Día 3
Día 3
Debo terminar este informe, pero la cefalea parece atacarme cada vez más fuerte, no puedo tomarme otra píldora, ya llevo tres píldoras en menos de veinticuatro horas, me sorprende incluso no estar en algún hospital por sobredosis si es que eso es posible.
— Pensé que descansarías en estas vacaciones — Mi novia hizo acto de presencia con una taza de café en sus manos — No has dejado de trabajar en ese informe desde anoche.
Se veía hermosa de esa manera, despreocupada, sin maquillaje, con un moño a medio hacer como peinado y con una camisa blanca de mi pertenencia.
— Estoy de vacaciones, solo que le estoy haciendo un favor a mi padre y a cambio él me dará otro mes de vacaciones.
— Pero llevas toda la noche haciendo ese informe, no es bueno para ti que sigas así.
Tal vez tenía razón, no he dormido bien desde hace tres días, me he estado levantando en escalofríos en medio de la noche y con un ligero olor a tostadas quemadas envolviendo la habitación.
— Está bien — Cedí — Terminaré el informe más tarde.
Dejé la computadora encendida y me fui con ella a admirar la hermosa vista que nos proporcionaba la lujosa casa de verano a través de uno de sus gigantescos ventanales.
La casa quedaba ubicada en un barrio lujoso de Río de Janeiro, casi inaccesible por su alta seguridad y más que nada por su lejanía a la ciudad, es casi media hora de viaje desde el centro de río hasta el Cerro de Corcovado.
Debido a la cercanía que mantiene la casa con uno de los atractivos turísticos más grandes de Brasil, la vista que tenemos desde aquí es privilegiada, el cristo redentor es visible desde casi todos los lugares de la ciudad, pero la vista desde aquí no la cambiaría por nada, pareciera que el propio Jesús nos mira directamente a los ojos, como si vigilara la casa y nos mantuviera a salvo bajo su visión.
Aprovechamos y fuimos a la ciudad, pasamos por la playa - a pesar de que tenemos piscina - y nos entretuvo el juego de voleibol que se llevaba a cabo, salir de casa me hizo bien, la cefalea se había detenido y no sentía escozor en el tatuaje que me había hecho hace un par de días.
Finalmente caída la noche y conduje de regreso a casa, el camino era bastante fácil de transitar, pero si se pasa a altas horas de la noche o no se tienen unas luces delanteras lo suficientemente potentes puede ser muy peligroso, puesto que está rodeado de una amplia vegetación y maleza de casi dos metros.
La luz proveniente de los postes me estaba comenzando a doler sobre los ojos, sentía que quedaría ciego en cualquier momento, debo hacerme un examen de la vista también, desde que me hice el maldito tatuaje me ha fallado la visión más veces que en los últimos cinco años.
¿Se deberá a alguna reacción alérgica?
¿Las agujas estaban contaminadas de algún modo?
Son preguntas que justo ahora y en este preciso momento no puedo contestar, tal vez mañana por la mañana, pero solo quiero dormir.
Finalmente llegamos a casa, Sasha se dedica a encender las luces mientras yo saco del auto las compras que hicimos en la ciudad.
Algo de vino, pizza, algunos productos de limpieza y algunos ingredientes más para el postre que tenemos planeado el día de mañana.
Apenas dar un paso dentro de la casa fue como cruzar una barrera invisible, la cefalea regresó en un instante, me atacó como una manada de lobos hambrientos y por alguna razón mi corazón dio un vuelco. Jamás me había sentido así, solo y más que nada impotente, ansiedad y muy posiblemente el miedo.
Pero es estúpido, no puedes tenerle miedo a tu propio hogar o incluso a algo que jamás hayas visto, eso solo es paranoia que sufren las personas enfermas y con mentes débiles.
— Oye, Álex — me llamó Sasha.
Parece venir desde la habitación así que me dirijo hacia allá, una vez llegó no hay nadie dentro, pero el sonido de la ducha encendida me dice que hay alguien dentro.
Me quito la ropa y entro al baño e ir directamente a la ducha con ella, pero para mi sorpresa o miedo me encuentro solo, quiero ignorar ese cosquilleo que siento en la espalda en este momento que me indica que hay algo que no anda bien, por lo que ignoro todo y pongo el agua caliente para ducharme de una vez.
El agua relaja mis músculos y me ayuda a olvidar el extraño momento de hace poco, un inexplicable frío se hace presente, a pesar de tener puesta el agua caliente.
¿Quizás se acabó el agua caliente? — me pregunto.
Pero no, es imposible considerando la gran cantidad de vapor que genera, pero no siento nada, solo el frío calando mi piel y huesos hasta llegarme al alma, intento de todas las maneras entrar en calor, pero no lo consigo.
El miedo parece haber nublado mi raciocinio, no soy capaz de pensar correctamente, muevo la llave de la regadera una y otra vez, aumentando cada vez más la temperatura del agua sin lograr resultado.
Mi piel se torna roja y se nota lo irritada que está, pero nada me importa pues no puedo sentir nada hasta que en menos de un segundo un grito desgarrador sale de mí garganta al sentir que el agua derretía hasta mi propio cuerpo, la sensibilidad volvió a mí de repente y el escozor causado por las quemaduras de segundo grado toma casi todo mi cuerpo.
Salgo de la ducha envuelto en una toalla, con el cuerpo rojo y sin ser capaz de moverme adecuadamente, con una buena parte de mi espalda excepcionalmente irritada, es muy posible que en la mañana tenga ampollas si llegué a quemarme demasiado.
Miro hacia el espejo y veo mi cuerpo, rojo y sensible en este momento, pero no es eso lo que me llama la atención, son mis ojos...
A través del espejo los veo... De un color rojo, inyectados en una ira que no me pertenece, los veo sangrar, una gran cantidad de sangre sale de mis lagrimales y llena el interior de mis ojos hasta impedir mi visión.
Mi respiración se torna errática, apenas puedo ver mi reflejo por la sangre en mis ojos, me cuesta mucho más respirar ahora hasta el punto de jadear y un pitido bastante molesto se aloja dentro de mis oídos, siento que el aire es cada vez menos hasta que ya no hay y comienzo a tropezar con las cosas en mi camino hasta que accidentalmente, le doy un gran golpe al espejo quebrándolo.
Al instante tomo un gran respiro de alivio al sentir el oxígeno entrar por mis pulmones, miro mi reflejo en uno de los fragmentos del espejo y no hay nada, no hay sangre, no hay quemaduras.
Creo que estoy empezando a alucinar, Sasha tiene razón, debo descansar más seguido, el estrés me está haciendo ver cosas que no son... No quiero tener que pasar por lo mismo otra vez.
— ¡Álex! — Gritó mi novia al entrar en el cuarto de baño asustada — ¡¿Qué sucedió?!
Seguramente el golpe que le di al espejo debió haberla alarmado, pero no puedo decirle que vi en el espejo como mis ojos sangraban y dejaba de respirar cuando estoy en una sola pieza.
— Nada — Respondí después de pensar en una buena excusa — Solo me resbalé al salir de la ducha y he golpeado el espejo por accidente, en un momento recojo los fragmentos.
Ella parece haberme creído por lo que se fue directamente a la cama mientras que yo fui a la cocina a terminar el informe, encendí la computadora y trabajé hasta las dos de la mañana para terminarlo y enviarlo de una vez.
Una vez terminado comencé a subir las escaleras de caracol que llevan hacia el segundo piso para ir a dormir junto a Sasha, pero antes de llegar noto al final de las escaleras a una mujer.
No... Otra vez tú no.
— ¿Qué estás haciendo aquí? — Pregunté, pero al igual que en ocasiones anteriores, no respondió.
Pensé que había superado esto hace años, no quiero volver a pasar por ese infierno por segunda vez... Ya sufrí mucho la primera vez.
La mujer llevaba un vestido blanco, ya saco transparente de lo viejo y desgastado que se encontraba, parece haber atravesado una laguna, puesto que se hallaba empapada y su vestido teñido de un color verdoso tan nauseabundo que indicaba las condiciones tan insalubres de su paradero.
Su cabello caía sobre su rostro, impidiendo la visión y sus brazos estaban llenos de cortadas mal cicatrizadas.
— Pensé que después de tanto tiempo, mantendrían tus pies en el mundo de los muertos, pero de ti puedo esperar de todo.
Ella era Calicagua... O al menos eso parece, hace años la dejé de ver, solía vagar por las madrugadas frente a la casa de mis padres... La única herencia que dejó mi abuela.
Un maldito espectro y una maldición sobre mis ojos.
Calicagua era una mujer de las épocas de antaño, en las que mujeres eran golpeadas por no obedecer a su marido y los esclavos eran vendidos a montones. Ella fue vendida, hija de un hombre acaudalado que no la reconoció por el color de su piel, vendida y tratada como objeto un día su dueño la mandó a llamar y la intentó violar, al verse en peligro hizo lo que toda persona hubiera hecho, se defendió, pero un tropiezo hizo caer al hombre a través de la ventana tres pisos hacia abajo.
Fue declarada culpable de asesinato y condenada a la horca, pero antes de eso fue asesinada, encontraron su cadáver flotando en el río, con señales de tortura y violación.
... Mi abuela poseía el don de ver más allá de este plano terrenal, podía ver a los entes atrapados entre los dos mundos y hablar con ellos pero, un día le pasó factura y desapareció, dejando a su descendencia con la maldición de sus ojos.
— Calicagua, por favor — Le supliqué esta vez — No quiero recordar más.
No sabía si ella me escuchaba o no, pero cuando me di cuenta, ella bajaba corriendo las escaleras empujándome en el trayecto.
Rodé por ellas causando un gran estruendo, Calicagua arañaba mi rostro y más que nada el hombro donde yo me había hecho el tatuaje, sentía que iba a desprender mi piel con sus uñas y sus gritos ininteligibles opacaban mis gritos por el dolor de los golpes de mis huesos contra los peldaños.
Lo último que recuerdo ver es a Calicagua sobre mí, con un trozo de mi carne entre sus desfigurados dientes y a Sasha desde la cima de las escaleras mirando horrorizada mi caída.