Capítulo 1
Dalia Amato
Oigo gritos en el despacho de mi hermano. Están hablando italiano. Tanto mi padre como mi hermano se aseguraron muy bien de que yo nunca aprendiera el idioma; a día de hoy, solo entiendo los insultos.
No parece que mi hermano esté muy contento ahí dentro.
Miro a mi mejor amigo, Colby, que está sentado tras el escritorio de la recepcionista. Está en su hora de comer y se ha puesto a curiosear.
Tiene las gafas apoyadas en la punta de la nariz mientras teclea en el ordenador de ella. Me río por lo bajo al ver su atuendo: va vestido completamente de negro y lleva una gorra negra. Actúa como si estuviéramos colándonos en mitad de la noche, cuando es pleno día, maldita sea.
—Pareces un espía, ¿qué haces?
—Busco a Bailey en el sistema de tu hermano —pongo los ojos en blanco.
—Creo que ella fue muy clara cuando dijo que no quería salir contigo, Col.
—Sí, y quiero averiguar si tiene una lesión cerebral que hace que no le resulte atractivo —me río.
—No necesita una lesión cerebral para ver a través de tus tonterías —él aparece de repente detrás del ordenador y me lanza una mirada fulminante.
Nunca dirías que es un soldado al servicio de un Capo, capaz de pegarte un tiro y pedir la cena a la vez sin dedicarte ni una segunda mirada.
Bailey es la nueva camarera del club de mi hermano.
Vinimos el fin de semana pasado, logramos colarnos durante una hora antes de que los hombres de mi hermano nos echaran, y Colby jura que se ha enamorado. Y ella lo ha rechazado todos los días desde entonces.
—Qué grosera —dice antes de cerrar el portátil y sentarse a mi lado.
La puerta se abre de repente y salen dos hombres. A uno no lo reconozco, pero el otro es el mejor amigo de mi hermano y su Capo: Onyx James.
El hombre mide casi dos metros, es musculoso, está tatuado, tiene el pelo oscuro y es el rostro más hermoso de toda la mafia. Algo por lo que debería ser felicitado, ya que se encarga de «gestionar» a la gente por mi hermano, algo que queda patente por los cortes y moratones de sus nudillos.
Sus oscuros ojos ni siquiera se dirigen hacia mí mientras acompaña al otro hombre, quien, según me doy cuenta ahora, tiene un corte sangrando activamente en la ceja.
—¿Quién es aquí el que delira? —dice Colby en voz baja, pero ni siquiera puedo reaccionar porque mi hermano me llama a su despacho.
—¡Dalia!
Me levanto y entro sola.
Aunque Colby es mi amigo, primero es mi guardaespaldas —cortesía de mi hermano—, lo que significa que me enfrento a mi hermano yo sola.
—¿Qué haces aquí? —me pregunta mientras ordena su escritorio.
Me quedo mirando a mi hermano. Aunque solo somos medio hermanos, nos parecemos mucho. Compartimos el mismo pelo oscuro y los ojos azules que heredamos de nuestro padre. Él está más bronceado que yo, mientras que yo soy más pálida que una hoja de papel y tengo pecas. Le agradezco eso a mi madre francesa.
—Estoy aquí para decirte que voy a ir a Las Vegas el domingo.
Mi hermano se queda quieto y levanta la vista del papeleo.
—No.
—Creo que has escuchado mal. Te decía lo que voy a hacer, no te estaba pidiendo permiso. Aunque sí te pido si podemos tomar el jet para ir y volver —él entorna los ojos hacia mí y tengo que reprimir una carcajada.
Para el resto del mundo es el Don. Para mí, solo es mi hermano pesado intentando hacerse pasar por mi padre.
—No a ambas cosas.
—Bash, es mi cumpleaños —no quería sonar como una niña mimada, pero ya había hecho planes con mis amigos.
—Puedes celebrar algo aquí en el club.
—¿Te refieres a algún sitio donde puedas vigilarme?
—Sí —ni siquiera intenta ocultarlo.
—Por favor, solo es una noche.
—¿No tienes clases? —pongo los ojos en blanco.
Claro, ahora resulta que le interesa mi horario escolar.
—Solo tengo una clase los lunes por la noche, creo que sobreviviré. Por favor, solo cumplo veintiuno una vez en la vida, y Colby obviamente estará conmigo.
Mi hermano se reclina en su silla y me observa.
—Puedes usar el jet —dice, y yo sonrío—, pero nosotros iremos contigo.
La sonrisa se me borra.
—¿Qué?
—Me sentiría más cómodo si estuviera allí.
—Vale, pero ¿quiénes somos «nosotros»? —frunzo el ceño.
—Ian, Onyx y yo. Tenemos trabajo pendiente por allí que hemos ido retrasando, así que tú podrás salir y yo estaré cerca por si me necesitas.
Sabía que eso era una mierda. Lo más probable es que nos sigan toda la noche.
Cierro los ojos y respiro hondo.
Algo que mi padre me enseñó para controlar mi ira.
No puedes gobernar el mundo si muestras al mundo todo lo que sientes en tu cara.
Abro los ojos y asiento.
—Bien —me levanto y camino hacia la puerta, deteniéndome en la salida.
—¿Qué pasa? —pregunta.
Tengo mucho que decir, pero me muerdo la lengua.
—Gracias —me doy la vuelta y choco contra una pared. Retrocedo un paso y al levantar la vista veo a Onyx mirándome desde arriba.
—Perdona —murmura antes de apartarse para dejarme pasar.
Me quedo helada un momento antes de salir. Miro hacia atrás hacia Onyx, pero él ya se ha sentado donde yo estaba y habla con mi hermano en voz baja.
—¿Y bien? —empieza Colby—. ¿Qué ha dicho el gran hermano Bash?
Coge mi mochila y nos dirigimos hacia las escaleras.
—Ellos también vienen.
—¿Quiénes son ellos?
—Bash, Ian y Onyx —Colby jadea.
—Joder.
Onyx es el Capo de Colby, lo que significa que tendrá que estar alerta en todo momento y no podremos divertirnos como queríamos.
Si solo hubiera sido mi hermano y algunos soldados, no me habría molestado tanto. Detestaba que trajera a dos de sus Capos.
«Joder» es la palabra exacta.