EL DIA
El día que me fui de viaje
Me fui de viaje con mi familia. Tenía rato sin verlos y decidí que lo mejor era irme unos días para visitarlos. Lo hablé con mi esposo y él reaccionó de la mejor forma.
Tomé unas cuantas prendas de ropa y el dinero que necesitaba para poder irme. El viaje duraría poco, unos días solamente.
Hablé con mi esposo y me despedí.
Fue un viaje largo y cansado, pero al final llegué. Tomé por sorpresa a mi familia, los abracé y platicamos todo el día. Al final de la jornada, le hablé a mi esposo para desearle una buena noche.
Esa misma noche escuché una pequeña voz.
Le pregunté si había alguien en la casa, a lo que respondió con un tremendo «sí».
Era un amigo que hacía poco me había presentado y que había ido de visita. No era fan de tener gente en casa, pero parecía una buena persona.
Era obvio que iban a beber y a perderse un rato entre historias, así que accedí a que se relajara un poco.
Al llegar la mañana, el amigo seguía ahí. Incluso notaba que mi esposo estaba crudo.
No le di importancia, pensando que pronto se iría a su casa.
Con el paso de las horas, las publicaciones en redes sociales eran de botellas y fotos juntos. Eran las cuatro de la tarde y parecía que ya iban por el tercer cartón.
No me gustó nada lo que vi, pero lo dejé pasar.
Seguí disfrutando de mi viaje y conviviendo con mi gente. Sin embargo, con el paso de las horas, no recibí ninguna llamada ni mensaje de él.
Le llamé, pero colgó.
«Estoy en el baño», decía el mensaje que me mandó.
Le deseé una gran noche y me dormí.
Al día siguiente, no había ni sombra de él. Incluso el silencio me hacía dudar de qué tan calmado estaba todo.
Volví a llamar y contestó rápidamente, alterado, casi con la voz quebrada.
Le pregunté qué pasaba, pero él dijo que nada. Incluso me invitó a quedarme más tiempo con mi familia.
Lo tomé en cuenta, a pesar de que me sonaba extraño. Le pregunté si todo estaba bien y él contestó que sí.
Horas más tarde, volví a llamar para saber de él, pero no hubo contestación.
Proseguí con mi calma y mis películas en casa de mi familia.
Disfrutaba.
Pasadas unas horas, él llamó a mi teléfono y contesté.
Fue una llamada rápida y seca, aunque mostró interés en saber cómo estaba todo en casa.
La situación no terminaba de convencerme, así que decidí volver antes.
Sin mencionárselo, regresé.
El viaje fue largo y solo esperaba llegar, entrar a mi casa y dormir. Traía varios regalos de mis padres y nuevos chismes de mis hermanas.
Al llegar a la puerta de mi casa, un olor extraño se asomaba desde el interior.
Entré y pude notar lo peor del mundo.
No fue un engaño ni la casa destrozada.
Era una mujer en mi sala, completamente recostada, con la mirada perdida en el techo y cubierta de cal.
Mi mirada estaba centrada en ella.
Mi esposo salió de la cocina junto con su amigo. Llevaban unas bolsas enormes y un cuchillo de cocina.
Pronunciaron unas palabras:
—No la vi cruzar. Fue accidente.
Miré fijamente a mi esposo. Él solo suspiró y, en ese instante, lo único que pudo salir de mi interior fue:
—¿Cuál es el plan?








