Prefacio
Inicio del período universitario.
Academia de Artes.
—¿Podrías quitarte los audífonos? —Suspira mi madre—. Te estoy hablando.
La canción vuelve de Sebastián Yatra resuena a todo volumen en mis oídos y la siento, siento cada palabra. Tengo dieciocho años y haber terminado con mi primer amor por tener que venir a la Academia de Artes me rompe... No me mal interpreten, amo pintar con cada fibra de mi ser, pero también lo amaba a él. “Amores del Instituto” lo llamó mi madre, “Tienes que madurar y dejar ir” exclamó mi padre, pero mi corazón no sintió lo mismo, la despedida de hace unas horas fue dura.
Limpio una lágrima que estuvo por derramarse con el dorso de mi mano. Despojo mis oídos de los audifonos. La sensacion de vacio lleno mi cerebro.
—¿Qué sucede?
Observe a mamá que lleva las manos en el volante pero los ojos en mí, hay un embotellamiento.
—Quería hablar contigo. —Vuelve la mirada al frente—. Sé que no estás bien, pero April, no te veré en un tiempo y... Te extrañare.
—Tienes razón —suspiro.
Reposo el teléfono y los audífonos en mi regazo, sé que la canción siguiente es una canción más triste, ¿Por qué? Porque es la playlist para momentos tristes.
—¿Te imaginas cómo será?
Sonríe, supongo que habla de la Academia, una universidad destacada en la cual obtuve una beca para estudiar arte. Tomo aire un poco triste y emocionada.
—Me la imagino con música, llena de colores, personas por todos lados, en mi imaginación me encanta, al menos.
—Sera así, así se vio en los folletos. —Me aprieta el hombro con una mano—. Tu padre y yo te extrañaremos, al menos nos visitarás en Navidad.
—Yo los extrañare a ustedes. —Sonrío débilmente hacia la ventana del auto.
El auto gira en una esquina y luego aparece frente a nosotros, majestuoso e imponente el edificio principal de la academia.
Trago saliva y escucho a mi madre suspirar a mi lado, para ella es difícil, pero para es mí más duro dejar atrás todo lo que conozco por venir aquí, “la vida cambia siempre, no debemos acostumbrarnos” fiel a mi padre.
El auto se estaciona justo en frente.
Muchos otros autos se van estacionando, padres ayudando a sus hijos a bajar sus pertenencias. Y aquí estoy yo, con mi madre al lado dispuesto a escuchar "No estoy lista, mejor el próximo año" las palabras se atoran en mi garganta. Lista o no, aquí voy. Abro la puerta del auto y escucho a mi madre hacer lo mismo.
Introduzco el celular en el bolsillo trasero de mi pantalón.
—Iré a preguntar que habitación me toca y buscar las llaves. —Le hablo a mamá que está abriendo el maletero del auto para bajar mis cosas.
—Bien, te espero aquí. —sonríe levemente colocando sus manos en los bolsillos delanteros de su pantalón de mezclilla.
Le doy la espalda y camino lentamente al edificio.
Mi primera impresión es que el lugar no es muy parecido a lo que me imaginaba, paredes blancas, las personas que están a mí al rededor no cantan, no bailan, no se divierten. Son sólo personas llenando papeleo con cara de malhumorados, espero que mamá haya hecho todo esto antes.
Llego a la recepción donde se encuentra una mujer morena en un escritorio.
—Emm... Buenos días. Soy April Lanzcrip. Nueva, con una beca. No sé cuál es mi habitación... —Logro decir entre mis balbuceos, sintiendo como los nervios me atacan.
Hoy realmente no me siento yo, mi aura esta baja. Estoy en esos momentos donde sientes las energías por el piso, donde sientes que si te descuidas un momento arrancaras a llorar sin control, y sí, soy el tipo de persona a la que le gusta leer el horóscopo y tener cuarzos en su habitación. No me juzgues.
Necesito buena música urgente, salir de la playlist triste y hacer una para nuevos inicios.
—Hola cariño, te buscaré en esta lista y te diré que habitación te tocó, y así te podré entregar tu horario escolar —se expresa elocuentemente.
La mujer examina en el ordenador y tararea. Tres minutos después despega la mirada del ordenador mientras una impresora sonoramente saca el papel.
—Este es tu horario, en la esquina tiene el número de habitación. —Me entrega un papel junto a una llave—. Y esta es la llave. Espero que vaya muy bien. Allí encontrará las reglas de los dormitorios, feliz tarde.
Me devuelvo por donde vine con la información en mis manos.
—¿Qué habitación te tocó? ¿En qué edificio? —pregunta mamá cuando estoy frente a ella.
Revisa el papel.
—Edificio B habitación veintiuno.
—Espero no haya que subir escaleras. —Se queja viendo todas las cosas que hay que llevar.
Lo bueno, Tiene un carrito que puedo rodar hasta alla. Lo malo, pesara una barbaridad.
Las cosas "Esenciales" que empaquetan son realmente muchas. Una maleta con toda mi ropa, varias cajas con objetos personales, como peluches, pinturas y una maleta más. Todo es subido al pobre carrito de compras que no sé de dónde sacó mi madre. Mamá asegura el auto y me ayuda a empujar todo por el medio del gran espacio que hay entre los edificios. Será dificil no perderse.
Por suerte la habitación está en un piso arriba, podría ser peor.
El edificio tiene diez pisos y todos con habitaciones para las estudiantes. Luego de la lucha de subir las escaleras con las maletas y el carrito, por fin puedo abrir la puerta de lo que será mi nuevo hogar. Se me cae el alma al piso cuando me doy cuenta que compartiré habitación.
—No me dijiste que compartiría la habitación. —susurro algo molesta hacia mi madre.
—Yo tampoco sabía.
Resignada demostró las camas y espacios ya ocupados, sus ocupantes parecen no estar. Genial al menos me dejó espacio para mí.
—Dejaré las cosas aquí y me iré, es un largo viaje y...
Me lanzo en sus brazos y la abrazo. Mentiría si una lágrima no se escapa de mis ojos. Respiro su olor, olor a mamá, es decir flores y chocolate, las personas tienen un olor característico que al estar presente, nos trae a los recuerdos vividos a su lado.
Besa la coronilla de mi cabeza y se aleja.
—Nos veremos pronto cariño.
—Nos vemos pronto mamá. — Me despido con la mano.
Saco el celular y me pongo nuevamente los audifonos. La playlist triste tendrá que seguir hasta que haga una nueva. Innocence me trae recuerdos mientras desempaco las cosas.
La única cama vacía de las tres que hay en la habitación, es la de abajo de una literatura. Si me dieran a elegir, me quedaría con la cama de arriba, pero al parecer llegaría tarde. Hay tres pequeños armarios, cada uno con un espacio bastante reducido. Suspiro frustrada mientras cuelgo la ropa que puedo en los ganchos que tengo guardados en cajas. Mamá tenía esta razón no será fácil.
—"Esta inocencia es brillante, espero que se quede.
Este momento es perfecto, por favor no te vayas..."
Mi corazón se estruja, él si se alejó. Una relación a distancia no sirve, tal vez sea verdad. Sorbo por la nariz. Una mano toca mi hombro y me sobresalto, volteo a ver quien es.
—Ah, es que tiene oídos, Lunna. —Una chica morena le habla a una rubia.
Sin audifonos puedo escuchar claramente lo que dicen.
—Hola... —Sonrió débilmente, debo dejar de sentirme como la mierda y empezar a ser yo misma otra vez—. Soy April, supongo que su compañera de habitación.
La rubia se limita a sonreir y se sube a la parte de arriba de la literatura.
—Yo soy Kerana. Ella es Lunna, es un poco tímida así que es difícil sacarle información. Tardaste bastante así que tomamos las camas que nos gustaron. Espero no te molestes. —Se encoge de hombros.
Kerana es una morena de cabello rizo que por lo visto no busca plancharlo, es alta y con bastantes curvas, además de ser vivaz se ve bastante divertido. Si me dan a adivinar que arte hace podría irme casi segura que por la danza, su condición física es estupenda.
—Por mi está bien, será interesante compartir habitación, es todo.
—Oye, estas son las reglas. —Se acerca a una pizarra en la pared—. Te las leeré para ahorrarte trabajo mientras guardas tus cosas.
—Bien. —Continúo colgando ropa—. Gracias.
—Regla número 1. La convivencia es importante, un buen trato entre todos traerá paz. Número 2. Nada de chicos en las habitaciones. Número 3. Nada de llegar tarde a clases. Número 4. La luz se apaga a las diez. Número 5. Nada de chicos (Si, otra vez). —Despega la vista de la hoja—. ¿Qué tienen en contra de los pobres chicos? —Se ríe a carcajadas y me contagia la risa—. Número 6. Las multas de semana pueden salir pero deben volver antes de las doce. Es todo, puedo vivir con eso ¿Y ustedes?
Kerana sonríe. Lunna se ve un poco más seria pero igual sonríe.
—Por mi bien —habla bastante bajo la rubia.
Cada una se concentra en sus cosas. Lunna es misteriosa, se coloca sus audifonos y se concentra en su celular escribiendo ¿Tendrá novio? ¿Habrá alguna de ella que haya dejado a su chico en casa? Quizás son de este mismo estado. Quien sabe, ya luego lo sabe. Al menos viviré con ellas mientras asisto a la Academia









Que buen inicio ❤️