Capítulo 1
La desgracia de la vida no solo viene con un presente desastroso, si no con un pasado que arrasa, persigue y desmembrar el alma, reinando sobre los momentos felices. Destruye sin piedad y deja un daño irreparable, dejando una huella inmutable, como la idea de nunca ser amado.
Wolfgang que había dejado en el olvido más de cuatro años de su vida, se había consumido en un pedazo de diario viejo, mostraba esa foto que por las épocas jamás fue censurada, el morbo había vendido más de lo que muchos esperaban, y con ello dejaron un recuerdo del mismo tipo. No podía dejar de verlo, llevaba consigo una marca que lo llevaría del pasado al presente, viviendo aun en el futuro, el diario mostraba la noticia del fallecimiento de su padre, y la historia que era contada no había guardado reparo en la familia del difunto, se hablaba de él sin escrúpulos y cada frase describía a la perfección como se encontró el cuerpo.
Él lo leía una y otra vez, sintió un revoltijo en el estómago que amenazaba con culminar en vomito, el asco de aquello también afecto la percepción que tenía de su madre, no deseaba verla. Solo deseaba escapar de un pasado que se acercaba de apoco, más aún no podía enfrentarlo, así que se quedó sentado en la plaza como lo hizo en los últimos cuatro meses, esperando el momento en el que ella debiera tomar el tueno nocturno en el hospital.
Esperaba hasta las dos y media de la tarde, ya que la mujer entraba a las tres de la tarde a su horario laboral. Miraba de reojo el pedazo de diario, y luego desviaba su vista nuevamente a aquellos libros en los que se había sumergido últimamente, la odisea de Homero brillaba bajo una portada a la luz del sol, para muchos un pasamiento estúpido, para él una salida para olvidarse del mundo, como si eso reconfortara de algún modo su alma desecha se imaginaba que su padre era ese hombre, que daba hasta la vida para volver por su hijo.
El turno de su madre cambio, y con ello rutina en unos días, comenzando a escaparse de su mirada llegando a su casa a las diez de la noche, pasaba sus tardes en la escuela, y desde las siete de la tarde miraba su reflejo en un canal cerca de su casa. Veía las luces de los faroles hasta que oscurecía, hasta la nariz se le congelaba por el comienzo del frio invernal.
El primer día debajo de los faroles ya cansados de leer, miro su reflejo en el agua, sus propios ojos lo miraban con lastima, notaba el dolor y la ira, reflejo que no se alejaba, la mirada que no se despegaban de él, los ojos de luna que no dejaban de mirarlo, no parpadeaban, lo alumbraban, no se movían aun cuando él se alejaba lo suficiente como para ver que esos no eran sus ojos.
<> Pensó al darse cuenta de que ya no era su reflejo, veía esos ojos al igual que siluetas debajo de ellas.
Al rato los vio parpadear, el par de ojos se alejó al centro del canal, los ojos de luna se alejaron, aunque se notaba que no tenían miedo, causándole una sensación de extrañeza, miro el canal que reflejaba las luces moverse conforme a los parpadeos y un extraño sentimiento de querer entrar lo dejo confuso, era como un llamado al principio, suave, y por eso se acercó para ver mas de cerca, era un pedido tranquilo, los ojos de luna se notaban acogedores, pero luego se convierto en algo que el sintió como una exigencia, apretaba su alma con una fuerza feroz, oprimía dentro de él como si quisiera aplastarlo, tomaba su corazón y lo atraía como a un imán, recordándole que lo deseaba, pero antes de que se lo creyera escapo del lugar.
Volvió al canal luego de tres días. Este lo llamaba, soñaba con ese lugar todas las noches y en cada una de sus siestas, ya ocupaba casi todo el lugar en su mente, no pensaba en su madre, ni veía el diario, hasta había dejado de lado sus libros de historia. Al final como si fuera imposible no volvió, se encontró nuevamente con el faro parpadeante, el canal aún se movía en compas, y llamaba. Le pedía que viera de cerca, que se acercara a la luz que se reflejaba. Con cuidado dejo sus cosas en la orilla, se asomó a la luz formada, y noto el llamado, ojos de luna, brillaban de color blanquecino, y con una luz más intensa brillaban las pupilas, que de alguna manera lo miraban con una dulzura inentendible. La brisa fue amiga del momento, un susurro lo dejo despavorido “Ven” en un tono amable y desesperado. Giro su vista al escuchar aquella voz, pero no había nada, así que siguió mirando aquellos ojos de luna, no pudo ni tratar de racionalizar lo que ocurría, ya que le gustaban esos ojos, eran hipnóticos, quería verlos un poco más. Y con ello vino nuevamente la presión, el deseó de entrar, buscar esos ojos, lo llamaban, y con ellos llego el mido, querer escapar como la vez pasada, cuando la voz se coló por su cabeza.
Al notar que era mayor su deseo de ver más, se sacó los zapatos y las medias del traje escolar, miro el agua helada, y los ojos le juna con más desdén.
Los ojos lo miraban con anhelo, sus sombras se hacían más visibles, como si la cercanía era evidente, sus manos con uñas afiladas apenas se asomaban en busca del chico, esperando a que se acercara aun mas, Antes de adentrarse unas voces lo detuvieron, miro detrás suyo y supo por las risas que se acercaba gente, miro el canal y presencio como los ojos se iban serrando de apoco, en par, escapaban dejando la solitaria mirada de luna al final.
El grupo de chicos paso sobre él mirándolo con las piernas desnudad, casi tocando el agua y una de ella susurro “debe estar drogado”, sus mejillas se calentaron olvidándose del llamado del canal, y hasta sintiendo nuevamente el frio del agua en la punta de sus dedos, escucho a uno de ellos decir —ve a casa—de forma amable. Y así no paso mucho para querer volver, el clima fresco se le hizo indiferente por la vergüenza. Mas cuando esta paso su mente solo dilucidaba en los ojos que veía en el canal, pero se mantenía firme y reacio a volver, no deseaba sentir ese impulso de adentrarse en ese canal.
Por primera vez en mucho tiempo volvió a llegar temprano, sus ojos miraron a su madre que prendía la cafetera, mientras la tele prendida revelaba una serie que ella estaba viendo.
Era una mujer hermosa, sus ojos miel ojerosos que aun lo miraban con un cariño indiscutible, sus cabellos castaños atados en una coleta dejaban a la vista sus mejillas casi rechonchas y unos labios rosas. Aunque era así con todos, Emma siempre daba una mirada de cariño a quien sea, hasta a la taza de frutas, era el tipo de mujer que cedía su asiento, o que gustaba de hablar de mas con sus pacientes cuando no había mucho ajetreo con sus guardias. Por eso nunca sintió que el cariño que le daba era especial, o genuino, o simplemente que fuera para él.
—Wolfgang, ¿dejaron de gustarte las hamburguesas? —Dijo en un tono naturalmente dulce, mientras se preparaba un café. —Wolfgang. Tierra llamando a Wolfgang —Bromeo ella al no tener respuesta.
—A, si, ya no me gustan, creo que comeré pizza de ahora en adelante. O podría prepararme pasta. —Contesto mirándola fijamente.
—No has hablado conmigo últimamente, ¿Pasa algo? —Ella notaba la mirada fría, y el escozor comenzó a aparecer en su nuca.
—No, no pasa nada. —Fue cortante, rencoroso al mismo tiempo.
—Quise dejar pasar el hecho de que llegas tarde a casa, o que siento que te escapas de mi, pero ya no puedo, empieza a molestarme. —Conto con una sonrisa tranquila, mas el escozor se pasó a sus manos.
—No me estoy escapando de ti —Contesto con algo de pesadez en su tono.
—Van cuatro meses Wolf, hablé con Johan, dicen que tampoco estás hablando mucho con ellos, dicen que andas en otro mundo, y quise hacerme la ciega, la tonta, pero ya no puedo más. Te pido que me cuentes que te pasa. —Hablo con una voz amorosa, mas parecía que ya había colmado su paciencia.
—Nada importante, no podes creer que simplemente tengo una fase rebelde. —Él se acerco a ella deteniendo la mano de su madre. —Te saldrá sangré
—Wolf tu no eres rebelde, y esas fases no van contigo. —Le resultaba gracioso el solo hecho de pensarlo siendo rebelde.
—Estoy cambiando. —Soltó aun sosteniendo las manos de ella.
—Encontré el diario debajo de tu cama. —Conto dejándolo callado, al mismo tiempo en el que perdía contacto con sus manos—No se cómo lo encontraste, pero es estúpido que vivas en el pasado —Critico ella,
—Estaba entre tus cosas. Creo que la que no supera el pasado es otra persona. —La reto. —¿Por qué aun guardas esa foto?, dios es tétrico, abominable, y un poco triste. —Se veía la pena en sus ojos, una dedicada a ella.
—Nadie te dio permiso de revisar mis cosas, eso es invadir mi privacidad. —Conto ella mas seria de lo normal.
—Estamos a mano, aprendí de ti. —Contesto testarudo.
—¿Qué diablos te pasa? Es tu padre, mi esposo, por eso aun lo guardo, son recuerdos. —Esbozo con mas enojo de lo común. —Es igual a ti, él se parece a ti, lo guardo para que recuerdes a tu padre, que cuando te veas en un espejo sepas que te pareces al hombre que mas ame en mi vida. —Soltó con una mirada de cariño, era amor genuino que Wolfgang había visto mas de una vez.
—Que recuerdos tan raros guardas, es como ser masoquista, tratando de volver a un pasado de mierda, ¿Crees que no lo recuerdo? —Cuestión, viéndola cambiar de cara.
—Tu no entiendes nada, eras un niño, un bebé recién nacido, no sabes cómo fueron las cosas. —Levanto un poco la voz, algo que no hacía jamás. —Era un buen hombre, tomo decisiones que no ayudaron, ¡pero eso no quita que era bueno! —Trato de mirar a los ojos a su hijo, pero la comezón la interrumpió.
—Seguí negando lo que ocurrió —Contesto dando la vuelta y saliendo de su casa.
No se habló más del tema, se quedaron en un silencio sepulcro mientras la mujer trataba de no gritarle a su hijo, comenzando una pelea que para ella carecía de sentido, aunque si para él, dejándolo con una pregunta que él presento como estúpida.
Wolf se marchó enojado, aunque se sintió que era culpable de haber hecho gritar a su madre, una mujer que jamás levantaba la voz. Pensó en lo irrespetuoso que fue con la mujer, y por ello estuvo mas callado de lo usual, solo asintiendo a las preguntas de sus amigos.
Esa tarde bajo presión sintió ganas de ver los ojos esmeraldas del canal. A las siete y media llego al lugar, viendo como la luz del sol se perdía, dando paso a una luna nueva que se reflejaba en el canal, miro una vez mas la luz parpadeante, y pensó que estaba loco, que seguro el foco andaba mal, y él estaba delirando por preguntarle a su madre sobre el periódico que había guardado tantos años.
—¡Mierda, porque es tan igual a mi! —Le grito a la luna, estaba hastiado.
Una vez mas miro el estanque y empezaron a aparecer los ojos blanquecinos, toda el agua se llenó de ellos, lo miraban fijamente. Se levanto y camino de un lugar a otro y jugo con esas miradas, notando que lo seguían a donde fuera, lo perseguían mientras iban apareciendo mas. Soltó una risa hasta que aparecieron los ojos verdes una vez más, y la brisa susurro. “No creo que te quiera, y lo sabes”
—Si lo hace. —Contesto rápido.
—Entonces pregúntale sin miedo. —Soltó una risa juguetona. —No te quiere a ti, quiere tu imagen, eres igual él, a tu padre. —Dijo una voz chillona, parecía burlarse de él.
—Que mierda sabes tu. —Contesto.
—Muchas cosas, como que no perteneces aquí. Mira el agua, te llama. —La vos sonó sin la brisa, estaba sobre su hombro, pero era tan liviana que él no la sintió.
—Estoy loco, ya hablo solo. Le pediré perdón a mamá, esto es producto del estrés.
—¿Pero no quieres seguir viendo esos ojos? —La voz sonó mas tranquila.
Wolf miro el agua una vez mas, lo tenía de frente, esos ojos brillantes lo ojeaban.
—Es hermoso.
—Te hacen olvidar que tu madre no te ama —La voz esta vez uso el sarcasmo.
No quiso seguir escuchando. Se giro para tomar su mochila, entendiendo que se había vuelto loco, o era una especie de conciencia que le hablaba desde la culpa que sentía al dudar de su madre. Las voces que habían ido, pero las ganas de ver por última vez esos ojos le gano a su conciencia, la presión de querer entrar volvió. “Ve, te necesita” Dijo una voz mas dulce que la anterior, como si esta fuera para desarmar a sus preocupaciones.
Wolf que sentía que era empujado hacia el canal sin esperar se sumergió al agua, y cuando estuvo mas cerca noto como aquellos ojos se adentraban en el agua, una por una desaparecía dejando ver sus colas de pez que se escondían entre la oscuridad, hermosos colores escapando de su presencia una por una, y al final, en el medio solo quedaron aquellos ojos verdes. Trato de buscar a la persona que los llevaba, pero aunque busco con sus manos parecía ser solo un reflejo.
—Mira delante de ti — Escucho la voz melodiosa.
Delante suyo había una grieta sin color que atravesaba el agua y el aire. Era como una nebulosa, existía, pero no podías notarla si lo veías, como el los espejismos inferiores, un fenómeno óptico, o también era como si el agua cristalina estuviera flotando sobre el aire.
El foco al fin cedió a la presión del desgaste, ya que la luz al fin se cortó. Una silueta se formó alrededor de aquellos ojos, se levantó entre el agua y solo la luna reflejo aquellos ojos verdes y el cabello rubio que paso delante de Wolf. Y aunque quiso ver de quien se trataba la noche no se lo permitió, casi obligándolo a adentrarse en aquel reflejo.
Adentro primero sus manos, las vio desaparecer, luego sus piernas se movieron por si mismas. Inhalo y se adentro al lugar. Lo que vio lo dejo perplejo, luz que provenía de un sol, estaba en un estanque, pero al levantar la vista ojeo gigantescas mariposas que columpiaban a personas extrañas, bajaban desde los cielos, las dejaban en la tierra con paciencia y eran acariciadas por aquellas personas, luego se retiraban tranquilamente.
Miro detrás suyo, algunos empezaban a notaban su presencia que parecía alegrarlos, o eso creía, ya que algunos lo miraban con una sonrisa de oreja a oreja. Mientras mas alumnos llegaban el los iba contemplando, guiados por el viento, parecían estar sostenidos por pelusas de la flor de diente de león, una belleza a la vista, algunos al aterrizar dejaban nieve por todo su alrededor y consigo llegaban corrientes de aire muy frías, chicos enormes llegaban golpeando la tierra y haciendo temblar todo el lugar al saltar, chicas y chicos de ojos esmeralda aparecían de la nada siendo delicados al aterrizar, sonrisas muy grandes aparecían en el rosto de muchos de ellos demostrando el deleite que era estar en Remina, aparecían pequeñas criaturas que parecían niños, chicos altos he imponentes como si fueran de la realeza, no eran muchos a decir verdad, pero traían consigo un aire de grandeza que parecía que llenaban el lugar.
No paso mucho para que todos lo notaran, su traje estudiantil era tan evidente, ese traje azul marino tan distintivo que ahora odiaba mas que a nada, contrastando con los uniformes blancos con toques amarillos oro que todos vestían, era como entrar a un colegio distinto al tuyo, uno al que vas con una vestimenta que no contrasta con la vista tan pareja.
Los estudiantes le abrieron paso, dirigiéndolo directo al colegio que pudo reconocer por unas letras extrañas que tenía el edificio, una especie de cosquilleo recorrido toda la espalda del joven en cuanto trato de leer las letras de la fachada, lo intento unas tres veces antes de entender lo que decía, fue como si las letras de golpe se hubieran agrupado, como si hubiera resuelto algún acertijo escondido en el letrero que decía “Colegio Remina”. Sonrió como tonto al ver que entendió lo que decía el cartel, pero las miradas aun lo hacían sentir pequeño, distinto, y de la mala manera. No pudo ver a los ojos a ninguna de esas personas, se limitó a caminar a donde lo guiaban, como si fuera un ritual muy extraño. Escucho en el silencio un susurro “otro más”, frase que lo dejo un poco más tranquilo, tal vez no era tan raro, tal vez había alguien más como él.
Estuvo frente a la escuela cuando el miedo y la curiosidad le removían las entrañas, su cuerpo temblaba de forma proporcional con el miedo y la emoción que sentía, su mente solo le pedía que entrara, paso a paso miraba a su alrededor en busca de algo que le diera más valor para no arrepentirse, pero poca era la concentración que podía dar se si mismo. La mente del chico se nublo por las ideas de ver una nueva realidad que lo llamaba con tanto éxtasis.
Wolfgang mientras recorría el pasillo pudo notar los ojos esmeraldas que algunos poseían, eran iguales a los ojos que había visto en el estanque, al evaluar con la mente en frio que esto era una locura de aquellas que nadie se imagina pudo ver que estaba por dar paso a ese sentimiento tan cálido que su anima sentía, miro el edificio que estaba completamente pintado de blanco con tonalidades gris y negro.
Pensó en sus posibles muertes al estar en ese lugar que parecía tan celestial que daba cierto temor, pensaba en que lo descubrieran y alguno de esos chicos que parecía tener hielo en las manos lo congelara de a poco para que sufra, o que podía ser descuartizado mientras todos lo maldecían por ser un bicho raro, o tal vez ya lo estaba y no se había dado cuenta, sueños absurdos, denotando la imaginación que nunca había tenido, tal vez solo era el mero hecho de que guardaba un gran amor por las películas de terror.
El sonido de la música le regalo un momento de cordura, un sentimiento de familiaridad. reconoció casi al momento aquella melodía que su madre había escuchado más de una vez en la televisión “Por una cabeza” de Carlos Gardel, sonaba por todo el lugar denotando una tranquilidad que muchos podían compartir, dentro los alumnos caminaban derechos como si estuvieran en una pasarela, tan perfectos.
El lugar era enorme, tenía sillones negros que contrastaban con el blanco y gris de las paredes, el techo estaba pintado de color gris y poseía un candelabro de vidrio que hacía relucir la sala, hubiera jurado que eran diamantes si no es que supiera algo del tema.
Algunos miraban atentos al visitante, se acomodaban para guiarlo a un punto, extrañados por ver que alguien que no era de ahí, era un pez payaso dentro de un estanque de tiburones, todos pensando que era una ocupación especial, ver a una criatura con Wolfgang era muy extraño. Él también lo noto, que no se parecía a nadie, que las narices pequeñas, puntiagudas, o redondeadas no se parecían a la suya, aunque juraría que se las vio a alguien alguna vez.
Su mirada se posó en ese ascensor, todos lo guiaban al ascensor, lo único que era negro completamente, con botones bancos, de este salió un tintineo que sonaba a miles de campañitas revoloteando por todo el ascensor. Sin saber que botón tocar les dio una mirada a esas criaturas, hasta que se subieron dos chicos sonriendo, lo notaron, pero parecieron no darle mucha importancia. Los botones que apretaron fueron diferentes cada uno, el ascensor se cerró y mientras subían, salían polvos brillantes del techo. Se sintió atrapado, ante dos seres que no conocía, pero aliviado al verlos sonreír, una chica y un chico, eran altos, con cabellos rubios, y pieles tan alvinas que de ellas se notaban algunas escamas, escamas que parecían hielo.
Después de un momento el ascensor volvió a detenerse, abriéndose de par en par, dejando entrar a tres alumnos que con una seriedad tan absoluta he indiferente cambiaron la temperatura del ascensor. Los tres solo seleccionaron un mismo botón, y él copio sus acciones, llegando a apretar un botón, seleccionando el último piso disponible, se estaba colando en el edificio, y a nadie parecía siquiera impórtale, era un extraño en un mundo desconocido, a decir verdad se hubiera desmayado si no hubiera escuchado la dulce voz de Carlos Gardel cantado “Mi Buenos Aires querido”, una voz conocida y hermosa, era una mano amiga en ese asesor donde solo se encontraba con desconocidos. El ascensor repleto de música.
Entre emocionado y un poco avergonzado empezó a temblar al ver que los dos que entraron juntos lo miraban, los otros tres lo miraron cuando notaron que este estaba temblando, él miro a la muchacha viendo que esta le dedico una sonrisa que lo hizo sentirse un poco menos incómodo, los demás le dieron miradas rápidas de vez en cuando, estaban inmutados por la presencia del chico, en ese momento noto que ella lo ojeaba sin disimulo, él solo devolvió la sonrisa para luego mirar al frente, sin dejar salir expresión alguna mientras sus manos sudaban.
-Carlos Gardel -Titubeo tratando de entablar una conversación, pero lo dijo en una voz tan baja que casi nadie lo escucho, excepto por la chica que lo miro asintiendo al escuchar el nombre.
El dúo que entro primero estaba compuesto por chico de un cabello extremadamente negro y unos ojos verdes esmeralda, hubiera pensado que eran personas de un color mas amarillo de lo común, si no fuera por las puntiagudas orejas y narices que tenían, o esas uñas que parecían garras, este chico solo le dio una sonrisa muy bella antes de bajarse en el tercer piso para perderse en la nada del eterno color blanco de las paredes, la segunda era una muchacha de cabellos rubios, su piel era escamosa, parecía hecha de hielo, como escarcha, le dio una sonrisa y bajo en el quinto piso.
-Suerte - dejo escapar ella mirando a Wolfgang con una sonrisa aún más grande que la del primer chico.
El trio que entro eran compartían características, parecían desprender hielo por la frialdad de sus miradas, ojos blancos que acompañaban a sus cabellos del mismo color, y sus pieles canela le daban al menos algo de familiaridad, bajaron en el sexto piso dejando el frio de sus ojos.
-Otro de esos raros. -La seriedad con la que ese chico esbozo esas palabras de cierto modo lo asustaron, pensó en bajar con él pero el ascensor se cerró mientras trataba de pensar en algo coherente que hacer.
No había marcha atrás cuando sintió que el ascensor se detenía en el último piso, las campanitas volvieron a sonar devolviéndolo del trance en el que se encontraba, y simplemente dejó escapar un suspiro, debía acepar su destino como una persona que vino a conocer todo lo que ese lugar ofrecía.
No paso si un momento tranquilo, porque lo primero que vio fuera del ascensor fue a un hombre correr con un bata blanca.
—¡Te matare! ¡Te matare! ¡O moriré en el intento! —Los gritos inundaban todo el pasillo, el hombre corría tras el pobre Golf.
Sintió horror por ese hombre detrás suyo que parecía perseguirlo, y mas porque a medida que se acercaba tenía una mirada muerta que asustaba a un pobre niño que estaba entrando a un lugar desconocido.
Wolfgang en desesperación se echó a correr notando que eran ellos dos solos en el eterno blanco de las paredes, ellos, los gritos del hombre raro, y su propia respiración agitada. Llegó a pensar en la razón por la que corría, o eso fue hasta que las alarmas empezaron a sonar, retumbando por todo el piso. Volvieron a su mente las palabras del chico en el ascensor, así que con eso en mente corrió con más fuerza, y es así también el hombre de bata empezó a correr con más intensidad tanto que lo escuchaba hiperventilar, de un segundo a otro las personas empezaban a salir de las que eran aulas para correr tras él.
Con el corazón en la mano Wolfgang trataba de controlar el pánico, para seguir corriendo sin querer desmayarse. Hasta que de un momento a otros aquel hombre lo paso como si él le importara en lo más mínimo.
—¡Escapa niño! ¡Corre si amas tu vida! —Dijo el sujeto alto de nariz y orejas puntiagudas. El sujeto estaba desprolijo, como si hubiera pasado meses encerrado, sin darse un baño.
Aquel hombre le causo aún más miedo, por lo que comenzó a correr lo más rápido que pudo tratando de pensar en qué lugar esconderse, vio los almohadones blancos sin saber si podía esconderse entre ellos, pero sintió que era una muy mala idea ya que él era muy alto para su descontento en ese instante, no podría esconder sus largas piernas, y estaba muy cansado corriendo por pasillos.
Wolfgang cansado se detuvo por un mentón pensando que ya no podía hacer más, y ni él noto que estaba corriendo en circulo, miro detrás suyo a algunos hombres que parecían perseguirlo y no hizo nada, solo levanto las manos en señal de rendición, esperando que lo atraparan y que tuvieran piedad de su ingenuidad.
—¡No soy de acá, soy nuevo! —Grito esperando que lo entendieran, pero esos hombres pasaron de largo, como si no les importara.
Los vio pasar delante suyo, como si no existiera, los de seguridad no le prestaron atención, al final él no entendió que era alguien fácil de detener. De un momento a otro los guardias retrocedieron, aquel hombre se había metido dentro de algo que parecía un ascensor muy moderno.
Wolfgang juro que vio al hombre soltar una sonrisa para luego apretar dos botones, una luz resplandeciente salió del ascensor que aplasto al hombre, ese hombre desapareció en una explosión de luz que él apenas alcanzo a notar, por lo rápido que fue.
Wolfgang no había sido consciente de sí mismo cuando una alarma sonó con mucha fuerza, el elevador empezó a tomar un color rojo fuego mientras cambiaba radicalmente todo su aspecto, él creía estar en la mente de una persona que imaginaba las cosas más extrañas y locas del mundo, aquello era un elevador que se transformaba en cosas inexplicables, pero si sabía algo es que eso debía significar “Peligro” se corrió a un costado viendo a todos entrar en pánico, un profesor se alteró a tal grado de desmayaste frente a sus alumnos, era muy poco valiente o era lo suficiente inteligente para despertar cuando el peligro pasara, vio como de un cuarto salían alterados cinco chicos tratando de ver qué pasaba fuera del edificio.
Ojeo a los alumnos vestidos de blanco notando lo pulcros que se veían. Una mujer mayor lo miraba fijamente con los ojos vacíos, lo ojeaba detalladamente. Todos corrían alterados como si fuera algo verdaderamente malo, los profesores estaban más alterados que aquellos cinco alumnos, con tanta conmoción se corrió a un costado cuando un láser del tamaño de un grano de arroz salió de aquella máquina que antes fue un elevador, el color rojo paso por su vista e impacto con uno de los cinco chicos vestidos de blanco, lo vio levantar la mano con una sonrisa en sus labios, trato de hacer algo muy raro, aunque lo que escucho después fue un grito espantoso y desgarrador, una de las chicas que estaban con él se reían vehementes por lo que había pasado.
Los gemidos de aquel chico fueron casi atroces, la maquina parecía querer cargarse una vez más para lanzar otra carga, pero de pronto estallo, estallo en mil pedazos.
<> pensó Wolfgang mientras se hacía bolita para tratar de proteger su cuerpo, veía cada parte de aquella maquina volando a todos lados del lugar.
Luego de ello algunos pasos se hicieron audibles, se alejaron uno a uno. Aunque un par de pasos si se acercó a él. Miro hacia arriba cuando tuvo frente a él un par de mocasines blancos perfectamente lustrados.
—Es ignorante y despreocupado entrar a un lugar que no conoces. —Era hermoso.
Wolfgang no emitió sonido alguno, los ojos rasgados y cabellos dorados lo observaban con tanta pena que prefirió quedar en silenció. Uno que lo dejo noqueado.





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