Capítulo 1: La chica nueva en Hamasphe.
. Newt Hamilton.
Debí hacerle caso a mi madre.
Odio cuando mi madre tiene razón, porque, de verdad ¿Cómo iba a imaginar que seis meses después iba a estar en esta situación? Bueno… Quizás verla tirarse al mar en medio de una tormenta debió haberme dado una idea.
Como sea. Soy un estúpido y estoy aquí otra vez…. Practicando en mi espejo retrovisor como le diré a Ester que nuestra relación no funciona. Que siempre me preocuparé por ella pero que ya no siento lo mismo.
Hacía mucho tiempo que no sentía lo mismo.
—¿Ester? —entré a su penthouse, el sonido de los cuencos sonaban de fondo y ella estaba en medio de la sala estirándose sobre su mullida alfombra blanca. Nuestra primera vez juntos fue sobre esa alfombra. Mi primera vez fue sobre esa alfombra— Ey…
—Hola, Newt…—me dio una mirada tan relajada, supongo que acababa de tomar sus medicinas, solía ponerme esa cara cuando empezaban a hacerle efecto— Lo siento, me distraje con mi yoga. Dame una hora y estaré lista para la cena, reservé en un lugar encantador…
Ester solía olvidar que soy menor de edad y en ningún restaurante me dejaban beber junto a ella…
Así como yo solía olvidar que ella no podía mezclar el alcohol con sus pastillas. O bueno, fue solo una vez, pero francamente fue un desastre.
—No vine listo para salir a cenar…—miré mis zapatillas y mis jeans. Ester hizo un gesto de que no importaba.
—Toma uno de los trajes de papá.
Si, claro. Porque eso haría todo menos incómodo.
—En realidad…—ella no dejaba de hacer una extraña pose y el sonido de los cuencos que salía de la televisión no me estaban ayudando para nada— Ester, tenemos que hablar.
Carajo. El tenemos que hablar fue una frase que mi hermana me recomendó evitar. Ester detuvo sus lánguidos movimientos, sentándose bien y mirándome desde ahí con una suave sonrisa… Me recordó a la sonrisa que me dio después de que la salvé.
—Oh, ¿es por mi nueva terapia?
—¿Estas en una nueva terapia?
Asintió, levantándose y viniendo hacia mi toda emocionada.
—Estamos explorando un enfoque mas natural esta vez… Nunca me había sentido tan conectada conmigo misma. tan comprendida…—sus brazos me rodearon y sentí su cabeza contra mi pecho— Y es todo gracias a ti.
Puse mis manos sobre sus hombros, queriendo alejarla. Pero me pareció demasiado frío así que la acaricié.
—Son tus esfuerzos, Ester. No míos.
—Pero no podría hacerlo sin ti, Newt. Nunca nadie se había preocupado tanto por mi o… Mis avances —sus ojos me miraron desde abajo, brillantes. Casi cristalizados. Me sentí como una mierda—. Lo estoy haciendo bien ¿Verdad? No he tenido ninguna crisis —asentí, sintiendo un nudo en mi garganta— ¿Estás orgulloso de mi? ¿Newt?
—Si… si, Ester. Claro que estoy orgulloso de ti.
—Gracias…—respiró como aliviada, volviendo a esconder su rostro contra mi pecho. Me quedé ahí sin saber cómo seguir— Eres todo lo que necesito para ser feliz. Para seguir intentándolo…
Seguir intentándolo… Yo le había dicho esas palabras cuando nos conocimos. Cuando intentaba convencerla de que no estaba sola.
Yo me metí en toda esta situación.
—Newt… Tranquilo, sé que te preocupas por mi, pero te prometo que te diré si empiezo a sentirme agobiada otra vez ¿Hay algo mas de lo que quieras hablarme?
Guardé silencio, solo mirándola. Mis manos sobre sus hombros, mi pecho apretado por todas las posibilidades que podía desatar hablando. Solo hablando…
¿Se puede matar a alguien solo hablando?
—Si…—me animé a decir a través de la opresión— E…Este sábado es el cumpleaños de un amigo ¿Quieres acompañarme?
. Una semana después.
. Alexa Monroe.
Estoy en una fiesta llena de desconocidos, y la única explicación lógica para esto es que mi madre está más desesperada que yo por verme hacer amigos.
Debe creerme patética. Enserio… ¿Cree que no voy a poder hacer amigos por mi cuenta? No por nada fui elegida la mejor compañera de mi curso por tres años consecutivos.
Aunque... Bueno. Supongo que hacer amigos cuando eres la chica nueva en el último año escolar tiene un nivel extra de dificultad. Especialmente cuando acabas de mudarte a un lugar con nombre de ciudad de videojuegos.
—Alexa, los vecinos hacen una fiesta por el cumpleaños de su hijo. Su madre me dijo que podrías ir...
—¿Tengo cinco años? ¿Ahora me organizas citas de juegos?
—Pero lo conoces. Es el chico que vino ayer a buscar a su perro.
—Ah. Cebolla.
Mi madre parpadeó: —¿Perdón?
—El perro. Se llama Cebolla. Según me dijo…
—¿Ves? Si lo conoces
—Hablamos como cuatro segundos, mamá, en lo que él se disculpaba porque su perro intentó cagar en tus rosas.
—¿Que? No me dijiste esa parte…
—¿Por qué crees que su madre trajo ese budín de bienvenida? Intentaba disculparse.
—Bueno, fue una buena disculpa porque el budín estaba rico y ella es muy simpática ¿Sabes que me enteré también? Que va a la misma secundaria que tu, estarán tus futuros compañeros de clases, vamos, hija, dales una oportunidad. Será más fácil el inicio escolar si ya los conoces ¿Qué puede salir mal?
—Mamá…Eso es justo lo que no se tiene que decir ¿De verdad me estas alentando a salir de fiesta? ¿Qué clase de madre eres?
—Una preocupada por tu vida social… ¿Ya has pensado en que vas a ponerte?
Tenía ganas de ponerme una soga en el cuello, pero a mi madre no le hizo gracia ese chiste, solo se puso aún más insistente. Así que Ahora estaba cruzando el jardín con una mezcla de resignación y orgullo herido, ¿Y si fingía que alguien me había puesto algo en la bebida? Podría volver a casa…
No, conociendo a mi madre, era capaz de llamar a la policía.
¿Desde cuándo le rehuía a una fiesta?Sobre todo a esta que no tenía mala pinta. Las luces de colores bañaban el patio de los vecinos y la música hacía vibrar el suelo, olía a césped recién cortado y cerveza. Extraña combinación, pero nada desagradable…
—Ah, hola cebolla, así que eres el que recibe a todos aquí ¿Eh? —El golden de mi vecino estaba acostado al lado de la piscina, demasiado tranquilo para tener un montón de adolescentes bebiendo a su al rededor y la música tan fuerte. Algo me decía que estaba costumbrado. Le rasqué detrás de la oreja y su cola golpeó el suelo con aprobación— ¿Ves? Ya eres mi primer amigo aquí…
Los gritos de los demás lo hizo levantarse e irse. Me costó entender lo que decían hasta que todos parecieron lograr unificarse en un coro…
—¡Newt, Newt, Newt!
Me encontré rodeada por los cánticos. En el balcón del segundo piso había un grupo de chicos riéndose. Uno de ellos sostenía una camiseta y otro filmaba con el celular. En medio estaba… Él.
Solo llevaba unos bóxer negros y una sonrisa enorme. Alto. Hombros anchos. El cuerpo marcado de alguien que claramente entrenaba...
—¡No seas cobarde, Hamilton!
La música bajó solo un poco y pude escuchar ese grito, y ahora todos estaban atentos a al tal Newt. Él soltó una carcajada grave, relajada... Y después subió a la baranda como si no existiera el miedo. Mi corazón se detuvo.
—Esta loco... —murmuré.
Saltó. Vi su cuerpo saltar desde el borde directo a la piscina. Su clavado fue tan perfecto que ni estando parada justo al lado me salpicó. Los aplausos estallaron.
Él emergió apartándose el cabello mojado hacia atrás, respirando fuerte, con esa sonrisa arrogante todavía intacta... Y levantó la vista.
Sus ojos se encontraron con los míos. Por alguna razón, entre tantas personas, sentí que éramos los únicos ahí.
Newt inclinó la cabeza. Una sonrisa torcida apareció en sus labios, como si acabara de encontrar algo interesante. O no lo sé, quizás solo quedé embobada por el azul de sus ojos, fue casi hipnótico.
Hasta que todo se oscureció. Una remera cayó sobre mi cabeza nublando mi vista y el olor a colonia masculina me golpeó con fuerza. Como si la hipnosis pudiera llegar a todos mis sentidos.
Tomé la remera y miré hacia arriba, el grupo de chicos seguía riéndose y grabando, pero solo reconocí a mi vecino…
—¡Ups! ¡Lo siento, vecina! ¡No te vi!
Yo no me sabía su nombre y él tampoco parecía saberse el mío. Otro de sus amigos también dejó caer el pantalón de Newt y sus zapatillas, esta vez, más lejos de mí, por suerte.
Él volvió a mi vista. Se impulsó fuera de la piscina y creo que su pecho se veía mucho más amplio de cerca. Las gotitas de agua surcaban su anguloso rostro. No pareció importarle mientras se aproximaba a sus jeans en el suelo. Se inclinó manteniendo su vista en mí y esa pequeña sonrisa en sus labios. Se los puso y aunque de fondo podía escuchar a sus amigos reírse, estaba como congelada observando todos sus movimientos. Cuando se paró frente a mí, sentí que salí de una especie de pausa…
—¿Me la das, por favor?
—¿Um?
—Mi remera…—había un poco de risa en su voz—¿Me das mi remera?
—Ah, si. Disculpa.
Jesucristo. Tenía la remera del chico en un puño como si me negara a dársela. Se la dejé rozando sus manos húmedas y frías. Se río entre dientes poniéndosela.
—No, discúlpanos tu. Casi te tiran toda mi ropa encima. Perdona.
—No, no. Está bien…—Dios, quería encontrar algo más que decir, era la primera persona que me hablaba en esa fiesta, pero de repente fui muy consiente de todos los que nos miraban, aunque la música había vuelto a su volumen normal— Quiero decir, no está bien, mira tus pies, apuesto a que una de tus zapatillas me hubiera generado una contusión o algo así. Hubiese sido un final catastrófico.
Se río. Pero pareció más bien confundido, inclinó la cabeza y todo.
—No te conozco…¿Eres de primer año o algo así?
—Eh, no… Me acabo de mudar. Al lado. Me llamo Alexa. Alexa Monroe.
—Ah…—asintió hacia mi— Bienvenida, Alexa. Soy Newt.
—Si, como que me pareció que ese era tu nombre con todos gritándolo…—otra vez sonrió, tenía una sonrisa enorme y perfecta. De nuevo intentaba hipnotizarme, el muy malvado.
—solo me molestaban porque creyeron que no me animaría a saltar desde el balcón, como si no hubiera saltado de lugares más altos…
—¿Mas altos? ¿Eres suicida o algo así?
—Nadador.
Lo dijo entre risas, pero no sé si por mi o porque venían sus amigos corriendo. Pasaron de largo llevándose a Newt consigo de nuevo a la piscina. Esta vez la caída no fue tan limpia y, para desgracia de mi vestido, me salpicaron un montón.
Después de ese desastre acuático decidí desaparecer un rato y, como no estaba dispuesta a rendirme y volver a casa después de solo unos minutos en esta fiesta, decidí ir a esconderme al baño ¿Qué? A veces una chica necesita colapsar un rato en el baño de una fiesta. Sobre todo, cuando acaba de ser hipnotizada por uno de los chicos más sexys del lugar.
De verdad...¿Desde cuándo venían tan sexys? En mi anterior instituto no había de esos.
Me reí de mi propio pensamiento mirándome al espejo. El sonido se escuchaba igual de fuerte desde ahí y cuando escuché que empezó a sonar una de mis canciones favoritas mis caderas se empezaron a mover solas. Dios, con lo mucho que me gustaba bailar, debería estar disfrutando más esto...
—Mente positiva, Alexa. Mente positiva. Estas en una fiesta con desconocidos, pero ey, te acabas de ganar a un golden retriever y has hablado con el chico más sexy del lugar. No está saliendo tan mal.
Me acomodé el cabello y salí de ahí sintiéndome mejor conmigo misma. Fui por una cerveza, eso tenía que relajarme un poco. La mesa de las bebidas estaba cerca de la escalera, me quedé ahí parada dando el primer trago de la noche mientras daba una mirada general del lugar. La sala se había transformado en una especie de pista donde todos bailaban amontonados y, aunque me gustaba mucho esta canción, no tenía ganas de apretujarme con un montón de desconocidos. Nop. Mi desesperación social no llegaba a tanto.
Mi vista volvió al jardín, los chicos seguían ahí, sus voces y risas apenas se escuchaban desde donde estaban, pero casi me atraganto cuando volví a cruzar miradas con él. Su sonrisa pareció congelarse y apartó la mirada primero. Dios, seguro me vio con los cachetes inflados con la cerveza burbujeando en mi boca...
—Tú eres la chica nueva, ¿Verdad?
Giré. Había un grupo de chicas sentadas en la escalera al segundo piso. Les di una rápida mirada a todas.
—Eh, si. Me acabo de mudar al lado —les di mi sonrisa más brillante que la ortodoncia me dio a los trece años— Me llamo Alexa ¿Ustedes?
Todas dijeron su nombre, pero lo admito, solo retuve el de la primera chica que me habló. Kat, parecía ser claramente la líder de ese grupo. Me encontré apoyada en el respaldo de la escalera contestando todas sus preguntas. De donde venía, cuantos años tenía, si tenía novio... Incluso mientras me sumaba a su charla, sentí un poco de nostalgia.
Hacía no mucho, era yo la que estaba con mi grupo de amigas en fiestas así. Ahora era la chica nueva en Hamasphe. Volví a darle un trago a la cerveza y, para mi sorpresa, cuando levanté la vista el grupo de chicos estaba entrando a la casa, se pasaban toallas intentando secarse, aunque parecía una tarea algo inútil. Otra vez, me encontré con el señor hipnótico mirándome... Benditos sean mis padres por hacerme tan linda.
Asi de rápido, la nostalgia se fue al tacho. Me centré en las chicas fingiendo que no notaba la mirada del nadador sobre mí.
—No voy a escribirle... —se negaba rotundamente una de ellas. Creo que me había perdido una parte de toda esa charla.
—Vamos, Abby. No puedes ser tan miedosa, es solo un mensaje. Ni siquiera te estamos diciendo que le envíes una foto de tus tetas.
—Porque sabes que yo no hago esas cosas, Kat.
Kat rodeó los ojos y fue algo incómodo como todas parecieron decirse algo con la mirada a costa de Abby. Um… Conocía esas miradas. Que perras.
—Yo tampoco envío nudes.
Todas las miradas fueron hacia mi.
—¿Por que? ¿Eres religiosa o paranoica como Abby? —preguntó Kat, tenía algo encantador y venenoso como solo una líder de un grupo de chicas tendría.
—Paranoica —respondí, muy tranquila con mi respuesta. Desesperada por amigas o no, eso no cambiaría mis convicciones— ¿No han escuchado hablar de la huella digital?
Ah, el rodeo de ojos fue para mi ahora. Me dio un poco de gracia.
—Exacto —dijo Abby, ignorando a las venenosas de sus amigas. Ella también tenía ojos azules hipnóticos—. Piensen que soy una puritana si quieren, pero me niego a confiar en un chico con mis tetas en su celular.
—Eso es porque tu ex es un asco, Abby —dijo otra, tenía el pelo muy corto pero le quedaba bien—. Cuando encuentres a alguien que te de confianza será distinto. Harry y yo por ejemplo, sé que él nunca haría nada para dañarme...
—Claro, solo mandarle mensajes a una de primero...—comentó, muy maliciosamente, Kat.
—!Era un perfil falso! !No era él!
Um… Parecía haber mucho drama en ese grupo de chicas. Me fui enterando de todos sus chismes, lo admito, eran tan venenosas como divertidas. Pero jamás les contaría mis secretos.
De vez en cuanto, buscaba a Newt por la fiesta. Cada vez que mis ojos lo encontraban entre la gente, él ya estaba mirando primero. Y cada vez yo apartaba la vista como una idiota. A la cuarta vez, luché contra mi propia timidez intentando sostenerla.
—Chica nueva, te toca un reto...
—¿Que? —me distraje con mi silenciosa, y probablemente unilateral, guerra de miradas con Newt— ¿En qué momento empezamos a jugar eso?
—Ah, todos lo llevamos jugando toda la noche ¿Por que crees que Newt saltó desde el segundo piso? —Kat incluso se paró haciendo un gesto hacia él, no es como si él chico no la hubiese visto, ahora su vista sobre nosotras era clara— Se nota que eres divertida, apuesto a que no vas a irte por algo tan fácil como la verdad ¿Cierto?
—Um… Esta bien.
Mis nervios se activaron, pero ey, yo también era una firme creyente de que lo divertido en verdad o reto eran los retos. No podía ir contra mis creencias.
Kat miró al grupo de chicos y solo entonces me pregunté cuan obvia había sido mirando a Newt todo ese rato.
—Ve y sácalo a bailar.
Ni siquiera dijo su nombre, no hizo falta. Newt también estaba mirando y sentí una mezcla de alivio, nervios y emoción. Estaba obligada a sacar a bailar al chico sexy, yey.
Por otro lado, estaba obligada a invitar al chico sexy...
Inhalé profundo y emprendí mi camino. Newt estaba riéndose con sus amigos, no tardó en notarme y, cuando lo hizo, esa sonrisa volvió...
—Ey, nadador... —me sorprendí de lo segura que sonaba mi propia voz, de nuevo, usé mi perfecta sonrisa— ¿Quieres bailar?
Su sonrisa descendió, pareció desconcertado.
—Eh... No yo no pue... —se rascó la nuca— Em, no. Gracias.
Miró atrás, supongo que buscando a sus amigos o algo así, que se habían callado repentinamente. Sentí cómo la sangre me subía hasta las orejas.
Quería desaparecer. Hundirme. Mudarme otra vez, quizás. Había tantos lindos lugares para visitar.
Alguien pasó un brazo sobre mis hombros y el perfume femenino me rodeó. Miré a mi costado entre sorprendida y todavía hundida en la vergüenza. Pero Abby era toda sonrisas y relajación estrechándome contra ella...
—Reto cumplido, Alex —dijo con una sonrisa inocente—. No te emociones, hermanito. Solo estaba cumpliendo el reto de sacar a bailar al que tenga la nariz más grande.
Los amigos de Newt explotaron en carcajadas. Newt abrió la boca, indignado y seguro no fue consiente de cómo se tocó la nariz...
—¿Perdón?
Abby me guiñó un ojo mientras me alejaba con ella.
—Ignóralo. Su ego necesita estos golpes para sobrevivir. Lo he visto miles de veces mirándose la nariz en el espejo...
Yo todavía estaba procesando todo cuando la miré bien. Ojos azules igual de hipnóticos. Debí suponerlo...
—Es tu hermano ¿Eh?
—Es mi mellizo malvado. Si. Aunque todos te dirán que la malvada soy yo, pero no les creas.
—¿Creerles? Me acabas de salvar de la vergüenza escolar, en lo que respecta a mí, a partir de ahora eres Santa Abby.
Soltó una encantadora risa.
—Y antes de que te tortures... —se inclinó hacia mí con tono conspirador— Su novia es la amargada que está sentada justo detrás. Por eso se puso tan nervioso...
Ambas miramos con disimulo. Ni siquiera había notado a la chica hasta ahora. Parecía estar recriminándole a Newt y me sentí todavía peor...
—Dios, va a pensar que soy una zorra...
—Ah, no te preocupes. Ester piensa que todo el mundo es una zorra. Tranquila, tienen cuatro de esas discusiones por día, ya lo solucionarán.
—No parece caerte bien tu cuñada...—me dio una mirada como diciendo ”Totalmente”—Asi que tus amigas aprovecharon para provocar el caos a mi costa ¿No?
—No te lo tomes personal. En tu defensa, no dudaste ni un segundo en acercarte, tienes el respeto de todas. Lo malo es que te fuiste tan rápido que no llegué a detenerte.
—¿Intentaste detenerme? Ow, muchas gracias, Abby.
—De nada, Alexa.








