Chapter 1
Cuando aquella camioneta negra llegó con mi cuerpo, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo.
Aunque… ¿cómo podía sentirlo?
Estaba muerta.
—¡Esta no es la tumba! —escuché gritar a alguien.
La voz me resultaba familiar, pero no podía reconocerla.
—Pedí un hueco en el suelo, lejos del cementerio. Ahí, justo debajo de ese árbol seco y podrido. Le queda bien.
Quise abrir los ojos, pero no pude.
Quise moverme, gritar, preguntar qué estaba pasando… pero mi cuerpo no respondía.
Entonces escuché el sonido de la tierra cayendo sobre mí.
Una vez.
Otra vez.
Y otra.
Hasta que todo quedó completamente oscuro.
—¡Ameli! ¡Ameli, despierta!
Abrí los ojos de golpe y respiré con dificultad.
Frente a mí estaba Camil, mirándome con los brazos cruzados y una expresión de desesperación.
—¡Por fin! Otra vez vas tarde. No puedo creer que hayas olvidado nuestra salida de aniversario.
—Lo sé, perdona… —murmuré, todavía intentando recuperar el aliento—. Estaba en mi pesadilla.
Camil soltó un suspiro.
—No me digas. ¿Otra vez con la horrible bruja de Ombrichst?
—Shhh. ¡Cállate! Te va a escuchar.
—Ay, tranquila. Salió súper guapa. Seguramente tenía que ir a hacer cosas importantes.
—Claro. Si ir al club con sus amigas es hacer cosas importantes, entonces sí.
Camil soltó una pequeña risa y tomó mi mochila.
—Anda, vámonos. Ya tenemos bastante retraso.
Salimos de la habitación y comenzamos nuestro camino hacia la preparatoria.
Ese día se suponía que sería especial. Era nuestro aniversario de amistad y habíamos planeado hacer un pequeño picnic en algún lugar tranquilo.
Terminamos alejándonos un poco de la escuela, hasta llegar a una parte abandonada del bosque que se encontraba cerca de la preparatoria.
El lugar era extraño, pero tranquilo. Había árboles enormes, algunas hojas secas cubriendo el suelo y un pequeño claro donde decidimos extender la manta.
Mientras Camil sacaba la comida de la mochila, yo permanecí en silencio.
—¿Sigues pensando en tu sueño? —preguntó de repente.
—No.
—Ameli…
—¿Qué?
—Te conozco desde hace años. Cuando dices que no pasa nada, siempre pasa algo.
Bajé la mirada.
—Bueno… siento que tengo un déjà vu.
Camil me miró confundida.
—¿Un déjà vu?
Asentí lentamente.
—Sí. No sé cómo explicarlo, pero siento que ya he estado aquí antes.
—Bueno… ¿y si fuese real? ¿Qué pasó?
La miré durante unos segundos.
—Imagina que…
Sonó la alarma.
Abrí los ojos confundida y con un dolor de cabeza horrible. La fiesta de la noche anterior había sido demasiado.
Me quedé unos segundos mirando el techo, intentando recordar qué había pasado. Algunas imágenes aparecían en mi mente, pero estaban demasiado borrosas.
Con un suspiro, me levanté de la cama.
Me alisté rápidamente y salí rumbo a la preparatoria
—Parece que alguien está de malas hoy. ¿Qué pasó?
—Desmond Collins fue lo que pasó. El idiota casi me atropella.
—Seguro es horrible ser su compañera de clase y vecina.
—Ni que me lo digas. Cada día está más presumido.
—Oh, por cierto, ¿escuchaste? Dicen que el cuerpo de su padre al fin fue encontrado cerca del lago.
—¿El que está a quince minutos del cementerio?
—Sí. La policía está en el club investigando a las personas cercanas, ya que su principal sospechoso escapó.
—Pues parece que a él no le importa mucho. Mira, tiene nueva conquista.
—¿Será nueva? Nunca la había visto.
—Tal vez.
A lo lejos estaba Desmond con una chica castaña que parecía salida de una revista. El momento fue interrumpido por el sonido de la campana que anunciaba el inicio de clases.
Después de unas horas de etimologías, llegó la clase de matemáticas.
—Queridos alumnos, quiero presentarles a su nueva compañera: Alisson Wheeler.
—Hola a todos. Es un gusto.
—Harás equipo con Ameli. Por favor, pasa a tu lugar.
Alisson parecía ser la típica chica frágil: piel de porcelana, brillante y perfectamente cuidada; cabello impecable y una apariencia demasiado delicada.
Sabía que no era de fiar.
No sabía exactamente por qué, pero había algo en ella que me hacía desconfiar.
Sin embargo, su voz era diferente. No era la típica voz delicada y dulce que esperaba de alguien como ella. Era profunda, firme… casi demasiado sincera.
Me saludó y, sin darme cuenta, durante el resto de la clase terminamos hablando.
Cuando llegó la hora del almuerzo, la presenté con Camil.
Lo extraño fue que Camil parecía no agradarle.
Creo que jamás había visto a Camil hablarle de una manera tan fría a otra persona.
—Mucho gusto —dijo Alisson.
—Sí… igualmente —respondió Camil, sin siquiera mirarla demasiado.
Lo dejé pasar.
Quizá solo estaba teniendo un mal día.
Pero en cuestión de minutos, aquella frialdad desapareció como si nunca hubiera existido.
Alisson también se comportaba de una manera extraña.
Era imposible saberlo apenas unas horas después de conocerla, pero había algo que no me gustaba en su mirada.
Era la misma mirada que tiene un lobo cuando observa a un conejo.
—¿Ameli? ¿Ameli?
—¿Eh? ¿Qué pasó?
—¿Estás de acuerdo?
—¿Con qué?
—¿Con la fiesta de bienvenida?
—Ah… sí. La fiesta.
—Invité a Alisson con nosotras para ir de compras saliendo.
—Sí, está bien. Debo ir a mi clase de natación. Las veo luego.
Me sentí extraña.
El ambiente se había vuelto tenso sin que pudiera explicar exactamente por qué.
Al final decidí no darle importancia y me dirigí al otro lado de la preparatoria.
Intenté alejar aquellos pensamientos de mi cabeza.
Pero entonces lo vi.
A lo lejos, entre los árboles.
—¿Tyler?
No lo dudé.
Salí corriendo hacia el bosque, gritando su nombre con desesperación.
—¡Tyler!
Él se giró lentamente.
—¿Tyler, estás bien? ¿Dónde estabas? ¡Todo el mundo pensaba que habías huido!
—Tranquila, pequeña Psique. Estoy bien… por ahora. Solo necesito descansar.
—Vamos. Te llevo a mi casa.
Tyler negó rápidamente con la cabeza.
—¿No tienes cámaras o algo?
Me quedé mirándolo.
—¿Me vas a decir qué está pasando?
Por unos segundos no respondió.
Miró hacia atrás, hacia los árboles.
Como si estuviera esperando que alguien apareciera.
—Vamos a un lugar lejos. Donde nadie pueda vernos. Te contaré todo.
Sentí un nudo en el estómago.
—Está bien. Déjame llamar a Camil y que nos lleve.
—Mi moto está cerca. Vamos.
Lo seguí.
Mi mente estaba en shock.
Tenía mil preguntas.
¿Dónde había estado Tyler?
¿Por qué había huido?
¿Por qué estaba escondiéndose?
Y, sobre todo…
¿de quién?
Al llegar a la casa de los fundadores de Evermore, Tyler parecía mucho más calmado.
Dejó su moto escondida entre unos árboles y me hizo una señal para que lo siguiera.
La casa estaba vieja. Demasiado vieja.
Las paredes parecían a punto de caer y algunas ventanas estaban cubiertas de polvo. Desde afuera parecía abandonada desde hacía décadas.
Pero mientras más nos adentrábamos, algo comenzó a cambiar.
El interior no tenía nada que ver con el exterior.
Los muebles estaban cuidados, las paredes limpias y no había ni una sola capa de polvo. Era como si hubiera entrado a otra casa.
—Aquí es donde he estado estos tres meses.
Lo miré incrédula.
—¿Cómo es posible? Los policías y todos nosotros buscamos por todos lados.
—Sí, lo sé.
Hizo una pausa.
—Yo también me estuve buscando.
—Espera… ¿qué?
Tyler sonrió como si aquello fuera lo más normal del mundo.
—Aún no sabía dónde esconderme, así que opté por un disfraz de un estudiante desaparecido en los dos mil. Claro… solo que más guapo y cool.
Lo miré con incredulidad.
—Eres un inmaduro y un tonto. No sabes lo angustiada que estaba. Tu padre llamó alterado diciendo que la policía te buscaba y que, si yo sabía dónde estabas, te llevara con ellos.
Su sonrisa desapareció.
—Lo sé. Pero tranquila, no vayas a llorar.
—No estoy llorando.
—Claro que no.
—Entonces dime qué está pasando.
Tyler suspiró.
—Es verdad que la policía me busca. Pero por algo que no es verdad.
Fruncí el ceño.
—Espera… ¿entonces no es por la droga?
—No. Bueno, la policía sospecha que la vendo, pero jamás he metido droga a la casa de mi padre. La tengo escondida en otra parte. Soy un hombre prevenido.
Me miró unos segundos.
—Pero no del todo.
—Entonces, ¿por qué te culpan?
Tyler se quedó callado durante unos segundos antes de comenzar a hablar.
—La noche del cuatro de julio fui al parque de las Camelias porque había quedado de verme con Desmond para darle fentanilo. Después me fui con Beatriz, Jhon y Charly. Teníamos una carrera clandestina en Blackesvill.
Sentí que el estómago se me revolvía.
—¿Una carrera clandestina?
—Sí.
Se encogió de hombros.
—La primera noche fue increíble. Ganamos. La segunda no nos fue tan bien y la tercera fue terrible.
—¿Y Jonathan?
Tyler bajó la mirada.
—Fui por unos tragos y recibí un mensaje de mi padre. Me dijo que la policía me estaba buscando por la desaparición de Jonathan Collins.
—¿Jonathan Collins?
—Sí.
Se pasó una mano por el cabello.
—Dejé el carro en la gasolinera y fui a casa de un tío. Por suerte, no estaba. Entonces tomé mi moto y me dirigí hacia la escuela.
—¿Por qué a la escuela?
—Porque necesitaba esconderme. Busqué algo en objetos perdidos, me disfracé y fue ahí cuando escuché que estaban organizando una búsqueda para encontrarme.
—¿Y tu teléfono?
—Tuve que deshacerme de él.
Tyler hizo una pausa.
—Después descubrí que nadie podía entrar a la casa de los fundadores excepto el guardia. Le di un poco de dinero para que no dijera nada y así pude quedarme aquí.
Lo miré fijamente.
—Sí que eres un tonto. Te dije que no te metieras en más problemas.
—Lo sé.
—Pero ¿por qué piensan que tú eres el culpable?
Tyler respiró profundamente.
—Estando infiltrado en la escuela, mientras Desmond se escapaba de las clases con Madison, escuché hablar a Cristian, Evan y Marcus sobre aquella noche.
—¿Qué dijeron?
—Solo sé que Desmond llevó el fentanilo a algún lugar. Después salió de la fiesta con ellos.
—¿Y luego?
—Unas horas después, su madre lo llamó porque su padre no aparecía.
—¿Y qué pensó?
—Que Jonathan había huido con alguna amante que pudiera tener.
—¿Y encontró algo?
—Nunca encontró pruebas de una infidelidad.
Tyler hizo una pausa.
—Solo encontraron el frasco de fentanilo en su habitación.
Lo miré en silencio.
—Y como ya sospechaban de mí… se les hizo fácil ir tras de mí.
—Entonces… ¿crees que Desmond le hizo algo a su padre?
Tyler negó lentamente con la cabeza.
—No lo creo.
—¿Por qué?
—Conozco a Desmond.
Se sentó en uno de los viejos sillones.
—Puede que yo no tenga dinero ni viva en una casa de lujo, pero durante el tiempo que mi madre fue su empleada aprendí algunas cosas. Sé que su madre y su padre siempre tuvieron problemas en su relación.
—¿Y Desmond con su madre?
—No se llevan bien. Él la odia desde los once años.
—¿La odia?
—Y con su padre tampoco tenía una relación precisamente amorosa. Para Desmond, su padre era prácticamente un banco.
Fruncí el ceño.
—¿Desmond odia a su madre? Pero si siempre se han visto como una familia feliz. Sin problemas.
Tyler soltó una pequeña risa.
—Es increíble lo que el dinero puede hacer con las personas, ¿verdad?
No respondí.
—La señora Collins siempre estuvo preocupada por la apariencia. Por el qué dirán. Al señor Collins solo le importaban su dinero y su trabajo.
Tyler se acomodó en el sillón.
—Cuando Desmond tenía once años, su padre estaba de viaje por negocios de su empresa. La señora Collins esperaba convertirse en la próxima presidenta del club al que pertenece Adelia.
—¿Y qué pasó?
—Adelia ganó.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—La señora Collins recurrió a medidas desesperadas.
Tyler hizo una pausa.
—Tuvo un romance con el presidente del club.
Sentí que mis ojos se abrían.
—¿Qué?
—Esa misma tarde, Desmond los encontró.
—No…
—Y de inmediato se lo contó a su padre.
—Entonces por eso la odia.
—Desde ese día piensa que ella destruyó su familia.
—¿Y su padre?
Tyler negó con la cabeza.
—Al señor Collins ni siquiera pareció importarle la infidelidad.
—¿Cómo que no?
—Solo le dejó los papeles del divorcio firmados para que ella los firmara y regresó a su trabajo.
Me quedé callada.
—Qué duro debió ser para Desmond.
—Sí.
Tyler me miró.
—Pero no te compadezcas de él. Desmond no es la persona que aparenta.
Hizo una pausa.
—Digo… si puede matar a su propio padre en vez de a su madre, ¿qué otra cosa podría esperarse?
—Eso no lo sabemos.
Lo miré seriamente.
—No tenemos idea de lo que pasó. Y si no hubieras escapado, podrías haber declarado y decirle a la policía lo de Desmond.
—Lo sé.
Tyler bajó la mirada.
—Pero yo no soy un soplón.
—Tyler…
—Nadie sabe que Desmond se droga.
Me miró directamente.
—Y él sigue siendo mi amigo.
No supe qué responder.
La habitación quedó completamente en silencio.
Hasta que el tono de llamada de Camil rompió aquel silencio.
Contesté rápidamente.
—¿Bueno?
—¡Chica! ¿Dónde estás? Vinimos a los vestidores a buscarte.
Miré a Tyler.
—Ah… sí. Es que tuve una emergencia.
Pensé rápidamente en una excusa.
—Me llegó el periodo, así que vine a casa.
—¿En serio?
—Sí.
—Bueno, ¿te recojo a las tres o te vemos acá?
—Yo las veo.
—Está bien. No tardes.
La llamada terminó.
Suspiré.
—Lo siento. Era Camil. Quiere ir de compras con Alisson por la fiesta de bienvenida.
—No te preocupes.
Tyler levantó la mirada.
—¿Y quién es Alisson?
—Una chica nueva. Parece ser la novia de Desmond. En la mañana la vimos con él.
Tyler frunció el ceño.
—¿Alisson?
—Sí. Alisson Wheeler. ¿La conoces?
Por primera vez desde que habíamos llegado, Tyler dejó de sonreír.
—No.
Su respuesta fue demasiado rápida.
Lo observé en silencio.
—¿Seguro?
—Sí.
Apartó la mirada.
Algo no estaba bien.
No sabía qué era, pero aquella expresión me resultaba familiar. Era la misma sensación que había tenido cuando conocí a Alisson.
Como si ambos estuvieran escondiendo algo.
—¿Quieres que te lleve, pequeña Psique? —interrumpió de golpe.
—¿Pero no habrá problema si te ven?
Tyler sonrió nuevamente.
—Tranquila. Tengo mi disfraz.
Lo miré con resignación.
—Vale. Entonces vamos.








