montaña de la lejanía.

—Sheet, ¿estás bien? —se acercó Tarlan, mientras desaparecía el capullo.

—Diablos. Deberías usar esa barrera más a menudo, es muy útil —dijo Sheet, mientras se daba golpecitos en la espalda.

Sheet miró el rastro de destrucción que dejó la flecha, y esgrimió media sonrisa.

—¡Qué les dije! Eso no hubiera sido posible si no tomaban mi maná.

—Pero tampoco hubiera sido posible si yo no tomaba el arco. Ninguno de los dos hubiera sido capaz de tensar el arco con esa cantidad de maná acumulado —replicó con tranquilidad Atrél.

Tarlan se aguantó la risa mientras veía a Sheet, el cual parecía indignado, pero luego soltó un suspiro y asintió ligeramente.

—Te lo digo, parece como si hubieras sido bendecido… y eso es injusto.

Atrél sonrió ligeramente.

—Bueno, la vida siempre ha sido injusta, si no me crees —colocó las manos en la cintura—, pregúntale al lobo alfa.

Los tres voltearon a ver el cuerpo (o lo que quedaba) del lobo carmesí alfa. Prácticamente había sido pulverizado, sin poder resistirse, sin poder protestar. Sencillamente, murió, como todo lo que la flecha tocó, todo menos el capullo dorado que protegió a Sheet.

—¿No somos muy buenos? Acabamos de hacer papilla a un alfa o como se llame. Deberíamos hacerlo más seguido, quizá así podamos hacernos un nombre.

—¿Siempre tienes que ser tan confiado? Por esas razones siempre terminas peor que como iniciaste —respondió Tarlan, tapándose el rostro con la mano.

Atrél se quedó mirando el cielo, notando algo extraño que brillaba más fuerte que cualquier estrella.

—¿Están viendo eso? —señaló lo que parecía ser un cometa cayendo, y siguió observando en silencio.

—¿Ese no es el que mató a los dinosaurios? Estoy muy cansado como para salvarnos, háganlo ustedes —comentó Sheet, mientras se recargaba en su brazo.

—Tonto, eso es un cometa; no vamos a morir… Pero qué extraño, hace siglos que no se veía uno… y aparte es como si se acercara.

La sangre de Tarlan se congeló. Cuando descifró que aquello iba a impactar peligrosamente cerca, decidió crear un muro defensivo con el poco maná que le quedaba.

—¡Cúbranse los oídos!

Al instante en que ellos también lo vieron, se agacharon y se cubrieron, listos para el impacto.

El choque resonó en todo el bosque, tal cual un martillo cayendo directo sobre una placa de metal, calcinando toda la zona a varios cientos de metros junto con la onda expansiva, que se llevó toda la fauna del lugar.

Después de unos minutos, la situación al fin se calmó, y los tres salieron curiosos a ver qué era lo que había caído del cielo.

—¡Miren, parece una espada! —exclamó eufórico Sheet, sin prestarle importancia a que esa cosa había caído del cielo tan violentamente.

Espera, esto es demasiado cliché (¿por qué caería específicamente una espada?). Bueno, da igual. La hoja brillaba como si una constelación entera habitara en ella. Su guarda era blanca con detalles grises, y un pomo rojo, que contrastaba con todo lo demás.

—¿Es seguro? —tartamudeó Tarlan.

Atrél se acercó a la espada, temeroso, con una curiosidad infinita. Nuevamente, Tarlan habló:

—Está… ¿está palpitando?

Los tres avanzaron cuidadosamente al mismo ritmo. La hoja se apagó y los chicos se detuvieron en seco, pero la espada seguía tambaleándose.

—¿Qué es esa cosa? —preguntó Sheet, ahora intrigado.

No hubo respuesta, no había respuestas, nadie las tenía, solo podían esperar descubrirlas más tarde. Ahora mismo, no tenían idea de las consecuencias de este encuentro.

Por primera vez, el mundo empezó a mostrarles el destino que les tenía preparado.

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