Nada Importa, Es Nuestro Destino

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Sinopsis

Sabes lo que es despertarse todas las mañanas pensando que el día en que finalmente lo veré cara a cara se acerca? Tienes idea de cuan rápido mi corazón palpita, de solo imaginarme su cuerpo junto al mío? O como el deseo de probar sus labios me consume a cada momento? Dejarías todo por ir en su búsqueda? No? Terra desde los quince años abandono su casa, su familia y la seguridad que su manada le ofrecía con el único objetivo de buscar a su pareja predestinada. Cinco años ella ha vagado por el mundo yendo de manada en manada, en su búsqueda. Sin embargo, lo que ella se imaginaba sería su primer encuentro, en realidad no sería así. Terra, inmensamente herida, decide luchar, echando a un lado el dolor que le causa verlos juntos, verlo a él con su esposa. Cuando él ve por el bienestar de su hija, que no la tuvo con ella. Pero lo que si es de ella es él, porque así lo decidió la diosa Luna, en las alturas. Ella no se dará por vencida, ya que ese hombre ha sido el único motivo de su existencia.

Genero:
Romance/Fantasy
Autor/a:
VIOSHED
Estado:
Completado
Capítulos:
60
Rating
4.6 16 reseñas
Clasificación por edades:
16+

Terra

Capítulo 1

Terra

Con el pulgar levantado, desesperadamente hacía señas a unos automóviles que circulaban por la carretera para que se detuvieran. Estos pasaron de largo, sin prestar atención, dejándome en medio de una nube de polvo.

Era un día muy soleado y el calor me estaba incomodando al punto de querer matar a alguien. La mochila que cargaba al hombro pesaba toneladas y mis pies dolían, lo que me llevó a maldecir a cada paso que daba.

Tenía horas de estar así, y nadie se había apiadado de mí para detenerse y darme un aventón. Esta no era mi mejor opción, pero el dinero que tenía no me iba a durar mucho más. El último trabajo con paga que hice fue hace quince días, y del sueldo que me pagaron ya no quedaba mucho. Quien sabe hasta cuando sería capaz de conseguir otro.

La vida que me autoimpuse yendo de un lugar hacia otro era desastrosa, y lo que más quería era disfrutar la estabilidad de un hogar. Pero me prometí que no lo haría hasta que encontrara lo que estaba buscando con tanto fervor. Eso que completaría mi ser, y me proporcionaría paz y amor hasta el último día de su vida. Mi compañero predestinado por la diosa Luna. El hombre que he estado buscando incansablemente los últimos cinco años.

Mire en las dos direcciones, y no vi ningún carro acercarse. “Malditos asesinos seriales”, exclamé en voz alta, ya que debido a ellos, nadie quiere detenerse para darle un aventón a un extraño. Levanté mi mano y la puse encima de mis ojos para hacerse sombra. El sol estaba en todo lo alto, y si pronto no conseguía ayuda, moriría deshidratada.

A unos pocos metros de mí, en la orilla de la carretera, vi una roca. Ya no aguantaba más, y tenía que descansar, aunque sea por unos minutos. Era mejor sentarse ahí que en medio del polvo.

Caminé como pude y al llegar ahí, me dejé caer sobre la roca sin reparo. Di un gran suspiro cuando el peso de mi cuerpo dejó de estar concentrado en mis piernas. Pero aún tenía que hacer algo más, ya que a pesar de la gorra que estaba usando, necesitaba cubrir mi nuca y cuello con algo más.

Quería descansar aquí un rato más, y con el sol en mi cabeza, lo más probable es que perdiera el conocimiento con este calor.

Me quité la mochila del hombro, y estiré mi cuello adolorido y cansado. Después, saqué una pañoleta, la cual la puse por debajo de la gorra. Esta lograba hacer una agradable sombra en la parte posterior de mi cuello, evitando que los rayos del sol me golpearan directamente. No era mucho, pero era lo mejor que podía hacer en estas circunstancias.

Regresando a mi mochila, saqué una botella casi vacía de agua, y le di un sorbo, temiendo terminarla y quedarme sin nada que beber. “Estúpida”, exclamé, regañándome a mí misma por negligente.

“Esto no me hubiera pasado, si hubiera ido a comprar el agua antes de subirme al camión que estaba a punto de salir. El chofer, por supuesto, no me esperaría”. Aunque no podía darme el lujo de perder el boleto del camión. El dinero está escaseando a pasos agigantados, y lo poco que tengo, tenía que cuidarlo como un tesoro, ya que aún tenía mucho que recorrer.

Mirando hacia los lados, suspiré, puesto que el camino estaba vacío. Esta carretera no es muy transitada, pero era la ruta más barata para llegar a Cardy. Según Charles, un lobo que conoció unos días atrás, me comentó de una población de lobos que se encontraba cerca de este pueblo. Él no me supo decir la dirección exacta, ya que esta era una comunidad reclusa, que no se mezclaba con la población humana.

Eran muy celosos de sus tradiciones y la forma en la que el Alfa regía a sus miembros, era propia de los lobos. Era el lugar perfecto a donde ir si querías vivir en una estructura jerárquica en donde el Alfa lo es todo, junto con su Luna. Los betas y gammas eran los segundos con autoridad.

El resto de los integrantes tenían que respetar esto. Su lado animal era más importante que su lado humano. Para los hombres lobo esto era la forma de vida. Y los que habían vuelto a sus miradas a la sociedad humana y habían sido seducidos por su forma de vida, tenían que renunciar a sus deseos, o ser desterrados de la manada.

En cambio, de donde yo vengo, que si bien manteníamos la estructura de los lobos, también estábamos abiertos al cambio. Siempre y cuando este beneficiara a sus miembros. Soy la segunda hija del Alfa, y como tal, sabía cómo mantener las tradiciones y lo que significaban. Era primordial para sobrevivir como raza. Los humanos estaban avanzando no solo en terreno, sino en ideas. Era peligroso para el futuro de los lobos.

Cerré mi botella, y la coloco de regreso en la mochila, cerrando mis ojos. Aprovecho ese momento para quitarme las botas, y masajear mis maltratados dedos de los pies. “Maldición, como quisiera estar en la playa, mojando mis pies con las olas del mar, de la mano de mi pareja”, dije, imaginándome ese increíble escenario, jurando que en mi luna de miel, insistiría en ir a un paraíso en donde pudieran tomar el sol, desnudos, sobre la suave arena del mar.

Pero mi realidad era otra, ya que después de varias horas de espera, y de varios intentos de coger un transporte y ser ignorada, me sorprendí inmensamente cuando una camioneta sé detuvo a unos cuantos metros de mí. No lo podía creer, e inmediatamente me agaché a recoger mis pertenencias, y apurada me dirigió al vehículo que la estaba esperándome.

Me acerqué a la ventana que estaba abajo, y asome la cabeza, sonriéndole al conductor. Era una anciana, no tanto como para no poder manejar, pero tampoco se veía competente como para no preocuparme. Tragué saliva, sopesando si era buena idea subirme con ella, pero sabía que era mi única opción.

“¿Estás esperando una invitación? Si quieres que te dé un aventón sube ahora”.

Levanté sus cejas ante este comentario, regañándome mentalmente por ponerme en estas situaciones. Apurada, abrí la puerta del pasajero y abordé la camioneta. Inmediatamente, me coloqué el cinturón de seguridad, y volteé hacia la anciana, que estaba arrancando el vehículo.

“Gracias, no sabes cómo te lo agradezco”.

La anciana sin voltear a verme hizo un Mm, no quitando la vista del camino. Sacudí mi cabeza ligeramente, poniendo mi vista al frente.

El camino fue silencioso la mitad del tiempo hasta que la anciana habló, “¿A dónde te diriges exactamente? Ya que no puedo pensar en algo a los alrededores que valga la pena para que una joven de la ciudad haga el recorrido hasta acá”.

Con mis ojos medio cerrados cansada del viaje, me desperté completamente al escuchar a la anciana. Me limpié la garganta, quitándome el sueño de mi voz, y dije, “Estoy buscando un área cerca de Cady. Un amigo me dijo que la naturaleza en esa parte es magnífica. Soy fotógrafa y me encantaría tomar algunas fotos ahí”. Tenía que mentir, ya que por nada podía revelar nuestro mundo.

La anciana hizo un ¡Mm! Solamente, pero no dijo más.

Después de un rato, volví a cerrar mis ojos, recargando mi cabeza en el vidrio de la puerta, quedándose dormida.

En ese sueño, sentí la presencia de mi amado, que a pesar de que todavía no lo conocía, mi corazón ya estaba loco por él.