Capítulo 1
El día en que dos desconocidos se encontraron
Había una vez, en un pequeño pueblo rodeado de montañas, árboles y calles empedradas, una joven llamada Isabella. Tenía diecisiete años y vivía con su abuela Elena en una casa antigua llena de fotografías, flores y recuerdos familiares. Isabella era una muchacha soñadora a la que le encantaba leer novelas románticas, escuchar música mientras miraba por la ventana y escribir en un cuaderno todos aquellos sentimientos que no se atrevía a expresar en voz alta.
Desde pequeña había creído en el amor verdadero. Para ella, amar no significaba encontrar a una persona perfecta, sino conocer a alguien con defectos, sueños y miedos, y aun así querer compartir la vida con esa persona. Soñaba con encontrar a alguien que la escuchara, que recordara los pequeños detalles y que se quedara a su lado incluso cuando las cosas no fueran fáciles.
Sin embargo, nunca se había enamorado. Sus amigas le contaban historias de sus relaciones, de sus primeras citas y de las emociones que sentían al recibir un mensaje de la persona que les gustaba. Isabella las escuchaba con una sonrisa, aunque en el fondo se preguntaba cuándo llegaría su propia historia de amor.
Una tarde de septiembre, su abuela le pidió que fuera a la librería de la plaza a comprar unas cosas. Isabella tomó su chaqueta y salió de casa sin imaginar que aquella tarde cambiaría su vida.
El cielo estaba cubierto de nubes grises y el viento movía las hojas de los árboles. Cuando llegó a la librería, escuchó la pequeña campanita que colgaba sobre la puerta. Entró, saludó al dueño y se dirigió a su sección favorita: las novelas románticas.
Mientras intentaba alcanzar un libro colocado en el estante más alto, una mano apareció junto a la suya y tomó el ejemplar.
—Creo que buscas este —dijo una voz detrás de ella.
Isabella se giró y encontró a un muchacho de cabello oscuro, ojos color miel y una sonrisa tranquila.
—Gracias —respondió ella.
—De nada. Aunque debo advertirte que ese libro tiene un final bastante triste.
—¿Ya lo leíste?
—Sí, y todavía estoy enojado con la autora.
Isabella soltó una carcajada.
—Entonces, ¿por qué lo recomiendas?
—Porque a veces las historias tristes nos enseñan cosas que las felices no pueden.
Ella lo miró con curiosidad.
—¿Siempre hablas como si fueras un personaje de un libro?
El muchacho sonrió.
—Solamente cuando intento impresionar a alguien.
Así fue como Isabella conoció a Mateo, sin saber que aquel encuentro se convertiría en el comienzo de la historia más importante de su vida.








