CapĂtulo 1:
La llegada de los Gaunt
Regina no tenĂa más de siete años cuando se enterĂł de su compromiso con Destrian Gaunt. La noticia no la impresionĂł en absoluto. Siempre se habĂa imaginado a sĂ misma como una princesa, viviendo en un lujoso castillo rodeada de sirvientes, vistiendo elegantes vestidos y acompañada por su apuesto y varonil esposo. Sin embargo, su sueño se vio truncado el dĂa de la fiesta de cumpleaños de su padre, cuando Destrian y su familia visitaron el castillo.
Destrian no era más que un niño de su edad, más bajo que ella, delgado y pecoso. Su piel no era blanca sino gris, haciendo que las manchas anaranjadas en su rostro le dieran una apariencia enfermiza. Sus ojos eran azules, pero rodeados de horribles pestañas blancas. Su cabello era de un desagradable color naranjo, como el de una zanahoria. Sin embargo, lo peor de todo eran sus orejas, puntiagudas igual que las de un gnomo.
Regina no necesitaba un espejo para ver la expresiĂłn de asco en su rostro.
Ella siempre habĂa imaginado que se casarĂa con un prĂncipe hermoso, y juntos tendrĂan hijos perfectos. Se imaginaba a su futuro marido como un lord acaudalado, alto y musculoso. Con piel tostada en lugar de gris, con suave cabello dorado que complementaria la palidez del suyo. Sin embargo, lo que habĂa recibido era un despreciable duende.
Junto con la impresiĂłn y el asco, vino el enojo. Con tan solo siete años, Regina fue capaz de hacer una rabieta de tal envergadura que se provocĂł a sĂ misma fiebres y vĂłmitos por la duraciĂłn de la estadĂa de su futura familia.
Nadie entendĂa que habĂa causado tal enfermedad, ya que Regina nunca se habĂa enfermado en su vida, ella siempre habĂa gozado de una salud privilegiada. Las Ăşnicas capaces de darse cuenta fueron sus hermanas.
—Tranquila, no te tienes que casar con él ahora mismo. Estoy segura de que cuando sean adultos él será mucho más atractivo que ahora. —intentó tranquilizarla su media hermana Orla, mayor que ella por un año.
—¿Y si se pone peor? ÂżSi le crece una barriga como la de papá y se le cae el pelo? —preguntĂł Regina con escalofrĂos sacudiendo su pequeño cuerpo.
—Al menos dejarĂa de ser pelirrojo. —agregĂł Joana, un año menor que Regina. Ambas parecĂan hermanas gemelas. Con frecuencia la gente las confundĂa, ya que ambas compartĂan el mismo cabello rubio blancuzco de su madre, y ojos castaños. A diferencia de Orla quien tenĂa el cabello oscuro como su padre, y la menor de todas Zinnia, quien tenĂa el cabello tambiĂ©n castaño, pero mucho más claro y rojizo que el de Orla.
El comentario de Joana no hizo sentir mejor a Regina, pero si divirtiĂł a las muchachas que rodeaban el lecho de esta.
—Estoy condenada.
—Tranquila. De ser asà todas estamos condenadas. Al menos tú eres la única que conoce a su prometido.
Regina deseaba que, de todos los prometidos, Destrian fuera el menos horrible.
Y por aquellas ironĂas de la vida, cuatro años despuĂ©s, el prometido de Orla visitĂł el castillo junto a su padre, y este habĂa resultado ser perfecto.
Gideon era el chico más hermoso que hubiese podido imaginar, incluso superaba al prĂncipe de cabellos dorados que imaginaba cuando era pequeña. Con tan solo diecisĂ©is años, Gideon tenĂa a todas las muchachas del castillo encandiladas con sus ojos verdes soñadores, con su cabello castaño delicadamente rizado, y con su callada, pero dulce personalidad.
Verlo resultaba un cruel recordatorio sobre el horrendo Destrian, cuando ya casi habĂa logrado olvidar su existencia.
Regina pasĂł noches enteras imaginando que algo extraordinario sucederĂa y terminarĂa casada con Gideon, pero aquello nunca ocurriĂł. Semanas despuĂ©s de que su hermana Orla cumpliera los dieciocho años, ambos contrajeron matrimonio y dejaron el castillo.
Luego de ver partir a su hermana junto con el amor de su vida, Regina tuvo que hacerse a la idea de que ella serĂa la siguiente.
Esto la sumiĂł en el desánimo. Ya no disfrutaba bordar sus vestidos para hacerlos más hermosos, ya no le importaba averiguar los chismes que sabĂan sus hermanas, ya no le importaba nada. Hasta que un dĂa su madre, consternada por su comportamiento, le revelĂł informaciĂłn fundamental.
La familia Gaunt —su futura familia— era una de las más acaudaladas de Sussex. Al parecer la familia habĂa estado relacionada con la alta nobleza por generaciones. Inclusive, la abuela de su suegra habĂa sido la famosa duquesa Sorella de Mercia, prima del rey.
En aquel instante, Regina sintió más cercano su sueño infantil de ser una princesa, y también, el recuerdo de Destrian resultaba un poco menos espantoso.
Luego de pasar el verano en el castillo de su hermana, al fin habĂa llegado la hora. Los preparativos ya estaban listos y dispuestos para celebrar su matrimonio la segunda semana de otoño. Mientras, Regina se preparaba a darle la bienvenida a la comitiva de su futura familia.
Destrian y su madre habĂa viajado desde el otro extremo de Inglaterra, y debido al buen clima, habĂan logrado llegar a Caister en menos tiempo de lo esperado. Esto les ayudarĂa a hacerse a la idea de verse a diario.
Regina se mirĂł al espejo. Su cabello naturalmente rizado caĂa por su espalda hasta la altura de sus caderas. Con la ayuda de Joana, habĂan logrado trenzar la parte superior de este para dejar su rostro despejado. Su vestido azul claro hacia ver su piel inmaculada, los Ăşnicos puntos de color eran sus mejillas, las que luego de apretarlas habĂan logrado adquirir un suave color rosa. Regina sabĂa que se habĂa arreglado demasiado, pero no lo hacĂa para asombrar a Destrian, sino a su madre, y no por ser su futura suegra, sino por su sangre. QuerĂa que, a pesar de la inferioridad de su linaje, ella supiera que Regina podĂa estar a la altura. Que, a pesar de ser la hija de un lord menor, ella estaba destinada a grandes cosas.
Regina y Joana bajaron las escaleras luego de escuchar el cuerno que alertaba que los visitantes habĂan llegado. Como protocolo, toda la familia y algunos sirvientes debĂan recibir a los visitantes en las puertas de castillo.
La comitiva era mucho más grande de lo que Regina habĂa supuesto, debĂan ser al menos treinta personas. A la vez que cruzaban el puente pudo ver al menos quince guardias, una decena de sirvientes, y a su prometido acompañado por su futura suegra.
SegĂşn habĂan informado antes de partir de Adelby, lord Gaunt padre no estaba en condiciones de viajar debido a una enfermedad, y en su lugar habĂa venido lady Lucille, su esposa.
En lugar de fijar la mirada en su prometido, Regina no podĂa dejar de ver a su suegra. Por la distancia no podĂa deducir su edad, pero por su postura sobre el caballo y el brillo de su vestimenta podĂa ver que era una mujer elegante y segura de sĂ misma. Su cabello era rojo oscuro, como el del terciopelo más caro, y este estaba recogido en una larga y complicada trenza que descansaba sobre su hombro derecho.
Era hermosa.
Al llegar a las puertas del castillo, lady Lucille bajĂł de su caballo con la ayuda de Destrian.
Este era mucho más alto que lo que recordaba. Aunque para ser completamente honestos, la Ăşltima vez que se habĂan visto ambos tenĂan siete años. Destrian debĂa medir al menos un metro noventa, y bajo la armadura podĂa ver que tampoco era tan delgado como recordaba, sus hombros eran anchos, pero Regina sabĂa que las armaduras solĂan exagerar las cualidades de los caballeros. Su cabello seguĂa siendo desagradablemente anaranjado, pero su piel ya no lucia gris.
Al menos.
Destrian mirĂł alrededor, buscando entre las personas a la que serĂa su esposa.
Junto a Regina, Joana le dio un codazo en las costillas. Regina intentĂł ignorarla, pero la risa ahogada de Joana la estaba incomodando.
—¡Para ya!
—¡Mira sus orejas! —Joana rio otra vez. Si cualquiera la viera, supondrĂa que se trataba de una risa coqueta, pero Regina sabĂa que no. —Siguen igual de grandes y puntiagudas.
Regina habĂa intentado no mirarlas, pero era inevitable. Destrian tenĂa el cabello corto, por lo que sus orejas blancas resaltaban entre su cabello naranjo zanahoria.
En aquel momento, los ojos azules del joven se posaron sobre ella.
Regina debĂa admitir que su apariencia habĂa mejorado mucho, lo suficiente como para no provocarle un berrinche esta vez.
La joven le devolvió la mirada por un par de segundos, haciendo que su estómago se apretara provocándole un ligero malestar, hasta que los saludos entre sus padres y lady Lucille comenzaron.
—Tanto tiempo, Lucille. Sigues tan hermosa como te recordábamos. —mencionó la madre de las chicas.
—Lo mismo digo, Sufficia. Pareces una más de tus hermosas hijas.
—Bienvenida Lucille. —el padre de Regina le dio una tiesa reverencia. —Espero que el viaje no haya sido desagradable.
—Para nada. Hay muchos bellos paisajes en esta parte del reino, además el buen clima nos acompañó.
—Este debe ser el joven Destrian. ¡Vaya, como has crecido!
—Es un gusto volver a verlo, lord Caister. —su voz era profunda, pero bien articulada. El cuerpo de Regina volvió a dar un apretón a sus entrañas.
—¿Y dónde está la chica, Volkran? Casi no la recuerdo. La última vez que vinimos estaba tan indispuesta que apenas fuimos capaces de saludarla.
—Regina, acércate.
Esta era la primera vez que su padre se dirigĂa a ella en lo que debĂa ser un año. Desde que el pequeño Charlie habĂa nacido, Ă©l solo tenĂa ojos y palabras para Ă©l.
Regina se acercĂł con tranquilidad. PodĂa sentir los ojos de todos sobre ella, pero no le molestaba. Estaba más que acostumbrada a la atenciĂłn. Dos años atrás, cuando tan solo tenĂa diecisĂ©is años, habĂa sido nombrada la más bella de todas, en el torneo que se habĂa llevado a cabo en el castillo. Era guapa, y tenĂa una corona que lo probaba.
—¡Es una joven hermosa! —comentó lady Lucille. —¿Verdad, Destrian?
El aludido mascullĂł un casi inaudible sĂ.
Regina mirĂł en su direcciĂłn sorprendida por la falta de emociĂłn en su respuesta. Este se encontraba mirando al suelo, ocultando sus sonrojadas mejillas.
Asà está mejor —pensó Regina.
—DĂ©jalo, es algo tĂmido. Ya verás como la timidez se escurrirá con rapidez una vez que se conozcan mejor.
Finalizados los saludos todos entraron al castillo. Lores, guardias y sirvientes fueron acomodados en los lugares que descansarĂan los dĂas que se quedaran, y tambiĂ©n les proveyeron agua tibia a quienes desearan asearse antes de la cena.
Zinnia y Joana tomaron del brazo a Regina y la llevaron al jardĂn para comentar sus percepciones.
—No está nada mal. —comentó la menor de todas. —No es Gideon, pero al menos es alto, y no es una bestia como el prometido de Joana.
—¡No me lo recuerdes! —Joana odiaba a su prometido. El verano anterior este habĂa viajado desde el rincĂłn recĂłndito donde residĂa para reclamarla como su esposa. Luego que su padre le negara el favor hasta que ella cumpliese los dieciocho años, este montĂł un espectáculo de lo más aterrador.
Joana preferĂa comer mierda de caballo que casarse con Ă©l.
—No me importa como luzca. —contestó Regina con distinción.
—Claro que no, desde que madre te contó sobre su oro, solo lo ves bañado en él.
Aquello no estaba nada lejos de la realidad.
—¿Viste cĂłmo te miraba al entrar al castillo? ParecĂa totalmente hipnotizado.
—Yo pensĂ© que lucĂa asustado, aterrado más bien. —comentĂł Zinnia. —Aunque debo admitir que no te quitaba los ojos de encima.
—Cómo no va a estar aterrado de ver a Regina si la última vez lo miró como si estuviera a punto de vomitar. —Joana rio tan fuerte que las aves que descansaban en la fuente frente a ella emprendieron el vuelo.
—Que conveniente que luego se enfermara en serio.
Las tres hermanas rieron hasta que la campana las llamĂł de vuelta al salĂłn.
—Es un alivio que lográramos llegar antes del anochecer. Tuvimos tiempo suficiente para descansar al menos unos minutos antes de la comida.
—SĂ, es un alivio. En esta parte del reino las noches son muy frĂas y hĂşmedas, sobre todo en esta Ă©poca del año.
Regina dejĂł de prestar atenciĂłn en su padre, ya que no habĂa nada que Ă©l dijera que le interesara. En su lugar, Regina se concentrĂł en comer. PodĂa sentir los ojos de Destrian y de algunos soldados de su comitiva sobre ella, por lo que no podĂa cometer ningĂşn vergonzoso error.
QuerĂa levantar los ojos y tomar a Destrian por sorpresa, pero antes de que pudiera hacerlo, la conversaciĂłn de sus padres llamĂł su atenciĂłn.
—¿Cuándo será la boda, Volkran? Estoy algo desorientada con las fechas luego de tantos dĂas viajando.
—Tenemos todo planeado para que se lleve a cabo en dos dĂas, pero si existe algĂşn inconveniente podemos hacer los cambios que sugieras, Lucille.
Inconscientemente la mirada castaña de Regina voló hacia la de Destrian, sus ojos se encontraron, y ella supo que ambos pensaban igual.
En dos dĂas, ambos estarĂan obligados a unir sus vidas hasta el fin de estas.