Chapter 1
Mi nombre es Alice. Nunca había tenido amigos y mucho menos un novio, pero siempre soñaba con tener una vida como la de las demás chicas: una vida perfecta, llena de amistades, amor y momentos que algún día pudiera recordar con una sonrisa. Aunque, en el fondo, sabía que probablemente nunca sería así.
En la escuela siempre estaba sola. Durante los descansos prefería quedarme en el salón para evitar las burlas de mis compañeros. Con el tiempo, me acostumbré tanto a la soledad que dejé de esperar que alguien se acercara a mí.
Hasta que llegó André.
Era tan amable y lindo que, cuando lo vi por primera vez, pensé que alguien como él jamás le hablaría a una chica como yo. Parecía inalcanzable.
Pero, para mi sorpresa, desde el primer día me habló a mí.
Se sentó a mi lado, me preguntó mi nombre y comenzó a contarme cosas sobre él. No sabía por qué me había elegido para hablar, pero tampoco quería preguntárselo por miedo a arruinar aquel momento.
Por primera vez, sentí que alguien quería conocerme de verdad.
Al día siguiente, pensé que ya no me hablaría, pero no fue así. Siguió sentándose a mi lado y comiendo conmigo durante los recesos. Realmente era feliz por primera vez en todo lo que llevaba en la preparatoria.
Incluso empezamos a salir a lugares que no fueran solamente la preparatoria. Llevábamos meses así, hasta que…
Con el paso de los meses, él dejó de ir repentinamente y sin explicación. Le mandaba mensajes preguntándole por qué no me respondía, pero no contestaba. Iba a su casa a preguntar, pero nadie quería decirme qué estaba sucediendo con André, hasta que su madre me lo dijo.
—André tiene cáncer, Alice. Pensamos que lo había superado, pero no fue así. Llegó demasiado fuerte y no sabemos si lo logrará.
En ese momento, sentí que todo lo que había vivido con André me había sido arrebatado. Sentí que todos me quitaban aquello que le estaba dando sentido a mi vida, y eso me rompió por completo.
Fui al hospital donde estaba, pero, cuando llegué, André estaba muy mal. Se veía tan demacrado y triste que, en cuanto me vio, no paró de llorar y pedirme disculpas por no habérmelo dicho antes. Sin embargo, yo no podía pensar en otra cosa que no fuera su salud.
Lo abracé sin pensarlo.
—No tienes que pedir disculpas por algo que no tienes bajo control —dije mientras las lágrimas también comenzaban a salir de mis ojos.
Esa tarde fue la más dolorosa que había vivido en toda mi vida. No quería soltarlo, pero tampoco quería verlo sufrir de esa manera. Aunque André intentaba hacerme reír, como siempre, yo sabía que solo lo hacía porque quería ayudarme a olvidar el dolor que sentía en el pecho.
Me quedé con él. No quise irme por miedo a que fuera la última vez que lo viera.
Al amanecer, André me despertó con las pocas fuerzas que tenía. Me suplicó que ese día me quedara con él y, aunque no entendía por qué quería que me quedara, tampoco lo cuestioné.
Me quedé con él hasta el anochecer. Le leía su libro favorito hasta que me interrumpió.
—¿Nunca te dije lo bella que eres cuando intentas aparentar que todo está bien?
No supe qué responderle. Solo sonreí de una manera triste y forzada.
—Nunca me lo dijiste. ¿Y me lo dices ahora, cuando tal vez estás en este estado?
—Te lo digo hoy porque tal vez mañana ya no esté —respondió André con esa manera tan especial que siempre lo caracterizaba.
Ya no sabía qué responderle sin romperme a llorar, sin pedirle que no me dejara sola en aquel momento.
André tampoco habló. Solo me miraba mientras yo intentaba contener las ganas de llorar.
André me tomó de la barbilla y me besó mientras las lágrimas brotaban de mis mejillas. Mis labios correspondieron al instante. Me aferraba a él de una manera tan fuerte que podría haberle roto un hueso, pero él no se quejó. Solo seguimos besándonos hasta que nos faltó el aire.
Cuando rompimos el beso, solté todo lo que llevaba guardando desde que me enteré de su enfermedad.
—¿Por qué nunca me lo dijiste? ¿Por qué hiciste que te amara para después hacerme sufrir de esta manera tan cruel?
Se lo dije entre lágrimas, intentando ocultar el evidente dolor que ya reflejaba mi rostro.
André no hizo más que mirarme y limpiarme las lágrimas.
—Porque no quería que me tuvieras lástima. Quería que me miraras como alguien normal y no como alguien débil.
—¿Y crees que no decírmelo te iba a hacer más fuerte? —pregunté.
—No, pero conseguí que te enamoraras de mí sin que estuvieras cuidándome como a un niño —respondió André.
Ya no supe qué contestar. Solo pude abrazarlo de nuevo.
—¿Me prometes que vas a salir de esta? Prométeme que, cuando salgas de este hospital, podremos ser felices.
André no me respondió. Solo asintió con la cabeza para después besarme de nuevo. Fue un beso cálido, lleno de una promesa que nunca iba a cumplir, porque durante la madrugada falleció en mis brazos de una manera tan pacífica.
El entierro fue demasiado silencioso, pero sabía que André ya no estaba sufriendo. Aunque, muy en el fondo, deseaba que siguiera aquí, cumpliendo su promesa.
Voy a visitarlo cada dos días. Ya han pasado ocho años desde que falleció y lo sigo amando como si no hubiera un mañana.