1- El secuestro - Taehyung
A veces, un buen día se tuerce sin remedio.
A veces, un mal día termina con fuegos artificiales.
A veces, tu vida perfecta nunca fue tan perfecta, y tu peor pesadilla se convierte en el sentimiento más bello y desgarrador que has sentido corriendo por cada rincón de tu cuerpo.
A veces, nada es lo que parece…
Cuando he recuperado la consciencia, no sabía muy bien qué había ocurrido. La única certeza que tenía era que tenía un dolor de cabeza criminal y un estado mental de confusión que me impedía pensar con claridad. Sin abrir los ojos, he intentado recuperar del fondo de mi cerebro la última información que tenía almacenada.
Las luces de neón del centro de Seoul mientras viajaba en la parte de atrás de uno de los múltiples coches de lujo de mi padre habían dado paso a la oscuridad más absoluta mientras el chófer conducía de vuelta a la mansión que mi familia tiene a las afueras de la ciudad. Ya antes de que yo naciese, mi familia poseía una de las mayores fortunas de Korea, obtenida gracias a la venta de armas y un par de trucos de ingeniería fiscal. Lo cierto es que nunca le he dedicado demasiado tiempo a pensar en los posibles conflictos éticos de ello. Los negocios de papá siempre me han importado más bien poco, y cuando naces en una cuna de oro, tampoco te preocupa demasiado lo que le ocurra al 99% mientras tú puedes vivir entre lujos.
Estaba a punto de dormirme con la cabeza apoyada en la ventanilla, cuando el coche se ha quedado parado en el arcén. Tengo el leve recuerdo de alguien abriendo la puerta trasera y cargándome sobre un hombro. Y después de eso, fundido a negro.
Con un lento parpadeo, he abierto por fin los ojos, deseando que todo fuese una pesadilla, pero de lo primero que me he dado cuenta es que estaba en una habitación totalmente desconocida para mí. Rápidamente me he sentado en la cama donde estaba, pero una punzada de dolor en las sienes y la sensación de que la habitación giraba a mi alrededor me ha obligado a tumbarme otra vez.
“Joder. Joder. Joder. Me han secuestrado”, ha gritado mi voz interior. Pero a pesar del miedo que estaba sintiendo, mi cuerpo no parecía estar reaccionando a ello. Lentamente, y temiéndome lo peor, he empezado a palpar mi cuerpo, en busca de algún indicio de haber sido abusado. Pero salvo la ausencia de la cartera y mi teléfono, mi ropa parecía en su lugar, y salvo el malestar general que tenía, no parecía estar ni siquiera herido. Al otro lado de la puerta, he oído unos pasos acercarse, por lo que me he obligado a sentarme mientras las náuseas se apoderaban de mí.
—Buenos días, Aurora—ha dicho una voz masculina al abrir la puerta— Ya pensaba que no te ibas a despertar nunca.
—¿Quién coño eres? ¡Socorro! —he gritado con todas mis fuerzas, haciendo que el dolor de cabeza se amplificase.
—Ay, cállate—ha respondido él con voz molesta— ¿De verdad te piensas que por gritar te va a oír alguien?
—¡Sácame de aquí, hijo de puta! —he chillado con rabia— ¿Pero tú sabes quién soy yo?
A pesar del pasamontañas que tenía puesto el hombre que me miraba desde la puerta, he podido ver cómo sus cejas se elevaban mientras en su boca se dibujaba una sonrisa socarrona.
—Precisamente porque sé quién eres estás aquí, Kim Taehyung, hijo de Kim Do-yun, presidente de ArmyCorp.
Tendría que haber predicho que, si estaba aquí ahora mismo, no era porque un pandillero cualquiera hubiese dado con la persona equivocada, sino porque yo siempre había sido el objetivo desde el principio. Tratando de reconducir la situación, he hecho lo que cualquier hombre de mi posición hubiese hecho.
—¿Y qué quieres de mí? ¿Dinero? ¿Algún favor? Pídeme lo que quieras, pero sácame de aquí.
—Qué fácil solucionáis las cosas en tu mundo, ricura—ha respondido él— Pero nada de lo que puedas ofrecer te va a sacar de aquí hasta que lo decida yo.
Con toda la seguridad que he podido, me he levantado y he corrido hacia la puerta, pero mis piernas han decidido fallarme y me he caído penosamente al suelo. Con un suspiro de exasperación, el hombre me ha levantado de los hombros con facilidad y me ha tirado a la cama otra vez.
—¿Pero no ves que aún sigues drogado, idiota? ¿Pensabas que ibas a llegar muy lejos en este estado?
—No sabes de lo que soy capaz.
—No me hagas reír, niño bien, que aquí el único que no sabe de lo que soy capaz, eres tú. En el cajón de la mesilla de noche tienes el mando de la televisión. En un par de horas te traeré algo de comer. Por ahora, tienes un paquete de galletas y unos zumos en ese armario. Disfruta de las vacaciones, ricura.
El hombre ha salido por la puerta, y he oído el ruido de una llave girando, unos pasos alejándose, y después, nada. Sintiéndome más frustrado y aterrorizado que nunca, me he levantado de la cama despacio, probando mis fuerzas lentamente para examinar el cuarto en el que estaba.
Lo cierto es que, de todos los escenarios posibles para un secuestro, este no es el peor. En lugar de un sótano con humedades y paredes de hormigón, esto parece más bien el dormitorio de una casa rural. Las paredes, iluminadas con la luz de la mañana, están cubiertas con paneles de madera y por la ventana, solo se ven hectáreas y hectáreas de bosque. En una de las paredes, hay una estantería con algunos libros, y tengo un baño privado equipado con algunas cosas básicas.
He probado a abrir la ventana, e incluso a romper el cristal con una silla, pero no podía ser tan fácil, claro. A pesar de la aparente amabilidad de la estancia, este tío definitivamente sabe lo que está haciendo. Los cristales deben estar blindados, el marco está sellado, es imposible que alguien me vea aquí, y no hay absolutamente nada que me pueda ayudar a comunicarme con el exterior. Incluso he descubierto que el teléfono que hay en la mesa solo sirve para comunicarme con él.
Pero entonces, he tenido una idea. Si, no puedo comunicarme con nadie, pero sí puedo recopilar pruebas para cuando me encuentren, dar una descripción detallada de este cabrón. He abierto la mesilla de noche, y he sacado la libreta y el bolígrafo que había visto un rato antes, y me he puesto a apuntar todo lo que recordaba, empezando por lo poco que recordaba del secuestro.
Por cómo el chófer y yo nos hemos dormido, sospecho que el secuestrador tuvo acceso al sistema de ventilación del coche y nos puso algún tipo de narcótico gaseoso de forma remota, para poder acceder a mí en un lugar apartado. Entonces, debía conocer nuestro itinerario, porque sabía perfectamente cuándo podía activarlo. Siendo ahora mismo las 10 de la mañana, han pasado unas 12 horas desde mi desaparición. Eso quiere decir que posiblemente ni siquiera me haya echado en falta el servicio. Habrán dado por supuesto que he salido de fiesta como de costumbre, y que estoy durmiendo en algún hotel de lujo, durmiendo con alguna chica engatusada por mi tarjeta black. Además, por la costumbre que tengo de ignorar mis llamadas de teléfono y de apagar el móvil cuando no quiero que mi padre me localice, es muy posible que tarden incluso varios días en investigar mi desaparición.
Luego, he empezado a hacer una descripción del secuestrador. Debe de medir algo más de 1,80. Por su tono de voz, debe tener una edad similar a la mía, entre 25 y 35 años. A pesar de que iba vestido con ropa ancha, se notaba que tenía hombros anchos y un cuerpo atlético, lo cual se confirma con la facilidad con la que me ha levantado del suelo antes y cómo me ha cargado en el hombro al sacarme del coche. Definitivamente debe estar bastante fuerte. En su mano derecha, tenía varios tatuajes, pero tenía tatuada la palabra “ARMY” en una de sus manos, por lo que es posible que tenga algún tipo de relación con el ejército. Por sus ojos grandes, rasgados y negros, y por su acento de Busan, debe ser koreano. Cuando ha sonreído, me he fijado en que tenía los dientes bien cuidados, por lo que probablemente tenga el dinero para pagar un buen dentista, lo cual no hace más que apoyar mi sospecha de que este tipo es un profesional y no es la primera vez que hace algo así. Posiblemente, se gana así la vida, arrebatándole la tranquilidad a los demás.
He arrancado el papel de la libreta y me lo he guardado en uno de los calcetines para esconderlo, y me he puesto la televisión para distraerme un rato. En un canal estaban poniendo la típica sitcom norteamericana con risas enlatadas que me ha permitido pasar el resto de la mañana sin pensar demasiado hasta que he vuelto a oír los pasos. Rápidamente me he levantado y me he colocado detrás de la puerta con la lámpara de la mesilla de noche en la mano, con la intención de, en cuanto apareciese, golpearle con ella y salir corriendo.
En cuanto ha abierto la puerta, me he abalanzado sobre él, pero nuevamente ha quedado patente que el hombre detrás del pasamontañas sabía lo que estaba haciendo. Con una mano, ha parado la trayectoria del golpe del pie de la lámpara, que iba directa a su cráneo, mientras que, con la otra, y de un solo movimiento de muñeca, me la ha hecho soltar, poniendo mi mano en un ángulo imposible sobre mi espalda, y haciéndome soltar un grito de dolor.
—Qué mono, pensando que iba a caer en el clásico truco—ha dicho apretando los dientes, y tirándome sobre la cama sin soltar mi mano, y poniendo su rodilla entre mis omóplatos— Vamos a dejar las cositas claras, porque parece que no te enteras demasiado de cómo funciona esto. Aquí mando yo, no tú. Y vas a pasar aquí una temporadita, así que vamos a hacer por llevarnos bien. Porque si nos llevamos mal, tendré que hacerte daño, y sinceramente, no me gusta ser más cruel de lo imprescindible para conseguir lo que quiero. Pero tócame los cojones lo suficiente y tendré que matarte, y probablemente lo disfrute, ricura.
—Vuelve a llamarme ricura y quien va a terminar contigo voy a ser yo—he respondido, aun sabiéndome en inferioridad— Porque sé perfectamente que no vas a matarme.
—¿Ah no? ¿Y qué te hace pensar eso? —ha preguntado él, levantando su rodilla de mi espalda y empujando mi cabeza sobre la almohada con un dedo.
—Que, si tuvieses esa intención, no te molestarías en taparte la cara, eso quiere decir que no quieres que te reconozca—he dicho yo, totalmente seguro de mí mismo mientras le miraba a los ojos.
Pero entonces algo inesperado ha ocurrido. Porque el hombre se ha llevado la mano a la cabeza, y se ha quitado el pasamontañas, revolviendo su pelo para despegarlo de su cabeza, y me ha dedicado una sonrisa socarrona mientras agarraba mi barbilla y acercaba su boca a mi oído. Su aliento me ha erizado los pelos de la nuca.
—¿Y ahora qué, ricura? ¿Te sientes con menos ganas de tocarme los huevos?
—Ahora puedo describirte mejor cuando me pregunte la policía—le he respondido, susurrando en su oído yo también.
—Déjate de películas de polis y cacos, y date cuenta de que no es mi primer rodeo, y eso quiere decir que soy bueno estando a este lado de la legalidad sin haber sido descubierto nunca. Y da igual que sepas mi cara o mi nombre, que, si quiero desaparecer, lo haré sin que nadie pueda detenerme de todas maneras.
—¿Ah sí? ¿Y cómo te llamas?
—A lo mejor mi nombre te resulta familiar. Soy Jeon Jungkook.
—¿Y por qué me iba a sonar?
Desconcertado por mi respuesta, Jungkook ha salido por la puerta del dormitorio, entrando un instante después con una bandeja con comida, que ha dejado sobre la mesa.
—Es maeuntang. Que aproveche—ha dicho él, sin ni siquiera mirarme.
—No me gusta el picante.
—Joder, princesita. Pues te jodes, es lo que hay de comer—ha dicho él, con voz de fastidio, antes de dirigirse a la puerta y salir con un portazo.
Rápidamente, he sacado el pliego de papeles de mi calcetín y he seguido escribiendo la descripción de su cara, ahora que había podido verla. Tiene un piercing en la ceja, mandíbula ancha, la cara bien afeitada, ninguna cicatriz. En realidad, es muy posible que mucha gente le encontrase muy atractivo. No sé si eso puede ser relevante, pero yo lo he apuntado por si acaso. Tiene el pelo negro y ondulado, y lleva la parte de abajo rapada y la de arriba algo larga, recogida en una coleta. Y por supuesto, he apuntado su nombre, Jeon Jungkook. Aparentemente, tendría que significar algo para mí, viendo cómo ha reaccionado al decirle que no me sonaba de nada, pero por más que lo leo, no pienso que haya escuchado ese nombre jamás.
He vuelto a oír sus pasos acercándose apresuradamente, así que, aterrorizado, me he apresurado a volver a esconderlo todo, y estaba subiéndome el calcetín otra vez cuando ha abierto la puerta, con un vaso de leche en la mano, que ha dejado bruscamente sobre la mesa.
—Para el picante—me ha respondido por toda explicación, antes de volver a darse la vuelta.
—Gra.... Gracias—he respondido yo, aún con el corazón latiendo apresuradamente, presa del miedo.
—Tienes ropa para cambiarte en el armario y algunas cosas básicas en el baño. No serán dignas de un señorito como tú, pero vas a pasar una temporadita aquí, así que lo vas a necesitar.
Antes de que pudiese decir nada, ha vuelto a desaparecer por la puerta, y me he quedado mirando fijamente al vaso, cuyo contenido aún oscilaba a un lado y a otro debido a la violencia con la que había sido puesto sobre la mesa. “Al menos este animal se ha apiadado de mí y voy a poder comer sin morir en el intento”.









el primer capitulo no estaaaaa aaahhh así no puedo hacer gracia leerlo, porfa sube el primer capitulo