CapĂtulo 1
Daniel
Buscar empleo nunca ha sido agradable. En especial cuando la gran mayorĂa de los entrevistadores piensan que no hablas bien el inglĂ©s pero que seguramente compartes cerebro con Carl Friedrich Gauss. Ah, y tampoco ayuda que no tengas contactos. No importa si tu puntaje en el SAT superĂł los 1400 puntos, no eres conocido del jefe, entonces seguiremos con la bĂşsqueda, pero muchas gracias por tu participaciĂłn.
Tengo suerte de que estamos en una era tecnolĂłgica, de lo contrario mi madre podrĂa llegar a desmayarse si ve la cantidad de solicitudes rechazadas que recibo en la semana y a los largos procesos de selecciĂłn que tengo que enfrentarme.
—¡Anak!
Su voz flota por el salĂłn vacĂo y me levanto de un respingo. Apenas son las tres de la tarde, pero el movimiento en la cocina ya ha comenzado hace algunas horas.
—¡Voy! —respondo a mitad de camino. He aprendido a los chanclazos que detesta esperar y detesta cuando no le contesto porque piensa que no la he escuchado.
No soy una persona selectiva a la hora de comer y mi paladar está acostumbrado a los platos sazonados. Sin embargo, -y traicionando a mis raĂces filipinas- mi comida favorita siempre será el balde de pollo frito que venden en la esquina de casa. El aceite rehusado en el que frĂen esas piezas de pollo es lo más cercano a Dios en la tierra, exageraciĂłn mĂa que una vez le dije a mi madre y me ganĂ© un chanclazo.
—¿Dónde está la masa?
—Donde siempre, mamá. —levanto mi dedo Ăndice y señalo al mesĂłn más cercano a las heladeras— La saquĂ© hace una media hora. Ya tiene que estar lista.
Estoy a punto de ayudarla a preparar Lumpia. Ella ya se ha encargado de cortar todos los ingredientes y no me ha dejado hacer nada de eso a mà porque dice que soy muy lento. Prefiere mandarme a ocuparme de otras cosas como ordenar el salón y seguir postulándome a trabajos hasta el horario de apertura.
—Hoy viene tu tĂa Lila.
—Ah. —fuerzo una sonrisa y asiento despacio. Me temo que sĂ© a dĂłnde quiere llegar con todo esto y es difĂcil hacerla cambiar de opiniĂłn— ÂżY? —me atrevo a preguntar.
—May magandang balita ako, mi corazón.
Sasha y yo hemos convencido a mis padres de que la mĂşsica que pasaban en el restaurante ″mataba la vibra″ del lugar. La mayorĂa de las personas que lo frecuentan no son filipinos nacidos en 1940, sino estadounidenses jĂłvenes que no tienen interĂ©s en escuchar un compilado de Rey Valera.
La mĂşsica de PinkPantheress sale por los parlantes del lugar y mis labios se mueven, cantando la canciĂłn en silencio. No está en mis artistas más escuchados, pero es hit regular de la playlist de Sasha. Cada semana las vamos rotando y ambos tenemos nuestro turno, aunque la verdad es que las de ella suelen estar más a la moda. Es difĂcil competir con una niña de 17 años que se la pasa en TikTok y está al tanto de las tendencias musicales.
Esta noche mi madre no me ha dejado unirme al equipo de meseros. Quiere que estĂ© presentable para mi cita a ciegas, la cual será el doble de incĂłmoda porque estarĂ© a pocas mesas de mi tĂa y mis primos.
—Te ves hermoso, anak. —mi madre me toma de las mejillas y yo la miro con cansancio. Hago esto porque la adoro— Pero, ¿por qué te pusiste esa remera tan fea?
Bajo la mirada y me encuentro con la remera de Coldplay que Cameron me trajo hace unos dĂas despuĂ©s de que enfermara y no pudiera ir a verlos.
—Ese nombre ni siquiera tiene sentido. —prosigue ella— Ve a ponerte la camisa azul que te regalé.
—Mamá, creo que ya puedo decidir lo que me pongo. —tomo sus manos— Tranquila.
Ella me mira con desaprobaciĂłn y tengo que rendirme ante su mirada.
—Está bien. Iré a cambiarme.
Mis dedos tamborilean por la mesa, al mismo tiempo, lucho contra el sueño que me dio de repente. No quiero mirar el móvil porque seguro que me generará deseos de ser arrollado por un auto.
—Como que esta chica se está tardando mucho, ¿no?
Sasha aparece y se sienta frente a mĂ en la mesa.
—Cambia esta música, me estoy durmiendo. —digo con fastidio y busco relajarme en mi lugar.
—Pero es el último álbum de Olivia Rodrigo. —protesta y yo finjo ronquidos.
—Bien. —acepta la derrota y saca su mĂłvil. En menos de un segundo, empieza a resonar WAP de Cardi B por el restaurante y no sĂ© si reĂrme o prepararme para que mi madre ponga el grito al cielo.
—¿De en serio? Te va a matar.
—Le diré que la pusiste tú. —me saca la lengua. Sé que solo lo hizo para molestar, porque enseguida reemplaza la pista por una más PG-13.
Mis tĂos llegan con mis primos y mi cita un poco despuĂ©s. La chica se ve...cubierta. Pero demasiado, un poco más y parece una abuelita catĂłlica. Esto no me da buena espina, mientras más tela tenga encima, más le agradará a mi madre.
—¿Por qué está vestida como abuela? —pregunta Sasha con una mueca en su rostro— Hay otras maneras de lucir santurrona.
Mi madre aparece sin que la llamen, como si tuviera un sistema en su cabeza que le alertĂł de que su futura nuera llegĂł y que debe ir a vender a su Ăşnico hijo varĂłn. Me obliga a levantarme de la mesa que comparto con Sasha y me manda a sentarme a otra con Lauren, mi cita.
Están mis primos, que me miran burlones, mis tĂos, que me miran inquisitivos y mis padres, que sĂ© que están esperando que todo salga a la perfecciĂłn.
¡Qué emoción! Mañana mismo estaré casado.
—Asà que...Lauren. —empiezo a decir una vez que mi madre sale de nuestro espacio y asumo que vuelve a la cocina. En verdad espero que lo haya hecho porque ya tengo suficiente con los mirones de mi familia— Es...un gusto conocerte al fin.
—¿Siguen mirándonos, verdad? —pregunta con el entrecejo fruncido.
—No, no. —niego sarcástico— Para nada.
—Tengo que ir al baño.
Algo raro está pasando.
O está por pasar.
Creo.
Quizá solo necesita ir al baño porque se hace encima. Se marcha rápidamente y su silla queda vacĂa, mi mirada se encuentra con la de Sasha que sigue sentada en la misma mesa que antes. Encojo los hombros como respuesta cuando ella mueve sus manos como diciĂ©ndome ″¿QuĂ© ha pasado?″
Lauren se toma su tiempo ÂżEstará nerviosa? No lo parecĂa, pero está tardando tanto que mi madre trae una entrada y me hace un par de preguntas. No sĂ© quĂ© espera que le responda cuando apenas crucĂ© dos palabras con mi futura esposa.
Devoro algunos de los rollitos de Lumpia y evito rendirme al cansancio. Esta velada mejorarĂa muchĂsimo si estuviera en mi habitaciĂłn jugando al Tomb Raider.
Un mensaje cae en mi móvil. Es Sasha diciéndome que espabile y que mire a mi alrededor.
Entonces veo a...ÂżLauren? Like a Prayer de Madonna suena de fondo y no podrĂa estar más agradecido por esto que mis ojos están presenciando.
El cuello alto de su camisa fue reemplazado por una camiseta de tirantes, trae minifalda y unas botas largas. Un collar con una cruz cuelga de su cuello y su rostro...está más maquillada de antes y le sienta muy bien. Me pregunto si esta chica no será su gemela malvada. Me quedo embobado mirándola hasta que vuelve a tomar asiento frente a mĂ.
—¿Qué..? ¿Quién eres tú? —ella guiña un ojo como respuesta y toma un rollito.
—Nos sacaré de esta a ambos. —asegura antes de darle un mordisco.
Por un momento, no sĂ© si estoy tan seguro de querer librarme de ella. Se ve tan...candente y rebelde que tengo verificar que no se me caiga la baba. Siento que he descubierto una nueva parte de mi personalidad que desconocĂa...me atraen las mujeres muy seguras de sĂ mismas y que visten prendas que mi madre desaprobarĂa.
—Estoy harta de estas citas. Mi madre me ha obligado a venir por Ăşltima vez. —saca un lápiz labial de su mini cartera que seguro escondiĂł en todas esas ropas que traĂa puestas y se retoca los labios— Nadie me separará de Walter. Es mi alma gemela.
—Oh. —atino a soltar y asiento— Te apoyo. —agrego— Pero quiero advertirte que en cualquier momento mi madre podrĂa sufrir un cortocircuito mental y agarrarte de los pelos. —Lauren sonrĂe con diversiĂłn ante esto Ăşltimo.
—Eso es gracioso. Dime, ¿tú tienes a alguien..? ¿Te gustan los chicos? ¿Esperabas que esto funcionara?
—No. Y es un no a todo. —contesto con seguridad— De hecho, deberĂa agradecerte por lo que has hecho. En verdad no me interesa todo esto que mi madre está haciendo, pero, al mismo tiempo...—de pronto me siento algo triste y eso debe de notarse en mi rostro, porque Lauren continĂşa hablando por mĂ.
—Ya sé. Tu mamá es tu punto débil.
—No sĂ© si usarĂa esa definiciĂłn...
—Si tienes complejo de Edipo no te juzgarĂ©, eh. —hago una mueca de asco y ambos reĂmos.
—No quiero decepcionarla, pero al mismo tiempo no sé cómo salir de esta.
—DeberĂas decirle que estás viendo a alguien ÂżNo has pensado en eso?
No es que nunca se me haya ocurrido, no obstante, soy consciente de que las mentiras deben mantenerse. He tenido novias antes, novias que no han sido filipinas ni asiáticas y mi madre ha llegado a quererlas, pero sospecho que solo lo hizo porque no creĂa que tuviera futuro con ellas.
Y no se equivocó, porque hace más de un año que estoy soltero.
—No es tan fácil. Mi madre querrĂa conocerla enseguida.
—¿Y? Consigue una novia falsa. Hoy en dĂa todo eso es muy fácil.
Estoy a punto de revelarle más sobre el tema para que comprenda mejor, pero una sombra se dibuja en la mesa. Mi madre. Está parada con los brazos en jarra y observa a Lauren con mucho disgusto en su rostro.
—¿Qué crees que estás haciendo, dalaga?
Atrás de ella aparece mi tĂa, que es menos frontal y sirve como secuaz.
—Por favor. RetĂrate, tĂş no eres la señorita que mi hermana dijo que eres.
—Yo no sabĂa nada de esto. —añade la tĂa Lila y cruza sus brazos.
Antes de abandonar su asiento, Lauren me guiña un ojo y me dedica una última sonrisa.
—Adiós, Daniel. Ha sido un gusto conocerte. —lanza un beso hacia mi dirección que enfurece a mi madre. Yo intento ocultar mi sonrisa y fallo terriblemente, lo que provoca que reciba un golpe en el brazo.
Mientras mamá y la tĂa hablan sobre lo que acaba de suceder, mi cabeza se queda pensando en la sugerencia de Lauren.








