Chapter 1 La Isla De Los Juegos
El motor del barco rugía con tanta fuerza que el sonido me vibraba directo en el pecho. Íbamos a toda velocidad, cortando el agua salada como si quisiéramos romper el mar en dos. A mi lado, el viento me golpeaba la cara con una violencia liberadora, arrastrando lejos el zumbido de mis propios pensamientos. Miré hacia el horizonte: allá a lo lejos, emergiendo de la bruma, se alcanzaba a ver la silueta de la Isla de Juegos. Un lugar que prometía risas, luces y una ligereza que ya no recordaba cómo se sentía. En ese momento no me importaba de dónde veníamos ni qué dejábamos atrás; solo importaba el impulso, la velocidad y esa extraña urgencia de escapar. Necesitaba llegar a esa orilla. Necesitaba olvidar, aunque fuera por un maldito segundo, que en el mundo real me estaba ahogando.
A veces siento que mi vida entera se convirtió en eso: en una huida constante a máxima velocidad. Llevaba casi seis años simulando que todo estaba en calma, construyendo una rutina perfecta junto a María. María era la paz, el puerto seguro, la mujer con la que se suponía que debía pasar el resto de mis días. Pero el amor, cuando se transforma en una obligación silenciosa, empieza a sentirse como una jaula. Y yo me estaba quedando sin aire. Cada noche, al cerrar los ojos, la lancha aceleraba y me alejaba de la orilla de mi realidad, llevándome hacia un territorio prohibido donde las reglas no existían.
Lo que yo no sabía mientras el barco golpeaba las olas con fuerza, era que esa isla de diversión aparente no era un refugio. Era el inicio de la tormenta. Porque al final de ese viaje, justo donde el agua se calmaba, sabía perfectamente quién me estaría esperando en el muelle. No era María. Era Luz.








