Capitulo 1: Micaela
La tele estaba prendida en la cocina de la casa vieja. Nadie la miraba hasta que dijeron el nombre.
_"...la menor Micaela Álvarez, de 9 años, desapareció el martes a las 7:30 de la mañana cuando iba rumbo a la Escuela Primaria N° 188. Según testigos, dos hombres en una camioneta blanca..."_
Envidia subió el volumen.
_"...Días después, el cuerpo de la menor fue hallado sin vida en la carretera 29. Las autoridades informaron que por falta de pruebas, la investigación queda suspendida. La familia pide justicia..."_
La foto de Micaela era con el uniforme del colegio. Dos colitas.
Nadie habló. Se escuchó una silla arrastrarse.
Lujuria se levantó. Tenía las manos cerradas tan fuerte que se le clavaban las uñas.
Soberbia se levantó atrás de ella.
"Dos." dijo Soberbia.
Lujuria asintió. "Dos."
Esa noche no durmieron.
Soberbia encontró todo en cuatro horas. La camioneta blanca, la patente trucha, las cámaras del kiosco de la esquina de la escuela. Los nombres, la dirección. Eran del barrio. Uno había trabajado en la escuela. La policía los había soltado por "falta de testigos".
Ellos sí tenían una testigo. Micaela.
Los levantaron a las 3 de la mañana. Sin ruido.
Cuando abrieron los ojos estaban en el sótano de la casa. Atados a dos sillas, frente a frente, con cinta negra en la boca. Una sola luz amarilla colgando.
Lujuria estaba parada frente a ellos. Con un buzo gris enorme que le tapaba todo. Con el pelo atado. Parecía una nena más grande.
Soberbia tiró una carpeta al piso. Fotos de Micaela viva.
- Una nena de 9 años. Sola. Con mochila. Y ustedes pensaron que nadie la iba a buscar. dijo Soberbia.
Lujuria les sacó la cinta de la boca.
- ¿Saben qué es lo que más le da miedo a una nena cuando la suben a una camioneta? No es morirse. Es gritar y que nadie la escuche. Que dos tipos grandes la miren como si no fuera una persona.
En el medio había dos mochilas rosas, iguales a la de Micaela.
Adentro hay un teléfono. La llave del candado está debajo de la silla del otro. Si uno llama al otro y pide perdón de verdad, los dejo ir. Tienen una hora.
- Era mentira. Nunca hubo teléfonos.
Durante una hora los dos se pelearon, se gritaron, se echaron la culpa. "¡Fue tu idea! ¡Vos manejabas!". Ninguno intentó ayudar al otro.
A los 60 minutos, Lujuria abrió las mochilas. Adentro solo había un parlante pequeño con el audio de la madre de Micaela en la tele pidiendo justicia.
- No saben ayudar. Solo saben destruir. dijo Lujuria.
Soberbia preguntó: ¿Viven o mueren?
Lujuria lo miró fijo.
- Mueren. Pero antes, que sientan.
Soberbia se acercó al primero. Al que manejaba. Al que la subió.
Lujuria dijo: - Con esas manos la subiste. Ya no las necesitas.
Le cortó los tendones de las dos manos. Después hizo lo que hace siempre con los que tocan nenas. Los castró. Con un cuchillo chico de cocina. Lento. Para que sienta.
El segundo miraba y gritaba. Soberbia lo agarró a él.
- Vos te creíste el más vivo porque la policía te soltó. Ahora no vas a correr nunca más.
Le reventó las dos rodillas con un fierro.
Los dejaron ahí. Desangrándose en el piso del sótano. Con el audio de la madre de Micaela en loop.
No los entregaron vivos.
A las 6 de la mañana, Soberbia llamó anónimo a la comisaría. -Carretera 29. Busquen a Micaela. Yo les dejo a los que la mataron. Sótano, casa abandonada al final de la calle Mitre.
Cuando la Oficial Lucía Vega llegó, los encontró muertos. Uno sin manos, castrado. El otro con las rodillas destrozadas. En la frente de cada uno, quemado con un encendedor, el símbolo de Lujuria.
Y en la pared, escrito con tiza blanca: POR MICAELA.
Lucía guardó la foto del símbolo en su cajón. Fue la primera vez que lo vio. Sintió asco y alivio al mismo tiempo.
En la casa vieja, arriba, en su cuarto, Lujuria se encerro.
Se tiró al piso del baño y vómito. No por la sangre. Por Micaela. Por la foto de las dos colitas.
Se quedó dormida en el piso, llorando.
Ira le dejó un té en la puerta y no la molesto.
Esa noche no hubo otro caso.








