Cajita De Sonidos
Después de tanto dolor en el parto dio a Luz a una hermosa y saludable niña, Aunque su familia quiso frenarla de dar a luz puesto que era muy joven para ser, Magi se sentía orgullosa de estar allí, sola, pero no importaba, su familia sintió cariño por la nueva integrante rápidamente, pero había algo mal, nadie decía nada, quizá por miedo a que se relacionara a un “asunto genérico”, Magi realmente era MUY joven para ser madre... Pero la pequeña Lina no había podido hacer ni un sonido que pareciera prometedor, y eso para Magi casi era peor a qué su primera palabra fuera a ser “Papá“.
- Se acercan sus dos años, ¿Verdad? - la mamá de Magi sujetaba a su nieta con cariño mientras Magi asentía en silencio, todos sintieron la incomodidad de ese momento, ella sería quien lo dijera... - Lina aún no dice nada... ¿Será... normal?
La desesperación de Magi era palpable, no podía soportarlo, quería a una hija perfecta, pese a que fuera un error, quería verlos a todos allí y que se sintieran culpables de haber insinuado que debía abortar en el pasado.
- hablara a su tiempo - respondió quitándole a Lina
- sí, seguramente, Pero quizá llevarla al hospit...
- nos vamos.
Enseguida se levantó del sofá y salió por la puerta, no sin antes darle una mirada de desprecio a todos allí. Sabía lo que pensaban, todos, aunque no lo dijeran, aunque sonrieran estúpidamente. Llego a casa y en compañía de unas cuantas cervezas, se sentó mirando a su hija, ¿Qué estaba mal con ella?... Magi ni siquiera quería tener hijos, pero quería demostrarle a su familia que no tenían razón, era orgullosa y necia al tiempo, la niña frente a ella parecía estar bien, quizá solo era lenta, mucho
- ya se, tienes esos genes, los de mi estúpida hermana, la que es tan idiota, como para recordar lo que iba a comprar a la tienda, seguramente ese el problema - tomo a la niña y le metió los dedos a la boca - ¡No puedes ser como ella, te lo prohíbo!
La pequeña Lina, no entendía nada, pero le dolía y lloraba, era todo lo que podía hacer, viendo a su madre tan enojada. Era habitual, pero la desesperación está vez no ceso, Magi estaba en la habitación de su bebé, esa que preparo con emoción antes de saber que estaría rota, en aquel momento todo sonido e incluso lágrimas habían cesado pero Magi caminaba tranquilamente con una botella de ron en la mano, no tenía claro siquiera en qué momento se habían terminado las cervezas o el ruido, pero allí estaba, se sentó en el suelo, justo de frente a una muñeca, una maldita muñeca, con esa cara sonriente como si algo fuera gracioso, se acercó a ella y le puso la mano en el pecho, incluso esa horrible cosa, podía hablar, pero su hija... Todos se burlaban de ella por su hija, ¿era su castigo por desobedecer?... Saco la caja de sonido del pecho de la muñeca y lo apretó con rabia, incluso esa tonta muñeca se reía de ella, era el colmo, lo iba a arrojar contra la pared cuando aquel silencio le recordó algo.
Unos golpes sinceros y preocupados tocaron la puerta, la voz de su madre trato de llamarla, tenía una llave de su casa, pero no quería ser grosera, sin embargo, sabía que Magi no le abriría por la situación del día anterior, seguramente estaba triste y por ello fue a disculpase, sabía que su hija tiende a pensar cosas fatalistas sobre quienes la rodean y pensar que la odian en secreto y por ello no podía simplemente dejar pasar el “asunto”. Metió la llave y dijo “voy a pasar” antes de abrir la puerta del departamento, dándose cuenta de que apestaba a alcohol y encontrando en la sala a su hija, sentada en el suelo mientras sostenía a la pequeña Lina en brazos con cuidado, la mujer se acercó despacio a lo que parecía una escena tierna antes de notar el cuchillo ensangrentado al lado de su nieta, su hija la miró y le mostró a Lina orgullosa, “Mira mamá, ¡ya habla!” Le conto con emoción antes de presionar la caja de sonido la carne abierta en el pecho de Lina, un “te amo”, fue el último sonido antes de los intensos gritos que llenaron todo el lugar.








