Capítulo 1
"En el mismo tiempo, cada uno vive historias diferentes. Es injusto enfadarse porque el otro actúe de forma distinta. Los momentos son iguales, pero los mundos no. Lo que hay en la cabeza y el corazón de dos seres que comparten un espacio puede estar distanciado por miles de kilómetros."
Carlos Cuauhtémoc Sánchez — La fuerza de Sheccid
Esta frase es de mis favoritas, ya que aunque compartas gran parte del día con la otra persona, siempre habrá algo que quizás no comprendas del todo del otro, siempre puede suceder algo sin que tú te enteres o que no puedas comprender.
Tal vez eso hace que enamorarse de alguien sea tan interesante, no siempre comprenderás el mundo que lo rodea sin ti, habrá días que no entenderás porque actúa así, pero al final entre ambos encontrarán una solución a todo eso...
—¿De nuevo con ese libro amor? —escuché una voz suave detrás de mí, giré la cabeza y ahí estaba Adrián.
Sonreí al verlo.
—Si, sabes cuánto amo este libro —respondí mientras tomaba el separador y lo colocaba en la página.
—Lo sé, siempre vuelves a leerlo —tomó una silla y la colocó a mi lado para sentarse. Lentamente me extendió un ramo de rosas—Aunque, no sé cuánto me amas a mi.
—No necesitas darme flores para que te diga que te amo —tomé las flores, su olor fresco me hizo sonreír aún más—, gracias amor
Me acerqué para darle un beso breve pero lleno de amor.
—Se que me amas mucho, pero me gusta que lo digas tú
Se acercó nuevamente a mi, dejando un beso dulce y duradero. El sonido de una notificación lo hizo parar, se separó con una sonrisa y miró la notificación.
Escribió un mensaje rápido y bloqueó su celular para voltear a verme.
—Perdóname Ari, hoy no te podré acompañar hasta la salida.
—¿Sucedió algo? —pregunté al notar un ligero cambio en su mirada, aunque no sabía porque.
—Nada malo, no te preocupes por ello —se acercó para besarme en la frente antes de tomar sus cosas y empezar a caminar hacia la salida.
—¡Cuídate!
No contestó, solo se giró hacia mí una última vez para despedirse y salir por la misma puerta por la que entró.
Me quedé observando la puerta unos segundos más.
¿Qué habrá pasado para que se fuera así de rápido?
Traté de no prestarle mucha atención el resto del día, si es algo urgente él me lo dirá. Confío en él.
El día continuó como de costumbre, pidiendo y regresando libros, ayudar a encontrar unos cuantos y anotando unos cuantos que encontré dañados.
Siempre me ha costado entender por qué dañan los libros, sobre todo cuando no son suyos. Si algo no es tuyo, con más razón lo cuidas ¿No?
Supongo que, aunque me resuelvan esa duda, no podré comprender. Aún teniendo todas las razones, aunque el libro sea el más doloroso que has leído, no puedes solamente arrancar la hoja, rayar las palabras o colocar dibujos ofensivos.
Puedes desahogar todos los sentimientos, sí, pero eso no borrará la escena...
El día terminó como de costumbre, la biblioteca se vació y terminé de acomodar los libros que habían devuelto.
Tomé el ramo de flores que me dió Adrián y me dirigí a la salida.
Dí un último vistazo al lugar antes de salir, cuando ví que en una de las mesas habían dejado algo, parece ser... ¿Una flor?
No pude evitar que la curiosidad me ganara así que caminé hacia aquella mesa. Al estar más cerca confirmé lo anterior, era una gardenia blanca, debajo de ella había una pequeña hoja.
Tome la gardenia entre mi manos, observando su blanco puro. Mi mirada regresó a la nota junto a ella, deje la flor a un lado y tome la nota para leerla:








