PRÓLOGO
PRÓLOGO
Siempre quise tener un hermano o una hermana. Alguien con quien jugar, compartir mis secretos y no sentirme sola. Quería una compañía que durara toda la vida, alguien que creciera conmigo y nunca dejara de estar a mi lado.
Tenía seis años y odiaba la soledad, pero había algo que me hacía creer que algún día encontraría un amor capaz de vencerla.
Mis padres se amaban de una manera que yo soñaba experimentar algún día. Papá miraba a mamá como si fuera lo más hermoso de su mundo, y ella sonreía como si, entre tantas personas, siempre lo elegiría a él.
Yo quería un amor así. Uno que permaneciera, que no se rindiera y que me hiciera sentir que, sin importar lo que sucediera, nunca tendría que enfrentar el mundo sola.
Pero todavía era demasiado pequeña para comprender que la vida podía arrebatarte todo en un instante.
Mi papá amó tanto a mi mamá que se fue con ella.








