PRÓLOGO
La música seguía sonando incluso cuando el reino empezaba a derrumbarse.
Ella todavía recordaría la forma en la que el la sostuvo esa noche al bailar aquel vals. Como si ya supiera que el destino nunca había estado de su lado.
— ¿Por qué me miras así? — preguntó ella entre risas suaves.
— Por que eres demasiado hermosa y no puedo dejar de apreciar tu bello rostro... quiero guardar cada detalle de tu rostro en mi mente por siempre.
Ella creyó que era una confesión romántica, nunca imagino que aquellas palabras iban a ser una despedida.
La nieve estaba teñida de rojo, el sonido de las cadenas sonaba por toda la plaza.
El antiguo duque cayó de rodillas frente a ella, mientras los guardias le concedían unos últimos minutos antes de la ejecución.
El tomo con sus manos temblorosas y con desesperación, el rostro de ella, como si pudiera detener el destino con solo sosteniéndola un poco más.
Ella estaba temblando pero no sabía exactamente si era por el frío o por el miedo que sentía en ese momento.
El susurro con la voz completa mente rota —Lo siento, tal vez si yo hubiera...
Ella lo interrumpió y negó suavemente con la cabeza — lo hecho, hecho esta y el hubiera no existe, no fue tu culpa así que no te castigues por esto, prométeme que vivirás una vida larga y serás muy feliz sin nosotros — fue entonces que colocó la mano de el sobre su vientre.
El siguió el movimiento con la mirada así fue que lo entendió al instante, haciendo que el aire abandonara sus pulmones. El mundo se detuvo para el por un instante, fue entonces que sus lágrimas empezaron a caer antes de poder decir algo.
—En otra vida... — murmuró ella —Encuéntrame lo antes posible yo te estaré esperando toda la eternidad hasta encontrarnos nuevamente — dijo mientras limpiaba las lágrimas que caían en el rostro de el.
Esa fue la última vez que el la vio con vida.








