Chapter 1
<<VALERIA>>
No quiero ser chismosa, pero el chisme que estoy viendo en este momento está buenísimo. Y no, no es el típico del hombre infiel o de la chica que terminó peleando con su mejor amiga.
No, no, no.
Un borracho está teniendo una conversación muy seria con un poste de luz sobre su vida amorosa.
Madre mía... Resulta que el señor era tan tacaño que su esposa lo abandonó para volver con su exnovio.
-¡Valeria!
Un grito agudo retumba por toda la casa.
Del susto pego un brinco y mi celular sale disparado de las manos.
-¡Noooo! ¡Ese era mi video de los chismes nuevos! ¿Por qué la vida es tan injusta conmigo? ¿Qué te hice, universo?
-¡¿Qué pasó, cara de nalga?! -le devuelvo el grito, perdiendo la poca paciencia que me quedaba.
-¡El mantenido de tu novio está aquí! ¡Deshazte de ese hombre antes de que lo saque a escobazos con todas las leyes habidas y por haber!
Mi compañera de apartamento no disimula absolutamente nada. Sigue barriendo el piso con tanta fuerza que parece querer arrancarle las baldosas.
Está haciendo aseo general... y, por lo visto, también quiere hacer limpieza de novios inútiles.
Nikkol ha sido mi mejor amiga desde que tengo memoria. Fuimos juntas al jardín, a la secundaria y ahora compartimos universidad y apartamento.
Bajo las escaleras a toda prisa.
Kevin se sacude la camisa con frustración mientras intenta recuperar la bolsa de comida rápida que casi termina en el suelo.
-¡Cariño! Dile a tu amiga, la ridícula sin vida social, que deje de meterse donde nadie la llamó.
Nikkol apoya la escoba sobre el hombro y sonríe con burla.
-A ver, lo de mi vida social sí es un tema delicado... pero prefiero eso antes que convertirme en una tacaña profesional como tú. Siempre invitas y al final la que termina pagando es ella. Qué talento tan admirable.
No puedo evitar soltar una risa.
-Ya, ustedes dos parecen niños de cinco años.
Tomo a Kevin del brazo y prácticamente lo arrastro fuera del apartamento.
Pedimos un taxi.
-Al restaurante de tres estrellas, por favor.
Diez minutos después...
El silencio dentro del vehículo es tan incómodo que siento que hasta el conductor quiere bajarse.
Estoy a punto de hablar cuando Kevin rompe el silencio.
-Valeria...
Giro la cabeza y le sonrío.
-No es por arruinar nuestro aniversario, pero... ya estoy cansado. No puedo seguir cargando con esta relación. No va para ningún lado.
Mi sonrisa desaparece.
-¿De qué estás hablando?
Él suspira con exageración, como si la víctima fuera él.
-Terminemos. Ya no siento lo mismo por ti. Además, tú sueñas con casarte con un sugar daddy. Yo podré ser humilde, pero tampoco exageres. Tú solo quieres que te den todo. Eres una interesada... una bandida.
¿Bandida?
¿Bandida por qué?
Si durante toda la relación fui yo quien pagó las salidas, los regalos, las comidas y hasta las deudas del señor.
Él quería dinero.
Quería que le diera todo mi sueldo.
Gano tres millones de pesos al mes... y prácticamente terminaba entregándoselos completos.
¿Y lo peor?
Ayer descubrí que parte de ese dinero lo estaba gastando con la amante que conoció hace apenas una semana.
Respira, Valeria...
Respira.
-Ah, por cierto -dice como si nada-. Dame dinero. Quiero invitar a una amiga al cine y a comer. Hoy es su cumpleaños. Hazlo por todos estos años que estuvimos juntos... y olvida las deudas que tengo contigo. Agradece que fui generoso y terminé contigo en privado. Soy demasiado hombre para hacer un escándalo.
Parpadeo varias veces.
No...
Esto tiene que ser una cámara escondida.
-¿Esto es una broma? -pregunto en voz baja.
-No. Aunque, si quieres, puedes ser mi amante. Te vería una vez al año para recompensar tu sufrimiento. Eso sí, no esperes regalos ni nada de eso.
Lo miro unos segundos.
Uno...
Dos...
Tres...
-Perfecto. Terminemos. Pero antes págame todo el dinero que gasté en ti. Cada peso. Cada regalo. Cada préstamo. Todo. Y después desaparece de mi vida.
Él suelta una carcajada arrogante.
-No te hagas la digna. Sé que te fijaste en mí por mis atributos.
Levanta una ceja como si acabara de decir la frase más seductora de la historia.
Yo, en cambio, solo podía pensar una cosa.
¿Atributos?
¿De verdad este hombre acababa de llamarle "atributos" a una billetera vacía y a un ego inflado?
Kevin soltó otra carcajada, llevándose una mano al pecho como si acabara de escuchar el mejor chiste del siglo.
-¿10 millones?Tú sí sueñas en grande.-Incliné la cabeza y sonreí de lado.
-No. Sueño en recuperar lo que es mío.
-Ni loca voy a darte esa cantidad.
-Perfecto.
Saqué mi celular del bolso y empecé a deslizar la pantalla con total tranquilidad.-¿Qué haces?
-Nada importante. Solo estoy buscando el contacto de un abogado... Ah, y de paso voy a enviarle a tu mamá unas capturas donde me ruegas que te preste dinero porque, según tú, "estabas pasando un mal momento". Qué raro, porque ese mal momento terminó convertido en salidas con tu amante.
Su sonrisa desapareció.-Valeria...
-Espera, aún no termino. También tengo las transferencias, los comprobantes, las conversaciones donde prometías devolverme cada peso y los audios donde decías que apenas consiguieras trabajo me pagarías todo.
Kevin tragó saliva.
-No seas exagerada.
-¿Exagerada? Exagerado fue llamarme interesada cuando el único interesado aquí eras tú.
El conductor del taxi levantó la mirada por el retrovisor, claramente disfrutando del espectáculo.
-Jovencito, páguele a la muchacha. Eso no se hace.
Kevin le lanzó una mirada de pocos amigos.
-Nadie le pidió su opinión.
-Y nadie le pidió que fuera tan descarado -respondió el conductor sin inmutarse, No pude evitar sonreír.
Kevin resopló con fastidio y sacó su celular.
-Está bien. Te voy a pagar... pero no porque tengas razón.
-Claro que no. Lo haces porque sabes que la tengo.-Tecleó con fuerza, como si cada letra le doliera en el alma.
Un segundo después, mi celular vibró.
Transferencia recibida.
Le eché un vistazo al monto y levanté una ceja.-Qué milagro... al parecer sí sabías usar la aplicación del banco.
Él chasqueó la lengua.-No vuelvas a buscarme.
Guardé el celular y sonreí con toda la tranquilidad del mundo.
-Créeme, Kevin. Si vuelvo a buscarte será únicamente para cobrar intereses.
El taxi quedó en completo silencio. Y, por primera vez desde que comenzó aquella absurda conversación, sentí que quien había salido perdiendo... no era yo.
Después de bajarme del taxi respiré hondo. Si iba a llorar por un idiota, al menos sería con el estómago lleno.
Entré al restaurante y un mesero se acercó enseguida.
-Bienvenida, señorita. ¿Mesa para una?
-Sí, por favor.
Me condujo hasta una mesa junto a la ventana y me entregó el menú.
Lo abrí unos segundos y lo cerré.
-Quiero lo más caro que tengan.
El mesero levantó una ceja.
-¿Está segura?
-Completamente. Hoy estoy celebrando que saqué de mi vida a un mantenido.-El hombre soltó una risa y asintió.
-Enseguida le traigo su orden.
Mientras esperaba, apoyé la cabeza sobre mi mano.
-Increíble... todavía tiene el descaro de llamarme interesada.
-Por lo que escuché, el interesado era otro.
Levanté la mirada. Frente a mí había un hombre alto, de cabello pelirrojo y ojos grises. Llevaba una camisa blanca con las mangas dobladas y una sonrisa tranquila que, por alguna razón, inspiraba confianza.
-Perdón si interrumpo -dijo con amabilidad-. No era mi intención escuchar, pero su conversación fue... difícil de ignorar.
Solté una pequeña risa.-¿Así de fuerte hablaba?
-Digamos que medio restaurante ya sabe que su ex es un princeso.
No pude evitar reír.
-Bueno... al menos no hice el ridículo sola.
-¿Puedo sentarme?
Señaló la silla frente a mí. Dudé un instante antes de asentir.
-Adelante.-Tomó asiento y extendió la mano.
-Soy Ethan.
-Valeria.
Sin darme cuenta terminé contándole todo. Desde las citas que yo pagaba hasta el dinero que le prestaba y la amante en la que se lo gastaba. Ethan no me interrumpió ni una sola vez; simplemente escuchaba con una sonrisa de vez en cuando.
Cuando terminé, negó con la cabeza.-Definitivamente ese hombre perdió a alguien que valía la pena.
-No me halagues, apenas nos conocemos.
-No es un halago, es un hecho.-Sentí un poco de vergüenza y desvié la mirada.
-Bueno... ya basta de hablar de él.
-Entonces hablemos de nosotros.-Lo miré confundida.
-¿Te gustaría salir conmigo algún día?
Lo observé unos segundos antes de responder.-Solo una pregunta.
-La que quieras.
-¿También eres otro tacaño?-Ethan soltó una carcajada.
-No.
-¿Seguro? Porque el último empezó igual de amable.-En ese momento llegó el mesero.
-¿Ya decidió qué va a ordenar, señorita?-Antes de que pudiera responder, Ethan habló.
-Pida lo que quiera.
Lo miré con desconfianza.
-¿Lo que quiera?
-Sí.
-¿Aunque sea lo más caro?
-También.
-¿Y si quiero el menú completo?
Él sonrió con total tranquilidad.-Entonces pide el menú completo. Si invito a alguien, no estoy pensando en cuánto voy a gastar. Estoy pensando en que la persona disfrute el momento.
Lo miré en silencio...¿Será que todavía existían hombres así... o simplemente tuve la mala suerte de enamorarme del único tacaño profesional del planeta?








